Que los dejen trabajar

| 10/13/2000 12:00:00 AM

Que los dejen trabajar

Aquí sobran las ganas y las iniciativas de hacer empresa. Pero, por la regulación, Colombia es uno de los países donde es más difícil crear empresa en el mundo.

Juan Pablo Londoño, con 35 años, es el típico emprendedor colombiano. A los 26 años estaba formando un pequeño imperio empresarial de los computadores: obtuvo la primera licencia de distribución de Microsoft en Colombia. Cuando la empresa se fue a pique, decidió entrar en el mundo corporativo, pero siempre sintió que le estaban fijando los límites. Pasó por varios cargos con su espíritu de vendedor, como un típico ejecutivo del mercadeo. "Estuve en Carvajal, Cablenet, Infosel de México y Hewlett Packard y mi último cargo fue como gerente comercial del canal de Bogotá Citytv. Siempre encontré que en una empresa tradicional colombiana un emprendedor no puede brillar. Demasiadas instancias, juntas, conservadurismo y propensión a dejar como está lo que funciona".





Esta frustración hace un año lo llevó a decidir ponerle punto final a la carrera de empleado. "Vendí todo y decidí convertir el sueño en realidad". Juan Pablo está lanzando una empresa que pretende ser una verdadera innovación para masificar el acceso a internet en América Latina. I-kioskos es el nuevo emprendimiento, que con el plan de negocios en mano ya consiguió US$1 millón, firmó alianzas con NCR e ImpSat, y tiene oficinas en Miami, México y Colombia. Todo ello en el momento más difícil de la nueva e-conomía. Cuando el capital es escéptico sobre el futuro de las nuevas empresas de internet (ver recuadro) Juan Pablo respira ganas de hacer empresa. Su ímpetu y poder de convencimiento de buen vendedor son contagiosos.



Como él hay cientos, miles de emprendedores en el país que a pesar de las complejas trabas, regulaciones y otros obstáculos que hacen de Colombia uno de los países del mundo donde es más difícil hacer empresa, están convencidos de que pueden salir victoriosos y cumplir sus sueños de ser independientes y plasmar sus ideas en un negocio.



Lo único seguro es que las ganas no faltan. Una encuesta realizada por Invamer Gallup en mayo de este año muestra que el 20% de los jóvenes entre 12 y 25 años quiere ser empresario, una cifra muy diciente si se considera que este porcentaje es cuatro veces más alto del que se registró en 1991. Otro 35% dice que aspira a independizarse y solo un 23% quiere se empleado, cuando diez años atrás el 35% aspiraba al empleo "seguro". Eso demuestra el espíritu emprendedor creciente de las nuevas generaciones.



Otro ejemplo contundente de estas ganas de hacer empresa son los resultados de la primera competencia de planes de negocio liderada por Dinero (www.ventures2000.net). Al cierre de las inscripciones se presentaron 750 resúmenes ejecutivos para igual número de propuestas empresariales. La mayoría de las propuestas fueron presentadas por jóvenes profesionales entre los 20 y los 35 años de las principales regiones. La respuesta fue superior a la que tuvieron concursos similares impulsados por McKinsey & Co, socio del proyecto, en Argentina y España.



Los contrastes



A pesar del ímpetu y la creatividad que demuestran estos resultados, la cruda realidad es que cuando los emprendedores quieren llevar a la práctica sus ideas se tropiezan con una maraña de trámites que solo es superada por las dificultades para conseguir financiación.



Y para ilustrar esta realidad, también hay estadísticas. En los últimos años, la densidad empresarial ha disminuido de manera dramática: de 900 empresas nuevas por cada millón de habitantes en 1997, se pasó a solo 600 en el 99. ¿La razón? Sin duda, la crisis económica de los últimos dos años ha hecho desaparecer un buen número de iniciativas. Pero no es la única responsable. La realidad es que Colombia aparece en los rankings mundiales como uno de los países donde es más difícil crear empresa y sostenerla.



Ante los trámites y las dificultades hay personas como Juan Pablo Londoño de I-kioskos, que pueden adoptar un camino seguro: contratar el mejor bufete de abogados para que se encargue de todos los documentos legales como acuerdos con inversionistas y otros trámites para instalarse en Estados Unidos y México. También contrató con PricewaterhouseCoopers todos los trámites concernientes al inicio de operaciones en cada país, entre otras actividades.



Otros deciden tomar ese "toro por los cachos" y afrontar directamente las dificultades, que no discriminan ni siquiera a un ex ministro de Comercio Exterior, como lo pudo comprobar Carlos Ronderos, quien ahora es un empresario del ensamblaje de vehículos. Ronderos ha tenido que hacer paso a paso los trámites para lograr la fabricación de un vehículo utilitario en la zona de Ley Páez. El proyecto empezó en enero del 99 y solo hasta octubre del 2000 pudo fabricar el primer carro. "Tuve que hacer trámites ante cuatro ministerios, la Dian, las corporaciones regionales. He tenido que manejar los más insólitos casos de regulación que alguien se pueda imaginar" (ver recuadro).



El otro problema de las empresas que se crean en Colombia es la falta de innovación. El último análisis de competitividad (el Reporte Global de Competitividad) trae una interesante innovación: el índice de creatividad económica que se construye con dos grandes categorías: la innovación y la transferencia de tecnología y el índice de start ups o de creación de nuevas empresas.



¿Los resultados? Colombia ocupa los últimos lugares en todas esas categorías y en creatividad económica el país está en el puesto 56 entre 58 países, liderados por Estados Unidos, Finlandia y Singapur.



A pesar de las regulaciones



¿Por qué en un país como Estados Unidos los start ups fluyen de manera profusa de las universidades y de las mismas empresas tradicionales y en Colombia es tan complejo salir adelante como emprendedor? ¿Cómo creó Estados Unidos en los últimos diez años el boom económico más importante de su historia gracias en parte a las empresas nuevas que se han convertido en poderosos gigantes como Cisco Systems, Amazon.com y Yahoo!? ¿Por qué en Colombia no se dan estos procesos de empresas nuevas y muy valiosas?



Parte de la explicación radica en los factores que sustentan el índice de start ups: la facilidad para lograr que una nueva empresa arranque, el acceso al capital para ese nuevo proyecto y la desigualdad de ingreso y educación de un país como Colombia.



Vamos por partes. La regulación y la tramitomanía para que una empresa arranque en Colombia son totalmente absurdas. Una persona que decida convertirse en emprendedor con una nueva iniciativa se mete en un laberinto casi sin salida de complejos y onerosos trámites. Sobre el tema ya hay estudios profundos y el mejor fue finalizado recientemente bajo la coordinación del profesor de Harvard Florencio López de Silanes. ¿La conclusión? Colombia ocupa el puesto 73 entre un ranking de 75 países. Las dificultades para iniciar empresa están expresadas en 17 trámites que toman 55 días y el costo de hacerlos es equivalente al 12% del ingreso per cápita de los colombianos. Estos resultados contrastan con países como Canadá (el líder del ranking), donde una empresa se puede iniciar con solo dos trámites y en un tiempo récord de dos días. Para efectos prácticos, toda empresa de más de 25 personas debe tener un trabajador dedicado a manejar trámites y relaciones con el Estado.



¿Dónde está el capital?



Jorge Armando Vidal es un creador de empresas por excelencia. Hace diez años dejó su trabajo en la multinacional Hoescht para crear Ingeniería Médico Clínica, una empresa especializada en servicios de posventa para equipo médico, la cual vendió en octubre del año pasado para comprar Industria Poductora de Alimentos, con la marca Congelados Bechara, un negocio que produce y comercializa pasabocas congelados. Si bien Vidal es un convencido de que para crear empresa lo único que se requiere es "tener una idea clara, tomar decisiones y asumir riesgos", reconoce que lo más difícil es obtener financiación.



Las empresas que ha logrado montar han nacido gracias a sus ahorros y a que ha conseguido socios que lo acompañen en su emprendimiento, porque las entidades financieras son reacias a comprometer sus recursos en las nuevas empresas. "Entonces uno tiene que someterse a manejar un sobregiro, a utilizar un crédito rotativo y a trabajar y portarse bien con las entidades financieras para que de premio le otorguen un crédito", explica. "Las empresas se enfrentan a una permanente debilidad en el capital de trabajo para funcionar", puntualiza.



Otros, como Juan Pablo Londoño, acuden en primera instancia a la familia. "Cuando llevé la idea a la familia, que me ha visto crecer profesionalmente y también caer, dijeron: mejor quédate tranquilo en tu puesto", recuerda Londoño. Gracias a que no lo hizo y a que salió al exterior a conseguir el capital que su familia y sus amigos no podían prestarle, logró inaugurar a principios de octubre sus primeros kioskos de internet en Bogotá.



Pero no todos tienen la suerte de Juan Pablo, cuya ventaja es estar en el negocio de la nueva e-conomía que todavía es atractivo para los fondos de capital de riesgo. La mayoría debe bandearse con los recursos familiares, con los ahorros de toda la vida y con todo tipo de maromas financieras para poder sostener la empresa en sus primeros años de vida.



Las conclusiones del Reporte Global de Competitividad son muy dicientes para el índice de start ups: Colombia está en el puesto 54 entre los 58 países estudiados, apenas por encima de los países de la región andina. Y las razones primordiales, además de la regulación, que explican el puesto de coleros son la falta de capital de riesgo y el poco acceso al crédito para nuevas empresas.



De hecho, cuando una empresa apenas inicia, su primera dificultad será abrir una cuenta corriente. Sin historia o recomendaciones, ese nuevo start up no podrá tener chequera y mucho menos un crédito del banco. De acuerdo con una encuesta realizada en 1997 por la Fundación Corona y el Departamento Nacional de Planeación, el 72% de las microempresas en Colombia se inician con capital propio del emprendedor, de sus familiares y amigos. Solo el 5% logra recursos del sistema financiero. Y hoy, en medio de una profunda crisis financiera, los bancos escasamente les prestan a las empresas triple A.



Esta no es una tendencia diferente a la del resto del mundo, donde las empresas casi siempre se inician con capitales familiares. La diferencia es que una vez arrancan tampoco tienen acceso a fuentes de crédito del sistema financiero. Solo el 15% de las empresas en operación accedieron a crédito del sistema financiero. El resto se financió con recursos propios o acudió al mercado informal de crédito.



Lo que realmente está ausente en Colombia es el capital de riesgo. El país no ha desarrollado ni una cultura ni una regulación adecuada que permita el surgimiento de los fondos de capital que les apuestan a las nuevas ideas empresariales y esperan retornos muy altos, pero a mediano y largo plazo. Las experiencias de capital de riesgo no han sido muy afortunadas en el pasado. El Instituto de Fomento Industrial (IFI) participó en la creación de empresas, pero la forma de manejar los proyectos y seleccionar sus beneficiarios no fue la óptima. Las corporaciones financieras se crearon para que participaran en aventuras empresariales, pero al final su impacto no fue muy significativo. En el último año surgieron dos firmas especializadas en inversiones de riesgo en empresas de internet: Mercurius Ventures y Valores Bavaria Internet son las apuestas que hasta ahora están empezando a invertir en nuevos proyectos en Colombia y América Latina. Pero el país debería tener muchas más de estas iniciativas.



Este capital es la mejor salida para las nuevas empresas con gran potencial. En sentido estricto, las firmas nuevas, sobre todo aquellas que se basan en innovaciones tecnológicas o están creando un nuevo mercado con mucho potencial, no pueden financiarse con crédito. Estos proyectos necesitan fuertes inversiones en tecnología y en expansión que no les permiten generar de inmediato flujos de caja que aguanten una deuda. La única fuente viable es el capital de inversionistas especializados que apuntan a por lo menos diez proyectos y esperan que al menos uno sea un éxito para recoger una rentabilidad superior al 40% anual.



Detrás de todos estos factores que bloquean el emprendimiento en Colombia, existe un factor aún más estructural: la desigualdad en el ingreso y en el nivel educativo. El ritmo de crecimiento de las nuevas empresas es inversamente proporcional al grado de desigualdad en los ingresos, lo que seguramente limita la participación de los menos privilegiados.



¿Qué hacer?



La verdadera fuente de crecimiento económico sostenible de los países está en su innovación empresarial. La riqueza es creada en las empresas y, especialmente, en los nuevos productos, nuevos procesos, nuevos sectores y nuevas empresas. Según el Reporte Mundial de Competitividad del 2000, Estados Unidos le puede mostrar hoy al mundo su generoso fondeo de la ciencia, sus estrechos vínculos entre las universidades y las empresas, y su dinámico sistema de venture capital. Las iniciativas de emprendimiento del Silicon Valley de California, pero también de la ruta 186 de Boston o del Triángulo de Investigación de Carolina son sus mejores manifestaciones.



Tanto como los déficit fiscales o sociales, Colombia hoy sufre un enorme déficit de emprendimiento. El país se acostumbró a pensar que todo podría hacerse con 100 empresarios y la mayoría de ellos se ha amilanado con la crisis. Pero existen muchos más potenciales emprendedores. Como el gigante Gulliver, el emprendedor colombiano está amarrado a mil enanitos que representan la tramitomanía y el exceso de regulación, la falta de capital de riesgo, la desconfianza y la desigualdad de oportunidades. Hay que romper las amarras, para que ese gigante se convierta en el impulsor de una verdadera locomotora de crecimiento y bienestar económico.



La regulación en Colombia se ha ido convirtiendo en el principal obstáculo para el emprendimiento. Está resultando demasiado difícil sacar las buenas iniciativas adelante y, mucho más difícil, ponerlas en operación. Y como lo muestra el estudio de Florencio López, mientras más tramitomanía, más corrupción y menos eficiencia. Más que en una mano amiga, las instituciones del Estado se han convertido en una mano hostil al emprendedor. Es necesario hacer un alto en el camino y dar un giro radical.



El país ha dado pasitos. La ley para las PYMES, aprobada en julio, establece descuentos sobre los aportes parafiscales para las nuevas empresas, crea un programa de apoyo para jóvenes emprendedores, le da vida a un fondo por $200.000 millones para la financiación de empresas en los próximos diez años, facilita el acceso de las empresas pequeñas y medianas para contratar con el Estado y desarrolla una serie de incentivos para las microempresas. No obstante, todavía está pendiente la reglamentación. El gobierno ha insistido sucesivamente con decretos de desregulación que se han caído en la Corte.



El país tiene que ser más agresivo para facilitar la creación de empresas. Qué bueno sería que se presentara una ley orgánica de libertad económica que, en materia de trámites, nos ponga a tono con los países más amigables del mundo, y que elimine el 90% de los procedimientos (de 17 a 2 ó 3), reduciendo el 95% del tiempo (de 55 a 2 días) y los costos incurridos en la creación de empresas (del 12% al 0,5% del ingreso). Mientras tanto, el gobierno debería convocar una alianza con las Cámaras de Comercio para hacer del facilitamiento de la creación un gran propósito nacional e impulsar programas de desregulación local, especialmente en el uso del suelo y del ambiente, donde hoy está la mayoría de las dificultades. Y podría acelerar la reglamentación de la ley PYMES que permite descuentos sobre los aportes parafiscales para nuevas empresas, apoya a nuevos emprendedores y crea un fondo de capital de riesgo para empresas rurales. Con una legislación y unas oficinas públicas "agresivamente amigables", el país podría obtener un índice de creatividad económica destacado en el mercado internacional.



El segundo gran campo de acción es el financiero. Allí tiene que fortalecer los instrumentos de mercado para la movilización de fondos y reorientar los espacios de acción pública. El país está clamando por una nueva ley marco de mercado de capitales que permita la movilización directa del ahorro de los hogares e inversionistas hacia las empresas. Una ley que, al tiempo que estimule el emprendimiento, fortalezca los derechos de propiedad para los acreedores externos y los pequeños accionistas. Una ley que resulte consistente con la orientación de todos los estímulos tributarios hacia el ahorro y la inversión por los primeros tres años. ¿Qué tendría de malo eximir de impuestos a toda nueva empresa incubada? Particular atención debe prestarse al estímulo de la industria de capital de riesgo. No tiene sentido que mientras en Argentina se han generado más de 20 fondos de capital de riesgo y en Brasil más de 50, en Colombia apenas vislumbremos el comienzo de Mercurius Ventures y Valores Bavaria Internet. El país tiene que ser ambicioso en el desarrollo de este mercado. Los fondos deben tener estructuras legales adecuadas, administración profesional y vigilancia eficiente, brindar protección para los pequeños inversionistas y recibir recursos de los principales inversionistas institucionales como las aseguradoras, los bancos, las grandes empresas y los fondos de pensiones.



Al tiempo que acelera la desaparición de la banca pública de primer piso, el país debe fortalecer la movilización de recursos de la banca de segundo piso hacia nuevos emprendimientos. No tiene sentido que la mayoría de recursos del IFI siga capturado por la refinanciación de las grandes, viejas y poderosas empresas. Las iniciativas que Bancoldex ha comenzado a desarrollar tienen que concretarse y expandirse. Estos fondos tienen que romper la inercia del sistema financiero de prestar sus recursos a quienes, por sus garantías, menos lo necesitan.



Finalmente, para abrir el camino a las nuevas empresas queda faltando un solo elemento: la educación para el emprendimiento. Es sorprendente recordar que no más hace dos décadas, en 1978, el 74% de los empleadores del país tenían educación primaria o menos. Hoy el 58% ya alcanza educación secundaria completa y/o universitaria. Así como las fundaciones fueron el principal centro de capacitación para la sobrevivencia de los microempresarios en las últimas dos décadas, con resultados notables, las universidades y las incubadoras de empresas tienen que jugar ese papel para la expansión del ambicioso emprendimiento. Ya que los muchachos no quieren ser burócratas ni asalariados, sino independientes y empresarios, las universidades tendrán que jugar un doble papel: ser los más importantes centros de innovación y adaptación de ideas que nutran el capital de riesgo y orientar a sus muchachos y a todos aquellos que quieran regresar a la universidad para asumir riesgos empresariales. Las experiencias de la EAN, los Andes y el Icesi en la formación de emprendedores tienen que multiplicarse. Cada nueva empresa, por su capacidad creadora, debe ser una gran multinacional en potencia con la posibilidad de cambiar los mercados y las reglas en los negocios; en ese proceso reside la real construcción del capital humano que necesitamos y también la verdadera creación de valor.



Con la mano regulatoria amiga, con capital de riesgo y abundante capital humano emprendedor que le permita crear 50.000 empresas anuales en los próximos cuatro años, el país estará preparado no solo para impulsar un boom económico sostenible, sino para contar con la verdadera locomotora para crear empleo y oportunidades para todos.



Romper los temores



En diciembre de 1999, Juan Pablo Londoño estaba en el café internet del aeropuerto de Bogotá, cuando escuchó a unos europeos que criticaban el sistema. En ese momento nació la idea de tener un café internet más sofisticado, que después de unos meses de maduración dio origen a I-kioskos.



"Pagué todas mis deudas, vendí todo lo que pude y salí a conseguir recursos", recuerda.



¿Qué es I-kioskos? Es un modelo de negocio que le permite al usuario navegar gratis por internet, y a la compañía financiar este servicio con una tarifa que les cobra a las empresas que quieran aparecer en la lista de las pantallas. La idea es masificar el servicio y poner estos centros en aeropuertos, centros comerciales, entidades financieras e, incluso, zonas residenciales. El plan es montar 400 puestos en 3 países de la región.



Para Londoño, los principales obstáculos para crear empresa están en saber romper los temores, en el problema de confianza que afecta a nuestra sociedad y en la escasez de capital que hay en Colombia. "La primera lección que aprendí fue: gástese la plata que sea necesaria en abogados".



Las ganas

El 20% de los jóvenes entre 12 y 25 años quieren ser empresarios, de acuerdo con un estudio de Invamer Gallup.



Los obstáculos

Para iniciar una empresa en Colombia es necesario cumplir 17 trámites, que duran 55 días y tienen un costo equivalente al 12% del ingreso per cápita de los colombianos.



La solución

Expedir una ley orgánica de libertad económica que reduzca la tramitomanía en un 90% y reduzca a 2 ó 3 los requisitos.



Expedir una nueva ley marco de mercado de capitales que permita la movilización directa del ahorro de los hogares e inversionistas hacia las empresas.
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