Teléfono roto

| 9/29/2000 12:00:00 AM

Teléfono roto

La ETB no se pudo vender porque es una empresa del pasado y los inversionistas piensan en el futuro. Es un claro reflejo de la situación de las telecomunicaciones en nuestro país.

El fracaso de la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB) es un campanazo de alerta para el país. La explicación oficial, según la cual los españoles se atemorizaron a última hora ante los problemas de seguridad, es solo un esfuerzo obligado por salvar la cara ante la ineludible realidad: la ETB es un activo de muy poco valor para los grandes jugadores internacionales de las telecomunicaciones.

Los colombianos nos echamos el cuento de que, por tratarse de la última telefónica grande que queda por privatizar en América Latina, la ETB debía ser muy valiosa. Esto resultó falso. La revolución tecnológica de los últimos años ha llevado a que los inversionistas en telecomunicaciones busquen opciones en la telefonía móvil, en internet y en sistemas de transmisión de voz sobre protocolo internet (IP). La ETB tiene poco de eso. La última empresa grande por privatizar tiene años de inversiones en tecnología tradicional, en cables de cobre y en switches analógicos. Es un animal de otra era.



Este episodio, además, confirma hasta qué punto se ha vuelto negativo el entorno para la inversión en Colombia. Y el problema no es solo de seguridad; nosotros mismos nos hemos especializado en ahogar las posibilidades. La lista de acciones que atentan contra la inversión en la ETB es larga: la crisis política del primer semestre y el creciente descuento que ella trajo sobre los activos en el país; la avalancha de impuestos que vienen con la reforma tributaria; las contradicciones y traspiés de la regulación del sector, desde la indiferencia ante los Personal Communications Systems, PCS, hasta una Ley de Telecomunicaciones que sin ser aprobada ya está obsoleta; la intervención del Procurador; la potestad que se le ha dado al Contralor Distrital para intervenir el manejo de las empresas privatizadas, son solo algunos de los factores que cabe mencionar en este sentido.



Por qué no hubo negocio




El negocio de la ETB enfrentaba malos augurios desde hacía meses. Telecom Italia, la única firma diferente de Telefónica de España que manifestó un interés inicial, realizó un somero proceso de due diligence y expresó rápidamente que no iba a hacer una oferta, pues ETB no tenía ninguna posición valiosa en móviles, telefonía IP o internet. La relación de ETB con Comcel era vista más como una carga que como un activo, pues la empresa no había realizado ningún aprendizaje sobre telefonía móvil. Aceptaron precalificar, pero no irían más allá. Los negociadores de ETB intentaron generar algún acuerdo con Bell Canada, principal inversionista de Comcel, para crear un ambiente más favorable para los italianos, pero no lograron nada.



La Alcaldía decidió no revelar la decisión de Telecom Italia, tratando de limitar el peso de Telefónica en la negociación. Sin embargo, aunque la empresa española realizó un due diligence cuidadoso, detallado y lento, la relación fue siempre fría. Nunca le gustó el precio. Adicionalmente, el negocio de ETB era visto en España como un proyecto de Juan Villalonga, el polémico presidente de Telefónica y, por tanto, el escándalo que rodeó a este personaje y su posterior reemplazo el 26 de julio afectaron la viabilidad.



En la cumbre de la paz en Madrid, el gobierno colombiano intentó mover sus contactos con el gobierno del presidente José María Aznar respecto al tema, pero el esfuerzo resultó infructuoso. Los españoles explicaron que con la salida de Villalonga y la entrada del nuevo presidente, había que dar un tiempo para que este último se enterara de los diferentes asuntos y la decisión pudiera volver a la junta directiva. Se suponía que el tema se iba a tratar en la junta del 20 de septiembre. Dos días antes, sin embargo, los españoles llamaron a Bogotá para anunciar que el tema no sería tratado en la junta, pues, sencillamente, no había interés. Las razones: Telefónica había dado un giro estratégico hacia la telefonía móvil e internet, el precio de la ETB era muy alto y había otras opciones de inversión en América Latina. Era un mal negocio.



Tierra de gigantes



El hecho fundamental es que se ofreció un activo a muchos jugadores internacionales y nadie quiso comprarlo. Eso tiene que significar algo.



Lo que está ocurriendo es un cambio de fondo en el panorama de las telecomunicaciones. En el futuro habrá una oferta abundante de banda ancha que permitirá la transmisión de voz, datos y video por una amplia gama de aparatos de comunicación, como teléfonos fijos y móviles, computadores y aparatos de televisión, entre otros. Las líneas divisorias convencionales entre las diferentes modalidades del negocio serán cada vez más tenues y lo importante para las empresas será tener acceso a todas las plataformas para transportar toda clase de contenidos. El servicio tradicional (la comunicación de voz y datos) se convertirá en un commodity. Las empresas como ETB tienen poco valor, pues el futuro pertenece a gigantes dotados de enorme capacidad financiera y tecnológica para realizar apuestas en los diferentes campos.



Al observar el panorama latinoamericano de las telecomunicaciones se entiende que el futuro ha comenzado ya. Los grandes jugadores como Telefónica, Bell South y Telmex buscan estar en todos los países, desarrollando todos los servicios. La puerta de entrada puede ser la telefonía fija o la celular, pero el objetivo es extenderse rápidamente hacia los demás frentes.



Telefónica de España es el líder en la provisión de servicios de telecomunicaciones en América Latina. La empresa tiene más de 30 millones de clientes en la región (48% del total) y maneja una amplia gama de servicios: telefonía fija, larga distancia, celular, datos, televisión por cable e internet. Tiene operaciones en 17 países de América Latina.



Telefónica desarrolló su presencia en la región adquiriendo antiguos monopolios en los procesos de privatización. Siempre buscó beneficiarse del entorno de baja competencia al máximo posible, en ocasiones cooptando a los reguladores.



Sin embargo, en los últimos años, Telefónica ha cambiado su estrategia. Está participando en licitaciones de PCS y adquiriendo empresas de valor agregado, incluyendo empresas especializadas en internet. Ha sacado al mercado de valores como empresas independientes a sus subsidiarias especializadas en celulares (Telefónica Móviles), medios (Telefónica Media), datos (Telefónica Data), y servicios de internet (Telefónica Interactiva o Terra Networks). Además, ha realizado una sustancial inversión en un cable submarino que vinculará a los principales países de América Latina con Estados Unidos.



El segundo gran jugador es Bell South, que acaba de entrar en Colombia al adquirir el 66% de Celumóvil-Cocelco. Es el líder en servicios de telecomunicaciones inalámbricas en América Latina, con 5,6 millones de usuarios en la región. Tiene operaciones en Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, Perú, Ecuador, Uruguay, Panamá y Nicaragua. La estrategia de Bell South se basa en fuertes inversiones en tecnología y focalización en la calidad de la atención al consumidor, la confiabilidad de la comunicación y las avanzadas modalidades de servicio. Ha entrado en los mercados latinoamericanos vía celular, pues se trata de mercados menos regulados, en los cuales la empresa tiene grandes fortalezas competitivas y en los cuales es más barato construir una red que permita el acceso a los clientes. Sin embargo, su estrategia considera la entrada en otros campos, como la larga distancia y los datos. En Chile ofrece servicios de larga distancia y en Venezuela tiene un importante servicio de acceso a internet (ISP). El Yankee Group cree que la empresa está considerando la posibilidad de invertir en telefonía fija en Venezuela, Chile y Perú.



Un tercer jugador es Telmex, empresa mexicana que busca convertirse en un operador internacional de grandes ligas. Si bien en México Telmex es un poderoso operador de telefonía fija, en el ámbito internacional se ha enfocado en los segmentos de alto crecimiento, como la telefonía móvil, la transmisión de datos e internet. En junio de este año, Telmex anunció la creación de un joint venture con Bell Canada International (BCI) y SBC. BCI tiene operaciones en empresas de Brasil (telefonía fija, celular y televisión por cable), Venezuela (datos) y Colombia (posee el 56% de la celular Comcel). Se espera que este consorcio participe en la licitación de nuevas frecuencias celulares en Brasil y ya anunció una alianza con Techtel en Argentina, para construir una red de fibra óptica que conectará las principales ciudades del país.



Con una estrategia más especializada, pero también dentro del grupo de los gigantes, está AT&T Latin America. Esta empresa se ve a sí misma como un proveedor de soluciones de comunicaciones empresariales para la nueva economía, con una red de alto poder en el continente. Aunque se concentra en el mercado empresarial, tiene una operación de larga distancia en Chile y una empresa de telefonía local en Perú. Otros jugadores, como Diveo, aspiran también a posicionarse en la región.



La nueva carrera del celular



El frente por el cual irrumpiría la verdadera competencia en Colombia es el de los celulares. El teléfono celular servirá pronto para comprar tiquetes de espectáculos, manejar las cuentas bancarias y mantener contacto de doble vía entre los empleados y la operación de back office en las empresas.



En Colombia, el duopolio que se estableció en la prestación del servicio celular entre Celumóvil y Comcel ha generado un entorno que resulta poco competitivo, cuando se compara la situación con otros países del continente, como Chile. Además, los problemas financieros, debido a la fuerte carga de deuda externa que encontraron los operadores, y el deterioro de la economía redujeron el dinamismo de la competencia. Puede decirse que en los últimos 2 años estas empresas emplearon su tiempo en manejar la deuda y prepararse para hallar socios estratégicos.



La entrada de Bell South en Celumóvil y Cocelco implica un cambio en este entorno. La estrategia corporativa de Bell South le dicta el mandato de obtener la posición del líder en los mercados donde opera. En Perú, Bell South aumentó su participación de mercado de 24% a 50% en 3 años, bajo la dirección de Larry Smith, el ejecutivo que acaba de ser nombrado presidente de Celumóvil en Colombia. La participación de Celumóvil en el mercado nacional era de 53% al terminar 1999, según la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones (CRT).



La empresa tiene el respaldo financiero y tecnológico para soportar estos planes. Ya ha realizado una inversión de US$200 millones en infraestructura para Celumóvil y planea otra de US$50 millones en el mejoramiento de la infraestructura y los servicios de back office. La situación financiera de la empresa se verá aliviada, además, por una reestructuración de US$650 millones de deuda y la emisión de bonos por US$250 millones.



De hecho, la competencia ya ha empezado. Celumóvil anunció una reducción de tarifas. Los precios de la conexión de fijo a celular por esta empresa han caído a $686 con IVA incluido. Además, en solo unos meses, Celumóvil-Bell South tendrá cobertura nacional, pues ya cubre la Costa, el oriente y, al fusionarse con Cocelco-Bell South, entrará también al occidente del país.



Por su parte, Comcel ha mantenido la iniciativa, con el inicio de la prestación de servicios Wap (Wireless Access Protocol), que permiten el acceso a internet por medio del celular. La próxima movida de Comcel dependerá de la forma como se concrete el acuerdo entre Bell Canada International, su socio mayoritario, y Telmex para la operación en América Latina y en nuestro país. Ese acuerdo debería estar listo en octubre. La capacidad de Comcel para responder al desafío de Bell South dependerá de la importancia que los inversionistas quieran darle al mercado colombiano dentro del conjunto de sus inversiones en América Latina.



Por último, la presión competitiva dependerá de un hecho crucial: la velocidad con que el gobierno realice la adjudicación de licencias para PCS, un tema que está sobre la mesa desde hace años pero aún no se resuelve. La ex ministra Claudia de Francisco anunció en la reciente reunión de competitividad en San Andrés que el proceso de adjudicación se iniciaría en octubre, pero eso no parece posible. Las reglas del juego serán definidas por una firma consultora, que definirá temas críticos, como cuántas licencias se entregarán y en qué áreas, cuáles serán las frecuencias, y cuánto tiempo se empleará en la construcción de la red. Además, el proceso se ha demorado tanto, que la agenda de la discusión debería incluir desde ya el tema de las licencias de tercera generación, que abren nuevas posibilidades de servicios de transmisión de datos y cuyas licencias comenzarán a ser otorgadas en otros países de América Latina el año entrante. La consultora necesitará al menos dos o tres meses para hacer este trabajo y, luego, pueden pasar 6 meses mientras se realiza la adjudicación. La firma consultora que definirá el proceso aún no ha sido contratada.



Los PCS tienen un papel vital en el aumento de la competitividad, la reducción de precios al consumidor y el mejoramiento del servicio. En Chile, donde se entregaron 2 licencias en 1997, la penetración de la telefonía móvil aumentó de 2,9% en 1997 a 15,1% en 1999, según el Yankee Group.



Panorama incierto



A la luz de lo anterior, el panorama para las empresas públicas y nacionales de telefonía luce cada vez más limitado y exigente. Las empresas locales tienen todavía su acceso a los clientes. Sin embargo, si no se modernizan y ofrecen servicios de banda ancha y valor agregado, los inalámbricos y los proveedores especializados de datos los sacarían del mercado en pocos años.



Tanto ETB como Empresas Públicas de Medellín (EEPPM) están conscientes de esta realidad y tienen ofertas de producto en transporte de datos, valor agregado e internet, aparte del servicio de larga distancia que prestan desde 1997. Las locales tienen como fortaleza la posibilidad de ofrecer servicios integrados a los clientes, unificando facturación y reduciendo los costos administrativos. Además, son candidatos de primera línea para participar en la licitación de PCS.



Sin embargo, este juego es de grandes inversiones en el que resulta difícil mantener los niveles exigidos. ¿De dónde saldrán los US$2.500 millones en inversión nueva que necesitaría la ETB en los próximos 5 años? Quedan pocas salidas: si hay un millón de hogares en Bogotá, cada uno de ellos deberá "contribuir" con US$2.500 en este período, seguramente con un aumento de tarifas.



Más competencia



Como quedaron las cosas, no va a llegar más inversión y nuestras telecomunicaciones van a rezagarse progresivamente. Esto equivale a decir que la infraestructura básica de la economía digital en nuestro país estará cada vez más atrasada. La brecha de competitividad que nos separa del resto del mundo se ampliará.



La principal carta que puede jugar el gobierno colombiano es modernizar de una vez por todas la regulación del sector. El esquema adoptado en Colombia para desmontar los monopolios de telecomunicaciones en larga distancia y telefonía local fue uno en el que primaban el gradualismo y las consideraciones fiscales. Pero la velocidad del cambio tecnológico hace que ese planteamiento sea obsoleto.



El fracaso de ETB implica que se reduce la presión de la competencia en el sector. Es vital ahora realizar la licitación de PCS de manera que los grandes jugadores internacionales se interesen por venir a Colombia, inviertan y generen cambio en tecnología y servicio.



Para ello hay que hacer una transformación de fondo en el enfoque regulatorio: el gobierno debería regular el manejo de las redes y el sostenimiento de elevados niveles de calidad, pero las empresas deberían tener el derecho de emplearlas para prestar todos los servicios que deseen, desde telefonía fija hasta móvil y larga distancia, en un esquema como el utilizado en Europa para conceder las licencias de tercera generación. Solo así vendrán los grandes jugadores.



Esto implicaría reemplazar el proyecto de Ley de Comunicaciones que propone el gobierno Pastrana (que está sobre la mesa desde el año pasado). Este proyecto de Ley sigue dividiendo el sector según el aparato que usa el usuario para comunicarse. La ley no asume el reto regulatorio que impone la convergencia de las telecomunicaciones. No tiene sentido aprobar una ley que es obsoleta desde antes de su firma; es responsabilidad del gobierno empeñarse plenamente para hacer aprobar en pocos meses un marco regulatorio que realmente libere al sector de sus ataduras.



Tenemos que crear hechos políticos de fondo, que rompan los diques que han paralizado la evolución del sector. En Colombia estamos enredados porque un gobierno les vendió a dos empresas unas licencias para operar servicios de larga distancia por US$150 millones hace 3 años, solo para descubrir que el desarrollo de internet hizo obsoleto este servicio y destruyó el valor de la licencia en poco tiempo. Para sostener el compromiso asumido con quienes pagaron las licencias, mantenemos un esquema regulatorio que les da la espalda a las realidades tecnológicas de nuestro tiempo. Hay que encontrar una salida a la situación. Si no somos capaces de evolucionar, el costo lo pagaremos todos los colombianos con el sacrificio de la competitividad y el incremento de la pobreza.
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