| 4/27/2006 12:00:00 AM

Universidades ¿dan la talla?

Aunque hay avances, las universidades tienen que seguir mejorando para formar los profesionales que el país necesita. Rectores y empresarios tienen la palabra.

Se dice que Colombia es un país de abogados. Podría ser, pues mientras en Japón hay un abogado por cada 15 ingenieros, en Colombia hay un profesional del derecho por cada 2,5 ingenieros. En realidad, quizás sería más acertado decir que es un país de administradores, pues por cada egresado de un programa de administración tenemos apenas 0,6 ingenieros. Lo importante, sin embargo, es que en Colombia este debate se está haciendo con cifras en la mano. El país ha desarrollado un conjunto de instrumentos para evaluar la calidad y la pertinencia de la educación universitaria y sus resultados han desatado un debate de gran alcance respecto a la calidad de la formación de nuestros profesionales. El diagnóstico de la calidad de la educación superior en Colombia y el trabajo para mejorarla se basan hoy en cuatro instrumentos: el registro calificado, las acreditaciones de universidades y programas, los Exámenes de Calidad de la Educación Superior (Ecaes) y el Observatorio Laboral. Estos se han convertido en pilares de un sistema de evaluación de la calidad que está identificando las brechas entre los profesionales que el país está formando y los que realmente necesita. Dinero analizó en conjunto los resultados de los Ecaes y de las acreditaciones. Adicionalmente, los contrastó con una encuesta realizada por esta revista y la firma Invamer Gallup, en la cual averiguamos la percepción de los empresarios sobre la calidad de los profesionales que reciben de las universidades. Estos resultados dejan ver varios frentes que es indispensable mejorar. Las calificaciones obtenidas en los Ecaes todavía son poco destacadas y hay muchas entidades en los niveles más bajos. Por otra parte, un número importante de empresarios no les da una buena calificación a los profesionales que reciben de las universidades. La buena noticia, por su parte, es que esta batería de información señala claramente dónde es necesario concentrar el trabajo para mejorar. El país está obligado a atender este diagnóstico para enfrentar el reto de la globalización acelerada que viene con el TLC. La relevancia En 2004, se graduaron 80.404 profesionales en Colombia. De ellos, 22% cursó programas de administración, 11% de educación y 9% de derecho (ver gráfico). Entretanto, hay muchas áreas que presentan deficiencias obvias en el número de profesionales. "Es muy bajo el porcentaje de profesionales en todos los niveles para el sector agropecuario, que es donde tendríamos oportunidades importantes de desarrollo", afirma Javier Botero, viceministro de Educación Superior. "Tenemos sectores que tienen un muy bajo número de egresados y con perfiles de edad preocupantes, como ingeniería eléctrica donde el número de egresados es muy bajo, y los profesionales actuales tienen edades superiores a los 40 años", explica. Las carreras relacionadas con el agro tuvieron una participación muy baja en el total de graduados: agronomía tuvo una participación de 0,5%, zootecnia de 0,4% e ingeniería agronómica y pecuaria de 0,3%. Por otra parte, las relacionadas con la innovación también están poco demandadas. Ingeniería electrónica, telecomunicaciones y afines solo capturaron el 3,02%, ingeniería mecánica el 1,43%, ingeniería eléctrica el 0,76%. Matemáticas tuvo apenas 0,2% y física 0,1%. Este perfil tiene consecuencias graves. "La generación del conocimiento es la base para el desarrollo del país. Una sociedad que no es capaz de generar conocimiento, no va a tener salida", afirma Jairo Cifuentes, vicerrector académico de la Pontifica Universidad Javeriana. El escaso número de graduados en las carreras necesarias para la innovación es una de las causas más importantes de la baja competitividad del país. En el ranking del Foro Económico Mundial, en temas como innovación, transferencia de tecnología y absorción de tecnología por parte de las empresas, Colombia ocupa los puestos 58, 70 y 92 entre 117 países. La calidad se mide Hoy tenemos un sistema de aseguramiento de calidad que ofrece herramientas para evaluar a las instituciones y los programas desde múltiples dimensiones. El registro calificado, que establece los requisitos mínimos que debe cumplir un programa para funcionar; la acreditación de calidad, que es opcional y da una mirada externa a los programas individuales y a las instituciones como un todo; los resultados de los Ecaes, que son las pruebas de competencias y conocimientos básicos para los futuros egresados; y el Observatorio Laboral, que hace un seguimiento permanente a los egresados de la educación superior, mediante un cruce de las bases de datos de las instituciones, el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Protección Social. Los Ecaes evalúan el grado de desarrollo de las competencias de los estudiantes que cursan el último año de pregrado en educación superior, y permiten a estudiantes e instituciones mirar su desempeño general y por componentes en las pruebas, y tomar los correctivos del caso. Sus resultados son poco satisfactorios para el país. Daniel Bogoya, director del Icfes, sostiene que "los Ecaes son un sistema de referenciación nacional que permite identificar la fuerza de un proyecto pedagógico". Estas pruebas han desatado una controversia. Aunque las universidades reconocen las bondades de los exámenes, algunas de ellas plantean críticas a la manera en que se están haciendo y se está divulgando la información. "Los Ecaes tratan de decir que están manejando competencias, pero no tienen en cuenta programas con un perfil específico", opina Obdulio Velásquez, rector de la Universidad de la Sabana. Por su parte, Hans-Peter Knudsen, rector de la Universidad del Rosario, se pregunta: "¿qué programas se han estructurado sobre la base de las competencias y qué nivel de objetividad puede haber en el examen cuando lo hacen algunas de las universidades evaluadas? El examen se debería dividir por posibilidades de especialización en las profesiones", explica. En cuanto a la divulgación de la información, la principal objeción es que se hagan ordenamientos (rankings) con estos resultados. También critican que se tomen resultados puntuales de algunos estudiantes como la información para todo un programa. Sin embargo, los rankings y las listas que presentan un orden entre instituciones son una consecuencia casi inevitable del proceso. A pesar de las críticas, las universidades ya están viendo en los Ecaes una herramienta importante para evaluar su ruta hacia adelante. "La importancia de estos exámenes es que son un instrumento de autoevaluación institucional. Permiten ver qué tanto desarrollo en el aprendizaje tiene un estudiante y, en ese sentido, son útiles para la sociedad", afirma Jorge Enrique Silva, rector de la Escuela de Administración de Negocios, EAN. "La evaluación es una ayuda importante para orientar a la universidad sobre la formación que está impartiendo a sus estudiantes. No se debe tomar como la única ni como el motivo de nuestra acción, sino como un elemento que presta ayuda para evaluar programas académicos vigentes", señala Álvaro Beltrán, rector de la Universidad Industrial de Santander, UIS. "Lo importante es que la información sea transparente y clara. Los Ecaes nos han servido para mejorar el programa de estudios y hacer una retroalimentación a los muchachos sobre sus resultados", reconoce Marco Fidel Rocha, rector del Cesa. La acreditación contempla indicadores en un amplio número de campos, que van desde una evaluación de los contenidos de los currículos, hasta qué tan idóneos son los docentes y cuál es la situación de los recursos físicos y financieros de la institución. El proceso exige que la universidad o la respectiva facultad hagan un autodiagnóstico de su situación (antes del examen de los pares académicos) y esto lleva a crear conciencia sobre las fortalezas y debilidades de cada una. A noviembre de 2005 se habían acreditado 367 programas, de los cuales 127 están en las áreas de ingeniería, arquitectura y urbanismo; 59 en economía, administración, contaduría y afines; 57 en ciencias de la salud; 50 en áreas de las ciencias sociales, derecho y ciencias políticas, entre otras. Además, para la misma fecha se habían acreditado 11 instituciones: Javeriana, Antioquia, Norte, UIS, Valle, Andes, Tecnológica de Pereira, Externado, Rosario, Eafit y Sabana, que la obtuvo recientemente. La Nacional está regida por una reglamentación especial, que le permite tener una acreditación interna (al cierre de esta revista, estaba nombrando su nuevo rector). Concentración Los resultados ponen en evidencia algunos patrones de desempeño en las universidades del país. Por ejemplo, los puntajes más altos en los Ecaes corresponden a universidades que tienen acreditación. Y en aquellos casos en los que no solamente está acreditado el programa en cuestión, sino también la universidad, el resultado es aún mejor (ver tablas de Ecaes superiores al promedio nacional). "Los resultados que están dando los Ecaes no son sorprendentes, y sobre eso hay que trabajar. Afortunadamente, las diferencias no son muy altas", señala José Fernando Isaza, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Es evidente también que algunas universidades concentran a los mejores estudiantes. Hay una estrecha relación entre los resultados de los Ecaes y los que obtuvieron los estudiantes de los respectivos programas en el Icfes (ver gráfico superior). Así, aparece un patrón: las universidades que están acreditadas son las que tienen mayores exigencias académicas de ingreso y reciben a los estudiantes con mayores Icfes, los cuales se gradúan con Ecaes muy superiores al promedio. "En lo académico encontramos que el sistema educativo está fallando mucho y a pesar de que somos altamente selectivos, los muchachos no están llegando bien preparados en áreas fundamentales de matemáticas y lenguaje, y vienen con hábitos deficientes de estudio", advierte Francisco Piedrahíta, rector de Icesi. En este punto, coinciden todos los rectores entrevistados por Dinero. "A los muchachos que pasan una etapa muy importante de su vida en colegios o en instituciones de una baja calidad o con un bajo esfuerzo personal, hay que decirles que están perdiendo la oportunidad en un mundo donde el conocimiento es la mayor riqueza personal, y adquirir ese conocimiento les va a deparar un mejor futuro", afirma Alberto Uribe, rector de la Universidad de Antioquia. Para que el país no se quede enfrascado en un debate sobre el ordenamiento de universidades que generan los Ecaes, es vital que padres de familia, estudiantes y empresarios tengan en cuenta que esos exámenes son solo un elemento en el sistema. Cuando los consumidores (bien sea los estudiantes o los empresarios que contratan a los graduados) analicen una universidad, deben tener en cuenta no solo los exámenes, sino las acreditaciones de la universidad y el programa y la vocación de avanzar hacia la calidad que la institución demuestre. "No se puede analizar la calidad si no se tienen en cuenta cuatro variables al mismo tiempo: acreditación, Ecaes, investigación y seguimiento a egresados", señala Carlos Angulo, rector de la Universidad de los Andes. Y se debe reconocer que no todas las universidades tienen que hacer de todo. "En Estados Unidos hay 3.100 universidades y solo 100 son de investigación y hacen parte de la Asociación Americana de Universidades", puntualiza Angulo. ¿Qué dicen los empresarios? El Observatorio Laboral aún no tiene la información necesaria para hacer una evaluación sobre la opinión que se lleva el mercado laboral de los profesionales. Por esta razón, Dinero contrató con Invamer Gallup una encuesta que cubre una muestra representativa de las principales 2.000 empresas del país, para conocer la percepción de los empresarios sobre el tema. En general, la opinión de los empresarios respecto a la calidad de los egresados que les entregan las universidades es positiva, pero no particularmente elevada. El 65% de los encuestados opina que las universidades proveen buenos profesionales, frente a un 35% que cree lo contrario. Este debería ser un primer campanazo de alarma para las universidades. Cualquier empresa a la que el 35% de sus clientes le diga que su producto no cumple los requisitos de satisfacción correría una alta probabilidad de salir del mercado con el tiempo. La satisfacción con la calidad de los profesionales es más baja entre los empresarios de los sectores de servicios y comercio que en los de manufacturas (ver gráfico). Sin embargo, resulta significativo que la satisfacción es mayor en las empresas que perciben que el TLC tendrá un impacto positivo sobre su actividad y en aquellas que ya tienen actividad en las exportaciones hacia Estados Unidos. Es posible que estas empresas se queden también con los mejores graduados de las universidades. La encuesta arroja además resultados interesantes en lo que se refiere a la forma como los empresarios evalúan las deficiencias que tienen sus empresas en algunas habilidades de sus empleados, a la luz de las exigencias del TLC. Las mayores deficiencias están en el dominio del inglés, que es una preocupación en el 77% de los casos. Esto no es sorprendente, pues, al mirar las pruebas de inglés de los Ecaes, se ve que solo el 16,75% tiene un nivel alto o superior en esta lengua. Como dice Luis Carlos Villegas, presidente de la Andi, "la internacionalización impone la necesidad de comunicarse fluidamente en inglés y de aprender un tercer idioma". Por otra parte, el 51% de los encuestados cree que hace falta desarrollar mayores habilidades en herramientas de informática y otro 51% piensa que hay deficiencias importantes en la disponibilidad de habilidades de liderazgo. Dinero habló con algunos destacados empresarios colombianos para recoger sus impresiones sobre el tema. Para Néstor Toledo, vicepresidente de recursos humanos de Gas Natural, no solo es importante que los profesionales sepan el qué, sino también el cómo. El qué está relacionado con el conocimiento y con el corto plazo. Sin embargo, para Toledo es muy importante que los profesionales jóvenes entiendan también el cómo, que les lleva al trabajo en equipo y a la búsqueda de resultados que se mantengan en el largo plazo. Finalmente, Rodrigo Fernández, vicepresidente de gestión humana de Almacenes Éxito, estima que "al igual que la empresa privada tiene sistemas de medición, es muy importante que la calidad de la educación tenga una evaluación que sea comparable y clara para todos. Solo cuando un proceso es medido, es susceptible de ser mejorado". Acelerar Pocos profesionales colombianos podrían desempeñarse en cualquier lugar del mundo, y también pocos, viviendo en Colombia, tienen las capacidades para conducir a las empresas hacia el proceso de internacionalización que se avecina. A. Daniel Meiland, CEO de Egon Zehnder International, decía en una visita reciente a Colombia que en el mundo de hoy las empresas necesitan el talento y tienen que salir a encontrarlo donde esté. Meiland citaba como ejemplo el caso de algunas empresas colombianas, que para su expansión internacional han tenido que buscar sus ejecutivos en el mercado internacional, ya que localmente no han podido encontrar las personas que reúnan las características que se requieren. Colombia va avanzando, pero el terreno que nos falta es inmenso. Hay mucho qué hacer por parte del Estado, la universidad, la empresa y el ciudadano. El esfuerzo del Estado en este campo no puede flaquear, pues los resultados solamente se perciben en el largo plazo. Por su parte, las empresas deben involucrarse con una visión más de largo plazo sobre el perfil del recurso humano que requiere el país. Deben revaluar su obsesión con el nivel de formación profesional, y deben valorar más a personas que han recibido educación en otros niveles. Deben entender mejor el valor de quienes han logrado una formación doctoral, por su capacidad de aportar a la investigación. Pero también deben valorar mejor a los técnicos y tecnólogos, por su capacidad para sacar adelante el desempeño del día a día. Las universidades, por su parte, tienen por delante una agenda de trabajo inmensa. Deben aceptar las nuevas mediciones y mejorar donde se señalan deficiencias. Es necesario que las entidades de educación superior asuman unos papeles que estén de acuerdo con sus verdaderas capacidades y los desempeñen con excelencia. No tiene sentido que todas las universidades aspiren a hacer investigación, cuando no tienen las capacidades para ello. Es preferible tener más universidades excelentes en la enseñanza y menos que hagan investigación a medias. Así mismo, no tiene sentido que el 65% de los profesionales del país sea universitario, cuando la escasez de empleo y la mala formación que reciben llevan a que terminen trabajando como técnicos o no consigan empleo. Finalmente, detrás de todo este esfuerzo por mejorar la educación hay un criterio que debe permear toda la educación superior. Es el tema de la transparencia. Las universidades deben avanzar hacia un modelo de gestión que sea más transparente y comprensible para los padres de familia, los estudiantes y los ciudadanos en general. La calidad y los resultados de la gestión de las universidades, incluso en el tema de los resultados financieros, deben ser temas sobre los cuales los usuarios del sistema cuenten con información clara y oportuna para tomar decisiones. Desde el punto de vista del ciudadano, su mayor deber es exigir. Debe exigirse a sí mismo, para lograr un desempeño excelente en la educación que ha escogido. Pero, además, debe exigirle a la universidad que esté a la altura de las promesas que le ha hecho. Como dice José Fernando Isaza, rector de la Tadeo: "la sociedad tiene el derecho de exigir, porque está arriesgando sus recursos, su tiempo y su futuro". Es difícil imaginar una pérdida mayor que una inversión en educación de mala calidad. No solamente se pierde el dinero de la matrícula, sino el tiempo, que es irreparable, y la fe en el futuro, cuyo precio luego lo tiene que pagar toda la sociedad.
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