| 6/10/2005 12:00:00 AM

Químicos

La industria química en Colombia enfrentó un inusitado aumento en el costo de sus materias primas y tuvo que subir precios. Sin embargo, crece. ¿Cuál es la fórmula?

El último año, la principal debilidad de la industria química en Colombia fue más evidente que nunca: su dependencia de las materias primas importadas. Esta característica confirmó sus riesgos con la escalada mundial en los precios del petróleo y del gas natural (que afecta los de los insumos), la cual no pudo ser suficientemente contrarrestada por la revaluación del peso frente al dólar y subió los costos para el sector -en dólares- hasta en 50%.

A pesar de que el aumento se trasladó en gran parte al cliente, no afectó la demanda y la industria local tuvo un buen año al crecer sus ventas por encima del 13% en promedio. Las razones fueron varias. De hecho, los precios subieron en todo el mundo, así que eso no se tradujo en desventajas competitivas para nadie sino que, por el contrario, permitió que con volúmenes similares los industriales aumentaran sus ingresos en el país, apalancados en la reactivación de la economía colombiana y el consecuente crecimiento de sectores demandantes de productos químicos, como textiles, construcción y alimentos, entre otros. El auge de la economía china también presionó los precios internacionales hacia arriba pues generó escasez de producto.

Y adicionalmente, en contraste con la globalización, el país mantuvo intactas sus tradicionales barreras de entrada: exigentes controles policiales y tramitomanía, por la lucha contra actividades ilícitas -intensivas en productos químicos- como el narcotráfico y el terrorismo. Sin duda, el colombiano es un mercado con muchas particularidades y en este negocio, dominarlas se convierte en una ventaja competitiva.

Pero el sector está consciente de lo coyunturales y exógenos que son hoy los factores a favor y en contra de su industria, así que desde hace un buen tiempo y en medio del permanente 'fogueo internacional' que enfrentan compañías nacionales y multinacionales por el competido mercado interno, le apuesta a la calidad tanto del producto como del servicio para diferenciarse y crecer de manera sostenible.

Así, las empresas colombianas han tomado conciencia de la importancia de ajustarse a estándares internacionales de calidad -certificaciones de procesos, productos y medioambientales, entre otros-, lo cual les ha permitido acumular prestigio en la región, contrarrestar la tendencia del mercado a reducir márgenes y ajustarse en consecuencia, anticipadamente, a los requerimientos que llegarán con los tratados de libre comercio.

De esta manera, los principales productores nacionales de químicos buscan ganar competitividad al especializar producción y aumentar volúmenes de venta, mediante la conquista de más mercados internacionales. "Hemos sorteado los factores adversos, gracias a los aumentos de capacidad de nuestras dos plantas de cerca del 50% de la producción; nuestros planes de mejoramiento continuado, que nos han llevado a hacer inversiones marginales para ser más competitivos; la búsqueda permanente de eficiencias, y una vocación exportadora de toda la vida", asegura Jaime Darío Colmenares, gerente de Sucromiles.



Mezcla de oportunidades

La convivencia de la industria química local con empresas multinacionales del más alto nivel, tanto en capacidad comercial como de innovación, ha sido el mejor catalizador para desarrollar el sector y ponerlo a tono con los retos que traerá el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC) y muchos otros por venir. No en vano, Colombia tiene jugadores fuertes -que compiten de igual a igual- en agroquímica, química básica y hasta química polimérica.

"Frente a un tema como el TLC, pienso que el sector ya no puede desprotegerse más. Está completamente abierto. Por eso, nuestras expectativas van más por el lado de que se revierta la tendencia de la tasa de cambio, mejore la infraestructura vial y de puertos del país, baje el costo de los fletes y sepamos aprovechar la excelente mano de obra local que tenemos", comenta Héctor Alvear, gerente de Química Básica.

En general, hay un ambiente de optimismo en el sector y sus subsectores, con respecto a las oportunidades de internacionalización que llegan ahora. En cosméticos y productos de aseo, por ejemplo, la reciente crisis económica del país disminuyó los espacios de producción que ya había ganado Colombia, pero no los de venta. La industria en el país encontró entonces el camino en los negocios de nicho y desarrolló mucho los canales de venta directa y venta multinivel, al conformar verdaderos ejércitos de distribuidores que de esa manera lograron combatir el creciente flagelo del desempleo (Ebel, Yanbal, Amway, etc.).

"A pesar del retiro en el pasado de algunas plantas, la producción en el país creció 12,4% el último año y las ventas se mantuvieron con un ligero incremento de 2,1%. De cara al futuro, Colombia tiene oportunidades por su ubicación geográfica, ideal para producción y distribución; la diferenciación que haga mediante la explotación sostenible de su biodiversidad -productos naturales-, y el reciente fenómeno de profesionalización que se ha dado entre empresarios y microempresarios locales", dice Jaime Mauricio Concha, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Cosmética y de Aseo, de la Andi.

Pero hay varias amenazas en el sector químico; una de ellas, las bajas economías de escala. No en vano, sectores como cosméticos -donde participan más de 300 pyme- trabajan en proyectos de asociatividad. Otro problema potencial del sector son las exigentes disposiciones medioambientales que tarde o temprano impondrán los mercados desarrollados a los productos químicos locales. Por eso, un subsector como el de agroquímicos, mediante las empresas reunidas en la Cámara de la Industria para la Protección de Cultivos, de la Andi (CIPC), invirtió $7.408 millones en actividades medioambientales y de capacitación de la cadena productiva para el sector agrícola, en 2004.

La tendencia en la industria química apunta hacia las alianzas y probables fusiones que garanticen mayores eficiencias a las compañías y una mayor posibilidad de acceso a los mercados internacionales, pero siempre bajo criterios globales de búsqueda de excelencia. Mejor dicho, la fórmula es hacer pocas cosas, muy específicas pero con calidad de talla mundial.
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