| 4/1/1995 12:00:00 AM

Tiempos violentos

El factor sorpresa es el mejor amigo de los secuestradores. La prevención, los vehículos blindados, los escoltas y sobre todo evitar la rutina, son el mejor método para neutralizarlos.

Uno de los delitos más terribles, por el efecto destructivo que tiene sobre la víctima, su familia y el patrimonio, es el secuestro. Lamentablemente, este fenómeno se ha puesto tan de moda en el país, que se han registrado casos en que compañeros de clase raptan a un amiguito para lucrarse con el rescate. Según la Unidad Antisecuestro y Extorsión (Unase), tan sólo en los dos primeros meses del año se registraron 118 secuestros, cifra que aunque alta, es inferior en 51% a la registrada en igual período de 1994, debido a que se lograron desmantelar algunas bandas de secuestradores que mantenían prisioneras hasta 10 personas al mismo tiempo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en muchas oportunidades las familias prefieren no dar cuenta a las autoridades, por lo que el número de secuestrados podría ser mayor.

De acuerdo con la experiencia recogida por el Unase, los secuestradores prefieren capturar a las personas que son el centro de la familia, como el hijo único, la hija de 15 años o el patriarca del grupo. También hay fechas especiales para cometer este delito. En diciembre, por ejemplo, tiende a aumentar la tasa de secuestros debido a la nostalgia de las celebraciones, que precipita a los parientes a pagar el rescate en 15 días -situación que conocen y aprovechan los delincuentes-.

En cuanto a los grupos, los más afectados por este flagelo son comerciantes y ganaderos. La explicación que da el Unase es que las personas que se dedican a estas actividades necesitan desplazarse continuamente, les es difícil cargar con un gran montaje de seguridad y tienen que frecuentar áreas rurales, lo que los convierte en un objetivo fácil. Los industriales, por el contrario, permanecen en la ciudad y utilizan mayores medidas de protección, lo que dificulta que los capturen. Sin embargo, sus hijos son los que se vuelven «interesantes» para el secuestrador.

En el secuestro, más que en cualquier otro delito, el atacante cuenta con el factor sorpresa para llevarse a su víctima, por lo que el cambio de rutinas, la alerta permanente sobre conductas sospechosas y la vigilancia sobre el entorno, se deben extremar al máximo cuando se sospecha que se puede ser blanco de este crimen.

Según conocedores del tema, todo secuestrador debe seguir por lo menos cuatro etapas antes de realizar la operación. La primera, y en la cual hay mayores posibilidades de que la víctima se entere de lo que está pasando, es la consecución de información. Ahí los delincuentes tienen que vigilar la casa, establecer las rutinas de la familia, tomar fotografías del «blanco», e inclusive acercarse a él para reconocer su voz, sus ademanes y familiarizarse con el personaje. «Cuando los secuestradores terminan de recoger la información, es difícil que su víctima consiga pruebas de lo que se está tramando, porque en las etapas siguientes los delincuentes no necesitan acercarse tanto a ella. Evaluar el material conseguido, planear la operación y montar el operativo son actividades que se pueden realizar a puerta cerrada.

Como la idea es no dejar que se presente la oportunidad para que el secuestro suceda, hay una serie de consejos que deben seguir las víctimas potenciales de este delito. Uno que se repite hasta el cansancio, es evitar la rutina. También es importante mantener al cónyuge informado de los sitios que va a frecuentar, con quién se va a entrevistar y permanecer siempre en contacto. Pero ojo, es vital que sus actividades sólo las conozca un número muy reducido de personas. Es más, si va a viajar, es conveniente que las reservas de pasajes y hoteles no se realicen a nombre de la compañía.

Tal vez el momento más vulnerable lo constituyen los desplazamientos, y el más temible, cuando la fuerza pública hace un retén, por la posibilidad de que sea una banda de secuestradores «camuflada. Al respecto, el Unase y la XIII Brigada son muy claros: «Si tiene dudas de que se trata de personal de seguridad del Estado no abra las puertas de su vehículo hasta que el comandante se identifique, le explique el procedimiento y usted quede completamente convencido de que se trata de la autoridad legítima». El problema es cómo saber si son delincuentes o miembros del Ejército, la Policía o el DAS. Algunas pistas son las siguientes: la fuerza pública está obligada a señalizar un retén, sus miembros no usan cabello largo ni barba, los uniformes están acondicionados a sus tallas, tienen vestuario y armamento uniformes y por ningún motivo llevan mujeres. De todos modos, y por prevención, es aconsejable que no se espere hasta que detengan su vehículo. Devuélvase.

Cuando sospeche que lo están siguiendo, no se detenga. Acelere. Anote las placas del vehículo y trate de llegar a la autoridad más cercana o a un sitio seguro. Si lo interceptan, intente esquivar a su agresor y haga todo el ruido que pueda: pite, ponga las alarmas y grite. Si lo secuestran, el Unase recomienda mantenerse alerta a cualquier señal que le indique dónde lo están llevando, analizar a los captores, aprovechar cualquier oportunidad para escaparse, mantener el ánimo y antes de todo esto, estar en muy buena forma física.

Obviamente, también es recomendable contar con un buen equipo de seguridad que le garantice la prevención de situaciones riesgosas o, en su defecto, le dé tiempo de escapar en caso de un incidente. El equipo ideal para este último punto es un vehículo blindado, que está diseñado para soportar impactos sucesivos de proyectiles sin que le pase nada a los ocupantes del carro y, si cuenta con un buen conductor, puede facilitar una rápida huida. El costo de blindar el carro varía dependiendo del tipo de protección que se quiera. Hoy en día lo más común es hacerlo con spectra, un derivado del petróleo muy resistente y maleable, o con alguna aleación realizada con este material. El precio depende la resistencia al impacto de las balas. Lo que tiene mas pedido es el nivel 3, que protege al vehículo de impactos producidos hasta por un calibre 38, y cuesta entre $25 y $28 millones. 1 Un nivel mayor de blindaje puede llegar a valer S60 millones. Como de nada vale tener un vehículo blindado si no se sabe actuar en una situación de crisis, es necesario pagar un curso de conducción, que ojalá lo tomen el chofer y el propietario del vehículo. En estas clases se enseñan técnicas de evasión y cómo reaccionar en caso de atentado. Dependiendo de la intensidad, el curso puede costar entre 5250.000 y $400.000 por persona.

A lo anterior hay que añadirle los costos intangibles de conseguir un permiso de blindaje. La persona interesada tiene que diligenciar un formulario ante la Brigada donde está ubicada su residencia, quo realizará una inspección personal en las oficinas y casa del solicitante, 'así como del vehículo. El concepto que emita la Brigada es enviado a la Oficina de Control v Comercio de Armas. En esta entidad se verifican nuevamente los antecedentes del peticionario y, como muchas veces resultan ho monimos que han cometido algún delito, el proceso se entraba hasta que se aclare la situación. Eso, sin cortar con que hay un alto margen de discrecionalidad en el otorgamiento de los permisos. En una época, por ejemplo, se negaban las autorizaciones a los carros matriculados en Medellín.

Un carro blndado es importan-te, pero también es indispensable que tenga posibilidad de entrar y salir por varias rutas para que sea difícil de interceptar. En otras palabras, quien viva cerca a la circunvalar en Bogotá o a las afueras de cualquier ciudad, no tiene salida. Debe cambiar de residencia. Estos sitios, al igual que vivir en una casa, en un primer piso, un penthouse o frente a una embajjada de alto riesgo, ofrecen peligros, indicó Nimrod Gov, gerente de Blindajes y Seguridad Bliseg.

Otro elemento indispensable para los personajes de alto riesgo es el chaleco antibalas. Su costo promedio es de $400.000. Aunque algunos piensan que esta prenda no sirve para nada, y a nivel nacional ha quedado muy mal (Luis Carlos Galán llevaba uno puesto) hay una razón de peso para usarlo. Los disparos siempre van dirigidos al área del tronco, tanto porque ahí se erncuentran órganos vitales corno porque es un Manco mas fácil en una acción armada Las estadísticas muestran que es muy raro el delincuente que dispara a la cara, y mucho más extraño el que atina.

EI esquema no podría estar completo sin los escoltas. El número de ellos, así como el costo, depende del consumidor. Hay quienes afirman que el mejor sistema es tener sólo un guardaespaldas, pero que sea un estupendo asesor en prevención. [In escolta profesional necesita saber de sicología criminal, inteligencia, contrainteligencia, evaluación de seguridad y armamento. Sin embargo, se considera que uno verdaderamente bueno, no necesita disparar, porque ha sabido evitar cualquier peligró.

[In equipo promedio de guardaespaldas está compuesto en cada turno por un número 1, que es el jefe del grupo y quien se entiende y viaja directamente con el l'MI (personaje muy importante); el conductor, cuatro escoltas en el carro anterior y dos más en el carro de avanzada, que van avisando como esta el camino. El mejor sistema tiene un grupo de superavanzada, encargarlo de llegar a los lugares con varias horas de anticipación, mezclarse con el público y garantizar que el sitio es seguro. Los motos no son muy efectivos en la protección, porque son fáciles de neutralizar. En cualquiera de estos esquemas, cada hombre tiene una función específica asignada, al punto que si se produce algún cambio en la ubicación de los escoltas, es necesario hacer un entrenamiento previo.

Un No.1 de primera categoría debe ser universitario, bilingüe, experto en artes marciales y armas. Si reúne estos requisitos, su sueldo es de $2.000.000. Uno menos sofisticado cuesta en promedio $800.000. Los escoltas rasos cobran entre $100.000 y $400.000. Además, es común que exijan seguros y garantías por- si ocurre alguna eventualidad. Es decir, que contando los dos turnos, las Doras extras y el sostenimiento de 1 1 pelonas (lo más común), el presupuestó mensual para mantener el personal sería de unos $8.000.000a S 10.000.000. A esta suena hay que añadirle el costo de tener un vehículo blindado de repuesto y los carros de escolta. Fuera de las habilidades en defensa y prevención, los hombres deben llenar ciertos requisitos personales. Lo nnás aconsejable es que sean jóvenes, casados, con hijos y ojalá con hipoteca. La razón es que entre más comprometida esté la persona, va a ser difícil que se deje sobornar.

En Colombia, no hay ninguna agencia de escoltas privada, más que todo por el problema legal y contractual que se les presentaría si a alguno de sus protegidos le pasa algo. El servicio que prestan las empresas de seguridad es conseguir y entrenar a los guardaespaldas. Las grandes compañías, por su parte, montan sus propios departamentos de seguridad y proporcionan la escolta a sus altos ejecutivos. Hasta hace algún tiempo, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) prestaba esta protección a algunos empresarios ,privikgiados», pero la política actual es racionalizar al máximo estos servicios. El objetivo es que el DAS se concentre en defender solo ,a aquellos funcionarios públicos que por su investidura puedan ser blanco de atentados, y originar un problema de orden público si esto sucede.

Los secuestros en el país se los reparten la guerrilla y la delincuencia común. En ambos casos, lo más normal es que la «banda esté compuesta por los secuestradores, los vigilantes, el negociador, el garante o calanchín y el director. Los primeros cometen el rapto, los segundos se encargan de la seguridad y alimentación de la víctima; el negociador establece el contacto con la familia y pide el rescate; mientras que el director planea la operación, fija la suma y permanece en la sombra. La figura del garante es tal vez la más despreciable, porque tiene la misión de acercarse a los parientes, convencerlos de que los puede ayudar a que liberen el secuestrado y que le permitan negociar con la banda. En otras palabras, es un infiltrado.

A pesar de que tienen una organización parecida, la guerrilla y la delincuencia común operan de manera muy distinta. Los guerrilleros actúan de una manera muy sofisticada, montan el operativo con varios carros, armas profesionales y personal entrenado; llaman a los parientes desde distintos lugares del país; son más concretos en las peticiones y redactan mejor las comunicaciones; pueden tardar semanas y meses en establecer contacto con los familiares de la víctima y, lo que es más significativo, no hacen rebajas en sus peticiones y esperan todo el tiempo del mundo a que les paguen. Según el Unase, ahora piden el rescate en dólares y no exigen menos de Col$100 millones.

En contraposición, el delincuente común es más torpe, se afana y baja considerablemente la exigencia inicial con tal de que le paguen. El problema está en que es común que en un momento de desesperación mate al secuestrado. Los que saben dicen que un secuestro cometido por la guerrilla puede resultar muy caro, pero que existen mayores probabilidades de recuperar con vida a la víctima. Ojalá nunca tenga que comprobarlo.
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