Negocios al alza

| 12/7/2000 12:00:00 AM

Negocios al alza

En el 2000 las empresas se reacomodaron. En el 2001 podrían venir en camino grandes nuevos negocios.

A primera vista, el dato sorprende. En una economía que solo logra avanzar muy lentamente hacia la recuperación, los negocios del año 2000 podrían duplicar en valor a los de 1999 y se acercan al nivel de los del año 96, el más alto desde cuando Dinero realiza su medición de fin de año. La información disponible en este momento permite anticipar que en el año 2001 la cifra podría ser aún superior. Los negocios están en pleno vigor. ¿Qué significa esto?

Ante todo, aclaremos lo que estamos midiendo. Los negocios del año, en este informe especial de Dinero, son las transacciones que afectan la posesión y el tamaño de los activos de las empresas: las privatizaciones, las fusiones o adquisiciones, la capitalización y el desarrollo de nuevas inversiones. El monto y la naturaleza de estas transacciones son un indicador crítico de la actividad empresarial del país. Este repaso de las transacciones revela las motivaciones y la visión de los empresarios de mayor influencia en la comunidad colombiana. Detrás de sus decisiones, hay una visión sobre el potencial de crecimiento de la economía y unas apuestas que anticipan los cambios próximos en el entorno empresarial.



La primera conclusión, al considerar los resultados del rastreo sistemático de los negocios que realiza Dinero al cierre de cada año (ediciones 53, 75 y 99), es que seguimos un claro movimiento pendular: un boom en los años 1996-97, desaceleración y crisis en el 99, reacomodamiento empresarial en el 2000 y posible auge en el nuevo año. En buena medida, este movimiento sigue el ciclo general de la economía, pero lo cierto es que el valor de los negocios va mucho más rápido que el crecimiento del PIB en este año.



Al observar la composición de las transacciones, aparece la explicación: la economía colombiana puede ir despacio, pero no es de ninguna manera ajena a presiones de largo plazo tan poderosas como la globalización y la reorientación del Estado. La globalización se manifiesta en una era de intensa consolidación empresarial internacional, con enormes flujos de inversión extranjera que generan nuevos actores y nuevas maneras de hacer las cosas. A pesar de la turbulencia que identifica a Colombia en el ámbito internacional, la inversión extranjera llegó con fuerza a Colombia en el año 2000, generando impactos de fondo en sectores como las telecomunicaciones y el comercio minorista.



Por su lado, aunque la reorientación del Estado es una historia que podría parecer vieja, en Colombia este factor aún tiene gran peso en los negocios. Los casos de la energía, la minería y las empresas de servicios públicos son los ejemplos más claros.



En medio de este panorama, los grupos locales se ven obligados a moverse. La presión global es tan seria que ellos no pueden darse el lujo de esperar para ver si la recuperación de la economía va a ser rápida o lenta. Las decisiones de los grupos empresariales de reorientar su actividad, concentrándose en los negocios con claras ventajas competitivas y buscando socios internacionales, han sido fuente de grandes transacciones.



Finalmente, si bien el PIB aún va despacio, otros indicadores arrojan un cuadro de mayor dinamismo. En particular, el flujo de caja de las empresas inscritas en bolsa muestra que se están logrando resultados operativos destacados en las empresas grandes. Esta perspectiva permite entender el timing de las decisiones. Como se aprecia en la gráfica, los flujos de inversión extranjera y el agregado del flujo de caja de las empresas siguen patrones muy similares. Mientras en el 95-97 las transacciones alcanzaron valores anuales entre US$5.000 y 6.000 millones, su posterior desaceleración las condujo a cifras de apenas US$3.000 millones en el 99. En el año 2000, las transacciones aumentaron 75% y en el 2001 podrían llegar a los US$7.000 millones. El momento de tomar decisiones es ahora.



2000: año de transición



Económicamente, el 2000 fue un año de transición. Más que por grandes decisiones públicas o nuevos negocios, el año estuvo marcado por el reacomodamiento empresarial.



El sector público tuvo una actividad relevante por el volumen de los recursos comprometidos, pero limitada en cuanto al número y la diversidad sectorial de las operaciones. Las más importantes decisiones públicas fueron en el área de minas y energía: la venta de Carbocol, la capitalización popular de ISA y la Ronda del 2000, que adjudicó contratos para la exploración petrolera. El Estado también tuvo actividad importante en la colocación de deuda pública a altos intereses, la reconstrucción cafetera y el boom de obras en Bogotá, incluyendo Transmilenio.



La gran mayoría de negocios en el año 2000 se debió, más bien, a la reorganización empresarial. Las fusiones y adquisiciones, encaminadas a reestructurar y revitalizar negocios, estuvieron en el corazón de la acción en la telefonía celular, la cerveza, el comercio, los fondos de pensiones y la energía eléctrica, acumulando operaciones por más de US$1.500 millones.



La entrada de BellSouth a Celumóvil y Cocelco y de Telmex a Comcel permite superar la fragilidad financiera de estas empresas y prepararlas para una competencia a fondo. La compra de Leona por Bavaria alivia las tensiones financieras del grupo Ardila y cambia la configuración competitiva de este negocio en los próximos 20 años. Las expansiones de Exito-Casino y Carrefour, acompañada de la agresiva estrategia de Carulla-Vivero, han producido un cambio radical en la estructura del comercio minorista.



La extranjerización de los fondos de pensiones avanzó con el fortalecimiento de la presencia del Citibank en Colfondos y del BBVA en Colpatria. Y la española Unión FENOSA se constituyó en nuevo actor de la energía, con la compra de las acciones en Electrocosta y Electricaribe, que estaban en manos de Reliant.



La capitalización del sistema financiero fue otro núcleo de decisiones empresariales vitales durante el año 2000, que acumuló cerca de US$1.300 millones. Mientras Fogafin debía concentrarse en una inútil estrategia de soporte de la banca pública y en facilitar la capitalización de unas entidades privadas de tamaño pequeño, los grandes jugadores financieros, como el BanColombia, el grupo Aval y el BBVA allegaron importantes recursos de capital por más de US$500 millones.



Por su parte, las empresas del sector real registraron también importantes procesos de reestructuración de sus deudas y, en menor medida, de capitalización. Las reestructuraciones de deuda al amparo de la ley 550 superaron los US$200 millones, e incluso así fueron superadas por las reestructuraciones voluntarias, muchas de ellas al amparo de la resolución 39 de la Superbancaria del año anterior. Las capitalizaciones y reestructuraciones aliviaron los flujos de caja de entidades financieras y empresas para absorber las pérdidas del año anterior y los efectos financieros de la devaluación y han estabilizado las finanzas empresariales.



2001: nuevos negocios



En el año 2001 se verán más nuevos negocios que en el 2000. Serán protagonistas la movilización de activos para el saneamiento financiero y la iniciativa de los nuevos gobiernos locales, pero habrá decisiones definitivas sobre varios grandes proyectos nuevos.



Las indagaciones preliminares entre inversionistas, banqueros de inversión, autoridades gubernamentales y empresarios permiten avizorar, aun en medio de las incertidumbres fiscales, un aumento importante del ritmo de negocios para el año entrante.



Tras la primera fase de capitalización del sistema bancario, la parálisis del sistema hipotecario y la tímida movilización de nuevo capital para las empresas, el 2001 registrará movimientos mucho más importantes de capital e ingeniería financiera. La movilización de activos de la banca pública por parte de la Central de Inversiones S.A., CISA, el inicio en serio de las titularizaciones hipotecarias con el apoyo de la International Financial Corporation (IFC) y las reestructuraciones de la deuda territorial con el nuevo aval del gobierno nacional representarán transacciones por casi US$2.000 millones. Si se consolidan las reestructuraciones de deuda empresarial, se emiten bonos y los flujos de ganancias se reinvierten, las empresas productivas podrían registrar abundantes recursos nuevos.



En cuanto al Estado, para el nuevo año hay más expectativas sobre obra pública que sobre nuevas privatizaciones. Tras haber pasado prácticamente en blanco, o incluso retrocedido, el programa de concesiones en el 2001 podrá tener nuevo aire. La malla vial del Caribe, la vía Briceño-Tunja-Sogamoso y la vía Bogotá Buenaventura --en especial con el túnel de La Línea-- abrirán nuevas posibilidades. El gobierno nacional seguramente tendrá que tomar decisiones sobre la venta o deshuese de la banca pública y sobre entidades intervenidas como Emcali. La iniciativa de los nuevos gobiernos locales, sin duda, será mayor en privatización o concesiones de sus empresas de servicios públicos, sobre todo en el caso de acueductos y alcantarillados.



Por el lado de los grupos privados, la expectativa es que el ritmo y monto de fusiones y adquisiciones disminuya el próximo año. Aunque es de esperar que los grupos Bavaria y Ardila aceleren el proceso de salida de las empresas que no toman parte en sus negocios básicos, el negocio que genera las mayores expectativas es la entrada de nuevos socios a Inversura, los socios extranjeros que la nueva ley permitirá en los canales de televisión, y la concreción de un negocio para Avianca-Aces.



Las expectativas de un mayor ritmo de negocios para el 2001 estarán fincadas, entonces, en nuevas actividades. En el plano minero, las mayores posibilidades estarán en Samoré: una vez se concluyan las inversiones iniciales de exploración, el año entrante se confirmaría un pozo más grande que el conjunto Cusiana-Cupiagua, que cambiaría el panorama externo del país. En el campo petroquímico, las decisiones finales sobre la refinería de Cartagena, la optimización de la de Barrancabermeja y la nueva planta de polipropileno de Propilco representarán grandes operaciones de negocios. En el área de gas, están la decisión sobre la planta de Cusiana y la posible consolidación de la distribución alrededor de Promigas y Gas Natural. El mayor negocio en el campo eléctrico será la licitación sobre la segunda línea de distribución de energía a la Costa Atlántica, por US$500 millones.



En el industrial, la definición de los socios brasileños sobre la localización de la nueva siderúrgica de casi US$1.000 millones en la Costa Atlántica será, sin duda, el negocio del año. En las telecomunicaciones, las inversiones competitivas en las nuevas compañías celulares, la instalación de los cables submarinos y las profundizaciones de inversiones en internet para el mundo de los negocios serán los mayores impulsores de nuevas oportunidades. Todos estos negocios podrían complementarse con la definición de un gran puerto privado de turismo en San Andrés, las inversiones para la sustitución de cultivos del Plan Colombia y, este año sí, las nuevas posibilidades industriales que se abren con la culminación exitosa de la nueva vacuna de Patarroyo.



De esta manera, si el 2000 fue el de la reacomodación, el 2001 podría ser el de los nuevos y grandes negocios. Si el Ministerio de Hacienda finalmente acelera las decisiones sobre reestructuración del Estado, los ministerios aceleran una legislación habilitante en áreas tan importantes como telecomunicaciones y gas, y las nuevas autoridades locales resultan responsables, las operaciones planeadas tendrían todas las posibilidades para darse con éxito.



Y si el gobierno logra avanzar hacia el ajuste estructural de la economía, manteniendo una evolución racional de la tasa de cambio y las tasas de interés, se darían muchos más negocios que los que se alcanzan a percibir ahora mismo. Estaríamos próximos a presenciar un final de gobierno lleno de actividad.
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