| 8/31/1998 12:00:00 AM

¿Qué pasa, Juan Camilo?

Con el cambio en la economía mundial, el ajuste fiscal es más urgente que nunca. El Ministro de Hacienda tiene que meter el acelerador a fondo.

El 21 de agosto, el planeta financiero tembló. En las horas de la mañana de ese viernes, a medida que llegaban los reportes sobre la caída del Dow Jones, de las bolsas de Asia, América Latina y Europa y el peso colombiano se devaluaba hasta rozar el techo de la banda cambiaria, había una sola pregunta en el aire: ¿será que esta vez sí nos tocó?



Los mercados esperan anuncios precisos y contundentes del Ministro de Hacienda.



En los primeros días de la semana del 24, sin embargo, las dudas comenzaron a despejarse favorablemente. El Dow Jones se recuperó, la caída de las bolsas latinoamericanas se frenó y, en nuestro mercado local, la intervención del Banco de la República mantuvo el peso dentro de los límites de la banda. Se había diluido la posibilidad de una corrida cambiaria.



Pero la aparente normalidad no podía ocultar un hecho claro. El sacudón mundial no sólo confirmó que el estado de la economía colombiana es precario. También recortó todavía más el margen de acción a disposición de nuestro gobierno para resolver los problemas sin una crisis mayor de por medio.



En síntesis, la percepción del riesgo en los mercados financieros internacionales respecto a las economías emergentes cambió, en forma rápida y por empeorar. El cambio se vio reflejado de inmediato en los aumentos de los spreads de los bonos de deuda de estos países con respecto a los bonos del Tesoro de Estados Unidos. El resultado es inapelable: conseguir recursos internacionales va a ser mucho más costoso a partir de ahora. Colombia, que soporta un déficit fiscal de casi 5% y un déficit en cuenta corriente de más del 6% del PIB por financiar, tiene que entender que, para sobrevivir en las nuevas circunstancias, el ajuste no sólo tendrá que ser más rápido sino también más profundo que lo previsto inicialmente. Si el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, no reconoce esta realidad, podría verse en medio de una situación mucho más grave (y mucho más rápidamente) de lo que se había previsto hasta ahora.



La ola que recorrió el mundo




El efecto dominó que afectó a Latinoamérica venía gestándose desde hacía varios meses. Por un lado, la percepción sobre los efectos de la crisis asiática se ha hecho cada vez más pesimista. Al comienzo de 1998 se esperaba que la recuperación de las economías asiáticas arrancaría en el segundo semestre, pero ahora es claro que la crisis podría extenderse varios meses más.



El sacudón financiero internacional redujo el tiempo y el espacio que tenemos para hacer el ajuste.



De otra parte, la devaluación reciente del rublo en Rusia tuvo un fuerte efecto sobre la forma como se evalúa a América Latina, pues se ha cuestionado fuertemente la eficacia que puede tener el Fondo Monetario Internacional como muro de contención de una crisis internacional. La devaluación del rublo se produjo días después de que el FMI aprobó un paquete de rescate para ese país por US$23.000 millones.



Brasil pasó a ser visto por los inversionistas internacionales como un país grande de características parecidas a las de Rusia, en especial en cuanto al tamaño del déficit fiscal, la estructura de la deuda y al manejo cambiario. El viernes 21 de agosto la salida de capitales en Brasil fue de US$2.800 millones, un nivel históricamente alto para un solo día. La turbulencia contagió a las bolsas de Argentina y México.



Por otro lado, Venezuela es uno de los países más afectados por la crisis de Asia, debido a su gran dependencia de los ingresos de las exportaciones del petróleo, cuyo precio ha caído verticalmente en este año. La baja de los precios internacionales del crudo en el último año ha llevado al deterioro de la economía y la evolución reciente sólo ha empeorado la situación. La devaluación masiva del bolívar es vista hoy como algo inevitable.



Objetivamente, el deterioro de Venezuela nos afecta, pues es el destino del 18% de nuestras exportaciones, en un momento en que nuestra balanza de pagos muestra un déficit creciente. Pero además, el "efecto contagio" ­el hecho de que los inversionistas internacionales nos vean asociados al destino de Venezuela­ nos afectó profundamente. Las bolsas colombianas cayeron más que las del resto de América Latina.



Con esta crisis internacional, terminó oficialmente la era de la financiación barata para países emergentes.



La implicación es irreversible: han terminado oficialmente los días de la financiación internacional abundante y barata. En el pasado, gracias a su excelente calificación en los mercados financieros internacionales (grado de inversión), Colombia pudo conseguir durante varios años recursos a un costo irrisorio, apenas 150 puntos básicos (un punto porcentual se descompone en 100 puntos básicos) por encima de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Esto implicaba tasas en dólares entre 6% y 7% al año. Llegamos a creer en la ilusión de que cualquier déficit era financiable.



Pero las cosas han cambiado. Aunque no hemos perdido aún nuestra calificación de riesgo, el spread ha aumentado a 700 puntos, con lo cual nuestros bonos tendrían que pagar 12% en dólares para poder colocarse. Es un mundo financiero completamente diferente al que enfrentábamos hace apenas un año.



¿En qué anda Juan Camilo?



En vista de estos acontecimientos, el ritmo al que está avanzando el tan anunciado ajuste fiscal resulta a todas luces insuficiente. Desde su posesión, el ministro de Hacienda anunció que recortaría el gasto de 1998 en $1 billón. Sin embargo, después de mirar los números anunció que recortaría $875.000 millones del presupuesto de 1998, lo cual en términos de pagos efectivos se limita a reducir unos $300.000 millones, con ello el déficit fiscal del gobierno central al finalizar 1998 será de 4,8%. En suma: para este año no se está haciendo prácticamente nada.



Pero no es posible financiar ese hueco sin causarle un fuerte traumatismo a la economía. El gobierno aún tiene que captar TES por $1,9 billones en el mercado interno, lo cual inevitablemente presionará las tasas de interés al alza. Captaciones de TES como las de comienzos de agosto, a 31%, están lejos de repetirse. Y el endeudamiento externo se ha vuelto demasiado costoso.



La devaluación de Venezuela es inevitable y su crisis entra en una nueva fase. Su "efecto contagio" toca a Colombia.



Para 1999, las cifras del Consejo de Política Fiscal (Confis) prevén un déficit del gobierno central de 4,63%, el cual tendría que ser financiado en buena parte con recursos externos ­US$2.800 millones en bonos y US$630 millones en crédito tradicional­ y privatizaciones, pues no hay espacio en el mercado interno, que estará prácticamente copado por las captaciones de TES que deben dirigirse a amortizaciones en el año. De los $7,4 billones que se tiene previsto captar en TES en 1999, $6,5 billones deben ser amortizados en el año.



Una primera conclusión salta a la vista: incluso sin tener en cuenta las razones de mediano plazo, dado el cambio en las condiciones de los mercados externos, el déficit fiscal debería reducirse, como mínimo, en un monto equivalente al que se aspiraba a financiar con recursos del exterior.



Qué podemos esperar



El país está esperando que el Ministro de Hacienda anuncie de una vez por todas cómo va a hacer el ajuste fiscal. Si el ministro Juan Camilo Restrepo hace caso omiso de la nueva realidad internacional e insiste en el recorte del gasto de menos de 2 puntos del PIB para 1999, que a todas luces es insuficiente dadas las nuevas limitaciones, la incertidumbre aumentará y con ella la presión sobre el dólar. Las tasas de interés, que ya son empujadas al alza por los TES, subirán más, por cuenta de la defensa de la banda cambiaria a cargo del Emisor.



En este escenario, surgen dos preguntas centrales: ¿cuánto tiempo más puede aguantar el país con tasas de interés altas? y ¿qué tan posible es una crisis cambiaria?



La respuesta a la primera pregunta es fácil: no mucho. El sector financiero ya presenta problemas graves, que podrían, si el período de altas tasas de interés se prolonga, terminar incluso en una crisis financiera.



En cuanto a la evolución cambiaria, la crisis ocurriría casi automáticamente en el evento de una crisis financiera. Ahora bien, si logramos evitar ésta, la verdad es que la probabilidad de que un ataque especulativo reviente la banda es baja. El mercado cambiario en Colombia es muy pequeño y, dada la contracción monetaria reciente, es fácilmente controlado por el Banco de la República. Va llegando entonces el momento para poder transitar hacia una política cambiaria activa que permita reversar la revaluación sin incurrir en riesgos inflacionarios o financieros.



Hay que actuar



El Presidente Pastrana está dispuesto a hacer lo que sea necesario para ordenar la economía y el equipo económico encabezado por el Ministro deberá jugarse plenamente para lograrlo. Es necesario acelerar la toma de decisiones, pues el tiempo y el espacio para actuar se están acortando. Hay que anunciarles al país y a la comunidad internacional de manera precisa y consistente la magnitud de los ajustes y la manera como éstos se van a llevar a cabo.



A pesar de todo lo que se ha dicho sobre la imposibilidad de hacer un ajuste rápido, hay muchos frentes en los cuales es posible actuar. Las medidas que se adopten en este frente deben incluir reducciones de gasto, pero también aumentos de ingresos.



* El país no está para construir metros ni en Bogotá ni en Cali en las actuales condiciones fiscales y con la urgencia de orientar los escasos recursos hacia el soporte de la competitividad internacional y la lucha contra la pobreza.



* Hay que ajustar el presupuesto de 1999 que el anterior gobieno presentó al Congreso. Las metas de aumento de gastos de funcionamiento al 14% son imposibles de financiar, así como los compromisos y la estructura de la inversión.



* Los recursos del Fondo Nacional de Regalías, que representan el 25% del total de las regalías y hoy se distribuyen sin ninguna lógica, podrían financiar proyectos nacionales prioritarios. Estos recursos podrían ser del orden de los $350.000 millones.



* Se debe acabar, sin dilaciones, con los fondos de cofinanciación. Estos recursos fácilmente valen entre $800.000 millones y $1 billón.



* También hay que actuar por el lado de los ingresos. Hay tres grandes candidatos, entre los cuales se podrían recaudar recursos por 2 puntos del PIB. El primero es elevar el precio de la gasolina. El segundo es impulsar a las localidades para que aumenten su recaudo de impuesto predial para que dependan menos de los recursos de la Nación. El tercero es no insistir mucho en la reducción del IVA para 1999, antes de asegurar la recuperación de los ingresos.



* En ningún caso se debería pretender elevar los recaudos con una sobretasa a las importaciones. Esto lastimaría aún más la imagen de Colombia en el exterior y haría más distante cualquier posibilidad de retornar a un acceso normal a los mercados.



Hace un año, el spread de los bonos colombianos era de 150 puntos básicos. Hoy es de 700.



Las decisiones cambiarias no pueden ocurrir si no se hace el ajuste fiscal: para nada serviría la devaluación nominal de la moneda. Una vez que el país tenga las decisiones claras e irreversibles sobre el ajuste fiscal del tamaño que necesita para generar confianza en los inversionistas, sería prudente acompañarlo con una devaluación real de la tasa de cambio que fortalezca la competitividad de la economía. Al estimular las exportaciones, minimizaría los efectos sobre la actividad económica y el empleo.



Aparte de ganas, la corrección del desajuste requiere que el Congreso apruebe una serie de reformas a la Ley. Este es precisamente el paquete que el país está esperando y del cual dependen las expectativas futuras. Dada la importancia del tema, una vez presentado el paquete legislativo al Congreso, el ministro no puede darse el lujo de esperar si aquél prefiere tomarse un tiempo indefinido para resolver qué va a hacer. El paquete de medidas debe ser acompañado por un mensaje de urgencia al Congreso por parte del Presidente Pastrana. Si el Congreso no coopera con la solicitud de proceder con urgencia, el gobierno podría declarar una emergencia económica.



Los mercados internacionales han perdido la paciencia con los países emergentes. La orden para los fondos extranjeros y las multinacionales es pasarse a dólares y buscar resguardo en Estados Unidos. Para las economías frágiles será difícil resistir esta nueva corriente.



Para terminar, la experiencia reciente en los mercados financieros del exterior le deja al país la enseñanza de que no puede depender de una sola fuente de financiación. La colocación de bonos fue buena para el país cuando la economía internacional se encontraba sólida. Una vez esto cambió, los mercados de capitales se voltearon y el acceso se volvió costoso. Tendremos que volver a tocar las puertas de los bancos multilaterales para financiar los proyectos y programas más importantes. Pero sobre todo, Colombia debe trabajar por aumentar dramáticamente los esfuerzos públicos y privados de ahorro interno, que servirían de base para la profundización del sector financiero. La tarea es larga y dura. No más dilaciones. Comencemos cuanto antes.
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