| 3/18/2011 12:00:00 AM

¿Rebelión en la Andi?

Un sector de los industriales está descontento con el rumbo que está tomando la Andi. ¿Podrá Villegas capotear la tormenta?

Luis Carlos Villegas celebra sus 15 años como presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) en medio de un ambiente cargado en su contra. Hacia donde mire hay problemas.

Dentro de la Andi se siente el descontento de algunos afiliados que esperan una reacción más contundente frente a decisiones gubernamentales que, según ellos, los perjudican. Hay quienes están creando organizaciones aparte para promover sus intereses. En el Consejo Gremial se está gestando un movimiento para que Villegas abandone la presidencia de la organización, posición en la que lleva ya ocho años. Ante los medios y la opinión, Villegas llevó las de perder en su enfrentamiento público contra el vicepresidente Angelino Garzón, pues la tabla de fletes quedó vigente tras el paro camionero y la intervención de Angelino en el episodio fue avalada por el Presidente.

Es claro que en las últimas semanas Villegas no ha ganado una, pero, ¿cuáles son realmente los temas de fondo?

En los ocho años del anterior gobierno, los empresarios importantes de este país se acostumbraron a tener acceso directo a la Casa de Nariño. Como dice el propio Villegas, "solo había que decirle a la secretaria: 'márquele a Uribe', y Uribe estaba en el teléfono". El presidente Santos, sin embargo, tiene un estilo diferente, en el que los canales institucionales y las consejerías tienen un papel fundamental como canal de comunicación.

Y el asunto no es solamente de estilo. Al avanzar en temas como la eliminación de exenciones tributarias y el acuerdo comercial con Corea, Santos está mostrando que tiene un modelo económico en la cabeza y no piensa esperar a que los empresarios se lo aprueben para avanzar. Es comprensible que muchos de ellos estén molestos. Lo importante es cómo la Andi va a manejar a largo plazo las contradicciones internas que esto implica.

Conflictos en la casa

Los empresarios descontentos manejan un memorial de agravios largo: el gobierno Santos le ha metido mano a beneficios que habían recibido en el gobierno anterior, como la exención del 30% para las inversiones en bienes de capital, y ha apretado las clavijas con impuestos como el 4 por mil, el impuesto al patrimonio y varias nuevas retenciones. Además, aumentó el salario mínimo por encima de la inflación del año pasado y no logró eliminar la tabla de fletes (este último tema quedó aplazado hasta junio). Para rematar, hizo una reforma que disminuyó los aranceles para algunos productos terminados, generando un enorme descontento entre varios empresarios.

Al sumar todos estos hechos, algunos empresarios han comenzado a pensar que se necesita un rol más agresivo por parte del gremio que los representa. Ellos se quejan porque el estilo de Villegas puede ser demasiado contemporizador y no le mete suficiente energía a enfrentar temas que les tocan el bolsillo a los empresarios. Como dijo uno de ellos a Dinero: "algunos tenemos la impresión de que la Andi representa a todos, pero no puede defender a ninguno". Se habla, incluso, de un movimiento anti Villegas en el mundo empresarial colombiano.

Villegas está enfrentando esta tempestad con serenidad. Sabe que en este momento juega un factor muy importante a favor suyo y es que quienes se le oponen no están ofreciendo una alternativa clara para reemplazarlo. Y es que una cosa es protestar contra el manejo del gremio en los últimos meses y otra muy diferente arriesgar la influencia y la posición que este ha logrado.

La Andi que desarrolló Villegas es un gremio más ligado a los temas estratégicos del país y menos a los problemas tácticos de los empresarios. Esto le ha permitido ganar credibilidad más allá del círculo de los afiliados y convertirse en una presencia importante ante la opinión pública en los grandes temas de "interés nacional", como él mismo los define (ver entrevista pág 36).

Villegas llegó a la Andi en marzo de 1996. Desde entonces, se puso a la tarea de consolidar a la Asociación como el gremio más importante de Colombia. Hoy cuenta con 1.500 afiliados, entre ellos las empresas más grandes del país, que representan una tercera parte del PIB. Logró aumentar a 29 el número de cámaras gremiales, incorporando a muchos empresarios, desde productores de metales, textileros y confeccionistas, hasta abogados y call centers.

Su estrategia alcanzó los objetivos. De hecho, la Andi dejó de ser una "Asociación de Industriales" y pasó a llamarse "Asociación de Empresarios", por la gran cantidad de intereses que ahora representa. Esa es su fortaleza. Si Villegas ha logrado que le pasen al teléfono Ministros, funcionarios de alto rango y hasta el propio Presidente de la República, es porque se mantiene "en mensaje" respecto a los temas grandes de la agenda pública.

Sin embargo, lo que ha ganado en importancia nacional y vigencia, se ha perdido en coherencia interna. En su interior hay numerosos intereses sectoriales opuestos.

Eso se refleja en la gobernabilidad interna. El presidente de la Andi reporta a una junta directiva de 27 miembros, en la que están representados todos los sectores, las regiones y tamaños de empresas.

Mantener el equilibrio interno de ese universo es uno de los temas más complejos de su función como dirigente gremial y es lo que explica las dificultades que surgieron desde el pasado 7 de agosto. Desde entonces, los consensos se hicieron más dispendiosos. Villegas quedó entre la espada y la pared: por un lado, un Gobierno que llegó pisando fuerte y, por el otro, un grupo de afiliados que estaba empezando a sentir los ajustes y a resentirlos en sus balances.

Un empresario que cuenta con representación en la Junta Directiva de la Asociación explicó que "se generó un movimiento dentro de la Andi que quería ladrarle más duro al Gobierno. Pero también hay un sector que dice que si le ladramos mucho, los funcionarios medios nos frenan los temas claves". Quienes protestan dentro de la Andi quisieran tener lo mejor de los dos mundos, pero eso no es posible.

Se agita el ambiente

Dado el ambiente en el gremio, Villegas sabía que tenía que marcar una posición en el tema del paro camionero y por eso se fue lanza en ristre contra el Vicepresidente, cuando aseguró que a veces parecía más "un freno de mano que una llanta de repuesto".

La jugada ponía en cabeza de Garzón el descontento de los empresarios ante los temas del salario mínimo, el paro camionero y la frustrada reforma pensional incluida en el Plan de Desarrollo.

La intervención de Angelino en estos temas le brindó la oportunidad a Villegas de irse contra el Gobierno, pero no contra el presidente Santos ni contra los Ministros que definen temas claves para la Andi.

La verdad es que la movida no le salió muy bien a Villegas, porque el pronunciamiento no caló en la Casa de Nariño y por eso fue convocada una reunión para discutir los temas. Durante el encuentro, Santos fue claro al afirmar que los pronunciamientos del Vicepresidente estaban avalados por él.

Todos entendieron que era un espaldarazo a Garzón y un llamado de atención a Villegas. Con esto, Villegas perdió la posibilidad de ser vocero de la protesta y tuvo que volver a poner atención a su frente interno.

Varios de los afiliados han empezado a buscar otros canales para ventilar sus preocupaciones. Por un lado, las principales compañías mineras del país acudieron a Claudia Jiménez, antigua superministra de Álvaro Uribe, para que empezara a mover los temas clave de la agenda. Las firmas más grandes, como Cerrejón, están bastante molestas con las medidas tributarias del Gobierno, que han afectado sus balances y planes de negocios. Sienten que sus intereses no han sido bien defendidos por parte de la Andi.

Otra iniciativa es la Coalición para la Promoción de la Industria Colombiana, que promueve la ex ministra Martha Lucía Ramírez. Ella ha invitado a varios empresarios a unirse alrededor del planteamiento de que la industria ha retrocedido y no hay políticas de Estado para impulsarla. Ramírez está buscando afiliados en sectores como siderurgia, metalmecánica, textil y automotriz.

Según ella, esta no es una iniciativa gremial y tampoco un movimiento contra Villegas. Sin embargo, su mensaje pega con fuerza en las toldas de la Andi, que nació como la asociación industrial por excelencia.

Por lo demás, la ex ministra de Comercio habla duro sobre la tarea que está realizando el gremio. En su opinión, en las asociaciones grandes hay intereses excluyentes que les han impedido tomar posiciones más verticales frente a fenómenos como la desindustrialización que registra el país.

Las contradicciones

En el fondo, todo esto muestra que la Andi vive unas contradicciones profundas. El gremio es, hacia adentro, una reunión de empresarios con intereses bien heterogéneos.

Por ejemplo, en el tema del TLC con Corea las disyuntivas son irreconciliables. Para el agro y para algunas empresas de los sectores de lácteos y dulces, ese tratado representa la posibilidad de ganar mercados. Al mismo tiempo, es una amenaza importante para sectores como las ensambladoras y los productores de autopartes. Lo mismo ocurre con las tensiones entre comercio e industriales o entre importadores y exportadores.

Los enfrentamientos de intereses no van a disminuir, sino que tienen que aumentar bajo el gobierno Santos. En un país donde la industria tiene una prioridad cada vez menor frente a los servicios y la minería, y donde el Presidente de la República está empeñado en consolidar a Colombia como un jugador importante en la América Latina que mira al Pacífico, sin duda vendrán más tensiones entre Gobierno e industriales.

La junta directiva de la Andi le ha dado respaldo a Villegas. "Eso fue la tempestad y ahora viene la calma. Villegas mostró en la asamblea de 2010 el peso específico que tiene. Logró llevar a Cali al Presidente y a nueve de sus Ministros. La gente lo aprecia y tiene cercanía con el Gobierno", dijo un miembro de la junta directiva de la Andi.

Todo indica que Villegas va a ganar este encuentro, no porque logre convencer a quienes se le oponen, sino porque incluso ellos prefieren el statu quo. Hacia adelante, sin embargo, el reto para la Andi es de grandes dimensiones. Los miembros descontentos no pueden ganar la pelea ahora, pero tampoco van a cambiar la forma como ven y sienten la situación. En ese panorama, conducir un mega-gremio, donde casi toda la economía colombiana está representada, es cada vez más dispendioso. Será difícil llevar a esta gran organización a transformarse para resolver sus incoherencias de fondo. Este no es el último capítulo del debate para la Andi.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?