| 7/21/1998 12:00:00 AM

"Todos los ojos están sobre Colombia"

La experta número uno en crisis bancarias en el mundo visita Colombia y pide abrir los ojos.

Carmen Reinhart es una de las principales expertas del mundo en crisis bancarias. Cree que Colombia está peligrosamente cerca de un problema grave en su sistema financiero y recomienda atacar las raíces tan pronto como sea posible. Lo más urgente, afirma, es conocer la magnitud completa del problema, para poder comenzar a darle solución.



Después de pasar por Wall Street y por el departamento de investigaciones del Fondo Monetario Internacional, Reinhart se desempeña hoy en el exigente mundo de la academia estadounidense. Es profesora de Finanzas Internacionales y Desarrollo en las universidades de Harvard y Maryland, y enseña Economía Internacional en la Escuela de Verano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, en Bogotá. Presta asesoría al Federal Reserve y el Tesoro de Estados Unidos y también a bancos multilaterales, gobiernos y entidades privadas.



Carmen Reinhart ha estudiado a fondo 30 crisis financieras en tres continentes.

Sus trabajos de investigación se publican en los principales journals, como el American Economic Review y el Journal of Political Economy. Próximamente publicará un libro sobre crisis financieras para el Institute of International Economics.



El prestigio mundial de Reinhart se fundamenta en su exhaustivo trabajo de investigación. Ha estudiado más de 30 situaciones de crisis que ocurrieron en los últimos 25 años en Asia, América Latina y Europa. Reinhart ha seguido de cerca la evolución de la economía colombiana desde hace más de diez años, cuando participó en una misión del FMI que visitó Colombia en 1988, y desde entonces ha regresado al país al menos una vez al año. En sus palabras no hay ambigüedad respecto a los riesgos que enfrenta el sistema financiero colombiano.



¿Cómo se reconoce una crisis financiera?



Hoy, tras la crisis de Asia, las mejores universidades, el Fed y el Tesoro estadounidenses están dedicados a analizar las crisis financieras. Es el tema caliente.



He encontrado que las crisis bancarias tienen un comportamiento típico. Hoy son menos obvias que en el pasado y es más difícil identificarlas. Cuando no había seguro de depósitos, la crisis ocurría cuando se producía una corrida de depósitos. Pero hoy tenemos garantías explícitas o implícitas sobre los depósitos, de modo que no siempre hay corridas. También se las identificaba por los préstamos morosos. Pero hemos visto que la deuda mala explota después de la crisis, no antes, porque los bancos esconden los problemas mientras pueden.



Nunca se ha identificado una crisis financiera por las declaraciones de las autoridades: ellas siempre minimizan los problemas, porque no tienen la información correcta. Tampoco han sido particularmente útiles los dictámenes de las agencias calificadoras de riesgo. Los mercados históricamente no anticipan las crisis.



Otros indicadores reciben hoy más importancia. Un indicio clave, por ejemplo, es que las instituciones financieras comiencen a necesitar asistencia en gran escala del banco central. Ello ocurrió en Chile en los 80, en México desde 1993 y en Tailandia mucho antes de la crisis.



¿Ha logrado establecer unos síntomas tempranos de crisis?



En la caracterización internacional que he completado, el cuadro generalmente coincide con el fin de un boom de la economía impulsado por el ingreso de capitales y la expansión crediticia. En estos períodos, la abundancia de crédito induce un gran crecimiento de la propiedad raíz y la bolsa de valores. El auge de los flujos de capital y préstamos usualmente antecede con algo menos de dos años la ocurrencia de la crisis. Si el sector financiero es débil o la moneda está sobrevaluada, la probabilidad aumenta.



Las malas noticias pueden venir por muchos caminos. Una desaceleración del crecimiento, un shock de términos de intercambio, un crash en la bolsa o en el mercado inmobiliario reducen la rentabilidad de los deudores y dificultan el servicio de la deuda. Los buenos préstamos se vuelven malos y la salud del sistema financiero se debilita. El freno de los flujos de capital aumenta la fragilidad del sistema. Y la persistencia de tasas de interés muy altas usualmente transforma un sector bancario frágil en una crisis financiera.



Los indicadores más útiles para predecir las crisis bancarias son la sobrevaluación, la caída de los precios inmobiliarios y de la bolsa, la caída de las exportaciones, los términos de intercambio y el crecimiento, la mayor deuda a corto plazo, el multiplicador bancario y las altas tasas de interés. Los indicadores menos útiles han sido el monto de las reservas internacionales y la capitalización de los bancos.



¿Cuál es el papel de la regulación?



El problema es que dentro de las instituciones financieras hay varios niveles. En general, los bancos grandes no están mal regulados, pero casi siempre hay una familia de instituciones financieras de segunda clase. Son las peor organizadas, peor reguladas y las que toman más riesgo. Usualmente el problema no comienza en un banco principal, sino en pequeñas instituciones, desde donde crece hasta afectar el sistema.



¿Cuál es la relación que ha encontrado entre crisis cambiarias y financieras?



Están unidas. Las crisis bancarias comienzan generalmente antes que las cambiarias. La probabilidad de una crisis cambiaria cuando hay una crisis bancaria es mucho mayor. Pero difieren en su duración. Las crisis cambiarias son feroces, pero duran poco. Las crisis financieras no surgen de la noche a la mañana, sino que se incuban en el tiempo.



A menudo ocurre un círculo vicioso: un problema bancario ata las manos del banco central para usar las tasas de interés para defender la moneda, al tiempo que compromete sus recursos para alimentar las instituciones en problemas. Durante el ataque especulativo las tasas de interés aumentan, los bancos sufren y la economía sufre. La mora de los préstamos al sector productivo aumenta. Los bancos tienden a defenderse con más deuda y por ello se descuadran. Asumen un comportamiento más riesgoso, que yo llamo "jugarle a la resurrección", es decir, aumentan los riesgos esperando salvarse en la siguiente movida. Pero no hacen explícitos estos riesgos y nadie logra identificarlos a tiempo.



Buena parte de la relación entre las crisis financiera y bancaria surge de los conflictos en las funciones del banco central. Este puede garantizar el tipo de cambio, o puede ser prestamista de última instancia del sistema financiero, pero es raro que logre hacer las dos cosas a la vez. La mayoría de los países se hacen la ilusión de que sí pueden hacerlo, pero la historia muestra que es lo uno o lo otro. Y, por lo general, a la hora de escoger los bancos centrales deciden ser el prestamista de última instancia. Tailandia pensó que podría hacer las dos cosas. Pero tenía el sistema financiero podrido por dentro.



En el contexto de sus estudios, ¿cómo ve la evolución de Colombia?



Todos los indicadores objetivos en los 90 son delicados: cayeron tanto el ahorro público como el privado, aumentó el déficit en cuenta corriente, el tipo de cambio está, de lejos, por fuera de su tendencia, ha habido un boom de crédito donde el sistema financiero se ha excedido en sus riesgos, las tasas de interés están demasiado altas. Con base en el conjunto de indicadores útiles a los que he hecho seguimiento, calculo que Colombia tiene una probabilidad del 50 al 60% de crisis bancaria. No hay un país en América Latina que tenga una probabilidad de crisis más alta que Colombia, y esa probabilidad ha sido creciente en el último año y medio.



Aún así, el momento preciso en que ocurriría la crisis es impredecible. Un factor de peso ha sido la buena reputación del país en los mercados financieros internacionales. Si se tratara solamente de mirar indicadores objetivos, Colombia ya habría entrado en crisis. Si no fuera por su reputación, la probablidad de crisis sería no del 60% sino del 90%.



Pero una buena reputación no siempre trae buena suerte. Colombia no ha estado entre los países de moda en Wall Street y eso la ha salvado, porque ha estado menos expuesta a cambios súbitos en las valoraciones de mercado. Pero es igualmente cierto que la buena reputación le evitó al país verse forzado a hacer los ajustes a tiempo, hace un par de años. Y, además, una buena reputación tampoco es eterna.



Muchos colombianos no estarán de acuerdo con usted. El sistema está bien capitalizado, según los estándares de Basilea. Tenemos inversión extranjera. Además, la regulación colombiana tiene fama de estar entre las mejores del mundo.



La capitalización, como la mayoría de los indicadores tradicionales, no es útil para reducir la probabilidad de una crisis bancaria. Los estándares de Basilea fueron pensados para países desarrollados y son menos relevantes para países con alta volatilidad, que pierden fácilmente el acceso a los mercados internacionales de capital. En plena crisis bancaria, Suecia consiguió préstamos en moneda local. ¿Qué país latinoamericano o asiático podría hacer lo mismo?



Tampoco confíen tanto en las cifras de los balances, que arrojan indicadores rezagados. Antes de una crisis, el capital parece suficiente y los préstamos morosos lucen bajos. La verdad aparece después. Por otra parte, la fuerza de la banca internacional no se puede extrapolar al resto del sistema financiero. En Argentina, que tiene muchos bancos extranjeros, en ocho semanas se perdió el 18% de los depósitos bancarios. Finalmente, es cierto que, en relación con los países latinos y asiáticos, Colombia tiene una regulación buena. Pero no ocurre lo mismo con la supervisión.



¿Cuál escenario encuentra probable para Colombia en los próximos doce meses?



Si Colombia sigue el proceso típico, las autoridades no admitirán un problema sistémico e insistirán en su carácter puntual. Al negar el problema, se posterga la solución y la posibilidad del rescate. La deuda morosa no va a abundar en los balances, pero se verán crecientes problemas en entidades diferentes a los bancos. Se va a ir formando un rompecabezas con muchos huecos abiertos.



Las autoridades se creerán enfrentadas a un problema de liquidez. Pero la línea divisoria entre un problema de liquidez y uno de solvencia es sutil, uno se convierte en el otro en un abrir y cerrar de ojos. Privilegiar el suministro de liquidez cuando no se pueden controlar los capitales no es consistente con el mantenimiento del tipo de cambio: se puede hacer una de estas cosas, pero no ambas. Tienen que estar preparados para un ataque especulativo que, en mi opinión, va a ocurrir. Y tarde que temprano tendrán que hacer el espacio fiscal para rescatar los bancos, si no quieren una hiperinflación.



¿Qué debe hacer Colombia?



Me impresionó la entrevista que ustedes publicaron con Jeffrey Sachs (Dinero edición No. 64). Hay muchos puntos en los que estoy de acuerdo, pero tengo grandes diferencias. Sachs sugiere que se necesitan primero un paquete fiscal, segundo devaluar y tercero las reformas micro. Estoy de acuerdo con que el paquete fiscal debe ser la prioridad. En los 90 la tradicional prudencia fiscal de Colombia se perdió. Hay que recuperarla, para recuperar la credibilidad y las expectativas de los inversionistas.



La segunda prioridad no puede ser la devaluación que sugiere Sachs, sino el saneamiento financiero. Hay que hacer explícito el problema bancario, determinar su verdadera magnitud y la mejor estrategia para solucionarlo, en lugar de incurrir en el riesgo de seguir dando plata de a poquitos. Hay que aprovechar el momento de la crisis para hacer las reformas del sistema financiero, porque estos momentos son oportunidades irrepetibles. Deben buscar una solución diferente a tener al banco central dando préstamos a la sombra.



Les recomiendo poner un equipo del más alto nivel a indagar la situación de los bancos, más allá de la supervisión convencional. Crear un comité especial que investigue todo a fondo. Debe estar compuesto por gente que pueda hacer una evaluación objetiva, sin que participen los grupos de interés. Sería muy conveniente pedir asistencia técnica internacional del Bank of International Settlements. El trabajo es enorme. No creo que puedan tomar menos de seis meses para completarlo y por ello hay que empezar rápido.



¿Cómo evitar que el salvamento de los bancos cueste mucho y recaiga sobre las finanzas públicas?



El país va a necesitar recursos para salvar los bancos y ello acrecienta la necesidad del ajuste fiscal. El salvamento tiene que ser transparente. Cuando se hace con créditos del banco central, como en Perú, Brasil, Argentina o Venezuela, se financia con el impuesto inflacionario. Colombia ya tiene una inflación mayor que la del resto del continente. Si recurriera al impuesto inflacionario, se convertiría en un caso extremo.



Otro resultado indeseable sería la nacionalización de los bancos, porque ella acaba con los banqueros y rompe la conexión de las entidades con la comunidad financiera. Nadie nace banquero, sino que ellos se hacen con el paso del tiempo. El capital humano y la relación con los clientes se construye con el tiempo, no a punta de decretos. La nacionalización de la banca en México, a pesar de haberles creado una ilusión de ahorro fiscal, les costó quince años de desarrollo.



La ayuda fiscal, por otra parte, no puede limitarse a extender una simple garantía. Tiene que haber cambio en las administraciones y una condicionalidad para mejorar las posibilidades de recuperación. Así funcionó en Chile, donde pusieron buenos incentivos para recuperar el dinero y lo lograron más allá de lo esperado.



¿Qué hacer con la devaluación?



Es un arma de doble filo. Cuando un país tiene una deuda elevada, la devaluación no es tan expansiva como aparece en los libros de texto. Las devaluaciones de México en el 94 y las recientes de Asia han coincidido con recesiones muy severas. No recomiendo defender la moneda a toda costa, habría que ampliar la banda cambiaria, pero no la tocaría antes de haber ganado credibilidad con un programa de ajuste fiscal y financiero.



La tradición en Colombia es que de los problemas bancarios y cambiarios no se puede hablar en público. Se dice que esto puede generar pánico y agravar la crisis.



Si no se sabe la magnitud de un problema, no se sabe su solución. Yo no creo que la información abierta, transparente y de buena calidad genere pánico. El gobierno tiene que conocer sus problemas y debe prepararse a actuar como en el peor de los escenarios.



Los escritos de Carmen Reinhart se pueden consultar en:

www.puaf.md.edu/facultypapers/carmenreinhar
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