| 11/1/1995 12:00:00 AM

Por un agro competitivo

Sociedad de Agricultores de Colombia

Definitivamente, el comportamiento del agro en 1995 no permite afirmar que la crisis sectorial haya sido superada. El crecimiento del sector agrícola, sin café, será bastante mediocre: sólo alcanzará el 3%, valor al cual habrá que agregarle el resultante del aceptable comportamiento de la industria cafetera y del sector pecuario.

Cifras preliminares indican que el crecimiento del área en cultivos permanentes (71.000 hectáreas) resultará neutralizado por una importante caída en los cultivos transitorios (71.500 hectáreas). Esto significa un estancamiento de la superficie cosechada, que en lo que resta del año podría originar crecimientos negativos por efecto del fuerte invierno que viene azotando a importantes zonas agrícolas.

En materia de producción, se espera un crecimiento total de 587.000 toneladas. La producción de permanentes se incrementará en 592.000 toneladas, en tanto que la de transitorios caerá en 4.695 toneladas.

a búsqueda de una definición sobre el presente y el futuro del sector agropecuario, la solución a los problemas de seguridad de los ciudadanos del campo, el comercio exterior, la reforma y moderniza

ción del Estado, el desarrollo social y ambiental, y la presencia regional de los gremios constituyen los principales retos que debe enfrentar el sector en 1996 y en los años venideros.

Ante el proceso de reacomodamiento que está viviendo el país, el sector agropecuario necesita con urgencia una visión de futuro que establezca derroteros concretos y su prospecto de competitividad. El campo requiere una transformación productiva que no debe orientarse simplemente con la mano invisible del mercado, puesto que ello generaría efectos perjudiciales para el agro, dadas las distorsiones existentes en el comercio internacional de productos agropecuarios. En esta perspectiva, es indispensable la reestructuración sectorial para impulsar nuevos productos y buscarle alternativas a otros.

La inseguridad y la violencia que azotan al campo colombiano es una de las mayores preocupaciones del sector. El gremio está dispuesto a apoyar cualquier iniciativa del gobierno que apunte no sólo a fortalecer las instituciones, sino a conseguir un acercamiento del ciudadano con sus autoridades y a comprometerlo en esta lucha.

En el frente del comercio exterior, las dificultades se relacionan con los procesos de integración en curso. En el caso del Grupo Andino, preocupan las diferencias en el arancel externo común, la precariedad de la normatividad andina, incluyendo las normas de origen, y la amenaza de reducción del arancel del trigo y el azúcar. En relación con Mercosur, resultan inquietantes los problemas que puede llegar a afrontar nuestra producción agropecuaria, pues tal como está planteada dicha negociación se maximizan las posibilidades de triangulación, de perforación arancelaria y de desviación de los flujos de comercio hacia Colombia, a través de los demás países andinos. En esta materia, el desafío para la SAC es trabajar para el perfeccionamiento de los acuerdos vigentes, buscar que las negociaciones que se suscriban resulten equitativas para el sector y se estructuren sobre las bases de reciprocidad y conveniencia nacional.

Otro de los temas que inquietan al gremio es el relacionado con la necesidad de lograr una mayor eficiencia y productividad en la operación de las entidades públicas. Los efectos de la política sectorial aún son muy limitados y esto obliga al gremio a impulsar la modernización del Estado y a mejorar la productividad de las entidades del sector.

Aunque compartimos en gran medida la propuesta de competitividad promulgada por el actual gobierno, cuyo alcance va más allá de los conceptos puramente empresariales, sin embargo, los instrumentos propuestos para su ejecución presentan un desbalance que conlleva resultados insuficientes frente al reto que representa para el sector agropecuario enfrentar los nuevos escenarios que se vienen conformando a nivel mundial. La falta de una estrategia agroindustrial es un gran vacío que representa la política de competitividad del sector agropecuario. Es innegable que el desarrollo agroindustrial debería constituirse en un propósito prioritario para los países con alta dependencia de su producción agrícola.

Para el futuro, otro de los retos consiste en mirar el agro desde un perspectiva global.

El sector no debe ser considerado exclusivamente en su dimensión económica y productiva. Es necesario ir más allá: entender a la

sociedad rural y al medio ambiente como la base del desarrollo productivo del sector y como único medio para lograr un desarrollo sostenible y equilibrado.

Por último, es importante mencionar el esfuerzo que debe realizar el sector por integrarse al proceso de descentralización. Requerimos el manejo de variables regionales y la ampliación y el fortalecimiento de las sociedades gremiales a nivel de las regiones.

La solución a los problemas del agro sólo puede concebirse en una perspectiva de largo plazo. No obstante, creemos que la coyuntura sectorial ofrece algunos elementos que resultarán de vital importancia para encarar un proceso sostenido de recuperación sectorial.

La reforma tributaria, por ejemplo, puede constituirse en una importante oportunidad para el agro si, finalmente, se logra la exención del sector frente al régimen de renta presuntiva, o si puede establecerse un tratamiento diferencial para el sector en términos de exenciones al impuesto de renta y complementarios.

Frente a una política agropecuaria que deja ver un esfuerzo más sistemático en el empeño de estructurar los objetivos y estrategias, tendiente a la recuperación, modernización y fortalecimiento del agro, la SAC considera que la recuperación sectorial sólo puede ser posible en la medida en que se ejecuten las estrategias formuladas por el gobierno. Es por esto que en el corto y mediano plazo los esfuerzos gremiales estarán encaminados a asumir un papel crítico frente a los desarrollos futuros de la gestión de las entidades, con miras a lograr el apoyo decidido que demanda el sector para avanzar hacia procesos sostenidos de crecimiento.

Se requiere también terminar la reglamentación de la Ley 101, para completar el marco de apoyos e incentivos a la agricultura. La Ley 101 estableció las bases de una estrategia de largo plazo que aún demanda la precisión de una visión estratégica del campo y la sociedad rural colombiana.

Para terminar, cabe mencionar que los estudios de competitividad sectorial que se vienen realizando constituirán, sin duda, una gran herramienta en la tarea de definir una ruta concreta al agro colombiano, dentro de las cuales su necesaria transformación hacia una agricultura más competitiva es un imperativo. En esta vía es necesario definir y fortalecer los procesos de reconversión para asegurar una adecuada transición por parte de los productores agropecuarios.
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