| 3/4/1998 12:00:00 AM

"Prefiero ser bien ortodoxo"

En entrevista exclusiva con Dinero, el gerente del Emisor, Miguel Urrutia, explica lo que ha pasado con el dólar y plantea la urgencia del ajuste fiscal.

¿Es posible que la presión sobre el tipo de cambio en los últimos meses sea una señal de que éste está buscando un nuevo nivel de equilibrio, por encima del anterior, que permita ajustar la cuenta corriente hacia el futuro?



Una parte importante del déficit en cuenta corriente es el pago de interés sobre la deuda. La manera más rápida de reducir el déficit en cuenta corriente es reducir el nivel de endeudamiento del país.



Esto está ocurriendo en el sector privado. La deuda privada probablemente disminuyó en 1997 y esto debería reducir el déficit en cuenta corriente. El déficit disminuirá más rápido si se logra bajar la relación de deuda pública externa a PIB.



Todo esto apunta a que la fórmula para reducir el déficit en cuenta corriente es aumentar el ahorro.



No creo que la manera de hacerlo sea devaluar la tasa de cambio. Eso podría mejorar marginalmente la balanza comercial, pero el déficit en cuenta corriente se debe al pago de intereses.



Es evidente que las exportaciones no responden a devaluaciones masivas. Para mejorar la cuenta comercial se necesita una tasa de cambio atractiva.



Una ventaja del actual sistema de banda cambiaria es que la tasa de cambio tiene un margen de variación sustancial. Varios estudios sugieren que en 1997 la tasa de equilibrio estaba en la parte baja de la banda. Eventos recientes pueden haber devaluado la tasa de equilibrio, pero ese nuevo equilibrio cabe dentro de la actual banda.



¿El Banco ha pensado en relajar más los controles al endeudamiento externo privado para permitir el roll- over de la deuda privada?



El Banco redujo el depósito y el plazo de éste para el endeudamiento externo, pero no lo eliminó, debido al convencimiento de que los flujos de capital de corto plazo son desestabilizadores. El actual depósito aumenta el costo del crédito externo marginalmente para préstamos a más de tres años, pero hace muy costoso el crédito de corto plazo.



Si la situación fiscal es tan complicada como se ha dicho, ¿cuál es el ajuste que se requiere y cuáles son sus implicaciones para la economía? En caso de no darse el ajuste requerido, ¿qué podríamos esperar los colombianos en materia cambiaria hacia adelante?



En muchas ocasiones he planteado que el problema del déficit fiscal es que una primera etapa promueve la revaluación, al aumentar el endeudamiento del país. Después de un tiempo, el pago de los intereses de la deuda deteriora la cuenta corriente de la balanza de pagos por servicios.



Como la revaluación desestimula las exportaciones y promueve las importaciones, la balanza comercial también se deteriora.



Los dos efectos sumados implican un deterioro fuerte de la cuenta corriente, que puede llevar a que los mercados internacionales dejen de financiar al gobierno y al sector privado. Ese reversazo en la financiación generaría una reducción grande en la oferta de divisas, la cual puede llevar a una crisis cambiaria.



Para el país este escenario es fatal. Un proceso de revaluación con posterior devaluación tiene altísimos costos.



En Colombia este escenario se ha evitado. El Banco tomó medidas para impedir una fuerte revaluación y al reversarse los flujos de capital en 1997, el sistema de banda cambiaria facilitó una devaluación que debe corregir la balanza comercial.



Los indicadores de deuda en Colombia todavía son buenos. La deuda pública como proporción del PIB es del 17% contra aproximadamente el 125% en Bélgica, 60% en Alemania y 65% en España. Todo esto lleva a que en el futuro cercano no se vislumbren dificultades de financiamiento externo para el gobierno.

Pero el déficit fiscal no puede seguir creciendo, pues eso sí llevaría a niveles de déficit en cuenta corriente que podrían asustar a los prestamistas internacionales.



Por eso, considero que se debe iniciar cuanto antes un proceso de reducción del déficit fiscal.



Si el Congreso y el Gobierno no han iniciado un ajuste fiscal a fines de 1998 y la primera parte de 1999, podríamos comenzar el siglo con graves problemas cambiarios.



El ajuste fiscal preferentemente debe ser por el lado del gasto y en particular el gasto diferente al de inversión. La Comisión del Gasto ha sugerido cómo hacer ese ajuste.



Considero que en la actual situación, un ajuste de este tipo aceleraría la tasa de crecimiento económico y la creación de empleo. Esto es lo que ha ocurrido en Estados Unidos al reducir el déficit fiscal.



¿Está usted de acuerdo con las operaciones de cobertura de posiciones en divisas que dan lugar al libre juego del mercado? O, como ha indicado el señor Presidente, ¿con que se persiga a quienes traten de cubrirse protegiendo sus inversiones?



Algunos instrumentos derivados, como las ventas de futuros de divisas, disminuyen la incertidumbre en la economía y mejoran la eficiencia del mercado. El desarrollo de estos mercados es, por tanto, deseable.



Sin embargo, ha surgido un consenso internacional alrededor de la idea de que esos mercados deben ser cuidadosamente regulados tanto por las autoridades como por los mismos intermediarios financieros.



Varias entidades internacionales han tenido altas pérdidas por dejar a sus traders con poca supervisión. En el sudeste asiático una causa de la crisis ha sido que los intermediarios financieros han tomado posiciones abiertas en divisas, que han llevado a grandes pérdidas cuando se devalúa la moneda.



En Colombia hemos sido muy estrictos y no autorizamos a las entidades financieras a endeudarse en divisas para prestar en pesos. No las autorizamos a tener exposición neta en divisas.



Esta política ortodoxa evita los problemas cambiarios que han tenido algunas instituciones asiáticas. Dado lo que pasó en Asia, yo prefiero ser bien ortodoxo en esta materia.
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