| 10/17/2003 12:00:00 AM

Por una Bogotá-Cundinamarca sostenible y competitiva

La expansión de Bogotá tiene un límite y depende de que Cundinamarca crezca, para su sostenibilidad y la prosperidad de toda Colombia.

Trabajar en la construcción de Bogotá-Cundinamarca como ciudad-región próspera y en paz no da espera. Un estudio reciente para la Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca (MPR) estima que la población de Bogotá pasará de 6,5 millones en 2000 a 9,7 millones en 2020, una explosión de 49%, producto de una tasa de crecimiento de cerca de 1,2% anual y las migraciones por desplazamiento relacionado con la violencia. Este ritmo es frenético para cualquier gran capital del mundo y Bogotá no está en capacidad de absorber y soportar este crecimiento. En contraste, la población del departamento pasará de 2,2 millones a 3 millones en los próximos 20 años. Curiosamente, a medida que crece el número de habitantes en la Sabana de Bogotá, la población del resto del departamento se mantiene igual. ¿Cuál es la ruta crítica para que Bogotá sea viable y Cundinamarca se convierta en un polo de desarrollo?

Hoy la ciudad-región es un proyecto en construcción, pues apenas en 2001 comenzó un diálogo entre el gobernador, el alcalde de Bogotá y el director de la CAR para identificar acciones y proyectos de inversión que se llevarían al Conpes para mejorar las perspectivas de la región. Como la ciudad no puede crecer indefinidamente, deberá apoyarse en el desarrollo del departamento para brindar igualdad de oportunidades y calidad de vida a estos colombianos.

La idea es comenzar por la creación de mecanismos de coordinación fiscal para fomentar polos de desarrollo (clusters), con vocación exportadora y acordes con las ventajas comparativas identificadas de las distintas zonas. Alentar cinturones verdes alrededor de la ciudad, por ejemplo, diversificaría la actividad productiva, generaría opciones de empleo y mejoraría el medio ambiente. En este sentido también es importante mejorar las condiciones de seguridad de Cundinamarca que hoy tiene problemas de violencia por presencia guerrillera. El papel proactivo del sector empresarial, al estrechar sus lazos con la comunidad y el sector público, determinará el éxito de este proyecto.

En Colombia tiene gran valor una ciudad que respira y demuestra progreso y que esto continúe así y se replique en Cundinamarca será crítico para el futuro de la región, en particular y, en general, para el de Colombia. La palabra clave alrededor de la cual hay que trabajar sin descanso es competitividad.



A construir la ciudad-región

El reto es inmediato para Bogotá-Cundinamarca, que representa 30% del PIB nacional y cuya población es 20% del total nacional. A pesar del salto en patrimonio público y calidad de vida en los últimos 8 años durante los cuales se invirtieron $16,8 billones a precios de 2002, Bogotá no es considerada como una ciudad competitiva en la región, al ocupar el lugar 16 entre 38 ciudades de América Latina. Parte de la explicación está en que exporta poco: las ventas externas de Bogotá-Cundinamarca son un 9% de su producción cuando este indicador en el agregado nacional se ubica en 15,5%. Los próximos años se caracterizarán por una mayor integración y competencia comercial regional; por ello, hay que atraer más inversión y exportar más y con mayor valor agregado para crecer a tasas más altas y sostenidas.

De hecho, un proyecto de documento Conpes plantea que Bogotá y Cundinamarca tendrán que trabajar muy unidos para mejorar su competitividad e impulsar polos de desarrollo (clusters) con vocación exportadora, según las ventajas comparativas de las distintas zonas. Las cadenas prioritarias son las de servicios (salud, educación superior, construcción), alimentos, productos orgánicos, biotecnología, cuero y calzado, textiles y confecciones y metalmecánica.

Un primer paso es mejorar la acción conjunta de las autoridades en materia de seguridad y trabajar en el frente de coordinación fiscal, acciones que aumentarán la competitividad al asegurar condiciones para nueva inversión e impulsar el crecimiento de la ciudad-región. En este campo, hay que replantear y discutir en el Congreso la distribución de transferencias y regalías (hoy inequitativas frente a la población de la región) y generar opciones para crear impuestos regionales. Así, los nuevos recursos permitirían incrementar las coberturas en educación básica, aumentar el gasto en seguridad y adelantar obras de infraestructura pendientes y necesarias para la competitividad de los productos de la región.

Para impulsar estos procesos, la concurrencia del sector privado es indispensable. La experiencia del Foro de Presidentes (FP) de la Cámara de Comercio de Bogotá muestra cómo las empresas pueden vincularse más a la comunidad e impulsar la competitividad de la ciudad y, eventualmente, de la región. Mediante la iniciativa coordinada por Alberto Espinosa, presidente de Meals de Colombia, "Líderes Siglo XXI", las empresas del FP trabajan en conjunto con instituciones educativas para mejorar la calidad, enfocándose en procesos de gestión educativa que se traducen en una transformación de la cultura empresarial de los centros educativos. Los testimonios alrededor de este proceso (www.lideressigloxxi.com.co) muestran las bondades de un sector privado comprometido con lo público y en regresarle riqueza a la sociedad.

Si Bogotá es un laboratorio de calidad de vida y paz en construcción, con creciente interés y participación del sector privado en lo público, su integración con Cundinamarca es una tarea en borrador. El proyecto de configurar la ciudad-región para acomodar el crecimiento demográfico e impulsar el crecimiento mediante el fomento de la competitividad y la formación de polos de desarrollo con vocación exportadora será determinante. El reto es que estos procesos no se queden en el aire y se consoliden.
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