| 3/6/2009 12:00:00 AM

Nadie se salva

"El que estemos en América Latina mejor preparados que en el pasado no significa que estemos en una muy buena posición".

Sebastián Edwards es uno de los economistas latinoamericanos más reconocidos internacionalmente. Ha sido un líder intelectual en el análisis de la evolución económica de América Latina a lo largo de tres décadas, desde la crisis de la deuda de los años 80 hasta las aperturas comerciales y financieras de los noventa, la bonanza de la primera mitad del nuevo milenio y, ahora, la crisis financiera global. Edwards fue economista jefe del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe, es profesor del Anderson Graduate School of Management de la University de California en Los Angeles (UCLA) y es miembro del Consejo de Asesores económicos del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger. 

Edwards habló con Dinero sobre el impacto de la actual crisis en América Latina, el exceso de optimismo de esta región frente a la misma y el contagio hacia nuestros países de los efectos de la caída de las economías de Europa Oriental.

D – ¿Por qué se puede afirmar que esta crisis económica es la peor desde 1929?

Dos cosas: primero, que es global, en el sentido que nadie se salva. Y segundo, que está afectando –tal como en ese entonces– al sistema financiero, que es el sistema nervioso de las economías modernas. Hay que recordar que, solo en los Estados Unidos, entre 1929 y 1933 quebraron cerca de 10.000 bancos.

D – ¿Cuáles son los mayores riesgos de la crisis para América Latina?

En primer lugar, veremos crecimiento negativo en varios países. Ello se traducirá en mayor desempleo y menores salarios. En segundo término, habrá una tentación por debilitar los equilibrios macroeconómicos en forma peligrosa y, eventualmente, costosa. 
Finalmente, está el peligro de fortalecer a los políticos populistas.  En situaciones de crisis es habitual –y hasta cierto punto comprensible– culpar a otros, a los extranjeros, a las multinacionales, al capitalismo salvaje, al FMI, a los poderes fácticos. Todo ello es bueno para los populistas, pero malo para los países.  No hay, en la historia del mundo, ningún ejemplo de regímenes populistas exitosos en el mediano plazo.  Ni Chávez, ni Rafael Correa ni los otros líderes populistas serán capaces de quebrar esta tendencia histórica.

D – ¿Qué tan cierto es que los países latinoamericanos están en una muy buena posición para enfrentar la crisis financiera internacional?

 Ese es uno de los tantos mitos que rondan por nuestros países.  Es verdad que la mayoría está mejor preparada que lo habitual. Por primera vez en muchísimas décadas, una crisis global nos encuentra con reservas elevadas, déficits fiscales moderados y tasas de cambio flexibles. Sin embargo, el que estemos mejor preparados que en el pasado no significa que estemos en una muy buena posición. El problema es el siguiente: en prácticamente toda la región se dejaron de lado, hace ya años, las políticas modernizadoras. Nuestras economías son rígidas, lentas y anticuadas.  Ello significa que serán golpeadas con fuerza y demorarán en recuperarse. La cuasi-bonanza de 2003-2008 fue un regalo que vino en forma de créditos abundantes y baratos y extraordinarios precios de los commodities.  Pero nada perdura.
 
D – En Colombia se afirma que, por ser un país relativamente cerrado, el impacto de la crisis será leve. ¿Es esto posible?

 Pensar así es un error. La relación entre apertura y costos de crisis externas es, precisamente, la opuesta. Una crisis generalmente genera dos problemas relacionados: las exportaciones caen y los flujos de capitales externos disminuyen. Ambos se traducen en un mayor desequilibrio global y en una necesidad de reducir las importaciones. El ajuste de demanda interna requerido es más traumático en economías cerradas que en economías abiertas. Además, las economías más cerradas son, habitualmente, más rígidas y tienen mayores dificultades para ajustarse. En general, registran mayores aumentos de desempleo.

D – ¿Qué debería hacer Colombia para enfrentar la crisis y salir bien librada de la misma?

 El tema de la confianza es importante. Las autoridades deben asegurarle al público que protegerán la integridad y el funcionamiento del mercado financiero y del sistema bancario.  No deben ponerse trabas al funcionamiento del mercado cambiario; si la moneda se deprecia, hay que permitirlo.  Finalmente, hay que tener una política fiscal razonable, la cual, incluso siendo algo expansiva, tenga presente que el mundo seguirá adelante y que ni la inflación ni los excesos de endeudamiento son buenos para el futuro.

D – ¿Hay unos países latinoamericanos mejor preparados que otros?
Sí. El mejor preparado es Chile, donde el gobierno ahorró cantidades enormes de recursos en bonos del Tesoro y ahora está usando partes de esos dineros para paliar la crisis. Los que enfrentan mayores peligros son Argentina, Venezuela y Brasil. Colombia está en una posición intermedia.

D – ¿Cómo podría ser el contagio de lo que está pasando en los países de Europa del Este sobre América Latina, sobre el mercado de bonos y sobre el sistema financiero internacional?

Ese es un tema fascinante, porque refleja el nivel de interrelación de las economías modernas.  El problema de Europa del Este se reflejará, inicialmente, en los bancos europeos –especialmente Austria, Alemania y Suiza– y en el mercado de bonos emergentes.  Esto ya se está viendo con los spreads de los credit default swaps.  Los bancos europeos tienen conexiones con bancos de Estados Unidos –los que casi no tiene exposición directa a Europa del Este– y los afectarán.  Ello hará más lenta la salida de Estados Unidos de su crisis, lo que impactará a América Latina.

D – ¿Cuál es su opinión sobre la posibilidad de nacionalizar algunos bancos en Estados Unidos?

 En Estados Unidos hay una gran resistencia a la idea, pues esto va en contra de su cultura. Lo tradicional, y lo culturalmente aceptable, es que haya miles de bancos independientes. Eso lo hemos visto desde niños en las películas del oeste, donde incluso en los pueblos más míseros hay un bar y un banco. Esos bancos son pequeños, tienen tan solo una sucursal, son todos independientes y privados. Ni siquiera durante la Gran Depresión se nacionalizaron. Roosevelt cerró más de 5.000 bancos, pero no los nacionalizó.  En los años 80 el gobierno se hizo cargo de las asociaciones de ahorro y prestamos, pero las liquidó. Ahora, si la crisis se vuelve un completo descalabro y se profundiza, con algunos bancos entrando en verdadero peligro de insolvencia, es posible que los políticos cambien de opinión, pero lo veo muy difícil.

D – ¿Cuál sería el impacto de esta medida?

Una nacionalización significa emitir una gran cantidad de acciones adicionales, las cuales son compradas por el gobierno, de modo que el Estado pasa a ser el dueño.  Eso significaría que los accionistas actuales perderían su inversión, como resultado de las malas apuestas que hicieron. Esto no debería crear mayores problemas en el resto del mercado financiero.  Al contrario, si los bancos empezaran a andar bien, eso sería bueno para el resto de la economía. Si la nacionalización de bancos llegara a suceder –aunque la veo poco probable–, el gobierno despediría a los ejecutivos actuales y los reemplazaría por otros más jóvenes y más competentes. Eso tendría un efecto político positivo, ya que el público está furioso con los banqueros por su arrogancia, incompetencia y falta de sensibilidad.

D – ¿Cómo podría detenerse la corriente del proteccionismo?

Este es un peligro mayúsculo. Todos los expertos coinciden en que la crisis de 1929 se profundizó, hasta transformarse en una Gran Depresión, después de que los Estados Unidos. y Europa adoptaran medidas proteccionistas. La llamada legislación Smoot-Hawley de 1930 detuvo el comercio internacional y agudizó la crisis. También, la decisión del presidente Roosevelt de que los Estados Unidos no participara en la reunión de líderes en Londres en 1933 hizo que la confianza, el comercio y la actividad económica se desplomaran. El proteccionismo solo puede evitarse si hay un liderazgo fuerte y decidido de parte de la Casa Blanca. En cierto modo estamos en las manos del presidente Barack Obama.

D – Si el proteccionismo no se logra detener, ¿cuál sería el costo para América Latina?
El costo sería enorme. Nuestras exportaciones se verían afectadas y con ello el empleo y el ingreso. Además, daría munición a los populistas de la región para atacar a la globalización y al mercado y para volver a transformar a América Latina en una región que mira para adentro. La verdad es que sería una tragedia.

D – ¿Por qué hoy hay que creer en las bondades de la globalización, el liberalismo económico, o en términos como ‘libertad de empresa’, si por esta libertad la estamos pasando mal?

La pregunta es ¿quién hace mejor las cosas?: ¿Los burócratas del Estado, o las personas directamente afectadas por esas cosas? En la mayoría de los casos, las personas las hacen mejor. El dicho dice, “Al ojo del amo engorda el ganado.”; no dice, “Al ojo del funcionario público engorda el ganado.” Ahora bien, el que esto sea válido para la mayoría de las situaciones, no significa que lo sea para todas. Hay áreas, como la regulación, donde el Estado tiene un rol muy importante. En esas áreas debe hacer una buena labor. Necesitamos un Estado limitado, pero fuerte. Lo que hemos tenido es un Estado limitado, débil e incompetente.

D – Se dice que después de esta crisis, la economía mundial ya no será la misma ¿Qué cosas son las que van a cambiar?

Habrá más regulaciones. También más timidez. Ojalá que haya menos arrogancia.

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