| 9/16/2005 12:00:00 AM

Químicos

Los pesos pesados de la industria química en Colombia contribuyeron al desarrollo de este sector y siguen forjando talentos de exportación.

Como en muchos otros sectores, el final de la década del 50 marcó el despegue de la industria química en el país. En esa época nacieron muchas fábricas medianas y pequeñas, y llegaron multinacionales que impulsaron el incipiente sector con experiencia, tecnología y conocimiento. Con ellas, los colombianos accedieron de inmediato -y desde entonces- a las innovaciones de la ciencia mundial y comenzó así un aprendizaje local muy apreciado en el exterior.

La Ley 81 de 1960 concedió estímulos tributarios a las nuevas industrias que sustituyeran importaciones, y dio pie a la expansión de las industrias química y petroquímica en el país. "DuPont se establece en Barranquilla en los años 60 -al tiempo con la llegada de otras empresas estadounidenses y europeas al país- por ser el puerto donde se desarrollaba la mayor actividad importadora y exportadora de Colombia. Desde el inicio, sus instalaciones fueron de categoría mundial, pues se planearon para abastecer no solo el mercado interno", afirma un vocero autorizado de la empresa.

Con esta mentalidad, las compañías internacionales desarrollaron primero la manufactura de agroquímicos y después crecieron en otros negocios, de la mano con sus poderosos departamentos de investigación y desarrollo en el extranjero y las necesidades del consumidor local. "En aquellos años se vivía un crecimiento rápido de la demanda nacional de toda clase de productos industriales, así como una severa escasez de divisas", relata Gabriel Poveda Ramos en Industrias químicas e ingeniería química. "En 1960, la industria de fabricación de productos químicos, farmacéuticos y otros paraquímicos constituía ya un sector de considerable importancia en el conjunto industrial del país y era una de las de más rápida expansión por aquellos años", agrega.

Mientras Ecopetrol y la Caja Agraria montaban en Barrancabermeja una planta de Ferticol, con diseño y tecnología suministrados por la firma italiana Montecatini; otra empresa extranjera, Intercol, iniciaba en Cartagena el montaje de una planta similar pero más grande, que producía amoníaco, ácido nítrico, úrea y nitrato de amonio. En medio de esa dinámica, la industria nacional y sus ejecutivos lograron nutrirse por años del aporte multinacional en términos de conocimiento y mejores prácticas administrativas y productivas. "En Barranquilla desarrollamos un cluster de empresas dedicadas a productos para el agro, lo cual ha sido favorecido por la existencia de universidades y centros de formación técnica y por la presencia de gran cantidad de compañías dedicadas al sector", anota el vocero de DuPont.



Formación avanzada

La industria química en el país coincide en la importancia de haber crecido al lado de verdaderos gigantes internacionales, lo cual le ha permitido desarrollar una generación de trabajadores ampliamente valorados, no solo en el mercado local. "La capacitación de mano de obra colombiana ha sido clave, pues les damos entrenamiento y desarrollo permanente en nuevas tecnologías, procesos, sistemas de información, sistemas de administración y manejo de gente, entre otros", explica una fuente de Dow Química de Colombia.

Gracias a eso, "muchos empleados colombianos están liderando procesos corporativos en varios países. De hecho, Colombia es uno de los países que aporta más talento humano per cápita a DuPont", asegura una fuente de la empresa.

Pero, además, la presencia directa de estas compañías globales en el país ha permitido un mayor aprovechamiento del mercado internacional por parte de las fábricas localizadas en territorio colombiano, sobre todo en los últimos tiempos de globalización. "La causa es la comercialización. Una empresa multinacional tiene acceso mucho más directo a clientes mundiales que una empresa nacional. Esto, siempre y cuando esté comprometida con el crecimiento en exportaciones", afirma Jaime Darío Colmenares, gerente de Sucromiles.

El alto volumen exportador que hoy generan las multinacionales del sector químico en Colombia produce también otro tipo de legados para el país. "El caso de Sucromiles es especial: exportamos más del 85% de la capacidad instalada de ácido cítrico (US$25 millones); participamos en el mercado global de exportaciones (América y Europa), en coordinación con la casa matriz, y tenemos acceso directo a la tecnología actualizada, capacitación de personal y un plan estratégico de exportaciones conjuntas con el sector azucarero", agrega Colmenares.

Y todo confluye en beneficio del usuario final. "Nuestros ingenieros en investigación y desarrollo, en equipo con nuestros vendedores, han ayudado a desarrollar y crecer las empresas de nuestros clientes con nuevos productos y aplicaciones, explorando mercados y transfiriendo tecnología en áreas en las que la compañía es fuerte", concluye una fuente de Dow Química de Colombia.
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