| 3/18/2005 12:00:00 AM

Política<br>Escalera hasta el poder

A pesar de que la participación de la mujer en el campo político ha crecido y hoy es muy visible, aún le queda un alto potencial por desarrollar.

Si la Corte Constitucional le da vía libre a la reelección, muchos analistas consideran que la llave perfecta del presidente Uribe como candidata a la vicepresidencia sería Noemí Sanín, la mujer que con más éxito ha luchado por la Presidencia de la República en la historia del país.

La administración Uribe es la que más participación ministerial le ha dado a la mujer. A principio de su gobierno, prácticamente la mitad de su gabinete ministerial estuvo a cargo de mujeres. Incluso, por primera vez, una mujer ocupó el Ministerio de Defensa.

Con todo esto, podría concluirse rápidamente que en política se ha alcanzado la equidad de género.

Según el más reciente informe de la ley de cuotas, la participación femenina en el desempeño de cargos directivos en el sector público alcanzó el 35% para las entidades nacionales y el 40% para los entes territoriales.

No obstante, como anota la politóloga María Emma Wills, este avance cuantitativo esconde una realidad cualitativa, pues "no basta que altas ejecutivas y profesionales ocupen altos cargos en la función pública para concluir que una situación política es equitativa frente a la mayoría de las colombianas. Además de acceso, la equidad debe estar respaldada por una institucionalidad, unas políticas, una legislación y una opinión pública seriamente comprometidas con el propósito de desbancar la discriminación y las desigualdades fundadas en visiones estereotipadas y denigrantes de lo femenino".

Luego de cinco décadas en que la mujer se ganó el derecho a elegir y ser elegida, se ha avanzado; pero aún falta un camino por recorrer. Más presencia de mujeres en política no se ha traducido en reivindicaciones, políticas públicas o instituciones a favor de la equidad de género que produzcan una verdadera inclusión femenina en la política.



La lucha del voto

La conquista del derecho al sufragio fue un largo proceso. Si bien la Constitución de la República de 1821 definía la calidad de ciudadano sin especificar el sexo, la Constitución de 1843 introdujo un concepto de ciudadanía limitada exclusivamente a los varones. Luego, la Constitución de 1886, que rigió al país durante más de un siglo, ratificó el hecho de que solo eran ciudadanos "los colombianos varones mayores de 21 años que ejerzan profesión, arte u oficio, o tengan ocupación lícita u otro medio legítimo y conocido de subsistencia". El comentario de José María Bolívar, constituyente por el Estado de Bolívar, ejemplifica la opinión de la época: "mujer no ha nacido para gobernar la cosa pública y ser política, precisamente porque ha nacido para obrar sobre la sociedad por medios indirectos, gobernando el hogar doméstico y contribuyendo incesante y poderosamente a formar las costumbres (generadoras de las leyes) y a servir de fundamento y modelo a todas las virtudes delicadas, suaves y profundas".

En las primeras décadas del siglo XX se comenzaron a evidenciar cambios en el país, como la formación de un grupo de trabajadoras industriales, el acceso de la mujer a la educación superior y la aparición de movimientos culturales -en particular literarios- de mujeres.

Talvez eso ayudó a que en la reforma constitucional de 1936 se hiciera un reconocimiento parcial a la ciudadanía femenina, porque se les permitió desempeñar cargos públicos. La reforma no llegó hasta el ejercicio del sufragio de las mujeres. Los políticos temían que el voto femenino podía ser influenciado por el clero, como ya había ocurrido en la República Española.

Según la historiadora Magdala Velásquez, las primeras mujeres que hicieron uso de esta enmienda constitucional fueron Lucrecia Pardo Espinel, que fue nombrada en la Tesorería de Choachí (Cundinamarca) en 1940, y Rosita Rojas de Castro, nombrada por el Tribunal Superior de Bogotá en 1943 como juez penal del Circuito. Esto produjo un gran escándalo y se demandó su nombramiento, pero el Consejo de Estado falló a favor de ella.

La reforma constitucional de 1945 concedió muy poco. Si bien se quitó la palabra "varones" a la definición de ciudadano, a renglón seguido la función del sufragio y la capacidad de ser elegido popularmente se reservó para los hombres. En general, los diferentes proyectos que se presentaron durante los años siguientes para reconocer los derechos ciudadanos de las mujeres no prosperaron, a pesar de compromisos internacionales suscritos por Colombia para eliminar la discriminación.

La consecución del derecho al voto no fue un proceso en el cual los hombres hicieron 'concesiones y entregas gentiles'. En esta época surgieron varias formas de organización femenina para presionar este reconocimiento. Por ejemplo, Agitación Femenina, el primer medio de difusión feminista creado en el país, dirigido por Ofelia Uribe de Acosta, una abanderada del derecho de la mujer al voto.

Crearon periódicos y programas de radio para difundir sus puntos de vista y polemizaron como columnistas en diarios que les abrían las puertas. También recogieron firmas de miles de mujeres en todo el país y expusieron abiertamente sus puntos de vista desde las barras en las plenarias del Congreso. Incluso, Bertha Hernández de Ospina, María Antonia Escobar, Josefina Valencia de Hubach y Esmeralda Arboleda asistieron a las reuniones de las comisiones. De hecho, estas dos últimas fueron las delegadas por el General Gustavo Rojas Pinilla a la Asamblea Nacional Constituyente y presentaron en la sesión del 5 de agosto de 1954 el proyecto de acto legislativo sobre ciudadanía femenina.

Las mujeres colombianas obtuvieron el derecho al voto el 25 de agosto de 1954 en una votación no unánime. Colombia fue una de las últimas repúblicas latinoamericanas en reconocer la plenitud de derechos políticos a las mujeres. El ejercicio activo se inició en el plebiscito de 1957. Este año votaron 1'835.255 mujeres, el 41,7% del total de los sufragantes.

Para muchos resulta paradójico que precisamente bajo el gobierno militar del General Gustavo Rojas Pinilla, la mujer obtuviera el derecho a elegir y ser elegida. Sin embargo, este fenómeno ha sido común en el mundo y hay historiadores que sostienen que fue una maniobra de Rojas para obtener apoyo popular para su reelección.



Elegir y ser Elegida

El régimen militar también dio cabida por primera vez a la mujer en los altos cargos del Estado. El 21 de septiembre de 1955, designó a Josefina Valencia de Hubach como gobernadora del Cauca, la primera mujer en ese cargo en el país y en Latinoamérica, cuando solo había 8 en el mundo. Esta mujer fue también la primera ministra designada al ocupar la cartera de Salud entre 1956 y 1958.

Por su parte, las mujeres que estuvieron al frente de la campaña por el derecho al voto, ocuparon escaños en el Congreso. En las elecciones de 1958 fue elegida Esmeralda Arboleda de Uribe como Senadora del Partido Liberal. Por su parte, en ese mismo año, en la Cámara se eligieron ocho representantes, de cuatro departamentos, entre las que estaba Bertha Hernández de Ospina Pérez, quien permaneció en esta corporación hasta 1986.

Desde entonces, la participación de las mujeres en lo político ha venido creciendo lentamente. Sin embargo, este aumento ha sido más rápido en los cargos de designación como ministerios, que en los de elección. La participación femenina en el Congreso antes de 1991 se mantuvo alrededor del 4%. Antes de este año hubo más ministras que senadoras.

La Asamblea Nacional Constituyente de 1991 -que contaba con solo cuatro mujeres- generó un cambio muy importante. Con nuevas reglas de juego electoral, aumentó el número de mujeres en el Senado. De 0,88% en 1990 pasó a un nivel máximo de 12,75% en 1998. Desde entonces, 28 mujeres han pasado por el Senado y en la actualidad son 12 de 102 (11,76%). En la Cámara de Representantes la participación ha sido levemente superior al Senado pero nunca ha superado el 12%.

Otro cambio importante fue la aprobación de la Ley 581 de 2000, conocida como la Ley de Cuotas. Estableció que el 30% de los cargos decisorios en la administración pública debe ser ocupado por mujeres.

Si bien hasta entonces los gobiernos habían incluido mujeres en sus gabinetes: Gaviria el 8,3%, Samper el 12,5%, Pastrana el 11,8%, la Ley produjo un aumento considerable. El gabinete de Uribe ha contado con la más alta participación de mujeres en la historia del país, seis de 13, incluyendo a Martha Lucía Ramírez, la primera ministra de Defensa.

Los cambios regulatorios trajeron un aumento mayor en las mujeres designadas a ministerios, mientras que en los cargos de elección nacional (Congreso), el aumento ha sido más lento. Tras 50 años, el número de congresistas no supera el 12%. Hoy son 32 mujeres de 237 congresistas.

La presencia femenina en cargos de elección popular local es aún menor. Las elecciones populares de alcaldes (desde 1998) y elecciones populares de gobernadores (desde 1991) no han sido un espacio fértil para la presencia de las mujeres.

Aunque en las primeras elecciones de este tipo alrededor del 47% de los votantes correspondió al género femenino, en la primera tan solo 56 municipios (5,5%) eligieron una mujer como máxima autoridad local (10 en Cundinamarca, 6 en Boyacá y 5 en Antioquia) y en la segunda solo se eligió a la conservadora Pilar Villegas de Hoyos como gobernadora de Caldas.

Desde entonces, las alcaldesas han sido en promedio 6,2%. El máximo es de 7,5%, cifra obtenida para el actual período 2004-2007 (83 alcaldesas de 1.098 municipios) y muy similar al promedio de América Latina. Más de la mitad de los municipios nunca han tenido alcaldesa. Por su parte, solo 5 de 32 departamentos (los del eje cafetero: Caldas, Quindío y Risaralda junto con Cundinamarca y San Andrés) han tenido una mujer como gobernadora.

En las asambleas y concejos, los índices de participación femenina -16,1% y 12,9%- son mayores que los de Congreso, pero son igualmente bajos.

Un derecho no se traduce inmediatamente en un cambio frente a la situación anterior y, por eso, la incorporación de la mujer a la vida política ha sido lenta. Como electora, la mayoría poblacional de las mujeres se reflejó en el plebiscito de 1957 y de nuevo en las elecciones de 1997. Apenas a partir de esta fecha se llegó a un censo electoral donde la mujer es mayoría, lo cual refleja la distribución poblacional. De hecho, a partir de 1994 votaron más mujeres que hombres en el país (ver gráfica).



Aún falta

La dificultad para que las mujeres accedan a altos cargos de elección popular se evidencia en el primer puesto del país.

La primera mujer que aspiró a la presidencia de la República fue María Eugenia Rojas de Moreno -hija del General Gustavo Rojas Pinilla-, por la ANAPO en 1974. 'La Capitana', como se la conocía, obtuvo el 9,4% de la votación.

Varias mujeres se lanzaron después sin mucho éxito: Socorro Ramírez en 1978, Regina Betancourt de Lizka (1978, 1990, 1994), Claudia Rodríguez en 1990, Gloria Gaitán y Doris Castro 1994, Beatriz Cuéllar en 1998 e Ingrid Betancur, quien está secuestrada desde 2002. En las últimas elecciones, tres mujeres fueron fórmulas vicepresidenciales.

La mujer que más cerca ha estado de la primera magistratura es Noemí Sanín, que obtuvo un impresionante 26,3% de los votos para la primera vuelta en la elección de 1998 (2'824.735 sufragios). Aunque en 2002, retrocedió considerablemente (5,8%) mantuvo su vigencia política como parte de la baraja de presidenciables o vicepresidenciales.

A pesar del buen número de ministras y mujeres presidenciables, 50 años después del voto la participación de las mujeres en la política sigue lejos de alcanzar su potencial. Entre las razones de este fenómeno se encuentran argumentos pedagógicos, familiares y culturales. Fescol señala que la falta de conocimiento y preparación de las mujeres en los temas públicos se puede deber en buena parte a la falta de estímulo al liderazgo en las niñas y los papeles que cumplen las mujeres en la familia que limitan el tiempo y los recursos para destinar a las actividades públicas.

Claudia Blum, quien ha sido senadora desde 1991 hasta la fecha, concuerda con ese diagnóstico. "Creo que los principales obstáculos pueden ser nuestra falta de decisión para asumir el liderazgo social o el trabajo desde el Estado como una profesión, y la falta de apoyo de las personas cercanas cuando decidimos trabajar en el sector público".

Otra visión del problema se desprende del índice de elegibilidad que calcula Fescol. La cifra que se calcula como la proporción de candidatos frente a elegidos, fue mayor para las mujeres que para los hombres en las dos últimas elecciones para el Senado (13/29= 0,45 y 12/34= 0,35). Fresia Guacaneme, investigadora de Fescol, señala que el problema de representatividad se resuelve si las mujeres deciden lanzarse y si las incluyen en las listas.

Algunos analistas opinan que la barrera, más que la falta de interés por parte de las mujeres para participar son las rígidas estructuras al interior de los partidos tradicionales. Según Wills, esto se ha roto en otros países de la región gracias a la aplicación de sistemas de cuotas femeninas en listas para elecciones y cuotas de mujeres para directorios de partidos. Esta propuesta no fue aprobada en la última reforma electoral.

Por esto, algunas organizaciones piensan que la reforma política que busca reorganizar y fortalecer los partidos podría traer una disminución de la participación femenina. Para evitar esto, organizaciones femeninas buscan alianzas para promover durante los próximos meses una campaña para mostrar que los partidos en verdad modernos son los que más mujeres tienen como candidatas.

La presencia de mujeres en política muy posiblemente se traduzca en acciones más concretas a favor de la inclusión femenina en el manejo de la Nación. Sin embargo, parece que de nuevo se le debe dar un empujón al proceso, como ocurrió en 1957 o en 1991, una senda que llevó al país a pasar de la exclusión femenina total a tener uno de los gabinetes ministeriales con más mujeres del mundo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?