Respuesta a tiempo

| 11/9/2001 12:00:00 AM

Respuesta a tiempo

La posible aprobación del Atpa y la nueva coyuntura mundial, que impone más exigencias logísticas, juegan a favor de la cadena textil confección.

La oferta



Mientras en 1997 había 4.500 empresas de la cadena textil confección registradas en las Cámaras de Comercio del país, al finalizar el año 2000 eran solo 2.774. Este es uno de los indicadores del ajuste que ha tenido que adelantar este sector, en el que las empresas elevan su eficiencia o desaparecen. Los resultados en productividad ya se hacen evidentes, pues el año pasado la producción de textiles fue de US$1.528 millones (y generó más de 56.000 puestos de trabajo), mientras en 1999 había llegado a US$1.200 millones. Por su parte, la producción de confecciones en el año 2000 fue de US$880 millones, aún lejanos a los US$1.100 millones que se habían alcanzado en 1998.



En textiles, los líderes son Enka, Fabricato y Tejicóndor, con su fusión, y Lafayette y Protela, con sus estrategias de nicho. En confecciones, los mayores jugadores son Leonisa, Vestimundo, Hilacol, Didetexco y las grandes maquiladoras, como Confecciones Colombia, CI Jeans, CI Expofaro e Industrias El Cid.



La Demanda



El principal problema de la cadena en los años recientes ha sido la baja dinámica de la demanda interna. Esto explica que el esfuerzo se haya volcado sobre los mercados internacionales, en especial por parte de los confeccionistas, que el año pasado exportaron US$570 millones y jalonaron la cadena. Por su parte, las importaciones de textiles crecen. Las materias primas representan, según el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico Textil Confección de Colombia, Cidetexco, el 88% de las importaciones de la cadena.



Aquí hay un cambio sustancial frente a lo que ocurría hace una década. La balanza comercial de toda la cadena presentaba en 1991 un superávit de casi US$600 millones. Para el año 2000, el superávit fue de apenas US$44 millones. Colombia está a punto de convertirse en un importador neto en la cadena de textiles y confecciones.



En los 2 últimos años, el consumo de textiles estuvo entre 4 y 4,2 kilos per cápita, similares a los del año 90. Por ello, la industria nacional tiene el reto de elevar en 20% el consumo interno de textiles y ubicar el consumo en 5,5 kilos per cápita.



Las oportunidades que se vieron



Las textileras de Bogotá, como Lafayette y Protela, maniobraron con destreza y enfrentaron la coyuntura con estrategias de nicho. Lograron crecer en medio de la crisis de los textileros tradicionales.



Los líderes de la confección se adaptaron rápidamente a estos nuevos modelos de negocio propios de un sector internacionalizado. Para enfrentar el mercado de Estados Unidos y competir con una diferencia de 18% de arancel frente a México y el Caribe, ganaron en eficiencia y productividad y, en muchos casos, alcanzaron estándares internacionales. Se desarrollaron las maquiladoras y la industria del "paquete completo".



Cambió la operación de las empresas confeccionistas. Hilacol y Jeans & Jackets, por ejemplo, decidieron no confeccionar más las prendas, sino tercerizarlas y pagar a otros por minuto de confección, o por volumen. Se enfocaron en el diseño y en ganar eficiencias en tiempo y calidad. Las tiendas de Azúcar, por su parte, son operadas hoy como franquicias. Con estas decisiones, cambian los costos fijos por costos variables.



La llegada de las grandes superficies fortaleció las marcas propias de las cadenas de comercio. Ante la caída en la demanda interna, las cadenas se la están jugando en precio para que las confecciones sean el 20% de sus ventas. Didetexco, la compañía que le hace las marcas a Exito-Cadenalco, ya cubre casi el 5,3% de las ventas totales de esa cadena.



Las oportunidades que vendrán



Si el Atpa es aprobado, Colombia podría exportar cerca de US$2.800 millones anuales en 5 años. Como está planteado, Colombia podría incluir textiles nacionales, cosa que no sucede con los países del Caribe, que deben coser con telas estadounidenses para beneficiarse de las preferencias arancelarias.



La amenaza terrorista podría contribuir a la aprobación del Atpa. Grandes cadenas en Estados Unidos, como JCPenney, Gap, Liz Clairborne y otras firmas con las que los colombianos ya tienen negocios, quieren reducir riesgos de trastornos en sus cadenas logísticas y asegurar proveedores. Los beneficios Atpa para Colombia ayudarían a lograr este objetivo. Es posible que estas empresas apoyen los intereses de Colombia ante el Congreso de Estados Unidos en lo referente al Atpa.



Al desarrollarse las confecciones en Colombia, se abre también la posibilidad de ingresar con marca propia a Estados Unidos, con proyectos como el que adelanta hoy Color Siete. Con el apoyo de asesores e inversionistas estadounidenses, esta empresa viene adelantando toda una estrategia de ingreso y expansión en ese mercado.



Para aprovechar las posibilidades, es necesario hacer un esfuerzo importante de inversión en Colombia. Es vital atraer la inversión de Estados Unidos, que en el pasado sirvió para abrir plantas en México y Centroamérica. En este momento, los empresarios colombianos trabajan con los gremios para definir el valor de inversión que se requeriría para estar a la altura del reto que se plantea al sector.
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