| 6/8/2006 12:00:00 AM

Palma de aceite

Los agricultores colombianos tienen que mejorar su eficiencia para competir en el mundo. Deben pensar en serio en integración horizontal y vertical, expansión geográfica y oleoquímica.

Los costos para un agricultor de palma en María La Baja, Bolívar, son de US$406 por tonelada de aceite crudo. Posiblemente esté tranquilo porque es la zona más eficiente de Colombia, que en promedio produjo a US$409 por tonelada. También porque está lejos de la de región de Tumaco —la más ineficiente—, con US$412 por tonelada. Pero no debería estar tan tranquilo puesto que las firmas malayas producen en promedio entre US$220 y US$250 por tonelada.

La palmicultura colombiana, en los próximos años, deberá reducir el costo por tonelada por la vía de una mayor producción o una mejora de eficiencia. Esta tarea podría parecer innecesaria con precios internacionales de US$440 por tonelada de aceite puesto en Rotterdam, pero de eso depende su supervivencia. "Uno de los problemas de Colombia es el costo de producción considerablemente alto frente a los de Malasia e Indonesia", dice Thomas Mielke, editor en jefe de la revista Oil World.

Aunque el problema de salarios existe —en Colombia la mano de obra representa el 31,5% del costo total de producción y en Malasia el 5,2%—, hay más elementos, como productividad de la mano de obra con mayor mecanización y escala de producción. Mientras la firma gigante malaya IOI tiene siembras para producir 1 millón de toneladas de aceite por año, toda la producción colombiana junta es de 700.000 toneladas anuales.

El costo de producción después de impuestos de exportación también podría reducir su proporción si se añadiera valor a los productos. "Los grandes jugadores se están diversificando. En el mismo sector de aceite de palma, pero tratando de no ser 100% compañías agrícolas", señala James Fry, consultor de la firma londinense LMC International. De esta forma, algunos de ellos se han integrado verticalmente con refinación y otros incluso con procesos de oleoquímica.

Algunos de ellos no solo refinan el aceite, sino que lo fraccionan dos veces. En el primer fraccionamiento extraen oleína y estearina. "Ahora cada vez más, las empresas exitosas tratan de cambiar su perfil de riesgo con doble fraccionamiento", dice Fry. Los productos de ese proceso tienen gran demanda en galletería y chocolates, porque se derrite a una temperatura conveniente. Otros agricultores les están sacando grasas y ácidos grasos —en particular ácido láurico—, a los subproductos de la almendra del fruto de palma.

Además de aumentar valor, las empresas mundiales están cambiando su perfil competitivo con una ola de expansión internacional para crecer y diversificar su riesgo geográfico. Las empresas malayas con IOI a la cabeza y algunas indonesias están comprando refinerías en Europa.

Además, los agricultores colombianos se tendrán que preparar para la entrada en producción de nuevas áreas que concentrarán la geografía palmera mundial en la isla de Borneo, que es en parte de Malasia y en gran parte de Indonesia. La disponibilidad de tierras en la península malaya está llegando a su límite. Posiblemente en 20 años no haya más disponible, explica Fry. Por eso, la producción se está moviendo a la región de Sabah en la parte noreste de la isla de Borneo, que es la de mayor crecimiento. También hay movimientos hacia el área la de Sarawak al norte de Borneo, que tiene condiciones de suelo y clima menos buenas que las dos regiones anteriores.

Por su parte, Indonesia, que hasta el año pasado era el segundo productor mundial, está desarrollando Kalimantan, una región de la isla de Borneo, para compensar la reducción en las áreas disponibles en la vecina isla de Sumatra. Con esas adiciones, Fry estima que Indonesia será este año el mayor productor de aceite de palma del mundo.

La concentración geográfica tiene desventajas para Colombia en cuanto facilita las economías de escala para sus competidores del sudeste asiático. Tiene en cambio la ventaja de la concentración del riesgo geográfico y además, si es capaz de diferenciar su producto del indonesio y el malayo, de que algunos países consumidores están vetando el aceite de palma de esos sitios porque las siembras están amenazando el hábitat de los orangutanes.

Mientras tanto, en Colombia, la velocidad de crecimiento es mayor. Entre 2000 y 2006, el área no creció más de 10% anual, superior al 5% anual en la que crece el área en Indonesia (3,5 millones de hectáreas) y Malasia (3,55 millones de hectáreas), pero naturalmente el rezago es enorme. "Para 2005 se estima un total de área sembrada con palma de aceite en Colombia de 273.567 hectáreas, de las cuales 159.527 se encuentran en producción, mientras que 114.040 permanecen en desarrollo", señala Fedepalma.

El crecimiento más dinámico está en la zona palmera del Norte, la más eficiente, en la cual se encuentran sembradas 39% de las palmas en desarrollo. "Dentro de esta región cabe destacar el desarrollo presentado en el departamento de Bolívar, especialmente en zona rural del municipio de María La Baja, así como los nuevos cultivos del Urabá chocoano. Cabe resaltar que gran parte de estas nuevas siembras se han desarrollado bajo esquemas de alianzas productivas", dice Fedepalma.

Por ahora, la amenaza de la eficiencia parece lejana. Este año, la demanda de aceite aumentará gracias al mercado de biocombustible, sostiene Mielke. En Europa, además, lo queman crudo para calderas, recalca Fry. Para Mielke, con esto el precio del aceite de palma tendrá una tendencia al alza en 2006 y más en 2007. "No será exactamente un precio líder y seguirá los de soya, girasol y canola", concluye Mielke. Por ahora, los tiempos son gloriosos; sin embargo, si no se está preparado, un revés de mercado puede desestabilizar a los agricultores colombianos más ineficientes.
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