| 9/16/2005 12:00:00 AM

Telecomunicaciones

En Colombia pocos sectores han sido más trastornados por la presencia de empresas extranjeras que el de las telecomunicaciones.

En cinco años, el panorama del sector de las telecomunicaciones en Colombia cambió drásticamente. El país tenía una aceptable penetración de líneas fijas, apenas dos millones de teléfonos celulares y un sector de telecomunicaciones que, aunque liberalizado, también era monopólico y dominado por empresas públicas municipales y la estatal Telecom. El sector de las telecomunicaciones está altamente expuesto al cambio tecnológico y requiere grandes inversiones. Por eso, el tranquilo equilibrio de principios de la década no se podía mantener por mucho tiempo y la presencia de las multinacionales acabó con él.

Entre 2001 y 2004, las multinacionales consolidaron su presencia en Colombia lideradas por las filiales de los grupos más poderosos de la región, Telefónica de España (que compró BellSouth) y Telmex de México. Estas empresas cada vez más marcan la pauta en el sector y obligan a las telefónicas colombianas a responder con mejores ofertas y quizás más rápidamente de lo que una vez pensaron. Desde el sector corporativo hasta el residencial y desde la telefonía fija hasta la móvil, la presencia de las firmas extranjeras cambió para siempre las telecomunicaciones en el país.

El segmento de servicios corporativos, que presta servicios de voz, datos e internet, es uno de los que, desde hace varios años, ha sentido la presencia de firmas internacionales como Telmex Colombia, Telefónica Data y la argentina ImpSat, que han traído nuevas tecnologías. Telmex, por ejemplo, comenzó experimentando en Colombia con redes de próxima generación, mientras otras trajeron tecnologías inalámbricas. Ellas también han extendido sus redes en aras de acaparar un mercado corporativo para el cual hay unos 500 oferentes. Y en la medida en que extienden su alcance hasta el cliente final, han podido saltarse el uso de las redes de las telefónicas públicas, dueñas de la mayor parte de las redes y en especial de la "última milla", la más valiosa porque es el tramo que llega directamente al cliente final.

El hecho de no tener que depender de las telefónicas públicas ha dado más opciones a los operadores para ofrecer servicios y ha bajado el precio de acceso a sus redes. Aunque en Colombia no se ha hecho mucho por abrir las redes públicas formalmente, la competencia ha llevado a unos operadores a amenazar con demandar a las telefónicas públicas por negar acceso a sus redes bajo mejores condiciones, aunque sea como mecanismo de negociación con ellas. Por otra parte, a medida que también se desata una guerra de precios para ofrecer más ancho de banda, los operadores del sector liderados por las multinacionales han diversificado su oferta empaquetando más servicios de valor agregado fuera de la mera conectividad, la cual no es más que un commodity.

Efecto celular

Con la telefonía celular, las multinacionales han alterado más profundamente el panorama de esta industria. A partir de 2004, cuando Telefónica Móviles, con su marca mundial MoviStar, compró las operaciones de BellSouth en América Latina, la española y Comcel (propiedad de la mexicana América Móvil, la cual es en parte propiedad de Telmex) se convirtieron en las mayores empresas de la telefonía móvil en Colombia, con una facturación cercana a los $3,3 billones.

En 2003, con el lanzamiento del tercer operador de celular, Ola, la competencia se intensificó, y para 2004 los abonados móviles crecieron 68% al llegar a más de 10 millones, superando por primera vez el número de líneas fijas en el país (ver gráfico). Y en 2005, se pronostica alcanzar más de 15 millones de abonados, superior en casi 7 millones a las líneas fijas, con una penetración de más de 35%, tres años antes de lo previsto, de acuerdo con la consultora Pyramid.

Este año, se consolidaría el impacto sobre las telefónicas públicas y la composición de sus ingresos se alteraría sustancialmente. La telefonía fija local pasó de representar el 42% de los ingresos del sector en 2001, a 32% en 2004, mientras que la larga distancia pasó de 19% a 11% en el mismo período. La única que aumentó fue la telefonía móvil, que saltó de 13% a 30% (ver gráfico). En este contexto, las municipales ETB y EPM se unieron para crear Colombia Móvil con la marca Ola, pues entendieron que necesitaban ingresar rápidamente al negocio de la telefonía móvil antes de que el mercado se quedara en manos de las multinacionales.

Las telefónicas públicas tuvieron que reaccionar no solo en telefonía móvil. Aunque tardíamente, comenzaron a explotar el valor de las redes que han enterrado por todo el país, que están en buenas condiciones y es factible potenciarlas con nuevas tecnologías para ofrecer banda ancha.

Súbitamente, las empresas públicas despertaron del letargo comercial y comenzaron a ofrecer paquetes de servicios como voz e internet banda ancha con tarifas planas. ETB comenzó a pregonar que su meta era derivar el 40% de sus ingresos de servicios de valor agregado, desde su 5% inicial. Se alió con operadores como Net2Phone para vender telefonía IP y con SkyTV para televisión satelital. En 2004, triplicó sus usuarios de banda ancha. EPM ofrece el triple play -televisión, internet y voz- en Medellín y también logró importantes crecimientos en clientes de banda ancha. Un año más tarde, con una inversión de $175.000 millones, Telecom comenzó a ofrecer banda ancha en 34 ciudades, muchas intermedias. La estatal espera alcanzar 58.000 clientes en dos años.

En todo caso, la penetración de banda ancha en Colombia sigue siendo una de las más bajas de América Latina. Y, atípicamente, la banda ancha por cable, de operadores privados, todavía supera el acceso por línea de cobre con tecnología DSL, que es lo que ofrecen las telefónicas públicas.

El provecho que están intentando sacar las telefónicas públicas de sus redes fijas es algo que ahora les gustaría hacer a las multinacionales también. Porque para Telefónica y Telmex (esta última por medio de Comcel), el negocio de la telefonía móvil comienza a ser menos espectacular. Si bien esperan crecer la penetración de telefonía móvil hasta 50% y más en los próximos años, el mercado colombiano está madurando y sus ingresos bajan. El ingreso mensual promedio por usuario móvil cayó desde $35.000 en 2001 a $27.000 en 2004, mientras que el ingreso por minuto bajó de $320 a $180. Y cuando la penetración alcance 50% bajará más. Por otra parte, la penetración futura deberá hacerse cada vez más en estratos de menores ingresos.

Telmex y Telefónica quieren complementar sus servicios para el sector corporativo y de telefonía móvil con banda ancha residencial, una tendencia que está en ascenso. En 2004, el número de suscriptores de internet dedicado de banda ancha superó por primera vez el de suscriptores de acceso conmutado.

ETB y EPM, con inversiones en tecnología, ya están explotando sus mercados naturales, las ciudades más lucrativas, además de otras intermedias. Telecom tiene el mayor número de líneas fijas en el país, aunque no domina las ciudades más rentables, y necesita más inversión en tecnología para competir.

Las multinacionales han intensificado la competencia en las telecomunicaciones, obligando a las telefónicas públicas a reenfocar su estrategia, pero también han tenido otros impactos. Entre los más importantes está su efecto sobre la regulación de la industria. Como tienen experiencia en regulaciones de otros países, han exigido que Colombia tenga en cuenta las tendencias regulatorias internacionales. La más reciente polémica suscitada por las telefónicas públicas contra las multinacionales de la telefonía móvil por las altas tarifas que cobran por llamadas originadas en la red fija y terminadas en redes móviles, ha sido abordada por la CRT con la asesoría de entidades homólogas de la región. "Ahora la CRT argumenta con comparaciones internacionales", afirma José Fernando Bautista, presidente de Asocel.

Por otra parte, la agitada competencia en el sector ha revivido los ánimos de la CRT por estudiar los costos y beneficios de la desagregación de la redes, es decir, de su apertura a competidores que también pueden aprovecharlas. Esta medida seguramente agitaría más la competencia en el sector.
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