| 6/8/2006 12:00:00 AM

Textiles y confecciones

La incertidumbre por la fecha de entrada en vigor del TLC con Estados Unidos y la terminación de los beneficios del ATPDEA tienen preocupados a los industriales de esta cadena. Además, los anuncios de Venezuela de retirarse de la Comunidad Andina aumentan la tensión.

Según la Comisión de la Industria del Vestuario y Textiles de Guatemala, el sector perdió en los tres primeros meses de este año unos US$60 millones por el retraso en la entrada en vigencia del acuerdo comercial de Estados Unidos con los países centroamericanos, Cafta. Pero, además, cerca de 38.000 trabajadores se quedaron sin empleo el año anterior, debido a la disminución de las exportaciones a Estados Unidos, como consecuencia de la llegada masiva de productos de Asia a ese mercado, tras la eliminación de las cuotas.

Estas amenazas hoy toman valor para Colombia, pues los beneficios arancelarios que se conceden por el ATPDEA vencen el 31 de diciembre de este año y Estados Unidos ha dicho que no los renovará. Mientras tanto, si bien el esfuerzo de gobierno y empresarios es para que el TLC entre en vigencia el 1 de enero del año entrante, los cálculos más optimistas aseguran que la ratificación y entrada en vigor del tratado no se dará antes de terminar el primer semestre de 2007. En esas condiciones, es muy poco probable que empalme la terminación del ATPDEA con la entrada del acuerdo de libre comercio. "Es probable que en enero de 2007 no tengamos ni TLC ni ATPDEA", advierte un empresario.

Además, la retroactividad en la desgravación arancelaria, uno de los eventuales beneficios que podría recibir este sector, que quedó pactado en la negociación del TLC y que consiste en que los impuestos que paguen los empresarios les sean retornados una vez entre en vigor el acuerdo —tal como quedó en la negociación del Cafta—, no aparece en los textos publicados a principio de mayo.

En esas condiciones, las exportaciones colombianas al mercado estadounidense tendrían que pagar arancel que en promedio es del 18%. "El negocio queda en el limbo y esto se convierte en un problema de capital de trabajo. En nuestro caso, al año tendríamos que pagar cerca de US$11 millones en impuestos para entrar a Estados Unidos y es muy difícil cubrir ese costo. Y si se da la retroactividad, es un costo financiero que podría golpearnos en US$1 millón", advierte Juan David Rodríguez, presidente de Expofaro, que produce para Gap y Levi's.

Según algunos cálculos, los impuestos que tendrían que pagar las compañías colombianas serían unos US$100 millones al año. Si el acuerdo se cristaliza en junio de 2007, el costo sería de US$50 millones. "La retroactividad es una salida de corto plazo pero genera dificultad en el flujo de caja de las compañías. Tenemos que buscar la posibilidad de una prórroga del ATPDEA, pero no es una tarea fácil", explica Carlos Eduardo Botero, director de la Cámara Textil Confección de la Andi. Y no es fácil porque es una ley y cualquier modificación debe pasar por el Congreso de Estados Unidos y el tiempo es muy corto.

Los compradores internacionales, naturalmente, no están dispuestos a asumir esos costos de aranceles. "Ellos exigen que se les venda con los aranceles pagos, nacionalizados y puestos en bodega. Eso ejerce presión de caja y la carga se le pasa al exportador", explica Guillermo Valencia, presidente de Industrias El Cid. De hecho, los pedidos que se están formulando para los primeros meses del año entrante traen explícita esa condición.

Por su parte, el mercado mundial de confecciones está siendo conquistado por los asiáticos que proveen casi el 70% de las confecciones a Estados Unidos, mientras que Colombia solo participa con un poco menos del 1%. Entretanto, países como los centroamericanos y Perú definen sus estrategias para competir con los orientales y conservar parte del mercado estadounidense.

Mientras esto ocurre, se suma la decisión de Venezuela —uno de los principales destinos de exportación de confecciones y textiles de Colombia con una participación del 21,3%— de retirarse de la Comunidad Andina y el G-3. En estas condiciones, el sector en el país intenta reacomodarse, tomar un nuevo aire y construir su futuro.

El panorama

El sector textilero y de confecciones de Colombia tuvo en 2005, un año movido. Esta industria representa el 9% de la producción industrial —de la cual el 30% se exporta— y genera 600.000 empleos directos e indirectos. Para el año pasado, las exportaciones del sector llegaron a US$1.253 millones; el subsector de confecciones fue el que impulsó esta cadena, con US$961 millones, un incremento del 6,7%, según datos de Proexport Colombia. Sin embargo, mientras el ritmo del crecimiento en mercados como Venezuela, México y Ecuador estuvo entre el 25% y el 28% en cada uno de ellos, en Estados Unidos, el principal destino, las ventas cayeron en 8%. Y para los primeros dos meses de este año, las exportaciones totales del sector decrecieron en cerca de 3%.

Al igual que en los países centroamericanos, Colombia se vio golpeada por el auge de las confecciones asiáticas en Estados Unidos. Incluso, para el primer trimestre de este año, si bien las exportaciones de China han decrecido 6%, otros proveedores asiáticos han aumentado sus pedidos. Camboya creció sus ventas en 35%; Bangladesh lo hizo en 27%; Vietnam, Indonesia y Paquistán en más de 21%, cada una; e India en 17%. Entretanto, otros proveedores de confecciones a Estados Unidos vieron decrecer sus ventas, especialmente los de este hemisferio. Así, las exportaciones de México en el período enero-marzo de este año, cayeron 10%, al igual que las de Honduras y las de El Salvador 35%, entre otros, según datos de US International Trade Commission, USITC.

Colombia tuvo otro factor en contra, la revaluación del peso en 3,6%. Con ese panorama, ventas de industrias tradicionales y reconocidas en Colombia, como Confecciones Nicole en Pereira, que fabrica para Liz Clairbone, cayeron casi 50% el año pasado.

En Guatemala, 51 empresas tuvieron que cerrar, por el impacto de la industria china y el crecimiento de otras empresas en Asia. Koramsa, una de las empresas más emblemáticas de ese país, que fabricaba 700.000 unidades semanales, pasó a producir un poco más de 200.000. Paradójicamente, parte de estos pedidos —en especial de Gap y Levi's— llegaron a Colombia a empresas como CI Expofaro y CI Jeans.

Con este panorama, la tendencia que se consolidan es que los compradores de Estados Unidos hagan el 70% de sus pedidos en Asia, los relacionados con el volumen, y dejarán en este hemisferio el 30% restante, que será el de la respuesta rápida, con mayor diseño y menores volúmenes.

En ese sentido, las empresas de este hemisferio se deben enfocar en productos de mayor valor agregado y descubrir su nicho. Perú, apalancado en la calidad de su algodón, confecciona prendas de un nicho de valor alto. Camisas y camisetas finas para un mercado más especializado y para marcas como Lacoste o Polo. Mientras las ventas de confecciones de Colombia a Estados Unidos en 2005 decrecieron en 3%, las de Perú aumentaron en casi 18%, al llegar a US$830 millones.

Además, la negociación del tratado de libre comercio de los centroamericanos con Estados Unidos ya está atrayendo inversión extranjera a esta región eminentemente confeccionista. Ahora empiezan a verse posibilidades de llegada de capitales para el sector textil. Por ejemplo, Burlington-Cone Mills anunció el montaje de una fábrica de denim en Nicaragua por el orden de US$80 millones. "Nicaragua está siendo uno de los destinos de inversión más atractivos de Estados Unidos", señala Camilo Montoya, presidente de Invista para la región andina y Centroamérica.

A juicio de confeccionistas y compradores internacionales, otro problema que tiene Colombia es la disponibilidad de telas. Aunque las grandes textileras nacionales —Fabricato Tejicóndor y Coltejer— han hecho esfuerzos importantes por suplir las necesidades de los confeccionistas, no son suficientes.

Coltejer ha invertido US$28 millones en la ampliación de su producción de índigo y ha pasado de 2,2 millones de metros lineales a 3,3 millones de metros lineales por mes. Espera vender 100.000 m2 de terrenos para conseguir recursos que le permitan ampliar la producción en 30% en dos años y atender la demanda que genere el TLC.

Por su parte, Fabricato Tejicóndor ha estado muy activo en consolidar e integrar producciones. Compró los activos productivos de Fibratolima, empresa que estaba en liquidación, por $10.661 millones, y logró un acuerdo con los accionistas de Textiles Omnes de Pereira en el cual esta empresa entrega sus activos —valorados en $5.630 millones— y recibe el 26% de las acciones de la empresa Fabrisedas —filial de Fabricato—, que produce paños para vestuario, telas decorativas y telas para tapicería automotriz.

La movida busca la integración de las compañías, aprovechar sinergias, reducir costos y sumar mercados. El movimiento tiene todo el sentido pues son empresas que están en dificultades financieras y sus tamaños no les permiten ser rentables. El próximo movimiento podría estar por el lado de Indulana, división textil de Confecciones Colombia, que podría vincularse a esta integración.

Pero estos movimientos no cubren las necesidades. "Estamos muy limitados y hay dificultad en la disponibilidad de telas. Debido a su situación financiera, las textileras buscan más rentabilidad y producir en mayor escala determinadas referencias y no presentan una oferta más diversa", explica el representante de una compañía compradora de confecciones.



Las salidas

¿Cómo capitalizar oportunidades del mercado? El panorama de corto plazo, con la incertidumbre de la entrada en vigor del tratado, los lleva a buscar otras posibilidades.

"Si se diera el caso de que no hay retroactividad y no hay acuerdo comercial vigente sino hasta un año o seis meses después de finalizar el ATPDEA, tengo que disminuir mi operación al mínimo en Colombia. Tenemos una planta de confecciones en El Salvador y tendría que mover la operación hacia allá", dice Rodríguez, de Expofaro.

Implementar esta estrategia no es tan sencillo. En el pasado, empresas como Supertex de Cali montaron plantas en México, pero la experiencia no fue la mejor por la calidad de la mano de obra y tuvieron que desmontar la operación.

Si la diferenciación está en la moda y el diseño, las empresas tienen que prepararse y adecuarse primero en las tendencias y segundo en los equipos, pues el lavado, en el caso de los jeans, el principal rubro de exportación de Colombia, es un proceso más complejo. El mercado de Estados Unidos necesita estos productos de manera rápida, porque son muy pocas unidades por referencia y su valor aumenta. CI Jeans busca alianzas con algunos de sus clientes en Estados Unidos para tener el conocimiento de estas tendencias y el know how de sus desarrollos e implementarlos en ese contexto. "Varios empresarios en el país han entendido que la forma de competir es generando valor agregado en el diseño o en la distribución o en una mezcla de los dos", agrega Botero, de la Andi.

La otra salida es diversificar riesgo a punta de mercados y clientes. El caso de Expofaro es patente. Antes solo fabricaba para Levi's, ahora tiene como cliente a Gap y llega a mercados de Suramérica. En la parte comercial, cuenta con la licencia de Levi's para Colombia, Ecuador y ahora Venezuela y se ha enfocado en diseño y moda y el director de Levi's para Asia Pacífico se llevó 50 de sus colecciones para comercializar en esos países.

En el caso del algodón colombiano, por su calidad premium tiene la posibilidad de elaborar hilos y textiles finos que exceden las necesidades de las textileras nacionales. Por eso, los algodoneros buscan mercados donde puedan colocar sus productos. Uno de ellos es Perú, país en el que se adelantan los procedimientos sanitarios para lograr su admisibilidad.



El TLC

Con el TLC, el sector de textiles y confecciones colombiano es ganador y de gran potencial. para Estados Unidos, la importancia de este mercado es la posibilidad de contar con un proveedor que tenga integración vertical no solo de las empresas que ya están integradas, como Protela, Leonisa o Vestimundo, sino porque el país ofrece todos los eslabones de la cadena, desde las fibras, hasta las confecciones, pasando por las telas y los acabados.

De entrada, US$80 millones en productos que no estaban beneficiados por el ATPDEA van a tener la posibilidad de entrar sin aranceles.

De otra parte, para exportar confecciones, los hilados, telas y filamentos deben ser colombianos o estadounidenses de acuerdo con el Tratado, pero se lograron concesiones. Por ejemplo, una regla de origen especial para brassieres, que permite que sean considerados productos colombianos (exportables a Estados Unidos sin arancel) los que se cortan y se cosen en el país. Una acumulación de origen extendida, es decir, que los confeccionistas se puedan abastecer de materias primas con aquellos países con los que Estados Unidos tiene acuerdos comerciales —Nafta, Cafta y Chile— y también en doble vía. Esto significa que desde Colombia podrían proveer de insumos a los industriales de esos países que exportan a Estados Unidos, sin perder origen.

Este punto puede atraer inversión extranjera. El sector textil requiere socios con capital, mercado, tecnología y know how, para que se asocien con las locales, las adquieran o monten plantas nuevas. Pero sin TLC no vendrán las inversiones. El problema es que ya están llegando a Centroamérica. Para Roque Ospina, director de Inexmoda, Colombia importa US$800 millones en hilazas, fibras y telas. "El país debe buscar inversión que le permita que parte de ese valor quede en el país", agrega.

Mientras se decide qué va a pasar con el comercio con Venezuela y la entrada en vigencia del TLC, los empresarios tienen que presentarse como compañías que ofrecen diferencia en diseño y moda para las marcas internacionales. De lo contrario, mientras sigan recibiendo órdenes de productos básicos no serán competidores importantes para esos compradores, porque el recurso que está aquí se lo pueden llevar para Asia a mejores precios. Hay mucho por hacer.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?