| 3/1/2006 12:00:00 AM

Mirar hacia adelante

Con el TLC, Colombia logró el acceso que venía buscando desde hacía décadas para una larga lista de productos en los cuales tiene ventajas competitivas. En manos de los empresarios está aprovechar esta oportunidad histórica.

Se cerró, finalmente, la negociación del TLC y han empezado las evaluaciones de los resultados. A medida que se conozcan los acuerdos definitivos, los distintos sectores entenderán con mayor precisión las consecuencias del texto que se ha firmado, las oportunidades que se abren y también, por supuesto, las amenazas a las cuales se exponen al entrar Colombia en este proceso de integración comercial con Estados Unidos.

Esta revista siempre ha estado a favor de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos: cuando se discutió como una hipótesis en 1994 bajo el gobierno Gaviria, después de la firma del G3; cuando se anunció, también como una hipótesis, durante el gobierno Pastrana; y también ahora, bajo el gobierno Uribe, quien no solo lo anunció sino que fue capaz de sacarlo adelante. Hace diez años, un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos le habría ayudado a Colombia a ganar ventajas en el concierto internacional. Hoy, el acuerdo es indispensable para que el país no se quede aislado de los procesos de globalización en un continente donde México, Centroamérica, Perú y Chile tienen acuerdos de libre comercio con la mayor economía del mundo.

En las páginas que siguen se presenta un análisis de las pruebas que deberá superar el tratado para convertirse en legislación tanto en Estados Unidos como en Colombia (página 27) y de los principales resultados de la negociación (página 31). Con la información disponible en este momento, es evidente que el balance es positivo. La garantía de acceso a productos industriales colombianos al mercado de Estados Unidos cubre prácticamente la totalidad del universo arancelario. En propiedad intelectual, particularmente en lo que se refiere a la protección de datos de prueba, que es el factor crítico en el tema del acceso a los medicamentos genéricos, se mantiene en esencia la normativa vigente. En el sector agrícola se logró una cuota significativa para el azúcar (por país, es superior a la que alcanzó Centroamérica), que es nuestro principal producto ofensivo hacia el mercado de Estados Unidos en el portafolio agrícola; esto se venía buscando desde hacía muchos años, sin que hubiera sido posible avanzar.

En cuanto a los productos llamados "perdedores", lo importante para Colombia es entender que no pierden por cuenta del tratado, sino de su falta de competitividad internacional. En otras palabras, ya habían perdido la batalla de la globalización. Es vital ahora entrar en procesos rápidos de reconversión, para que las regiones afectadas desarrollen sus verdaderas ventajas competitivas.

¿Cuáles serán las implicaciones de largo plazo del TLC? Si las empresas colombianas quieren aprovechar el tratado, ahora deben imaginar cómo será el escenario para el mercado internacional, para el país y para su sector dentro de diez años, y pensar cuál es la mejor forma de posicionarse para aprovechar esas tendencias. Algunas de las principales tendencias son las siguientes.

El TLC profundizará los procesos de globalización en Colombia La consecuencia más importante del tratado es que obligará a las empresas colombianas a reflexionar sobre cuál es su papel en una economía globalizada. La pregunta que los empresarios colombianos deberán hacerse no es tan sencilla como buscar la mejor forma de entrar al mercado de Estados Unidos. La pregunta de fondo es: ¿cómo debo posicionar mi empresa para participar en las grandes tendencias de la globalización en mi sector, cuando tengo acceso al mercado más importante del mundo? La capacidad de las empresas colombianas para entrar en alianzas con empresas de Asia o Europa se multiplica exponencialmente a la luz de esta pregunta con la firma del tratado. Sin embargo, esto solamente ocurrirá para aquellas empresas que estén listas.

La velocidad es el factor crítico El mayor impacto que sentirán las empresas colombianas en su cotidianidad no se refiere a los cambios en el arancel, sino a la velocidad con la cual sus competidores comenzarán a tomar decisiones que afectarán su situación. La agresividad en la búsqueda de oportunidades se incrementará sustancialmente y se reflejará en la disposición de las empresas para ensayar nuevas fórmulas, nuevos productos, nuevas estrategias en terrenos donde hasta ahora no se habían aventurado. La capacidad para tomar riesgos y ejecutar con velocidad será el factor crítico que diferenciará a los ganadores de los perdedores.

Las oportunidades de Colombia dejarán de ser "potenciales" Colombia tiene sectores, desde el turismo hasta las frutas tropicales, con clarísimas ventajas comparativas. Sin embargo, el modelo de protección nacional generaba incentivos en contra de estos sectores y a favor de otros. El desplazamiento hacia un modelo de libre comercio llevará a un auge en los sectores competitivos. Colombia aprenderá rápidamente del ejemplo de Chile, un país que a pesar de tener una riqueza de recursos naturales mínima en comparación con Colombia, una ubicación geográfica desventajosa y contar con menos de la mitad de la población de nuestro país, produce prácticamente el mismo Producto Interno Bruto de Colombia. La lección es que la especialización en productos que tienen ventajas competitivas y el desarrollo de empresas modernas alrededor de ellos son la clave para su crecimiento económico. Quienes quieren encontrar oportunidades de inversión de largo plazo solamente deben revisar la larga lista de productos que Colombia puede producir para el mundo en condiciones ventajosas de precio y calidad, debido a su ubicación geográfica y a su disponibilidad de recursos naturales.

Es la hora de los servicios En este momento, cuando se hace el balance definitivo de los resultados del TLC, poco se habla de los servicios, una de las mesas de negociación que se definió con mayor velocidad. Sin embargo, allí están algunas de las mayores oportunidades para el país. La demanda por servicios logísticos crecerá rápidamente a medida que aumente el volumen del comercio de mercancías. Los servicios basados en tecnologías de informática y comunicaciones, como los contact centers, tendrán un nuevo espectro de utilización. Los servicios asociados a la provisión de nuevas oportunidades para la inversión extranjera, desde servicios legales hasta los de distribución en el territorio nacional, se desarrollarán como corresponde a una economía moderna.

Las regiones encontrarán su verdadera vocación productiva Así como las empresas entrarán en procesos de decisiones críticas, las regiones del país, ante la realidad de la competencia, deberán volcarse hacia aquellos sectores en los que están sus verdaderas ventajas. Es posible, incluso, que las mayores oportunidades de inversión estén precisamente en aquellos departamentos donde la noticia de la aprobación del TLC ha sido recibida con mayor pesimismo, porque la necesidad de cambio es vista con mayor urgencia. Regiones como Santander, donde la industria avícola tiene un gran peso, o Huila, donde predominan los cultivos de arroz, serán los sitios donde las comunidades locales tendrán que hacer los mayores esfuerzos por dejar atrás el pasado, trabajar en conjunto y encontrar nuevas fuentes de riqueza. La mejor inversión en este momento podría ser comprar tierras baratas a arroceros deprimidos en Huila y entrar en procesos de reconversión hacia cultivos como palma africana, frutales y hortalizas. También debe ser buena inversión instalarse en Bucaramanga en algún negocio que utilice la calidad de la educación y la capacitación que tiene la fuerza de trabajo en ese departamento, y cambiar lo que está ocurriendo ahora, cuando el departamento de Santander actúa fundamentalmente como un exportador de talento hacia el resto del país. Las oportunidades están ahí, pero no se van a abrir para quienes insisten en seguir aferrados del pasado.

Los cuadros en las empresas se renovarán Por todo lo anterior, uno de los impactos más importantes para los próximos años será la renovación en los cuadros directivos de las compañías colombianas. Las empresas, no solamente en las capitales sino también en provincia, van a demandar ejecutivos que tengan capacidad de moverse en escenarios internacionales, que hablen inglés y que sean capaces de entender las oportunidades y articular los procesos necesarios para aprovecharlas. Muchos de esos ejecutivos ya están ahí, trabajando en las empresas, pero tienen en este momento 30 años o menos y no han recibido reconocimiento. El TLC catapultará sus carreras.

Las experiencias de las empresas mexicanas y chilenas muestran que quienes capitalizaron las oportunidades fueron aquellos que se desprendieron de las amarras del pasado y miraron el futuro dispuestos a hacer lo que fuera necesario para aprovecharlas, incluso si esto implicaba olvidarse de lo que habían sido hasta ese momento. Esa es la base para capitalizar el cambio histórico que para la economía colombiana representa el cierre de la negociación del TLC con Estados Unidos.
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