Un mundo en aprietos

| 10/12/2001 12:00:00 AM

Un mundo en aprietos

La globalización tiene problemas que no se habían previsto. Los países han uniformado su comportamiento y las tendencias negativas se extienden rápidamente por todo el planeta.

Incluso antes de los hechos del 11 de septiembre, la economía mundial mostraba señales de una crisis grave. Por primera vez en varias décadas, Europa, Japón y Estados Unidos, las tres grandes regiones industriales, están experimentando reducciones simultáneas en sus tasas de crecimiento. El resto del mundo, excluyendo China e India, también se desacelera. La guerra contra el terrorismo retardará la recuperación de la economía mundial, pues el nivel de riesgo percibido se incrementa sustancialmente. Antes de los atentados, se estimaba que Estados Unidos crecería 1,3% en este año y 2,2% en 2002. Para los países en desarrollo, se esperaba un crecimiento de 2,9% en el año 2001, luego de una expansión de 5,5% en 2000.

Ahora, la respuesta al terrorismo retardará el rebote de las principales economías del mundo y, en el corto plazo, empujará a Estados Unidos a una recesión, con un crecimiento de 1% en este año y de 0,4% en 2002. Incluso, si hay una recuperación relativamente rápida el impacto solo se sentiría después del primer trimestre, como mínimo.



Caen juntos



La marcada sincronización a la baja de la economía mundial no era previsible hace apenas un año. En septiembre de 2000, el FMI proyectaba un crecimiento mundial de 4,2% para este año, mientras que para septiembre de 2001, antes del martes del terror, la cifra había sido revisada a 2,6%.



Según el FMI, la enorme diferencia proviene de una subestimación de los vínculos (o "comovimientos") presentes en la economía mundial, que evidencia una enorme vulnerabilidad ante la desaceleración de Estados Unidos, país que, con 30% del PIB mundial, es el motor del desarrollo del planeta.



Hasta ahora, y a pesar de la globalización, la economía mundial no había mostrado tanta uniformidad en su comportamiento. La recesión de Estados Unidos de 1991 no se caracterizó por una desaceleración sincronizada como la de ahora, pues dos hechos extraordinarios --la reunificación alemana y la burbuja de precios de los activos en Japón-- amortiguaron el golpe. A su vez, cuando la economía de Estados Unidos entró en una fase de rápido crecimiento, con una burbuja en el mercado accionario a finales de los años 90, los demás países solo la siguieron con retraso.



Ahora, las malas noticias afectan a todos al mismo tiempo. Mientras Japón enfrenta una severa recesión debido a sus problemas estructurales, Asia (excepto China e India, por estar relativamente cerradas al comercio) sufre las consecuencias del colapso de sus exportaciones de sistemas de información y Europa defrauda, por la resistencia de sus consumidores a gastar más y porque la desaceleración mundial ha golpeado el desempeño exportador europeo, en especial el alemán.



Los mercados emergentes sufren las consecuencias. La caída de la demanda generó menores volúmenes y precios para sus productos de exportación (algo particularmente dañino en el caso del petróleo y el resto de productos primarios). Aunque la disminución de la tasa de interés real de Estados Unidos tiende a reducir el costo del servicio de la deuda, el efecto negativo es el que domina, con el agravante adicional de un notorio debilitamiento en los flujos de capitales a los mercados emergentes, los cuales, según el Banco Mundial, serán de US$160.000 millones, mientras el año pasado sumaron US$240.000 millones. El choque sufrido por la economía de Estados Unidos revela ahora la más profunda vulnerabilidad de los países en desarrollo.



En nuestro vecindario, entran en aprietos países con vínculos comerciales estrechos con Estados Unidos, como México y el Caribe; aquellos con gran dependencia de la exportación de bienes primarios, como Venezuela, Ecuador, Colombia y Chile; y países con altos requerimientos de financiación de sus déficit en cuenta corriente, como Brasil, Argentina, Perú y, en menor medida, Colombia.



Ahora, los mercados castigarán a aquellos países que parecen estar en el camino equivocado y se encuentran en las posiciones más vulnerables. En el caso colombiano, el pobre progreso en las reformas estructurales hace que el país se aleje de la sostenibilidad fiscal y presente altos niveles de deuda y requisitos de financiación. Esta vez será difícil que ocurra una recuperación liderada por las exportaciones. La volatilidad del proceso electoral, el lento avance en el proceso de paz y el alto desempleo deterioran el nivel de confianza. Colombia presenta una situación endeble frente a la coyuntura mundial. Las decisiones que tome para enfrentar el problema determinarán sus posibilidades de crecimiento hacia el largo plazo.
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