| 2/11/1998 12:00:00 AM

Trabajador infatigable

Agil, concienzudo, noble, apasionado, impaciente, sistemático, preciso. El empresario Luis Carlos Sarmiento habló de él y de sus hijos.

Algunos dicen que la experiencia se mide por el número de anécdotas que se pueden contar. Y a juzgar por este parámetro, Luis Carlos Sarmiento es un hombre con una experiencia millonaria.



Todavía recuerda cómo las clases de contabilidad que le dieron en el colegio le sirvieron para empezar llevando cuentas cuando apenas era un adolescente, y se enorgullece de haber obtenido el primer puesto entre 400 aspirantes en los exámenes de admisión a la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional. Como si fuera poco, recibió matrícula de honor en todos los años de estudio y grado de honor por haber obtenido el mejor rendimiento académico.



Trabajador incansable, rinde hasta al más guapo con jornadas de trabajo que casi llegan a las 24 horas. Adora Bogotá, su ciudad natal, y es muy difícil hacerlo salir de esta capital.



Inteligente, ágil, concienzudo, noble, apasionado, impaciente, sistemático, preciso y con un conocimiento impresionante sobre cualquier tema que se le toque, Luis Carlos Sarmiento ha construido a pulso un imperio que se cimentó en la construcción, se desarrolló en el sector financiero y ahora le apuesta a las telecomunicaciones.



Lleva trabajando 45 años sin interrupciones, en una actividad febril donde el reto ha sido producir. Desde 1959, cuando creó la Organización Sarmiento Angulo, ha sido fundador de casi una veintena de compañías. En su oficina del último piso del Banco de Occidente, que más parece una galería de arte que un sitio de trabajo, y en medio de las obras de Obregón, Botero y Manzur -por citar sólo algunas- Luis Carlos Sarmiento habló de sí mismo y de su familia.



¿Qué lo ha impulsado para triunfar?



Producir resultados. Me apasiona la satisfacción de producir cosas, de corregir lo que está mal, de mostrar que se pueden lograr muy buenos resultados con la observancia absoluta de todas las normas legales y éticas. Después de cierto límite, los ingresos económicos ya no tienen tanta trascendencia. Eso no es tan importante. Pero sí es muy importante poder mirar para atrás y no sentir remordimientos.



¿Qué espera de sus hijos?



Que tomen las riendas de este grupo y siempre me he esforzado por interesarlos para que lo mantengan y trabajen en él. Todos tienen posiciones en la organización. Siempre he querido darles a mis hijos la misma calidad de la educación que me dieron mis padres.



¿Qué le aconsejaría a un muchacho que no fuera su hijo?



R Primero, que tome la decisión de si quiere ser empresario o no. Si la toma, que esté consciente de que escogió una profesión más peligrosa que el toreo, más esforzada que la de los esclavos, tremendamente exigente, pero grata. La única verdad irreemplazable es el trabajo. No hay forma de crear un grupo honesto sin trabajo.



Usted tiene fama de ser un patrón muy difícil.



A estas alturas de la vida no puedo ser tan duro, no puedo explotar. Tal vez al inicio era muy exigente, muy impaciente, pero ahora no. Además, mis ejecutivos estrella llevan casi todos entre 20 y 30 años trabajando conmigo, por lo que pienso que no puedo ser tan mal patrón.



¿Realiza actividades filantrópicas?



En los 70 participé en la creación de Anif, de la cual presido su consejo directivo hace más de diez años. Ayudé a fundar la Escuela Colombiana de Ingeniería y aún colaboro en su orientación. Más recientemente creé una fundación que ha contribuido en la construcción del hospital de Belalcázar, con la construcción y dotación del pabellón de recién nacidos del Simón Bolívar, y con ayudas a otros centros asistenciales. También contribuimos a fundaciones que se encargan del cuidado de ancianos, lo mismo que en el mejoramiento de zonas de recreación pública, como unos campos de deporte en Ciudad Bolívar. También tengo una fundación para el mejoramiento de la justicia, a la cual le he dedicado recursos económicos y parte de mi actividad personal.



¿Qué recuerda de su vida universitaria?



Que cuando me gradué de ingeniero civil, a la edad de 21 años, en la Universidad Nacional de Colombia, uno de mis profesores, el doctor Soriano Lleras, de grata recordación, nos decía: "No se hagan muchas ilusiones. La profesión proveerá un buen estandar económico y hasta los ingresos necesarios para tener una buena casa. Los que sean muy exitosos tal vez dos". No me quejo. Creo que hemos logrado mejorar la marca.
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