| 2/5/2010 12:00:00 PM

Repensar, rediseñar y reconstruir

No hay una conclusión clara al cierre de la 40 reunión del Foro Económico Mundial. Hay señales mixtas sobre el futuro de la economía global y el balance de poder entre países ricos y economías emergentes. El mundo está en plena transición.

Mejorar el estado del mundo: repensar, rediseñar y reconstruir' fue el tema escogido este año por el Foro Económico Mundial para su encuentro anual en Davos, Suiza. Este foro ha reunido durante 40 años a los líderes mundiales de la política, la economía, la industria, la ciencia, la cultura y las religiones. Ofrece un escenario privilegiado para medir los grandes balances de poder en el mundo e identificar los temas centrales de la agenda global para cada año.

En 2010, las discusiones giraron en torno a una amplísima diversidad de temas, pero obviamente el centro de atención estuvo en la salida de la crisis global. El año pasado se logró detener la catástrofe, pero eso es algo muy distinto a encontrar un camino de recuperación sostenible. A este respecto, la atención se centró en tres ejes centrales: la corrección de los desequilibrios mundiales, la sostenibilidad de los estímulos fiscales establecidos para hacer frente a la crisis y la necesidad de reformar el sistema financiero global. En una perspectiva de más largo plazo, los temas fundamentales fueron el Calentamiento Global y la necesidad de generar un modelo de crecimiento económico compatible con una baja emisión de CO2, problemas trascendentales respecto a los cuales los países tendrán que llegar a un acuerdo.

En su discurso de apertura de Davos 2010, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, fue enfático en afirmar que esta no es una crisis global cualquiera, ni una crisis dentro de la globalización, sino una crisis de la globalización. De acuerdo con Sarkozy, tanto la globalización financiera como la crisis surgieron de los desequilibrios en la economía mundial. "Se desreguló el sistema financiero para que el déficit de quienes consumían en exceso pudiera ser financiado con el superávit de quienes no consumían lo suficiente. La perpetuación y crecimiento de estos desequilibrios fueron la fuerza que impulsó la globalización financiera, pero también su consecuencia. Se llegó a abusos y la realidad al final fue una economía totalmente falsa".

Sin embargo, no quedó claro en Davos la existencia del liderazgo global requerido para enfrentar la situación. Estados Unidos tuvo un perfil bastante bajo y hoy parece dar mayor prioridad a sus dificultades internas y a la toma de decisiones unilaterales que a la idea de involucrarse en discusiones globales para desarrollar soluciones de consenso. La reforma financiera que impulsa el presidente Obama, por ejemplo, no fue consultada con otros países, aunque sus implicaciones serán globales y tendrán importancia crítica en las actuales circunstancias. Europa aparece como una región debilitada donde la crisis ha dado paso a una fase de estancamiento y en la que varias de sus economías podrían fallar (con Grecia como primer candidato).

Entretanto, China afirma que su capacidad para asumir un mayor liderazgo global es limitada, pues se considera todavía un país en desarrollo que necesita mantener su política cambiaria para mover las exportaciones. China envió una delegación de segundo nivel y sus miembros evitaron referirse abiertamente a temas de liderazgo global, particularmente en lo concerniente a los cambios necesarios en el sistema financiero internacional. China es una potencia, pero no se le ve el deseo de asumir las responsabilidades de una potencia global.

Sin duda, la relación entre Estados Unidos y China es la relación bilateral más importante del mundo actualmente. Afecta todos los temas importantes, desde el comercio mundial y la economía hasta el medio ambiente, la propiedad intelectual y la seguridad global. Sin embargo, los debates de Davos 2010 muestran que estos dos líderes insustituibles ven pocas ventajas en la idea de avanzar rápidamente hacia grandes acuerdos concertados.

Por último, es necesario resaltar que, de las diversas discusiones que tuvieron lugar en el Foro, quedó sobre la mesa una abultada agenda pendiente, en la cual se destacan los siguientes puntos:

Repensar las instituciones mundiales del siglo XX y rediseñarlas para que puedan responder a los requerimientos del siglo XXI.

Delinear nuevas reglas para la gobernabilidad de la globalización. La comunidad internacional debe reconstruir sistemas globales basados en nuevas redes y formas de colaboración. Se requiere un nuevo despegue institucional que lleve al mundo a actuar.

Considerar "geometría variable" o soluciones pluralistas, alianzas público-privadas e iniciativas de menor escala de las regiones o ciudades, alejándose de intereses particulares, modelos que deban ajustarse a todas las necesidades y mecanismos de gobernabilidad global.

Desarrollar nuevas métricas que involucren las metas y valores sociales.

Hacer que las respuestas globales a los riesgos más apremiantes se basen en valores y protejan los derechos de la gente para combatir los problemas sistémicos.

La comunidad internacional debe delinear objetivos globales y pautas para poder enfrentar los riesgos globales, a la vez que se respete la individualidad de las personas.

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