| 10/30/2005 12:00:00 AM

Qué trae el '06'

El crecimiento global mostrará una baja moderada. Las variables cruciales son el crecimiento de E.U. y China, el precio del petróleo y el ajuste ordenado de los déficits fiscal y comercial de E.U. América Latina tendrá un buen año.

El momento actual de la economía mundial es enigmático. Por una parte, se trata de una época de calma y buenos resultados en los indicadores. Aunque la economía global se desaceleró un poco frente a 2004, el FMI espera un crecimiento de 4,3% tanto para este año como para 2006. Hay liquidez abundante y reinan el optimismo y la confianza.

Al mismo tiempo, es una época de incertidumbre. Los hechos han demostrado que la economía no está funcionando de acuerdo con las reglas del pasado y hay que revaluar las teorías sobre algunos temas críticos. Relaciones de causa a efecto que hasta hace poco habrían sido consideradas como verdades inmutables, parecen haber perdido efecto. El precio del petróleo aumentó en más de 50% desde junio de 2004, pero esto no se ha reflejado en un aumento de la inflación global. En Estados Unidos, la Reserva Federal ha aumentado la tasa de interés de corto plazo que cobra a los bancos por sus créditos en 6 oportunidades este año, pero no ha ocurrido un aumento de las tasas de largo plazo. La estructura misma de la economía está cambiando y todavía no se entiende con claridad qué implica esto. Como dijo hace poco Alan Greenspan, presidente saliente de la Reserva Federal, lo que tenemos que aprender a predecir ahora no son simplemente los cambios en las variables, sino los "cambios en la estructura de la economía mundial. y estos solo pueden ser descritos en términos de probabilidades". Traducción: los riesgos que rodean el manejo macroeconómico son poco comprendidos y pueden tener implicaciones muy grandes, si la percepción sobre el comportamiento de la economía mundial pasa de positiva a negativa.

La inflación dejó de reaccionar como lo hacía en el pasado, debido al ascenso exportador de China (con sus bajos precios) y al sostenido incremento de la productividad. Al mismo tiempo, la abundancia de ahorro y utilidades empresariales ha generado una extraordinaria liquidez. Esta liquidez recorre el mundo buscando oportunidades para invertir, y los precios de los activos, desde las acciones hasta la finca raíz, pasan por una bonanza. En este último frente, en particular, las bajas tasas de interés han permitido a los consumidores en Estados Unidos refinanciar sus viviendas y utilizar este dinero para incrementar su consumo. Si los precios de la vivienda bajaran, la demanda general en Estados Unidos podría frenarse y esto afectaría la economía mundial.

La implicación práctica para los empresarios es que en el corto plazo el escenario básico es positivo, pero es indispensable mantenerse alerta y vigilantes sobre los comportamientos de variables como los precios de la vivienda y la inflación en Estados Unidos. Si ellas comienzan a moverse hacia el polo negativo, el manejo económico en ese país podría cambiar sustancialmente, con efectos muy importantes para el resto del mundo.

El lado positivo El año 2005 dejará un buen recuerdo, con crecimientos cercanos a 4,3% generados por el impulso sostenido de Estados Unidos y China, la mejora en los balances de las empresas, la alta liquidez disponible y las tasas de interés bajas.

El FMI pronostica que la producción de Estados Unidos crecerá 3,25% en 2006, un cuarto de punto menos que en 2005, pero la considera como una baja moderada, si se tiene en cuenta que ese país está absorbiendo los efectos de los precios elevados del petróleo y de los huracanes Katrina y Rita. Su crecimiento se sustentará en el consumo privado, que se apoyará en la mejora del empleo y de la riqueza inmobiliaria. Incluso si el consumo se modera en 2006, debido a los altos precios del petróleo, el empuje vendría de las empresas, "donde se siguen registrando utilidades y flujos de caja sin precedentes, gracias al vigoroso aumento de la productividad", señala Anoop Singh, director para el Hemisferio Occidental del FMI.

La incertidumbre nace en que la administración Bush decida adoptar una política fiscal más estricta de lo previsto. Los compromisos de gasto para la reconstrucción por los huracanes evidenciaron la necesidad de aumentar la disciplina en el gasto, para cumplir la meta de bajar el déficit a 2% del PIB en 2009, la mitad del actual. Podrían venir apretones en ese frente.

China crecerá entre 8,5% y 9% en 2006, por el enorme aumento en la exportación de manufacturas. Se espera que el superávit en la cuenta corriente esté por encima del 6% en 2006. Los excedentes de China son un factor fundamental para financiar el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, ya que gracias a la compra de bonos del Tesoro estadounidense por parte de China y otros países asiáticos el dólar no se ha devaluado aún más y las autoridades monetarias no se han visto en la necesidad de aumentar más los intereses.

En cambio, el crecimiento en la zona euro será de 2% en 2006 (aunque mejor que el 1,9% de 2005). Por su lado, la economía de Japón crecerá 2% en 2006, impulsada por la demanda privada interna, más que por las exportaciones.

Este año, la inflación estuvo bajo control en los principales países industriales, aunque hay temor por lo que pueda ocurrir en 2006, porque los aumentos en los precios del petróleo se reflejan en un rezago en la inflación.

Además hay que cuidarse de una burbuja en el precio de los activos. "Conviene vigilar de cerca el precio de los activos -en especial la vivienda-, ya que las bajas tasas de interés pueden estar causando un aumento del valor de los bienes inmuebles a niveles que van más allá de lo que indican los parámetros fundamentales a mediano plazo", sostiene Singh.

Por último, la coyuntura financiera sigue siendo propicia para el crecimiento global. La contracción monetaria en Estados Unidos, que comenzó hace un año, todavía no ha hecho subir las tasas de interés de largo plazo. De hecho, el diferencial entre los intereses de corto y largo plazo es prácticamente inexistente.

Singh le atribuye el fenómeno al ahorro en los países petroleros, a las utilidades de las empresas en los países industriales y la inversión privada no destinada a vivienda.

Los bajos intereses mantienen el incentivo para buscar mejores rendimientos, con lo que los mercados de valores pueden conservar su dinamismo.

Riesgos globales La combinación de buen crecimiento con bajas tasas de inflación y de interés es difícil de mantener, debido a los graves desequilibrios que están presentes en el escenario. El más importante de ellos es el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos, que en diciembre de 2005 será equivalente al 6% del PIB.

El déficit comercial se generó por la demanda de bienes importados y el precio del petróleo lo reforzó. Para corregirlo ordenadamente, se debería montar un esquema coordinado entre los países industrializados.

Hay que reducir el déficit fiscal en Estados Unidos, para mantener tasas de interés bajas y reducir la demanda de importaciones. Para compensar este efecto, hay que recuperar la demanda interna en Japón y la zona euro, y promover reformas estructurales en Asia, que incluyan una mayor flexibilidad cambiaria, para evitar la inundación de bienes chinos en Occidente.

Si el precio del petróleo afecta la inflación en Estados Unidos y las tasas de interés de largo plazo suben, será evidente la necesidad de un ajuste internacional de este estilo. Pero cuando estos cambios sean evidentes, puede ser demasiado tarde para un ajuste gradual. Un ajuste desordenado produciría volatilidad en las tasas de interés, en los tipos de cambio y en los precios de los activos, que afectarían a todos los países.

Así, el comportamiento de los precios del petróleo y su impacto económico son la gran incógnita. Los futuros sobre petróleo indican que los precios altos se mantendrán. Algunos analistas hablan de que los precios del crudo seguirán elevados por lo menos 10 años más.

Las bajas tasas de interés de largo plazo en Estados Unidos han producido una fuerte reducción de los diferenciales en las primas de riesgo entre países. Como resultado hay un flujo de recursos baratos hacia los países emergentes. Si las tasas en Estados Unidos subieran, habría una sequía en el acceso a los capitales internacionales para estos países. La liquidez se restringiría si se presenta un evento financiero grave, como la quiebra de algunos de los fondos de inversión que operan con endeudamiento elevado. Por último, el crecimiento global se frenaría por la ola de proteccionismo entre los países.

Recuperación latina El crecimiento de América Latina bordeará el 3,75%, un cuarto de punto menos que en 2005. Con todo, esta vez la recuperación de la región parece más sólida que en ocasiones anteriores, particularmente porque los países redujeron su endeudamiento con ajustes estructurales a su posición fiscal.

Además, se consolidarán algunos cambios importantes en el vecindario. Las corrientes de comercio dependerán mucho más de China y de Asia. Países como Chile, México y Costa Rica, que avanzaron rápido en la conformación de acuerdos con las economías del Pacífico, pueden salir muy beneficiados de esta tendencia. China ya representa el 10% de las exportaciones de Chile.

El precio de las materias primas jugará a favor del crecimiento regional. Ayudaron a la recuperación de la inversión, que en la mayoría de los países bordea el 20% del PIB. Además, mejoró el saldo de las cuentas corrientes. Mientras entre 1991 y 2003, apenas uno de los 10 países de América del Sur tenía un superávit en su cuenta corriente, en 2006 el FMI pronostica que solo cuatro tendrán déficit. El mayor de ellos será el uruguayo (5,3% del PIB) y luego el colombiano (1,5%). En medio de este alentador panorama, se avizoran dos riesgos para la región. Por un lado, está el efecto de una desaceleración abrupta de la economía de Estados Unidos que reduciría el mercado de exportaciones y el precio de los productos básicos y dificultaría el financiamiento externo. Por otro lado, y no menos importante, está la incertidumbre que generan las elecciones presidenciales en 19 países.

Hay otros riesgos que no son fáciles de medir, como los actos de terrorismo o las catástrofes naturales. Sin embargo, dentro de escenarios normales, se espera que el año 2006 para el mundo y para América Latina sea fundamentalmente positivo.
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