| 10/4/2003 12:00:00 AM

Remezón en las universidades

El nuevo esquema educativo obliga a las entidades de educación superior a garantizar calidad. Viene una reestructuración del sector.

Desde hace 25 años, el auditorio Félix Restrepo, de la Universidad Javeriana, de Bogotá, es el escenario donde los alumnos reciben sus títulos de grado al terminar sus programas de estudio. Sin embargo, quizás ninguna de esas ceremonias ha estado tan cargada de emoción como la que se realizó en ese recinto el pasado 8 de julio, cuando fue la propia Universidad Javeriana la que se "graduó" ante el Ministerio de Educación Nacional. Ese día culminó un trabajo de dos años para obtener la acreditación de alta calidad institucional, que evalúa a la universidad como un todo. La Javeriana fue la primera entre las Instituciones de Educación Superior (IES) de Colombia en obtenerla.

La acreditación de la Javeriana hizo visible ante el país el tremendo revolcón que están experimentando las universidades y las demás IES (en el grupo de instituciones de educación superior se incluyen también las instituciones universitarias, tecnológicas y técnicas). El 5 de septiembre también obtuvieron su acreditación institucional Eafit, la Universidad de Antioquia y la Universidad del Norte, de Barranquilla. Otras universidades como los Andes, el Externado y el Rosario están trabajando fuertemente en el proceso.

La acreditación forma parte de un proceso de cambio impulsado desde el Ministerio de Educación, con múltiples frentes de trabajo. Aparte de la acreditación, que es voluntaria, están los requisitos mínimos de calidad que son ineludibles y los exámenes de calidad de la educación superior (ECAES) que se aplican a los estudiantes de último año de pregrado, son obligatorios y miden el conocimiento de los graduados de cada entidad. Además, en octubre de 2004 entrará en operación el observatorio laboral, que determinará los requerimientos del mercado para los egresados de los distintos programas, cuál es el tipo de profesional que se está demandando y en qué áreas.

Por otro lado, el gobierno está fortaleciendo el sistema de subsidios a la demanda para financiar la educación superior. El Icetex recibió una capitalización del Banco Mundial para aumentar en 100.000 el número de créditos educativos en cuatro años, y por primera vez se otorgará en el país crédito a la demanda. Con los recursos en la mano, los estudiantes podrán escoger la mejor institución para su carrera, con base en información confiable.

El impacto de estos cambios puede sintetizarse así: la educación superior dejará de ser una caja negra para los estudiantes, los padres de familia y las autoridades. Las universidades serán evaluadas ante la sociedad con unos criterios claros y transparentes. Habrá un reconocimiento explícito a la excelencia, mediante la acreditación (que es voluntaria), pero también habrá unos requisitos de calidad mínima que las entidades deberán cumplir (registro calificado) o, de lo contrario, tendrán que cerrar sus puertas. Las universidades con alta reputación tendrán que demostrar por qué la tienen. Las que quieran disputarles el liderazgo podrán hacerlo y sus avances se verificarán con rapidez.

Más importante aún, las entidades que pretendan llamarse de educación superior tendrán que cumplir las expectativas mínimas. "Estamos creando un sistema de aseguramiento de la calidad", explica la ministra de Educación, Cecilia María Vélez. Vienen tiempos muy difíciles para las instituciones de baja calidad. Para un gran porcentaje de las IES no será fácil adaptarse a las nuevas exigencias del gobierno. Un estudio sobre fortalecimiento institucional en la educación superior privada del país, liderado por Jorge Hernán Cárdenas y María Lorena Gutiérrez, de la facultad de Administración de Empresas de la Universidad de los Andes, iniciado en agosto de 2002 y recientemente concluido, muestra que hay serios problemas de gobernabilidad en muchas instituciones. La gran libertad para la creación de IES que otorgó la ley 30 de 1992, llevó a una proliferación de entidades que funcionan como empresas familiares de pésimo nivel y como vehículos de acumulación de capital para políticos, sin mecanismos de control sobre el manejo de recursos y que, además, se benefician de grandes exenciones tributarias. Esto lleva a que muchas IES tengan un pésimo desempeño en las variables que se miden para obtener los registros calificados y las acreditaciones, como recursos físicos y financieros, relación de estudiantes por docente y aspectos académicos, entre otros. Con las nuevas exigencias de calidad, muchas instituciones tendrán que hacer alianzas o inclusive fusionarse, si no quieren desaparecer. Otras deberán aceptar que su única posibilidad de sobrevivir es definirse como instituciones técnicas o tecnológicas y apostarán su supervivencia a la capacidad para entregar una buena oferta en este renglón. Otras más no podrán cumplir los requisitos mínimos y deberán desaparecer.



En busca de la excelencia

Aunque desde la expedición de la ley 30 de 1992 se daba la posibilidad a las IES de entrar voluntariamente a procesos de acreditación de calidad, solo a partir de 2000 se empezó a crear una cultura en torno a este tema. Para esa época, el Consejo Nacional de Acreditación -CNA- había acreditado 66 programas, más del doble que en los dos años anteriores. A la fecha, hay 195 programas y 4 instituciones acreditados. Están en proceso 399 acreditaciones de programas y 6 de institucionales.

Los procesos de acreditación examinan 10 factores en los programas o las instituciones para determinar la obtención del sello de calidad. Los programas académicos, la planta docente, la investigación y los recursos económicos, y administración son algunos puntos de análisis (ver recuadro página 38).

La mayor transformación que genera el sistema es el proceso de autoevaluación. "En esta búsqueda de la calidad no se trata de superar a los demás, sino de superarnos todos juntos. No se trata de una competencia individualista de instituciones, sino de una sana emulación para que cada una se supere a sí misma", explica el padre Gerardo Remolina, S.J., rector de la Javeriana. "Un sistema nacional de acreditación permite ejercer la autonomía con mayor responsabilidad. Es un imperativo ético", enfatiza Alberto Uribe, rector de la Universidad de Antioquia.

El sistema de acreditación convierte a Colombia en un líder en América Latina. Brasil está pensando en montar un esquema similar al colombiano. "Colombia y Chile marcan la pauta en sus esquemas de acreditación", explica Luis Enrique Orozco, profesor de la Universidad de los Andes y experto en educación.

La acreditación solamente puede ser obtenida por entidades o programas que hayan logrado excelencia académica. Tener 399 programas acreditados sin duda es importante, pero en comparación con la oferta total de 2002, de 6.430, la cantidad es mínima. Además, cinco IES concentran el 43% de las acreditaciones, cuando hay 321 IES en el país.

No es realista, entonces, pensar en que las acreditaciones pueden ser masivas. "La acreditación es para programas de alta calidad, y no todos los programas pueden, ni deben, aspirar a ella. Si todos los programas fueran de excelencia, no habría excelencia", afirma Guillermo Hoyos, coordinador del CNA. Además, es un proceso costoso. "Podría pensarse que la acreditación nacional es la más exigente de América Latina. Las instituciones se tardan en ocasiones porque toma tiempo medirse y evaluarse a sí mismas", explica Miryam Ochoa, decana de la facultad de Educación del Externado.



Mejoramiento continuo

La acreditación genera cambios dentro de las propias universidades, pues las obliga a revisar su actividad a fondo, desde la misión hasta las prácticas académicas más rutinarias. Estos efectos se han visto en todas las entidades que han emprendido este camino. Inclusive, los estudiantes están exigiendo a sus decanos y rectores resultados en acreditación.

Uninorte, por ejemplo, descubrió que la solidez de su proyecto institucional y educativo es una de sus grandes fortalezas, por la importancia que le ha dado a la planeación estratégica. La infraestructura y la investigación -en la que se destaca el cuerpo profesoral, pues el 27% tiene doctorado- son otros factores que le merecen reconocimiento. Sin embargo, debe mejorar la colección bibliográfica, ampliar las áreas comunes para los estudiantes y homogeneizar los planes de modernización y flexibilización curricular, entre otros. "La acreditación es un gran reto porque quedamos en la vitrina nacional y hacia el futuro tenemos que seguir siendo muy buenos y mejorar", afirma Jesús Ferro, rector de la Universidad del Norte.

La Universidad de Antioquia es la entidad que tiene más programas acreditados (28) y cuenta con una reconocida ventaja en investigación. Esto se debe al impulso que se le dio al tema con la creación del sistema universitario de investigación, y a que ha enviado 174 docentes y estudiantes de excelencia a hacer doctorados en el exterior. Otro punto es su experiencia en la regionalización de programas, ya que ha llevado físicamente la Universidad a 6 de las 9 regiones de Antioquia. A pesar de estas ventajas, está amenazada por los bajos salarios de los docentes, la falta de mantenimiento de la planta física y la ampliación de la cobertura, que se hace con recursos marginales de la Universidad.

En el caso de la Javeriana, los evaluadores destacaron, entre otros, el impulso a la investigación, la formación integral centrada en los currículos, la interdisciplinariedad, los procesos de autoevaluación y la dotación de la biblioteca con cerca de 490.000 títulos y suscripciones a 1.500 revistas. Está tratando de diversificar los ingresos, pues tiene una alta dependencia de las matrículas; además, busca perfeccionar la gestión administrativa; darles mayor participación a los estudiantes, y seguir fortaleciendo la investigación.

El efecto transformador es común a todos los procesos de acreditación, aunque todavía no se haya obtenido el sello. El Externado, por ejemplo, se ve a sí misma como una universidad abierta a estudiantes de provincia y con una tradición de intercambio académico con el exterior. Pero encontró deficiencias en su cuerpo docente y en investigación, que está corrigiendo. La Universidad del Rosario, por su parte, diseñó planes estratégicos para mejorar los espacios de esparcimiento, crear nuevos grupos de investigación, optimizar los recursos financieros y fortalecer la carrera de sus docentes.

Los Andes, a partir de sus experiencias de acreditación nacional e internacional, encontró fortalezas en aspectos académicos y de investigación, y emprendió procesos de mejoramiento en sus posgrados, financió a 60 nuevos doctores, promovió la apertura de una facultad de Medicina, la construcción de tres edificios y el desarrollo de tecnologías de información de punta.

La Nacional, a pesar de no haber seguido la misma ruta de las demás, encontró pautas de mejoramiento en su sistema propio de evaluación. En la parte académica identificó inflexibilidad en los programas y, en algunos casos, currículos mal estructurados. También ha visto la necesidad de fortalecer los posgrados.



Garantía mínima

Mientras la acreditación es voluntaria, el registro calificado es obligatorio. Este registro busca subsanar la falta de vigilancia y controlar la autonomía que la ley 30 de 1992 les concedió a las IES. Los requisitos son menores que los de la acreditación, ya que su objetivo es garantizar que los programas estén cumpliendo estándares mínimos. Sin embargo, el registro y la acreditación exigen un esfuerzo importante por parte de las instituciones. "Los procesos de calidad no son gratuitos. Esto ha encarecido los costos de formación universitaria. Los requisitos significan actualización de laboratorios, enriquecimiento de bibliotecas, de tecnología, de cualificación de profesores y de creación de nuevas unidades de apoyo que garanticen la oferta de una educación de calidad competitiva. La ambición es válida, y el deseo de acertar de las instituciones no puede negarse", afirma José Alberto Alvarado, rector de la Universidad Piloto de Colombia.

El plazo para ponerse al día con los requerimientos es de dos años, que se cumplen en distintas fechas dependiendo de la carrera de que se trate. A los programas de ingeniería ya se les venció el plazo. Derecho tiene plazo hasta el próximo 27 de diciembre; arquitectura, comunicación e información, administración, contaduría pública y economía hasta el 16 de mayo de 2004; psicología hasta el 30 de julio y ciencias exactas y naturales hasta el 6 de agosto.

En este momento, la única experiencia que se tiene sobre qué puede pasar en este proceso es lo que sucedió con los programas de Educación, que fueron evaluados por el Consejo Nacional de Acreditación. En el caso de esa carrera, hace cuatro años había 1.800 programas, de los cuales 800 dejaron de presentarse al examen de requisitos mínimos; de los que se presentaron, solo el 62% recibió el registro calificado.



Los problemas

La acreditación ha llamado la atención sobre unas cuantas universidades de alta calidad, pero hay un amplio universo de instituciones en donde reina el desorden. La proliferación ha generado un sistema de IES fragmentado. Mientras en Colombia el promedio de estudiantes por institución es de 2.506, en México es de 10.191. El 32% de las instituciones colombianas tiene menos de 500 estudiantes, según revela el estudio Fortalecimiento institucional de las IES privadas del país. Es muy probable que muchos programas e inclusive IES no puedan obtener el registro calificado, lo que implica que no podrán admitir nuevos estudiantes, pero sí deberán graduar las promociones en curso.

El estudio de fortalecimiento institucional encontró un vínculo entre baja gobernabilidad y baja calidad en las entidades. Hay mayores problemas en aquellas entidades con pobres mecanismos de control por parte de los grupos interesados.

Las instituciones de menor tamaño tienen los mayores problemas. El 37% de ellas tiene debilidades en infraestructura, y las que tienen menos de 1.000 alumnos son las más afectadas por deficiencias en los manejos financieros y por un alto endeudamiento. Casi el 60% de las IES, sin importar su tamaño, tiene problemas con la contratación, pago y liquidación de docentes.

El estudio encontró serios y generalizados problemas en la rendición de cuentas. Entre el 30% y el 57% de las instituciones están afectadas por este mal. En este momento, las IES privadas no están obligadas a reportar estados financieros detallados a ninguna autoridad. En consecuencia, se ignoran datos básicos, como el volumen de recursos que esta actividad mueve en Colombia. Sin embargo, este es muy significativo. Para finales de la década anterior, el Icfes recogió cifras de los estados financieros y los resultados llaman la atención. En 1998, las IES privadas vendieron $1.712.932 millones. Al comparar este valor con las cifras de las 5.000 empresas que calculó Dinero, resulta que las IES privadas fueron en 1998 uno de los sectores más grandes de la economía colombiana por ingresos, superando la construcción, las empresas promotoras de salud y las confecciones. Lamentablemente, no se ha recolectado información para actualizar estos datos.

En general, las instituciones tecnológicas y técnicas tienen los mayores problemas. El 43% de las técnicas y el 33% de las tecnológicas tienen un manejo financiero ineficiente y un alto endeudamiento, mientras más de la mitad de las técnicas y el 25% de las tecnológicas no cumplen los requisitos de graduación de estudiantes.



Cada quien a su tarea

La reciente reglamentación del Ministerio de Educación para organizar la oferta técnica y tecnológica por ciclos podría darles mayores herramientas a todas las instituciones para que fortalezcan sus programas académicos, y para que puedan competir con las universidades. Los ciclos plantean no solo una formación en competencias laborales específicas, sino que deben permitirle al estudiante, si así lo desea, iniciar en un primer ciclo de formación técnica; seguir hacia un segundo ciclo, el tecnológico; y luego a un tercero, el universitario, según explica Javier Botero, viceministro de Educación. "Cuando los programas están diseñados de esa forma, es posible homologarlos", puntualiza.

Un sistema así cimentaría un conjunto de entidades de vocación y dedicación definidas, y se acercaría al modelo que describió Carlos Angulo, rector de los Andes, en una columna publicada en esta revista (ver Dinero No. 190), el cual permitiría "que los estudiantes migraran de uno a otro tipo, para evitar la situación actual en la que las instituciones son las que migran y se van transformando hasta llegar finalmente, en muchos casos, a su nivel de incompetencia".

Todo esto implica que el mercado laboral deberá aprender a reconocer el valor de cada título. Las empresas tienen que descubrir que no necesitan profesionales para todo. Muchas veces, por ejemplo, el sector privado contrata ingenieros de sistemas cuando realmente necesita técnicos en programación. Al hacer esto, perjudica el status profesional de los ingenieros y también el de los técnicos, y desvirtúa la formación de precios en el mercado laboral.

El marco regulatorio para la educación está dado y el mercado está presionando para tener criterios objetivos que revelen la calidad de las instituciones. Vendrá un fuerte remezón en las IES, que deberá llevar a la realización de alianzas e integraciones para sumar fortalezas de algunas entidades, y también al cierre de otras. El mercado aprenderá a reconocer que contratar a un buen técnico o un buen tecnólogo es mucho mejor que contratar a un mal profesional. Los estudiantes y los padres de familia tendrán herramientas para escoger y para exigir resultados. Todo esto debería llevar a que el rostro de la educación superior en nuestro país sea muy diferente a mediano plazo al que tenemos en la actualidad. Ese cambio traería enormes beneficios a la sociedad colombiana.
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