| 2/5/2010 12:00:00 PM

Reforma a la regulación financiera

La nueva regulación para las instituciones financieras es inevitable, pero no debería ser motivada por el deseo de apaciguar al público.

El apoyo a los bancos con recursos públicos salvó al sistema financiero global del colapso. Las instituciones lograron salir adelante y ahora están bien, reportando resultados positivos en sus ejercicios financieros. La confianza ha regresado, pero el hecho de que los directivos hayan vuelto a recibir bonos exuberantes tiene a la gente enfurecida. El ambiente está listo para una oleada de reformas al sector financiero en el mundo, con nuevos controles estatales y mayores requerimientos de capital y exigencias de transparencia.

La situación es compleja. Por una parte, las reformas son necesarias, pues es indispensable corregir las fallas que permitieron los excesos del pasado. De hecho, hay quienes temen, como el economista Nouriel Roubini, que por la falta de acción se puedan estar gestando nuevas burbujas. Incluso, en una sesión del Foro Económico Mundial en la que participó el inversionista George Soros se reconoció que los economistas fallaron en estudiar y por tanto entender adecuadamente la naturaleza de las burbujas y su influencia en las fluctuaciones del mercado. Sin embargo, existe el riesgo de que se abra paso una reforma motivada por razones políticas, que no responda a las verdaderas necesidades.

Otras voces se pronunciaron acerca de la necesidad de crear un marco regulatorio global, y hubo quienes se mostraron a favor de que fuera el G-20 el encargado de formular su estructura. No obstante, en el Foro se llamó la atención acerca del lento avance en la tarea que encargó el G-20 al Financial Stability Board (FSB) y al Comité de Basilea de desarrollar herramientas macroeconómicas prudenciales para combatir el riesgo sistémico. Así mismo, en una sesión sobre burbujas financieras, se manifestó un desacuerdo generalizado hacia las herramientas que los reguladores y otros encargados de diseñar políticas públicas pueden o deben usar para prevenir la formación de burbujas, o para desinflarlas una vez estas se han formado.

Por el momento, está sobre la mesa la propuesta de Paul Volcker en Estados Unidos, que busca reducir la actividad de los bancos, separar las actividades comercial y de inversión e imponer nuevos requerimientos de capital mínimo. Sin embargo, algunos observadores llaman la atención porque esta propuesta se queda corta, en la medida en que no contempla los desequilibrios mundiales ni las políticas macroeconómicas, no aborda la necesidad de lograr una mejor supervisión del sistema financiero, ni plantea esquemas de resolución de conflictos globales.

Algunos se preguntan si la propuesta de Volcker tendría suficiente fuerza. Soros, por ejemplo, plantea que reducir el tamaño de los bancos a través de la división de sus actividades no va suficientemente lejos. De acuerdo con Soros, es necesario ir más allá y fortalecer los requerimientos de capital. "Los bancos encontrarán la manera de seguir en las actividades de inversión a través de spin offs y surgirán bancos que van a ser 'demasiado grandes para caer'. Además, la propuesta no es creíble porque, cuando hay una crisis, los gobiernos van más allá de sus propios principios y actúan para salvar las instituciones. Las instituciones que son demasiado grandes para fallar deben ser controladas. Se necesita supervisión y requerimientos de capital".

De otro lado, Soros cree que el aumento en el tamaño de los bancos en los años recientes es una respuesta al aumento de la demanda por servicios trasnacionales y, por tanto, reducir las actividades de los bancos integrados podría tener impactos importantes sobre la capacidad del sector financiero para atender el comercio y los negocios globales.

El papel de los bancos en este escenario es fundamental. Es necesario, por ejemplo, que haya bancos que sean jugadores activos en la colocación y comercialización de bonos soberanos, con el fin de asegurar la liquidez. Tener bancos dispuestos a asumir riesgo trasnacional resulta esencial.

Para Soros, el impuesto a los bancos del que habló Obama es prematuro, pues la recuperación económica no es aún un hecho consolidado. El impuesto sería absurdo porque va en contra de lo que hizo para salvar los bancos. A su modo de ver, la presión política está agravando las cosas.

La influencia de la política hace que el momento sea particularmente delicado. El presidente de Bancolombia, Jorge Londoño, quien es además miembro del Institute of International Finance y pertenece a varios de sus comités, afirmó en Davos que se está viviendo un momento crucial en el que va a haber cambios significativos, unos justificados y otros no. Hasta el momento, Londoño cree que el balance se inclina hacia los cambios no justificados.

Sin tener un diagnóstico completo, los reguladores están respondiendo a la presión política. Este tipo de situación es delicada para los mercados emergentes, ya que puede generar efectos sobre la competitividad de los bancos. Si bien es positivo que se haya tomado conciencia sobre la dimensión global de la regulación, el momento político puede llevar a adoptar medidas con criterios que no son igualmente válidos en todos los países.

Por ejemplo, la preocupación respecto a las entidades que son 'demasiado grandes para caer' puede llevar a aplicar medidas que no funcionen bien en todas partes. Jorge Londoño cree que unos requerimientos de capital establecidos desde esta perspectiva podrían resultar en niveles demasiado altos para el sistema financiero colombiano, donde no se presentaron las prácticas de sobreendedamiento apalancado en derivados que causaron la crisis en Estados Unidos.

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