| 9/16/2005 12:00:00 AM

Minería

Las firmas internacionales del sector minero han dinamizado una industria que estuvo paralizada por la falta de inversión. Y lo han hecho con mano de obra y talento colombiano.

Uno de los mayores tesoros de Colombia permanecía bajo tierra hasta cuando un puñado de multinacionales desembarcó en el país hace escasamente 10 años. Los minerales, en especial el carbón y el ferroníquel, se han transformado en la última década en una de las principales fuentes de ingresos para el país gracias a fortísimas inversiones por parte de las multinacionales mineras. La minería, que estuvo paralizada durante décadas, vio a empresas como Drummond, Glencore, AngloAmerican y BHP Billiton dinamizar el sector con una inyección de efectivo entre 1996 y 2003 que supera los US$3.200 millones, según la Unidad de Planeación Minero Energética del Ministerio de Minas.

Los últimos años, como recuerda Augusto Jiménez, presidente de Drummond Colombia, han representado el despegue del sector minero. El país ha salido beneficiado con las regalías pagadas por estas empresas y que en 2004 alcanzaron los $370.000 millones. Hace apenas dos años, esa cifra rondaba los $232.000 millones. Las empresas insignia del sector, Drummond, Carbones del Cerrejón (controlada por un consorcio formado por AngloAmerican, Glencore y BHP Billiton) y Cerromatoso (de BHP Billiton), se sitúan entre las 50 empresas más grandes del país. Pero como dice Jiménez, "los minerales siempre estuvieron allí y apenas estamos comenzando a explotarlos". ¿Por qué tardó tanto tiempo Colombia en aprovechar su recurso minero?

Para responder esa pregunta es necesario echar una mirada al pasado. La historia de la minería en el país se remonta a la época de la Colonia, pero solo hasta la década de 1870 se puede hablar de inversiones importantes en la explotación del sector. Y en ese momento las multinacionales comenzaron a hacerse presente en suelo colombiano, aunque con una estructura de operación muy distinta a la que utilizan hoy. El oro, extraído de las minas de aluvión, fue uno de los mayores atractivos para las empresas europeas. Sin embargo, estas compañías no eran multinacionales como tal, sino más bien enclaves de capital extranjero, que apenas tenían una sede en su país de origen. Muchas de ellas eran británicas y desembarcaban en el país con su propio personal.

Compañías como Colombian Hydraulic Mining o La Compagnie Française de Segovie trajeron maquinaria moderna en búsqueda de minerales preciosos. Según Thomas Fischer, especialista en el tema, entre 1870 y 1914 hubo 15 empresas mineras de capital extranjero registradas en el país. Sus resultados, sin embargo, fueron pobres. Los estudios sobre la ubicación de los yacimientos eran insuficientes y les faltaba capital para realizar las inversiones necesarias, abocando al fracaso esos primeros esbozos de las multinacionales mineras en el país.

Sorprendentemente, este modelo, aunque poco exitoso y con muchos obstáculos en su camino debido a la continua intervención y los cambios de regulación del Estado, siguió operando hasta finales de la década de 1970. La enorme riqueza minera de Colombia era conocida, pero las multinacionales del sector veían con temor la política proteccionista, que ponía obstáculos a la inversión extranjera. Pero el aparato del gobierno, con sus tuercas mal engrasadas y su alto endeudamiento, tampoco tenía la capacidad de realizar las inversiones necesarias para el desarrollo del sector minero.

Así, la política del gobierno fue cediendo poco a poco y, como en otros sectores de la economía nacional, la presencia de una nueva generación de multinacionales comenzó a dejar sus primeras huellas a finales de los 70. En diciembre de 1976, la explotación de la mina del Cerrejón Zona Norte fue la primera pieza que se movió en el nuevo ajedrez de la minería. El gobierno, por medio de la estatal Carbocol, utilizó en esta ocasión un modelo de asociación o riesgo compartido, un joint venture, con la gigante petrolera Exxon, que también tenía operaciones en el sector.

La evolución del Cerrejón de un joint venture dependiente del Estado a una empresa controlada y operada por multinacionales es el paradigma de los cambios que ha vivido el sector. Como el propio Ministerio de Minas y Energía admite, la política minera del gobierno ha pasado en los últimos años de defender un "Estado empresario" a impulsar un "Estado facilitador". Alberto Calderón, presidente del Cerrejón, asegura que las políticas de apertura de varias administraciones han sido fundamentales para que la compañía haya quintuplicado su producción.

Drummond, por su parte, se saltó el paso de la asociación con el gobierno y entró en negociaciones directas para operar por su cuenta en 1989. Después de haber tramitado más de 280 permisos, la compañía, con sede en Estados Unidos, realizó su primera exportación de carbón colombiano en 1995.

El aporte de estas multinacionales va más allá del pago de regalías e impuestos. Las exportaciones de carbón han pasado de 17,7 millones de toneladas en 1994 a 45,6 millones en 2003. El carbón, con la llegada de las multinacionales, desbancó al café como el segundo mayor rubro de exportación. Y lo ha hecho con mano de obra local, que en muchos casos ha sido capacitada directamente por las empresas. Todas las multinacionales del sector se jactan de tener un porcentaje ínfimo de trabajadores extranjeros en sus operaciones en el país.

Estas multinacionales apenas comienzan su andadura en Colombia. Todas quieren realizar fuertes inversiones para seguir aumentando su producción. Como dice Carlos Uribe, presidente de Asomineros, el gobierno tiene que jugar un papel decisivo en facilitar y apoyar esas inversiones.
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