Ruta crítica

| 1/25/2002 12:00:00 AM

Ruta crítica

En el 2002, el crecimiento deberá ser mayor que en el año anterior, habrá estabilidad cambiaria y de tasas de interés. Sin embargo, si no hay avance fiscal, ocurrirían sorpresas desagradables.

El gobierno Pastrana ha entrado en la recta final de su período dotado de un poder poco usual: tiene en sus manos la capacidad de determinar la tasa de cambio. Los dólares obtenidos con la prefinanciación del déficit fiscal del 2002 permiten al gobierno colocar el precio del dólar en el nivel que desee, al menos durante los próximos meses. No tiene siquiera que traer la mayoría de los dólares al país. El mercado sabe que los recursos están ahí y que la Tesorería puede traer la cantidad que desee en el momento oportuno.



¿Para qué sirve realmente este poder? Si se utiliza bien, serviría para facilitar la transición de Colombia, en un año de elecciones y agudización del conflicto interno, hacia un camino de crecimiento. Si se utiliza mal, este terminaría siendo apenas un recurso de altísimo costo para distraer temporalmente a los mercados. El resultado se conocerá antes de que termine este año y sellará la herencia económica de la actual administración.



¿Moneda dura?



La enorme influencia que tiene hoy el gobierno sobre el precio del dólar sale de su habilidad para endeudarse en el exterior, pues logró asegurar por anticipado el 87% de la financiación externa prevista para el 2002. Sin embargo, ese recurso se está agotando. La deuda pública externa ha crecido a tal punto que Colombia se acerca al límite de su viabilidad como pagador y su acceso al crédito externo podría entrar pronto en serios cuestionamientos. Hoy, el sector público colombiano gasta en su operación 1,2% del PIB más de lo que genera en ingresos (el país tiene un déficit primario). Esto implica que debe endeudarse no solo para pagar parte de la operación, sino también para pagar los intereses de la deuda pasada.



Esta es una situación explosiva, y los acreedores lo saben. La deuda pública de Colombia se duplicó entre 1997 y el año 2001. Hoy equivale al 43% del PIB para el gobierno central según la contraloría y los pagos de intereses ya corresponden al 40% de las exportaciones. Esa trayectoria no es sostenible. Esa es la razón por la cual Fitch, la agencia calificadora de deuda, redujo la calificación de Colombia el pasado 10 de enero (de BB+ a BB), lo cual se tradujo de inmediato en un incremento de los spreads (la prima de riesgo) de los papeles colombianos en el mercado internacional.



La prefinanciación del año 2002 le sirvió a Colombia para comprar un tiempo precioso que le permite tener tranquilidad cambiaria durante unos meses críticos, justo cuando Argentina se desploma, el mundo se debate en la más larga recesión en tres décadas y el proceso de paz hace su más aguda crisis. Si el país hace la tarea y logra la estabilización de las finanzas públicas en el mediano plazo (lo que se necesita para reducir los requerimientos de financiación en el futuro), no debería haber problema. El déficit fiscal se iría reduciendo y los indicadores de deuda mejorarían. Bajo estas condiciones, no habría ninguna razón para que el gobierno no pudiera conseguir financiación en el exterior e, inclusive, podría haber un upgrade de la calificación de riesgo del país. Si este es el caso, podría esperarse una devaluación entre un 6% y un 7%, tanto en el 2002 como en el 2003. Así, las condiciones estarían dadas para un crecimiento en el 2002 por encima de 2%, con inflación de 7% y una tasas de interés DTF alrededor del 11 ó 12%.



Pero para que esto ocurra el gobierno tiene que seguir ajustando el gasto, cumplir estrictamente la meta de déficit que se propuso para este año, sacar adelante la reforma pensional y la ley de responsabilidad fiscal, y además resistirse a las presiones de los exportadores que, sin duda, reclamarán una mayor devaluación.



Si estas condiciones no se cumplen, los riesgos de una devaluación en el mediano plazo aumentarían de manera considerable, específicamente por la dificultad que tendría el gobierno para conseguir financiación en el exterior. Si el tiempo pasa y el gobierno no avanza para garantizar la sostenibilidad de la deuda en el mediano plazo, vendrán más downgrades de la deuda externa y el acceso a los mercados se hará más difícil y costoso.



En un escenario como este, la devaluación sería una realidad y aunque el monto dependería de la magnitud del desajuste, bien podría estar por encima del 25% en el 2003. El duro castigo que está sufriendo el valor de los activos de quienes le prestaron dinero a Argentina podría llevarlos a cortar su riesgo en Colombia en una fase mucho más temprana de su proceso, para limitar las pérdidas mientras todavía pueden hacerlo.



Coyuntura sorprendente



La actual ventana de oportunidad debería servir también para consolidar la incipiente recuperación que está presentando la economía colombiana desde el último trimestre del año pasado. En medio de la incertidumbre sobre la evolución de la economía mundial, Colombia empieza a mostrar señales de recuperación. Después de un largo estancamiento, indicadores como las ventas de automóviles, las transacciones de finca raíz, el consumo de energía, el consumo de tarjetas de crédito y el crédito bancario están creciendo. La encuesta de consumo de Fedesarrollo está mostrando también un comportamiento positivo y, además, las expectativas de los consumidores apuntan a que la tendencia se mantendrá para los próximos meses.



Este comportamiento del consumo está asociado, entre otras razones, a un cambio relativo de las ventajas de Colombia frente al mundo, que ha afectado las decisiones de los colombianos respecto a dónde tener su dinero. Ante la caída de los rendimientos de las inversiones en el extranjero y el incremento de los controles sobre los capitales extranjeros en la guerra contra el terrorismo, muchos colombianos han vuelto a traer su dinero al país.



Al comenzar el año 2001, la mayoría de los analistas esperaba una devaluación relativamente alta, ante la debilidad de la demanda para las exportaciones colombianas. Sin embargo, cuando el gobierno aseguró la financiación externa necesaria para cubrir no solo los gastos del año, sino también parte de los del 2002, quedó claro que habría suficientes dólares en el mercado y que, por tanto, la probabilidad de una devaluación importante era mínima en el corto plazo. Esto estimuló el retorno de capitales. Los hechos del 11 de septiembre y el regreso de muchos colombianos que estaban viviendo en el exterior reforzaron la tendencia.



Aunque en Colombia las cifras sobre movimiento de este tipo de capitales están fragmentadas, algunos indicadores dejan ver lo que está ocurriendo. Las transferencias hacia Colombia en la balanza de pagos, por ejemplo, se dispararon desde mediados del año pasado. El dólar en casa de cambio ha tendido a perder valor, ante la abundancia de billetes que se aprecia en los últimos meses. Esta abundancia de dinero, sin duda, está dejando sentir su efecto sobre la economía.



Que los colombianos vuelvan a querer aumentar el tamaño de los activos que mantienen en el país es, por supuesto, una buena noticia. Sin embargo, esta puede ser una fuente de volatilidad enorme si a la vuelta de un tiempo la conclusión es que la tasa de cambio no es sostenible, una vez se hayan agotado los recursos obtenidos por medio de la prefinanciación. Avanzar hacia la sostenibilidad fiscal es indispensable para manejar con éxito esta contradicción.



A cumplir la meta



Para el 2002, el gobierno está estimando un déficit fiscal consolidado de 2,6% del PIB, el cual financiará esencialmente con recursos de deuda externa e interna. Para tal fin, el gobierno emitirá bonos en el exterior por US$500 millones, contratará créditos con las entidades multilaterales por US$1.939 millones y emitirá TES en el mercado interno por $10,9 billones (esto es, $2,7 billones menos que el año pasado).



En principio, no habría por qué anticipar ningún problema con la consecución de estos recursos de financiamiento. La suma prevista de bonos externos es lo suficientemente pequeña como para garantizar su colocación, así sea con costo alto, y en el mercado interno existe la liquidez suficiente para colocar todos los TES. Los problemas podrían surgir si el déficit es superior al 2,6% acordado con el FMI, ya que el incumplimiento de esta meta sería muy mal visto por los mercados.



Por el lado de la liquidez y las tasas de interés, todo apunta a que el año 2002 será holgado. La inflación está bajo control y casi con seguridad se cumplirá la meta del Banco de la República, de 6%, dentro de una situación monetaria expansiva, como la que el país ha tenido en los últimos dos años. Lo más probable es que esa entidad mantenga el mercado muy líquido y siga reduciendo las tasas de interés, dado que no hay amenaza de que la liquidez entregada se vaya a demandar dólares en el corto plazo. Durante los primeros meses del año, la tasa DTF estará ligeramente por debajo de las del 2001, alrededor del 10,5-11%.



Por otro lado, si no hay avances en el frente fiscal, el acceso al crédito externo se dañaría y habría que buscar los recursos en el mercado interno, lo cual sería nefasto en un momento en el que la actividad privada está tratando de repuntar, por el efecto que tendría sobre las tasas de interés. El escenario de tasas bajas podría cambiar, dependiendo de lo que el gobierno haga en materia fiscal y de qué tan grande sea la presión del sector privado por recursos en el mercado financiero.



La transición



La entrada de un nuevo Presidente de la República en agosto de este año constituye un factor de incertidumbre adicional dentro de este cuadro. Es vital que el nuevo mandatario envíe desde el momento de su elección unas señales muy claras respecto a su intención de avanzar hacia la viabilidad financiera del Estado colombiano.



De otra forma, la confianza podría perderse rápidamente y las expectativas de devaluación llevarían a una fuga de capitales que, dados los grandes montos recientes de ingreso de divisas, traería una fuerte inestabilidad macroeconómica.



Uno de los primeros retos del nuevo mandatario en materia económica será generar confianza respecto a que Colombia avanzará sin sobresaltos hacia una tasa de cambio menos dependiente de la financiación que logre el gobierno en los mercados internacionales y más ligada a los flujos de divisas que maneja el país por cuenta de sus exportaciones e importaciones. Será muy difícil que el gobierno entrante logre imprimir tal confianza si el saliente no avanza en forma clara en el pedazo de la tarea fiscal que le corresponde para los próximos meses.



La deuda pública se ha convertido en el problema central de la economía colombiana. Su veloz crecimiento de los últimos años ha dejado determinado el destino económico del país por muchísimo tiempo.



Para tener una noción del esfuerzo que Colombia debe hacer, basta recordar que un estudio reciente del Banco de la República, realizado por Carlos Esteban Posada y Luis Eduardo Arango, estima que Colombia deberá ajustar sus finanzas públicas para generar superávits primarios entre 1 y 1,5% del PIB, durante los próximos 50 años para tener una situación fiscal sostenible, dado el nivel que ha alcanzado la deuda como proporción del PIB.



El gran salto en el monto de la deuda externa ocurrió durante el actual gobierno. Ojalá que sus acciones durante sus últimos meses contribuyan a arreglar la situación en la que nos ha metido, y no a empeorarla aún más.











La deuda es el problema

La deuda pública del gobierno central se duplicó entre 1997 y el año 2001.

Hoy equivale al 43% del PIB.

Los pagos anuales de intereses son el 40% de las exportaciones.

La firma Fitch redujo la calificación de Colombia como deudor, pues tiene dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública. Los spreads subieron.

Para que la deuda sea sostenible, Colombia debería lograr un superávit primario (antes de pagos de deuda), entre 1% y 1,5% del PIB. Hoy, el déficit primario es de 1,2% del PIB.

Colombia atrae

El atractivo relativo de Colombia frente al mundo ha mejorado desde el año pasado.

Ante la caída del mercado de valores y las tasas de interés en Estados Unidos, y el aumento de los controles asociados a la guerra contra el terrorismo, muchos colombianos están trayendo de vuelta sus dólares.

Activos como la vivienda, castigados tras una larga recesión, están baratos y se benefician de este retorno de capitales al país.

La llegada de capitales refuerza la tendencia a la revaluación del peso, causada por la disponibilidad de dólares por parte del gobierno.

Las perspectivas

El 2002 debería ser un año sin mayores sobresaltos

Se espera un crecimiento del PIB por encima de 2%, inflación de 6% y devaluación nominal de 6 a 7%.

Sin embargo, si Colombia no cumple estrictamente el ajuste, las dudas sobre su capacidad de pagar la deuda podrían ampliarse hasta crear una situación difícil.

En este año de elecciones, tanto el Presidente saliente como el entrante deben dar señales claras sobre la prioridad que tiene mejorar la capacidad de pago de la deuda pública externa.
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