| 9/16/2005 12:00:00 AM

Petróleo

Sin el capital y la tecnología de las compañías extranjeras, esta industria no tendría la importancia que tiene hoy para nuestra economía.

Los inmensos capitales que la exploración de petróleo demanda y la sofisticada tecnología que esta riesgosa industria requiere, hacen que el papel que juegan las compañías multinacionales en este sector sea más que fundamental.

Los hallazgos de petróleo en el país, incluyendo los grandes descubrimientos, han sido gracias a la ayuda de empresas extranjeras: La Cira Infantas en 1918 por la concesión dada a la Tropical Oil Company Troco (hoy Exxon); Caño Limón en 1983 por la Occidental, y Cusiana (1988) y Cupiagua (1993) por la asociación entre British Petroleum-Triton y Total.

Prácticamente, toda la infraestructura existente hoy fue construida con capital foráneo, como las refinerías de Barrancabermeja y Cartagena o la red de oleoductos. Además, como alrededor de los campos petroleros se han desarrollado poblaciones enteras, han construido también numerosas escuelas, hospitales, acueductos, vías y han puesto en marcha planes de desarrollo comunitario que evidencian el compromiso social de muchas de estas compañías.

Incluso en el surgimiento de algunas industrias como las del carbón, la segunda fuente de divisas actual, y la del gas, las compañías petroleras han sido grandes protagonistas. Y la transferencia de tecnología y conocimiento ha permitido el desarrollo de una naciente industria petrolera local. Ecopetrol, la principal empresa de nuestro país, tuvo su origen en las reversiones de los campos petroleros descubiertos con las concesiones.

El sector petrolero es un motor de desarrollo para la economía por ser la principal fuente de divisas y es prioritario para la estabilidad de las finanzas públicas, al generar cuantiosas regalías, transferencias e impuestos hacia las regiones y el gobierno central.



De las concesiones

Muchos atribuyen a Gonzalo Jiménez de Quesada ser el primero en descubrir nuestro petróleo en la época de la Conquista y a científicos como Alexander von Humboldt, José Celestino Mutis, José Pombo y Francisco José de Caldas el ser los primeros exploradores. Además, atribuyen al célebre escritor Jorge Isaacs, quien buscando carbón descubrió petróleo, haber concertado los primeros contratos de concesión para la utilización de petróleo en la costa norte de Colombia, en la última década del siglo XIX, según afirman Rafael Bueno Salazar y Víctor Eduardo Pérez Herrera, en Reseña de la exploración petrolera en Colombia.

Precisamente, en la Costa Atlántica los colombianos hicieron los primeros pinos en esta industria. El primer pozo exploratorio en Colombia se llamó Tubará, perforado en 1893, cerca de Barranquilla, por Manuel María Palacio y David López, dos pioneros de la exploración asesorados por el geólogo Luis Striffler. Fue productor de 50 barriles de petróleo por día.

Y en 1908 se construyó la primera refinería del país -la Cartagena Oil Refiny Co.-, gracias al impulso de Diego Martínez Camargo, quien fue su presidente durante sus 13 años de operación. Allí refinaron con métodos muy elementales crudos provenientes de Norteamérica y obtenían queroseno que se distribuía por todo el país, afirma Orlando Cabrales, ex presidente de Ecopetrol, en su libro Cartagena Oil Refining Co.

La vinculación del capital foráneo a esta industria fue posterior. Las primeras concesiones firmadas formalmente por el gobierno se realizaron en 1905. La primera con Roberto de Mares, precursor del negocio de la exploración en Colombia, que comprendía una gran extensión de terreno al sur de lo que hoy es Barrancabermeja. Y la segunda con el general Virgilio Barco Martínez, localizada en el Catatumbo (Norte de Santander).

La concesión consistía en que el Estado cedía a particulares determinadas áreas de territorio para que adelantaran trabajos de exploración de hidrocarburos. A cambio, recibía unas regalías que oscilaron entre el 7% y el 14% sobre la producción que se obtuviera.

Estas concesiones terminaron siendo cedidas a compañías extranjeras, pues las actividades de exploración requerían capital y un gran conocimiento.

La concesión De Mares pasó a ser propiedad de la Tropical Oil Company (Troco), filial de la Standard Oil de Nueva Jersey, conocida hoy como Exxon (ver artículo sobre Exxon), y la concesión Barco se encargó a la Colombian Petroleum Company, Colpet, y la South American Gulf Oil Company, ambas filiales de la Gulf Oil Company.

Así llegaron al país dos de las 7 hermanas (Standard Oil de Nueva Jersey, Shell, British Petroleum, Chevron, Texaco, Gulf y Mobil), como se denominaba a las grandes compañías que dominaban el mercado petrolero mundial.

Así comenzó el verdadero desarrollo de la industria. Bajo el primer contrato se detectó la estructura La Cira Infantas, el primer campo gigante del país con reservas de más de 900 millones de barriles, cuyo primer pozo productor se perforó en 1926.

Durante las décadas del 20 y el 30, se vincularon otras petroleras al país, como la Texas Petroleum Company (Texaco) en 1926, iniciando de inmediato intensas actividades exploratorias; en 1936 se constituyó legalmente la Royal Dutch/Shell Company de Colombia, que descubrió crudo en el Valle Medio del Magdalena y en los Santanderes.

Mobil inició exploración en Colombia entre 1934 y 1937, bajo el nombre de Socony Vacuum. Esta compañía, junto con la Texas, se hizo cargo de la concesión Barco, cedida en 1936 por las filiales de la Gulf.

En 1938, se adjudicó a la compañía El Cóndor (filial de Shell) la concesión Yondó, en el municipio de Remedios (Antioquia), dentro de cuya área se descubrieron los campos de Casabe y El Difícil en 1941, sobre la margen occidental del río Magdalena.

Hacia 1930, la presencia de geólogos estadounidenses y canadienses era abundante. El conocimiento geológico para esta época estuvo abanderado por prestantes científicos, pioneros mundiales, como P. Kickey, W. Waring y O.C. Wheeler (Salazar y Pérez).

Durante los 69 años (1905-1974) que estuvo vigente el sistema de concesión, se presentaron 2.807 propuestas y se celebraron 454 contratos de concesión con más de 140 petroleras privadas de todo el mundo.

Desde 1918, se había descubierto apenas un gigante en De Mares y tres yacimientos significativos, con más de 250 millones de barriles de reservas en Casabe, Catatumbo y Putumayo.



Más que explorar

El traspaso de la concesión De Mares a la Troco incluyó el compromiso por parte de esta compañía de "establecer una refinería de petróleo de capacidad suficiente para atender el consumo del país". El 18 de febrero de 1922 se puso en funcionamiento el conjunto de maquinaria, alambiques, equipos y tanques de almacenamiento que constituían la refinería de Barrancabermeja. Toda su tecnología y el personal técnico extranjero provenían de los centros de refinación que tenía la International Petroleum Company en Sarnia (Canadá) y Talara en la costa norte de Perú. En ese mismo año se firmó el acta de constitución del municipio de Barrancabermeja.

La Troco también construyó una tubería entre El Centro y Barrancabermeja para llevar el crudo hasta la refinería, y para realizar la exportación construyó el oleoducto de la Andian, que se instaló paralelo al río Magdalena, en un área que en esa época era selvática. De este modo, contribuyeron a la construcción de la primera carretera entre el interior del país y la Costa Atlántica.

En general, las multinacionales implementaron la red de poliductos hasta el centro del país. Con este sistema, los mayoristas pudieron entrar al negocio de la distribución de productos derivados de la refinación en las zonas más pobladas del país. El primero en hacerlo fue Esso. Tener la refinería de Cartagena en la Costa le garantizaba la producción y comercialización en esta área y el manejo de excedentes al occidente del país. Luego fue emulada por otras compañías como la colombiana Cobi (que fue absorbida por Mobil), Mobil y Texaco.

Muchos años después, en 1972, Shell y Cobi-Mobil firmaron un contrato en el cual cada una se comprometía a vender sus acciones a quien hiciera la mejor oferta. Mobil fue quien la hizo y Shell le vendió su red de más de 150 estaciones que había construido durante casi dos décadas.



Asociación

y transferencia

El 25 de agosto de 1951 se llevó a cabo la reversión de la concesión De Mares al Estado colombiano, es decir, todos sus bienes pasaron a ser propiedad de la Nación, incluyendo la refinería y los oleoductos. La refinería pasó a manos de Ecopetrol en agosto de 1951. Pero se firmó con la International Petroleum Colombia Limited (Intercol) un contrato de administración y la firma estadounidense Foster Wheeler amplió su capacidad. En 1959 se asume la administración directa.

Así se inició un camino en el cual la Nación, por medio de Ecopetrol, se fue incorporando en las diversas partes de la cadena (producción, transporte, refinación y distribución). Por ejemplo, al principio, los oleoductos fueron proyectados, construidos, mantenidos y operados por empresas privadas extranjeras como la Andian, Colombian Petroleum Company Colpet y Chevron. Pero el contacto permanente de los trabajadores nacionales con los expertos foráneos permitió que, a partir de los años 60, el diseño y la construcción de los nuevos sistemas se hicieran con técnicos nacionales. En esta época, el Estado por medio de Ecopetrol entró a la distribución de combustibles de la mano de Terpel.

Otro ejemplo. Entre 1954 y 1956 se corrió la primera sísmica por colombianos, pero solo hasta 1981 se dio el más grande descubrimiento efectuado directamente por Ecopetrol en Apiay (en el piedemonte oriental) con reservas de 215 millones de barriles, un campo que fue explorado desde 1972 en los Llanos Orientales por Phillips.

Con la aparición de Ecopetrol, se dio otro cambio muy importante: la modificación de los esquemas de contratación con la creación del contrato de asociación. Desde 1974 hasta 1989, el Estado ofreció un sistema de contratación denominado 50/50, el cual ubicó a Colombia como un país medianamente competitivo en el ámbito internacional.

El contrato de asociación fue bien recibido por las compañías petroleras y se convirtió en un instrumento fundamental. Desde entonces, se firmaron alrededor de 520 contratos de asociación con más de 140 petroleras privadas de todo el mundo, lo que permitió entre otras cosas el hallazgo de por lo menos cinco grandes pozos de crudo y gas.

Hacia mediados de 1973, Texaco anunció el descubrimiento de un gigantesco campo de gas natural en el marco del contrato de asociación Guajira, que inició el desarrollo de la industria de gas en el país.

En 1983, la Occidental Petroleum descubrió -bajo el contrato de asociación Cravo Norte- el campo de Caño Limón con más de 1.100 MB. Este le permitió a Colombia recuperar la autosuficiencia que había perdido en 1978 justo cuando las condiciones internacionales llevaron los precios a las más altas cotizaciones. Durante esa década, el país tuvo que destinar más de US$1.800 millones para pagar las importaciones.

Sin embargo, en 1989 y teniendo como base el descubrimiento de Caño Limón, se tomó la decisión de ajustar el modelo de contratación hacia un esquema escalonado (a mayor tamaño del campo, mayor sería la participación de la Nación), lo cual produjo una vertiginosa caída de la actividad exploratoria en el país.

Ante esto se modificó nuevamente el contrato de asociación hacia lo que se denomina Factor R (distribuir la producción en función de la rentabilidad para el inversionista no de su producción acumulada, lo que bajó la participación de Ecopetrol del 50 al 30% y se flexibilizó el esquema de regalías). Esto trajo sus frutos y demostró que el capital privado responde a las condiciones contractuales.

En 1988, el descubrimiento de Cusiana y en 1993 el de Cupiagua, en el marco del contrato de Santiago de las Atalayas y Tauramena suscrito entre Ecopetrol y las compañías British Petroleum, Total y Triton.

En 2000, Petrobras, en asocio con la firma canadiense Nexen y Ecopetrol, realizó el descubrimiento de Guandó con 130 millones de barriles, y en 2004 esta misma compañía se asoció con Exxon y Ecopetrol en uno de los mayores contratos de explotación en aguas profundas, el bloque Tayrona en el Mar Caribe a 3.000 metros de profundidad. De este modo, Petrobras se convirtió en una de las compañías más activas en el país al tener participación en 12 bloques exploratorios.

A pesar de estos descubrimientos (en su momento sobredimensionados), el país se acerca de nuevo a la pérdida de autosuficiencia. Por ello, ha comenzado otra etapa en la industria con la creación de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, la nueva administradora de los recursos de nuestro subsuelo.

Hoy se están realizando las últimas reversiones de las concesiones y comienzan a concluir las primeras asociaciones, lo que muestra la madurez de la industria nacional. Muchos colombianos formados en estas grandes multinacionales se han lanzado a pedir áreas para explorar dentro de este nuevo esquema (ver Dinero No. 234).

No obstante el potencial estimado del país (37.000 millones de barriles), hay regiones relativamente inexploradas y que no se podrán desarrollar sin el capital y la tecnología de las multinacionales.
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