| 10/27/2006 12:00:00 AM

Respuestas diferentes

El diseño sale de su rincón olvidado y ocupa los puestos de decisión en el mundo. ¿En Colombia entendemos el cambio? ?

En innovación, muchas veces, el diseño lo es todo. La eterna génesis que es la innovación requiere tomar riesgos, ir un paso más allá de lo establecido pero sin romper las barreras del confort y la utilidad. Un sillón, un cepillo de dientes, un zapato deportivo, objetos cotidianos alcanzan otra dimensión sin perder su esencia: están hechos y sirven siempre para lo mismo, pero el diseño que los completa puede darles trascendencia y hacer que una idea genérica germine en herramientas diferentes y una de ellas más viva que la otra, más sorprendente, mejor, en definitiva, innovadora.

En Colombia, el diseño como profesión tiene poco más de 50 años. Su proceso de crecimiento viene enfrentando muchos de los obstáculos que atravesó en otras tierras. En las industrias nacionales a veces se lo mira con extrañeza y no falta quién crea que está de más. Entre las respuestas tradicionales a problemas de mercado, que surgen de la lógica financiera y se traducen en reducción de costos de producción y mejores márgenes operativos, un diseñador se lee como un gasto. Sin embargo, los expertos en el país y en mercados como Europa y Estados Unidos, entienden que a la larga, en la lucha de precios, ser competitivo será lograr nuevas respuestas, diferentes, conscientes de lo que el consumidor quiere y, sobre todo, de lo que hace con los productos.

Un trabajo cultural

"Nuestros empresarios, la mayoría, son muy tímidos para proponer y están acostumbrados a copiar. De otro lado, el consumidor colombiano no está educado, no se ha sensibilizado, para exigir diseño como parte de lo que compra. Y desde nuestras universidades, es lento el proceso para que la gente salga no solo a conseguir un puesto, sino a crear empresa, a construir soluciones, lo que a la larga requiere diseñar", afirma María José Barreto, diseñadora industrial, curadora por Colombia de la bienal internacional de diseño de Saint Étienne, Francia, y jurado en concursos de diseño como Braun 2001 y 2003 en Alemania, actual editora internacional de la revista ProyectoDiseño.

Entre el gremio colombiano es claro que el diseño nacional es de gran nivel y reconocido en el exterior. "En el corto plazo, como están las cosas, nuestra gran oportunidad es vender servicios de diseño, no productos con diseño, pues para esto se requieren empresas dispuestas a investigar y a invertir en tecnología para renovar procesos. Por ahora, lo que está claro es que si quieren ser competitivas frente a China o India, deben incluir diseño en sus productos, deben arriesgarse a proponer con el diseño", comenta Freddy Zapata, jefe del departamento de diseño de la Universidad de los Andes.

Los expertos coinciden en que las empresas colombianas han avanzado poco en entender la importancia de proponer soluciones desde el diseño, y que innovar no significa solo una respuesta estética de los productos a las nuevas inquietudes del mercado. "La respuesta va más allá de hacer cosas bonitas, se trata de ofrecer alternativas en la forma en que funciona, se transporta, en la forma en que un objeto puede dar status al comprador", dice Zapata.

"Los premios colombianos Lápiz de Acero —que nosotros impulsamos— buscan respuestas en diseño que tienen qué ver no solo con su impacto como producto, sino con su viabilidad comercial. Buscamos que ya esté en el mercado. Además, nos interesa incentivar la visión a largo plazo y premiamos las soluciones que piensan en la calidad del fin del ciclo de vida del producto. Buscamos una visión integral", explica Barreto.

La sensación actual es que el nivel y el ritmo creador de los diseñadores están muy por encima de las empresas del país, por lo cual muchos de ellos se van al exterior con muy buenos resultados. Sin embargo, en la búsqueda de respuestas, el emprendimiento sale a relucir. "Se debe innovar en la forma en que se piensa conseguir empleo, se debe crear, no pedir", dice Barreto. Y en esta lógica, la demanda de diseño por parte de las empresas apoyaría ese impulso, además de lograr un factor diferenciador de cara a los mercados externos.

Un cambio en las empresas y en los productos implica un cambio cultural, un cambio en la forma de acercarse a vivir con los productos y cómo se crean para ese efecto. "Necesitamos entender que la creatividad y la innovación no son un milagro, se pueden cultivar e incentivar. Los administradores piensan que la creatividad está en los diseñadores. Pero en realidad desde la concepción hasta la venta de un producto, la creatividad está presente, y allí todos pueden aportar. La interdisciplinariedad en las empresas es la demanda del presente", dice Zapata.

En todos los frentes

Con la extensión de las fronteras de los negocios, también se amplían los campos para que el diseño juegue. Ahora, lo que importa es no solo lo que puede hacer el producto, sino lo que la gente hace y podría hacer con él. "Yo veo el diseño como una filosofía que la gente aprende para entender cómo los productos son usados, en todos los aspectos de la experiencia del consumidor", dice Sammer Agrawal, jefe de estrategia de marketing de General Electric.

Gracias al diseño, en Colombia, los productos artesanales suben al nivel de productos comerciales de alto valor y se configuran nuevos negocios.

De igual forma, el diseño conquista espacios y crea escenarios. La arquitectura efímera propone un nuevo lenguaje para unirse con creatividad a tradicionales diálogos como el arte y la publicidad.

Para simplificar el diálogo entre las industrias, sus empresas y sus consumidores, se crean nuevas formas de nombrar, de hablar y de representar ya no solo objetos sino también servicios. Por internet y con herramientas multimediales se logran puentes para conseguir y hacer negocios, se construyen escenarios de exposición y ventas que acortan distancias y disminuyen costos de transacción. Son lenguajes que innovan la forma en que se llevan los productos y se agrega valor.

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