| 11/1/1995 12:00:00 AM

Potencia azucarera

Asociación de Cultivador es de Caña de Azúcar de Colombia

El cambio del modelo económico que asumió el país a principios de los 90 y los procesos de integración que por esos mismos días se iniciaron, abrieron una interesante perspectiva para el sector azucarero colombiano, que ya había alcanzado unos de los más altos índices de productividad y eficiencia del mundo. Ante esta nueva realidad, que abría a Colombia interesantes mercados "libres de aranceles y medidas restrictivas", la industria azucarera nacional definió sus estrategias: amplió su capacidad productiva para atender una mayor proporción de los mercados que se abrían y prosiguió sus esfuerzos para hacerse aún más competitivo a nivel mundial.

Por diversas circunstancias el desarrollo del potencial azucarero colombiano, en este contexto teóricamente favorabe, no ha sido fácil. Con la afluencia de divisas de todo origen y la liberación del control de cambios, que coincidió con la celebración y desarrollo de los acuerdos de integración, el país entró en una coyuntura cambiaría que se tradujo en un proceso de revaluación de la moneda, que deterioró la competitividad de todos los productos transables, entre ellos el azúcar.

De otra parte, las dificultades políticas y económicas de los países con los cuales nos hemos integrado han creado distorsiones de tal magnitud, que países como México y Venezuela -importadores tradicionales de azúcar- se han convertido en "exportadores", con lo cual no sólo se ha restringido nuestro comercio hacia esos destinos sino que, además, en el caso de Venezuela, ha impedido que se registren crecimientos en las ventas de azúcar colombiano en el mercado local.

En efecto, la falta de armonización de las preferencias otorgadas por los países que conformamos la llamada Unión Aduanera Andina» a terceros países, ha permitido que durante los primeros nueve meses de 1995 ingresen al país cerca de 150.000 toneladas de azúcar provenientes de Venezuela, a partir de un excedente conformado por importaciones proveniente no sólo de Colombia sino de Guatemala, El Salvador y Honduras, países a los cuales Venezuela les ha concedido preferencias arancelarias del 100%. Este azúcar se beneficia de las preferencias arancelarias que Colombia otorga a Venezuela y ha salido ilegalmente del país vecino, para así aprovecharse de la diferencia entre el valor oficial de la divisa (Bs 170/ US$1), al cual importan, y su valor en el mercado paralelo (Bs 240 a 300/US$1), al cual venden las divisas de la venta ilegal a Colombia.

El gobierno nacional ha tomado una serie de medidas para evitar el ingreso ilegal de azúcar a nuestro país, pero aun así, y como consecuencia de las distorsiones en el comercio ya descritas, las ventas domésticas de azúcar colombiana han caído en casi 2% frente al año pasado, porcentaje significativo si se tiene en cuenta que los crecimientos anuales del consumo de azúcar en el mundo se ubican entre el 2% y el 3°% y que, como ya se dijo, el sector amplió su capacidad productiva para tener la oportunidad de atender los mercados de los países con los cuales existen acuerdos de integración y la demanda local.

Es indudable que otra serie de hechos perturban el desarrollo de las actividades productivas en nuestro país. Me refiero no sólo a los efectos de la crisis política por la cual atraviesa Colombia, sino también a la incertidumbre que generan temas que, como los del medio ambiente, la descentralización administrativa, la participación ciudadana y los desarrollos constitucionales hacia un nuevo ordenamiento territorial, tendrán implicaciones de gran importancia sobre el desarrollo económico de los próximos años.

Es difícil en estas condiciones de incertidumbre predecir el futuro de la economía colombiana, y de un sector en particular como el del azúcar. La evolución que tengan los temas del narcotráfico y la corrupción; los resultados en la lucha contra la violencia y la inseguridad; la utilización sistemática y coherente de las normas establecidas en los distintos acuerdos de integración -en especial en el Grupo Andino-; la transparencia y permanencia de las normas para proteger el medio ambiente; la definición de la participación ciudadana y del nuevo orden territorial, serán definitivos para el futuro de sectores que, como el azucarero, han sido estructurados para consolidarse en el tiempo y no como consecuencia de coyunturas favorables pero pasajeras.

EI futuro está rodeado de buenas perspectivas a nivel mundial: crecimiento en la demanda esperada; eliminación de barreras al comercio y menos riesgos de un mayor proteccionismo; en fin, mayor transparencia en el mercado. Dependerá, entonces, de nosotros mismos, de Colombia, si aprovechamos o no este escenario favorable a nivel mundial y las condiciones de alta productividad y bajos costos conseguidas por el sector azucarero colombiano en los últimos 10 años.
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