| 8/15/2008 12:00:00 AM

Sáquele dividendos al cambio climático...

El cambio climático es el mayor problema que enfrenta la humanidad en esta siglo. También es una fuente ideal de oportunidades de crecimiento para las empresas.

¿Sabe usted cuál es la "huella de carbono" de su empresa? ¿Cuál es el volumen de gases de efecto invernadero que generan sus calderas o su flota de automóviles ?
¿Podría explicar cómo contabiliza las emisiones generadas por los viajes de sus ejecutivos, o por la cadena de suministro que culmina cuando llegan insumos a su planta? Si no lo sabe, averígüelo, porque es posible que pronto se lo pregunten sus compradores internacionales.

La gran mayoría de los gerentes de empresas colombianas no solamente desconocen las respuestas, sino que jamás se han formulado estas preguntas e ignoran por qué podrían ser importantes. Ellas hacen parte del cuestionario anual del Carbon Disclosure Project (CDP), una iniciativa impulsada por 315 grandes inversionistas institucionales en el mundo, que se han impuesto la tarea de movilizar a las empresas privadas para solucionar el problema del cambio climático. Estos inversionistas institucionales incluyen a grandes fondos de inversión y aseguradoras, interesados en la sostenibilidad de largo plazo de sus portafolios de activos.

En el año 2007, el proyecto obtuvo información detallada sobre la huella de carbono de 1.300 de las mayores empresas del mundo, en cuatro continentes, y el número de empresas en la muestra crece cada año. No solamente las mayores empresas están sujetas a escrutinio, sino que también lo están las firmas de menor tamaño que hacen parte de sus cadenas de proveedores. A partir de 2007, el cuestionario se aplica a lo largo de las cadenas de abastecimiento. Dell, el fabricante de computadores, logró un 100% de respuestas de parte de sus proveedores, utilizando un incentivo directo: quienes no aceptan participar, pierden puntos en su evaluación trimestral de desempeño como socios de negocios.

El avance del CDP demuestra la nueva actitud en las mayores corporaciones del mundo hacia el problema del cambio climático, después de años de mantener una actitud indiferente, o incluso abiertamente hostil. Hoy, no solamente aceptan que este es quizás el más grande reto que enfrenta la humanidad en el Siglo XXI, sino que ven ahí uno de los mayores frentes de oportunidad para los negocios. La exigencia de los consumidores a las empresas para que aporten soluciones implicará transformaciones radicales en un amplio rango de industrias y servicios, desde la energía hasta los automóviles y desde la construcción hasta la hotelería y la salud. La capacidad para responder al reto redefinirá el mapa de la competencia global en numerosos sectores.

En el Siglo XXI, ni los inversionistas ni los consumidores desean tener tratos con empresas que se mantengan al margen del problema. Más allá de las exigencias de la regulación y de los tratados internacionales, los consumidores y los inversionistas son quienes están imprimiendo una nueva dinámica.

La respuesta implica cambios de fondo en las estrategias. El banco HSBC, por ejemplo, se ha propuesto la meta de ser una entidad "carbono-neutral", compensando las emisiones de las que es responsable a través de inversiones en energías alternativas que reducen el balance global de CO2. British Petroleum afirma hoy que la sigla BP significa beyond petroleum ("más allá del petróleo") y propone esta frase como la síntesis de la promesa de valor de su marca. Carlos Goshn, presidente de Nissan, se ha comprometido con el desarrollo de un automóvil eléctrico cero-emisiones que aparecerá en 2010 en el mercado de Estados Unidos y en 2012 en el resto del mundo. El prototipo ya ha sido probado en circuitos en Estados Unidos y Europa. Estas empresas han entendido que es mejor buscar adelantarse a lo inevitable y jugar de líder, en vez de esperar a que los hechos externos determinen el futuro.

Hasta ahora, el cambio climático ha tenido una prioridad baja en Colombia, pues el país aparece con niveles de emisiones reducidas en las comparaciones internacionales. Sin embargo, esta postura es equivocada, pues Colombia es uno de los países del mundo que tiene más para perder con el calentamiento global. Los riesgos que implica sobre la biodiversidad única del país y sobre sus fuentes de agua, entre muchos otros temas, son extraordinarios.

Sin embargo, también podría estar entre los países que tienen más para ganar. Esta conclusión se hizo evidente en el foro Cambio Climático: Retos y Oportunidades para Colombia, organizado por Dinero, el Banco Mundial y el Ministerio del Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, en junio pasado. El foro, que tenía como propósito llevar el tema al lugar prioritario que le corresponde en la agenda pública y empresarial, puso de presente que Colombia tiene una amplia agenda por ejecutar en este frente.

Los empresarios colombianos, en particular, están en mora de asumir el papel que les corresponde en la solución. Es necesario que nuestras empresas entiendan cuáles son las implicaciones de su huella de carbono, cuáles son los problemas que plantea y las oportunidades que se abren a partir de allí.

El mundo se convenció

La prioridad del cambio climático dentro de la agenda global ha cambiado dramáticamente en los últimos años. El libro Una verdad inconveniente, de Al Gore, y la película que se filmó con base en este, convirtieron el tema en un auténtico fenómeno de masas en el año 2006. Por otra parte, han aparecido varios reportes técnicos, incluyendo el informe del IPCC y el Stern Review, ambos del año 2007, que han suministrado una visión comprensiva del tema en sus aspectos científicos y económicos. Finalmente, catástrofes naturales como el huracán Katrina han contribuido a reforzar la importancia del cambio climático en la discusión pública.

Desde el punto de vista técnico y científico, el tema viene de tiempo atrás. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), la máxima autoridad en la materia, cumplió 20 años de existencia. De hecho, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 2007 como reconocimiento a su trabajo de largo plazo. Sin embargo, solo recientemente se ha gestado un consenso real respecto a la magnitud del cambio climático, a su devastador potencial y a la idea de que es causado por la actividad humana.

El informe del IPCC concluye que, de proseguir las emisiones de gases de efecto invernadero a una tasa igual o superior a la actual, el calentamiento aumentaría y el sistema climático mundial experimentaría numerosos cambios durante el siglo XXI. Con alta probabilidad, se puede esperar un calentamiento en las latitudes altas del hemisferio norte, contracción de las superficies cubiertas de nieve en todo el mundo, aumento de la intensidad de los ciclones tropicales y mayores precipitaciones de lluvias en el norte y menores en los trópicos.

En América Latina, los aumentos de temperatura y las disminuciones de la humedad del suelo llevarían a una sustitución gradual de bosques tropicales por sabanas y tierras áridas en el este de la Amazonia. Habría pérdidas de diversidad biológica importantes y extinción de especies. La productividad de algunos cultivos importantes disminuiría, generando un aumento en el número de personas amenazadas por el hambre. Los cambios en las pautas de precipitación y la desaparición de los glaciares afectarían la disponibilidad de agua para consumo humano, agrícola e hidroeléctrico.

En Colombia, de acuerdo con el Ministerio del Medio Ambiente, corren peligro inminente los ecosistemas de alta montaña, donde el promedio de precipitaciones anuales ha decrecido desde 1961, impactando páramos como el de Chingaza, que abastece de agua potable al 25% de la población del país, incluyendo a Bogotá. Un mayor aumento en el nivel del mar representaría un enorme riesgo para la actividad portuaria y turística de las costas y provocaría desplazamiento de las poblaciones. San Andrés podría sufrir desabastecimientos fuertes de agua potable y ver afectada su seguridad alimentaria (ver mapa).

El reporte del IPCC destaca la necesidad de reducir las emisiones anuales de CO2, de 50.000 millones que se producen actualmente a un total de entre 5.000 y 10.000 millones antes de 2050, para que el planeta no se caliente más de 2°C.

Por su parte, el Stern Review on the Economics of Climate Change, elaborado por Lord Stern of Brentford, por solicitud del gobierno británico, en el que se discute el efecto del cambio climático en la economía global, se ha convertido en el documento de referencia respecto a costos económicos. Este informe calcula que el costo de estabilizar el nivel de gases de efecto invernadero en un nivel de 500 partículas por millón de material equivalente a CO2 (500 ppm CO2e) sería de 1% del PIB mundial anual para el año 2050. Lo grave es que todos los modelos de cambio climático estiman una alta probabilidad de que en ese nivel de concentración de gases invernadero, el aumento de la temperatura global superaría los 2o C. El esfuerzo tiene que ser mayor.

El Stern Review destaca que lo que se haga en el curso de la próxima década será decisivo para llegar a contener el problema. Esto ayuda a entender la importancia que ha adquirido en la discusión pública reciente. El calentamiento global fue incluido como tema de discusión en la cumbre anual del Foro Económico Mundial en 2007, después de 36 años de reuniones. Así mismo, la reunión de los países del G8, que tuvo lugar hace un mes, giró en torno al tema del cambio climático. Allí se puso de presente que cualquier solución debe tener un carácter global.

El impacto en los negocios

Este gigantesco problema representa también una fuente de amplias oportunidades de transformación para las empresas. El Stern Review señala que para el año 2050 se podrían abrir mercados de productos energéticos bajos en carbono cuyo valor podría llegar a US$500.000 millones.

Lo cierto es que el cambio en la discusión científica y la mayor información disponible ya han alterado la dinámica de los mercados, tanto por el lado de los consumidores, como por el lado de la oferta de las empresas.

Para los consumidores, la contribución que los productos hacen a las emisiones de gases se está convirtiendo en un factor muy importante a la hora de tomar una decisión de compra. En Europa, por ejemplo, los anuncios de automóviles informan sobre las emisiones de CO2 y los compradores exigen desempeños mínimos en este aspecto. En el mundo entero, el consumidor está cambiando velozmente y demanda que las marcas demuestren reducciones en sus huellas de carbono. De hecho, se prevé que en el curso de pocos años será necesario contar con un sello que certifique el cumplimiento de rigurosos estándares sobre huella de carbono para poder vender en Europa.

Un estudio realizado recientemente por Havas en Estados Unidos, el Reino Unido, España, Alemania, Francia, México, Brasil, China e India mostró que los consumidores son altamente sensibles al tema del cambio climático y descargan en las empresas la responsabilidad de tomar la iniciativa para llegar a una solución, con un claro impacto sobre las marcas a partir de esta percepción. El 79% de los encuestados afirmó estar dispuesto a pagar un sobreprecio por productos de aquellas marcas que están haciendo algo respecto al cambio climático.

Resulta llamativo en el estudio que la sensibilidad de los consumidores es mayor en los países en desarrollo, como Brasil, China e India, que en los países desarrollados. Estas respuestas reflejan probablemente la mayor proximidad que los ciudadanos de los países en desarrollo tienen con temas como la contaminación ambiental en las ciudades y los riesgos de pérdida de biodiversidad.

Desde el punto de vista de la oferta de las empresas, cada vez existe mayor conciencia de las oportunidades que existen en el desarrollo de productos y soluciones relacionados con el cambio climático. En los distintos países que participan en el Carbon Disclosure Project, entre 77% y 100% de las empresas afirman que han identificado oportunidades de negocios relacionadas con el cambio climático. En la encuesta realizada a participantes en cadenas de suministro, las principales oportunidades de negocios fueron identificadas alrededor de soluciones que permitan la reducción de costos de energía, el desarrollo de productos que utilicen la energía en forma más eficiente, la creación de nuevos productos ambientalmente amigables y, finalmente, el comercio de certificados de reducción de emisiones.

En Estados Unidos abundan los ejemplos de empresas nuevas e innovadoras que se han enfocado hacia la producción de soluciones para el tema del cambio climático. El dinamismo sin precedentes de las "acciones verdes" se ha dado principalmente en el mercado de las fuentes de energía renovable (solar, eólica y biocombustibles). Empresas como SunPower, fabricante de celdas y paneles solares, o First Solar, la principal compañía de Estados Unidos en el mercado de la energía solar, han visto cómo el precio de sus acciones se ha multiplicado. Las empresas que producen materiales y elementos que pueden ser empleados en soluciones, también pasan por una bonanza. El límite está en la imaginación. Xantrex Technology convierte la energía DC producida por los paneles solares, en energía AC. Metalico se dedica al reciclaje de cobre, aluminio y otros metales. Fuel Tech produce un spray químico que absorbe el óxido nítrico que expulsan las plantas de generación de energía. American Superconductor vende convertidores y superconductores a las compañías de energía.

La lista es amplia. El apetito de los consumidores y los inversionistas por productos y servicios que contribuyan con soluciones al calentamiento parece no tener límite. Y el fenómeno apenas está empezando.

A vender certificados

En Colombia, el principal foco de negocios relacionados con el cambio climático ha sido hasta ahora la venta de certificados de reducción de emisiones. Los certificados se transan en la actualidad a cerca de US$28 por tonelada. Según cifras de Naciones Unidas, hoy en el mundo hay más de 1.100 proyectos que están reduciendo cerca de 220 millones de toneladas de CO2 al año. Brasil, Chile, México y Argentina han tomado la delantera en la región, mientras que Colombia apenas cuenta con diez proyectos aprobados, que representan algo más de 950.000 toneladas de reducción de emisiones. Hacia adelante, según el Ministerio de Ambiente, Colombia tiene 29 proyectos con aprobación nacional que representarían reducciones de emisiones por más de 4,4 millones de toneladas anuales.

Si bien Colombia se ha movido por debajo de su potencial en este frente, hay resultados positivos. El proyecto Santa Ana, de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), ha sido el proyecto mejor vendido en América Latina, a US$24 por tonelada, en 2007. Aprovechando la caída de agua que viene por túneles desde la Planta Wiesner en La Calera, en el oriente de Bogotá, hasta el Tanque de Santa Ana, en el norte, produce energía limpia que le permite reducir más de 24.000 toneladas anuales de CO2 y los recursos, cerca de US$450.000 anuales, los invierte en el cuidado del ecosistema de Chingaza. Por otra parte, el país ha sido innovador en sus propuestas. TransMilenio es el primer modelo en el mundo de reducción de emisiones a partir de un sistema de transporte masivo. Y la Central Hidroeléctrica de Amoyá, en el Tolima, que utiliza las aguas del páramo de Las Hermosas, fue destacado en 2003 como el mejor proyecto ambiental en el mundo.

En camino vienen otros proyectos. Fedepalma está realizando el tratamiento de las lagunas de 32 plantas de producción de aceite, capturando el metano y transformándolo en energía eléctrica para cada planta. Así reduce los gases por la captura del metano y además cambia su generación de energía, que antes era de diesel, a energía limpia. Será uno de los más grandes de América Latina, con un cálculo aprobado por Naciones Unidas de 750.000 toneladas al año, que le significarían ingresos superiores a los US$15 millones anuales durante 21 años.

Otro caso que avanza es el de la captura de metano en el relleno de Doña Juana en Bogotá. Lo lidera Gas Natural de España y es, para la multinacional, el proyecto en rellenos sanitarios más importante de América Latina, con cerca de 700.000 toneladas de reducción. La idea es aprovechar el metano en generación de energía para unas 40 ladrilleras que operan en la zona. Esto les permitiría a estas empresas acceder a una energía limpia y a mejorar sus procesos productivos, lo que podría significar una mejora en los precios de sus productos. También despiertan expectativa el proyecto de Procuenca en Caldas, el primer proyecto de reforestación bajo el modelo de Kyoto en América Latina, y otros más de Interaseo en rellenos sanitarios, entre otros.

En tratamientos de aguas, Empresas Públicas de Medellín (EPM) desarrolla una planta de tratamiento cerca de Bello, en el río Medellín. La planta tiene una inversión cercana a los US$500 millones y debe estar lista en el primer trimestre de 2011. El proceso capturará metano para generación de energía y aunque no tiene aún identificado el número de toneladas que podrá reducir, esperan cerca de US$80 millones por este concepto. "Entregarle a la naturaleza las aguas debidamente tratadas después de su uso ayuda a mantener la oferta hídrica. Con esto, el costo futuro del agua estará más controlado", explica Francisco Piedrahita, director de Aguas de EPM.

El bajo desarrollo del uso de certificados en Colombia se explica en parte por el desconocimiento del mercado. Los proyectos iniciales transaron sus certificados a precios bajos, cercanos a US$5 oUS$6 por tonelada, con ventas a largo plazo a intermediarios. Por otra parte, hubo exagerados trámites, tanto en Colombia como en Naciones Unidas. Finalmente, la percepción de riesgo en los inversionistas extranjeros ha sido un obstáculo.

Estos factores han cambiado y ahora las expectativas son diferentes. La viceministra de Ambiente, Claudia Mora, explica que "hemos venido trabajando para eliminar los obstáculos. El portafolio de proyectos se ha transformado. Hemos puesto empeño en divulgar el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) en distintos sectores. Estábamos concentrados en el sector energético y ahora nos metimos de lleno a trabajar en sectores como servicios públicos, con rellenos sanitarios y plantas residuales".

"Las condiciones están dadas", explica Thomas Black, director del Centro Andino para la Economía en el Medio Ambiente. "Los precios hoy son muy atractivos por la demanda, en especial del bloque europeo. El consenso es que sea cual sea el próximo presidente de Estados Unidos, se va a iniciar un programa de mercado de reducción de emisiones y eso incluiría la importación de certificados emitidos por Naciones Unidas a proyectos MDL de países en vía de desarrollo".

A esto se agrega la revaluación del peso, que facilita la importación de equipos para construir proyectos que permitan vender certificados, los altos precios del petróleo y los combustibles fósiles y los estímulos tributarios otorgados a este tipo de proyectos.

Debemos hacer más

Colombia no se puede quedar en el tema de los certificados de reducción de emisiones, pues ellos apenas representan una solución parcial al problema del calentamiento.

El país debería tomar una iniciativa mucho más audaz, que una las energías de los sectores público y privado, para movilizar un cambio profundo en nuestra cultura empresarial respecto al cambio climático. Nuestras empresas tienen que seguir el ejemplo que están marcando las grandes corporaciones del mundo y pasar a ver este asunto como una oportunidad histórica para jugar en el grupo de los líderes del futuro. No es una alternativa esperar a que otros hagan y resignarnos a seguir perdiendo competitividad, para al final vernos obligados a hacer el trabajo de todas formas, bajo la presión de consumidores e inversionistas internacionales.

Siguiendo las indicaciones del Stern Review, se requiere una combinación de regulación, información y financiación para enfrentar el problema. La regulación debe generar incentivos claros para la reducción de emisiones a través de un proceso administrativo sencillo que las empresas puedan cumplir. La información es indispensable para que las partes interesadas en el proceso (especialmente los consumidores y los inversionistas) puedan seguir de cerca el progreso de las empresas en este campo. La financiación es indispensable para poder emprender los proyectos y las iniciativas innovadoras que se requieren para dar una dinámica real al proceso.

Como ejemplo de las posibilidades, basta pensar en lo que ocurriría en el sector de la construcción si hubiera una mayor conciencia de la problemática. La construcción es responsable del 38% de las emisiones de dióxido de carbono, 36% de los gases de efecto invernadero y casi 40% de la producción de desechos sólidos que llegan a un relleno sanitario, entre otros impactos sobre recursos no renovables, según cifras de Camacol. Una iniciativa destinada a mejorar este desempeño tendría el potencial de transformar también la competitividad del sector a través de la adopción de nuevos procesos y tecnologías.

El tiempo apremia. Las empresas colombianas tienen la capacidad para aprovechar esta oportunidad para multiplicar su competitividad internacional. Sin embargo, no es un proyecto en el cual se pueda avanzar a partir de trabajos individuales. Se requiere unificar esfuerzos y llegar a una iniciativa colectiva para salir adelante.

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