| 3/5/2010 12:00:00 AM

“Sin duda, el año 2009 fue un año difícil para la caficultura colombiana”

Luis Genaro Muñoz, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, analizó en diálogo con Dinero el panorama del sector y sus proyecciones.

D — El programa de renovación cafetera preveía una disminución de la producción, pero nunca de la magnitud de la que se dio. ¿Qué llevó a que la producción cayera 32% en 2009?

La caída de la producción cafetera en 2009 tiene su explicación en la combinación de una serie de circunstancias excepcionales. Dentro de ellas se destacan unos niveles de lluvia en las zonas cafeteras 40% por encima del promedio histórico y la menor aplicación de fertilizantes ocasionada por el incremento exagerado del precio de la urea durante 2008. La nefasta coincidencia de estas dos circunstancias afectó de manera adversa la productividad de los cultivos. Paralelamente, el cambio en los patrones climáticos de las zonas cafeteras y la debilidad de los cafetales en un momento de baja fertilización y alto estrés, debido a los niveles altos de cosecha de 2006, produjo un crecimiento en la infestación por roya que a su vez impactó negativamente la producción el año pasado.

En 2010, el cambio en las condiciones climáticas y la recuperación en los niveles de fertilización, gracias a la puesta en marcha, con el apoyo del Gobierno Nacional, del programa Fertifuturo, nos llevan a concluir que la producción se recuperará este año. Esto será posible, siempre y cuando no se presenten factores externos o climáticos por fuera del control de los productores, como por ejemplo que el Fenómeno del Niño sea más acentuado de lo esperado.

D — Además de estos factores que son coyunturales, ¿qué otros factores de tipo más estructural, como variedad de las plantas (baja resistencia a la roya), podrían estar afectando la producción y causando un daño más permanente?

De las 870.000 hectáreas sembradas en café en Colombia, 300.000 están envejecidas, presentan bajísimos niveles de productividad y se encuentran cultivadas en variedades susceptibles a la roya. En su mayoría, estas plantaciones están en las manos de los productores más pequeños y pobres. Igualmente, cuando se analiza que 75% de los costos de producción del café se encuentra concentrado en la mano de obra para las labores de recolección, se entiende que resulta prioritario ofrecer oportunidades para la renovación y tecnificación de estos cultivos.

D — ¿Qué se está haciendo al respecto?

Hemos puesto en marcha, con el apoyo del gobierno nacional, un programa de renovación enfocado a la caficultura tradicional altamente envejecida. Para ello, a través del reconocimiento de créditos otorgados en condiciones favorables, desembolsados en mensualidades, les estamos dando la oportunidad a los pequeños caficultores para que mejoren sus ingresos y la calidad de vida de sus familias, vía la mayor productividad de sus plantaciones. De esta manera, no solo logramos que la mano de obra utilizada en la producción cafetera sea más productiva, sino que contribuimos en la construcción de oportunidades económicas en las zonas rurales del país y en el fortalecimiento de la caficultura colombiana como capital social estratégico para la seguridad y la estabilidad de Colombia.

D — La caída de la producción y la manera como se manejó esta información impactó la confianza en la institucionalidad cafetera colombiana. ¿Qué está haciendo la Federación de Cafeteros para restituir esta confianza?

Sin duda, el año 2009 fue un año difícil para la caficultura colombiana. Para los productores, en primer lugar, que vieron reducidos sus ingresos significativamente. También lo fue para el sector exportador, como usted bien lo indica, y para los industriales. La reducción de las cosechas no solo impactó a Colombia, sino en general a los productores de café suave en Centroamérica, luego las oportunidades de reemplazo en las mezclas por cafés comparables o similares no eran abundantes para los tostadores.

Por otra parte, el modelo de pronóstico de la cosecha cafetera tiene fundamento en el rigor científico de Cenicafé y parte del conteo físico de los frutos en las ramas y no solo de las estadísticas. El modelo de pronóstico de la Federación, a partir de este año, incorpora el análisis permanente de los factores que afectaron la producción en Colombia, y será, como históricamente ha sido, el más transparente, serio y preciso para tratar de acertar en el cálculo anticipado de la producción en Colombia. Este modelo es una gran herramienta, que sumada a otras, les permite a los exportadores definir su estrategia comercial.

D — ¿Está tranquilo respecto a que una situación como la de 2009 no va a repetirse?

Vemos que 2010 será un año muy diferente. En primer lugar, estamos optimistas frente al desarrollo de la cosecha. Gracias a las acciones que tomamos desde 2009, como el programa Fertifuturo, y los efectos que se comenzarán a observar en los programas de renovación, estamos viendo una cosecha que se acerca a sus niveles normales para el primer semestre de este año. Con base en nuestro modelo de cosecha, hemos establecido que las actuales floraciones del eje cafetero central, plantean un escenario optimista para el segundo semestre del año, aunque sin desconocer que en algunas regiones, principalmente las del sur del país, pueden enfrentar el coletazo del Fenómeno del Niño.

D — ¿Cuál es el costo para Colombia en el mediano y largo plazo de la sustitución del café colombiano por el de otros orígenes en las mezclas de los tostadores internacionales?

Una de las enseñanzas que nos deja este periodo es que tenemos un segmento 100% colombiano fuerte, que ha aguantado y se mantiene como fuente de demanda por el café colombiano, que hemos construido con décadas de esfuerzo y que, en momentos de crisis, se vuelve un factor de competitividad de largo plazo fundamental, y que también contribuye a explicar la volatilidad de la prima o diferencial del café colombiano. En Estados Unidos, por ejemplo, introdujimos con la aprobación del comité Nacional de Cafeteros una nueva campaña, bajo el lema See what's behind colombian coffee, para realzar los diferentes atributos del café colombiano. Gracias a estas acciones, pese al cambio de precios de nuestro café, apenas se redujo marginalmente la participación del café 100% colombiano en toda la categoría.

Hubo, sí, un cambio cualitativo en nuestra participación: la aumentamos significativamente en los cafés de mayor gama, de mayores puntos de precio, en aquellas marcas y segmentos que son menos sensibles a los cambios del diferencial. Esto, en esencia, son buenas noticias para nuestra estrategia de valor agregado, pues demuestra que hemos logrado reposicionarnos y generar mayor demanda por cafés especiales colombianos.

D — Y, ¿los clientes?

Desde luego tendremos que trabajar en recuperar el espacio perdido en clientes que mezclan diversos orígenes. Pero tenemos una inmensa confianza en que las marcas de grandes distribuidores que hacen estas prácticas volverán a Colombia, pues nuestras ventajas no se limitan a la calidad. Tenemos lo que el mercado hoy en día también demanda: una vocación y compromiso por hacer nuestro negocio y la caficultura sostenible, y acciones concretas e importantes en este frente. Una mirada a nuestra página www.sostenibilidadEnAccion.org ilustra perfectamente de qué estoy hablando.

D — Muchos tostadores internacionales piensan que las Tiendas Juan Valdez son una competencia desleal y por cuenta de esto están considerando la posibilidad de no seguirle comprando el café a la FNC. ¿Qué opina al respecto?

La Federación y los cafeteros tenemos un compromiso de largo plazo con el caficultor colombiano y adoptamos estrategias que son de largo plazo. Hace 50 años creamos el personaje Juan Valdez y tuvimos una fortísima resistencia de los tostadores y de la industria en general, que no concebía por qué un país productor se iba a atrever contarles directamente a los consumidores que había cafés diferentes, y que el café colombiano tenía una calidad superior, que lo exigiera. Con el tiempo nos dieron la razón, y nos convertimos en la primera iniciativa de diferenciación de la categoría café en el mundo.

Después en los años 80, cuando comenzamos la fase del programa 100% colombiano que llamamos de marca ingrediente, se creó una marca, el logo triangular Café de Colombia. Quién dijo miedo. Todavía están por ahí en los archivos de la Federación las cartas de los tostadores, iracundos porque nosotros nos atrevíamos a tener una marca, si ese era territorio vedado para la gran industria y no para los productores, prometiendo que nunca, nunca, la usarían. Hoy tenemos miles de marcas de café 100% colombiano con ese sello en todo el mundo.

Cuando lanzamos las tiendas bajo una nueva marca, la firma de Juan Valdez, también tuvimos, cómo no, resistencia de algunos sectores de la industria nacional e internacional. Con el tiempo, aquellos que realmente han comprendido nuestra estrategia, la han comenzado a valorar e incluso se han acercado con ideas. Saben que nuestro esfuerzo es el de reposicionar el café colombiano en la categoría, y que las tiendas son una vitrina que ningún otro origen dispone. Que ese esfuerzo redunda en demanda por sus propias marcas de café colombiano en puntos más altos de precio, abriendo el espacio para pagarle al productor nacional mejores primas. Eso, ya lo estamos viendo.

D — El consumo de café en Colombia no ha crecido en los últimos veinte años e incluso ha disminuido a nivel per cápita. ¿Por qué no toman más café los colombianos?

El café no es ajeno los ciclos económicos y su consumo depende, entre otros, de factores culturales y del ingreso disponible del consumidor. El volumen de consumo en Colombia fue estable y se mantuvo en cifras cercanas al millón y medio de sacos (60 Kg), desde el final de los años 80 hasta 2000. Al principio de este siglo, el ciclo económico negativo impactó el consumo y se redujo a cifras del orden de los 1,3 y 1,2 millones con un leve crecimiento en estos dos años pasados. Visiblemente, tenemos una oportunidad de incrementar el consumo y llevarlo a los volúmenes de años anteriores o más. También es cierto que la categoría doméstica se ha venido sofisticando y segmentando. Hay consumidores para diferentes puntos de precio y a cada uno hay que buscar satisfacerle sus necesidades.

D — En la segunda semana de marzo se lanza la campaña para incrementar el consumo interno. Dada la incertidumbre que aún existe frente a la magnitud de la cosecha, ¿qué tan oportuno es lanzar esta campaña en un momento cuando no hay el suficiente café para ofrecerles a los colombianos un café de calidad e, incluso, para satisfacer la demanda interna se está importando del Perú?

Está usted bien informada. Efectivamente, el próximo 9 de marzo, estaremos presentando al país, en compañía de toda la cadena cafetera y los torrefactores, una iniciativa que impulsa el consumo interno de café y con él los procesos económicos desde el hogar hasta el cultivo. La visión del Programa es de largo aliento y, como tal, está diseñado para permanecer en el tiempo y promover una demanda sostenible, más allá de las coyunturas. Si bien la coyuntura actual puede haber implicado acudir, en parte, a otras materia primas, los colombianos queremos consumir Café de Colombia, y por eso queremos que el café sea la bebida no solo más consumida sino también más apreciada de los colombianos.

El trabajo que hemos hecho en la industria, con lo que llamamos la cadena cafetera, ha sido profundo y dispendioso. Tenemos un plan estratégico diseñado detalladamente, una asesoría con expertos internacionales en la materia, y hemos reunido el conocimiento que todos tenemos y nuestra vocación de trabajo para hacer del café la bebida más consumida y más apreciada por los colombianos. Y lo vamos a lograr, estoy convencido. Estratégicamente hubiésemos podido comenzar hace unos meses, pero por prudencia y por las razones que usted cita decidimos esperar un poco.

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