| 3/1/1995 12:00:00 AM

Preocupaciones infundadas

A pesar de los efectos "tequila" y "vampiro", la economía colombiana sigue sólida en su frente externo, aun a mediano plazo.

A raíz de tal crisis mexicana, de los nubarrones que se ciernen sobre la economía Argentina y de la situación crítica por la que atraviesa Venezuela, muchos analistas empiezan a preocuparse sobre las perspectivas colombianas a mediano plazo. Los pesimistas afirman que la actual situación económica del país se asemeja a una burbuja, que más temprano que tarde estallará, trayendo una drástica devaluación, una destorcida en la propiedad raíz y un desplome del sistema financiero.

Algún economista sostenía que en épocas de prosperidad siempre debemos ser pesimistas porque tarde o temprano llega la época de las vacas flacas. El punto con respecto a Colombia es cuándo llegará ese momento de destorcida. Las proyecciones de DINERO muestran que estamos lejos de darle la razón a los pesimistas.



BALANZA DE PAGOS. DEFICITARIA PERO FINANCIADA



El hecho de que las importaciones superen a las exportaciones, o sea que haya déficit en la balanza comercial, no significa que el país esté al borde del abismo. No hay una conexión directa entre un superávit y un déficit en la balanza comercial y la salud de la economía. Por ejemplo, Estados Unidos tuvo consistentemente un déficit comercial durante

los primeros 100 años de su historia. Japón tuvo esos déficit durante los 20 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Corea del Sur los tuvo durante los años sesenta y setenta. Y lo mismo podría decirse de otros países que están embarcados en senderos de rápido crecimiento.

En el caso colombiano, después de registrar consistentemente superávit comerciales durante la segunda mitad de los años ochenta y hasta 1992, la balanza de pagos registra déficit que, según las proyecciones que aquí se presentan, se extenderán durante el resto de la década, aun contabilizando los mayores ingresos petroleros de Cusiana. Esos déficit oscilarán anualmente entre 1.5% del PIB y 2.5% del PIB en el caso de la balanza comercial y entre 3% del PIB y 4.5% del PIB en el caso de la cuenta corriente de la balanza de pagos (esta última incluye, además de exportaciones e importaciones de bienes, las de servicios más otras transferencias de divisas).

La pregunta del millón es si esos déficit son financiables, sin producir traumatismos, con transferencias de capital del resto del mundo (inversión extranjera, créditos externos o repartición de capitales externos que pertenecen a colombianos). Si esos déficit se financiaran con capitales externos especulativos, los famosos capitales "golondrina" que entran y salen de un país sin previo aviso, o con crédito externo de corto plazo, la situación podría enredarse.

Eso fue lo que sucedió en México donde la dependencia en estos capitales golondrina y de corto plazo era enorme para financiar déficit tres veces los del tamaño de Colombia.

En los años más recientes en Colombia más de la mitad de los déficit se ha financiado con inversión extranjera directa, especialmente en el sector petrolero (Cusiana) y se espera que esta situación se mantenga en los próximos años, no solamente por la inversión petrolera sino también en otros sectores, incluyendo telecomunicaciones, energía eléctrica e infraestructura vial. Otra cuarta parte del déficit externo se ha financiado con crédito externo contratado por el sector privado para financiar sus inversiones y el capital de trabajo. El resto del déficit se ha financiado con repatriación de capitales y recursos provenientes del narcotráfico que no quedan claramente contabilizados en las cuentas de la balanza de pagos.



EL CRUCIAL TEMA DEL ENDEUDAMIENTO EXTERNO



Una de las características interesantes de la evolución del sector externo colombiano en estos últimos años ha sido la disminución de la deuda externa del sector público, la cual alcanzó niveles excesivamente altos durante los años ochenta. En otras palabras, el país se ha dado el lujo de prepagar deuda externa contraída por el gobierno. Dado que simultáneamente sus exportaciones han crecido y que el tamaño de la economía en dólares también ha aumentado, se ha presentado a partir de 1991 una disminución significativa del peso de la deuda externa del sector público.

Es cierto que la deuda externa del sector privado se ha incrementado, especialmente durante 1994, compensativo en parte la disminución relativa de los niveles de endeudamiento de el gobierno. Pero hay que tener en cuenta que el endeudamiento externo privado ha sido tradicionalmente muy bajo En 1991, por ejemplo, del total de la deuda externa del país, solamente el l5'% estaba en cabeza del sector- privado.

En 1994, después de un inusitado aumento en ese año, este porcentaje ascendió al 37%. Pero aun así el sector privado, que constituye tres cuartas partes de la economía colombiana, tiene una tercera parte de la deuda externa total del país.

Ahora bien, se podría afirmar que ese nivel de endeudamiento externo privado mas de US$7000 millones) es un nivel alto para Colombia. Si bien ya no se puede catalogar como un nivel bajo, tampoco se puede decir que sea excesivo. Y la razón fundamental es que el nivel total de la deuda externa colombiana es hoy por hoy reducida, ya Sea que se mida como porcentaje del PIB (3191o en 1995) o que se calcule el servicio de la deuda sobre exportaciones (30% en 1995). Estos niveles son muy bajos en comparación con los de México, Argentina, Brasil y países más desarrollados como España, Italia, Grecia y Bélgica.



LAS TENDENCIAS REVALUACIONISTAS



Lo que importa desde el punto de vista de la tasa de cambio no es el déficit comercial o el de la cuenta corriente de la balanza de pagos sino el resultado final después de incluir los movimientos de capital externo. Si los ingresos netos de capital externo superan estos déficit la presión es hacia una reevaluación del peso.

Las proyecciones de la balanza de pagos indican que efectivamente, en condiciones normales, los déficit que se registrar-,'in en los próximos años serán fácilmente financiables con ingresos de capital externo. En el escenario aquí expuesto a la Junta de el Banco de la República siguiera una política relativamente pasiva en materia de reservas internacionales, las cuales se mantendrían en los cómodos niveles actuales (entre US$8000 millones y US$9000 millones). Esta política supone que el Banco mantendrá su propósito de reducir la inflación a un dígito y que no adquirirá los excedentes de divisas que pudieran presentarse, logrando así que la política monetaria se ajuste a Su ambicioso objetivo anti-inflacionario.

Lo anterior significa que si se presentan excedentes de divisas por ingresos de capital superiores a los previstos, las presiones reevaluacionistas se acentuarían. Ello podría suceder, por ejemplo, si el gobierno se embarca en un ambicioso programa de gasto público financiado, no con impuestos, Sino con crédito externo, ahora que tiene un mayor margen para endeudarse en el exterior. O también, ello podría suceder si continúan incrementándose los ingresos por concepto de narcotráfico. Tales divisas adicionales tendrían que .ser absorbidas por el mercado cambiario, en el consiguiente efecto reevaluacionista

Las proyecciones que aquí se presentan muestran que las tendencias reevaluacionistas del peso continuarán durante los próximos años, a pesar del déficit en el sector externo. Si no se cometen grandes errores cíe manejo macroeconómico do cual parece probable mientras se mantenga la independencia de la junta del Banco de la República), la tasa real de cambio se estabilizaría hacia 1996-97. Pero, de nuevo, ello bajo el supuesto de un manejo relativamente ortodoxo en materia monetaria y de gasto público.



NUBES QUE PUEDEN CONVERTIRSE EN NUBARRÓN



Detrás de las proyecciones de DINERO está implícita una desaceleración del crecimiento económico a niveles promedios cercanos al 4%. Esta tasa de crecimiento es inferior a la registrada durante 1993-94 y no tiene nada que ver con el alegre estimativo del 6% del plan de desarrollo del gobierno Samper.

El problema es que los actuales niveles de ahorro de Colombia no dan para crecer sostenidamente al 6%, sin que ello implique una mayor inflación o un excesivo endeudamiento externo. Si hubiera niveles considerablemente mayores de inversión extranjera podría hablarse de un mayor crecimiento, pero la imagen negativa del país y el tratamiento hostil que el gobierno le viene dando a los inversionistas en un sector estratégico como el de hidrocarburos, hace desechar esta posibilidad.

Si el actual gobierno se empeña en hacer realidad la mitad de sus promesas infinitas de gasto público, puede desequilibrar el manejo macroeconómico con funestas consecuencias a mediano plazo. Paradójicamente, en este escenario, el impacto inicial del mayor gasto público sería una mayor reevaluación del peso. Pero al cabo de unos dos o tres años, con una economía mucho más desequilibrada, se presentaría presiones en favor de una devaluación relativamente drástica.

Se puede concluir del análisis anterior que no parece razonable jugar, por ahora, con un escenario negativo en materia de devaluación, al menos en los próximos dos o tres años. De otra parte, parecería que lo peor de la reevaluación ya pasó, siempre y cuando se mantenga un mínimo de ortodoxia en el manejo macroeconómico. En cuanto hace al más largo plazo, o sea hacia finales de la década, no hay más remedio que estar atentos a ese manejo macroeconómico. Pero hay tiempo de sobra para detectar los eventuales problemas que podrían llegar a presentarse si dicho manejo se vuelve irresponsable.
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