| 8/30/2007 12:00:00 AM

Migrar ¿la solución?

Las migraciones serán cada vez más frecuentes, porque los países las necesitan. Más allá de los problemas, los países ven hoy las oportunidades que ellas representan. ¿Qué hay en esa tendencia para los colombianos?

El negocio de confecciones de Diana Parada, una emigrante colombiana a Québec, Canadá, comenzó hace tres años con US$800 de dos tarjetas de crédito. Hoy, con algo de ayuda del gobierno de ese país y un gran empeño personal, conformó una red de 120 puntos de venta y salas de exhibición en México, Bélgica y Francia. Los teléfonos de su empresa, Mamá Canguro, como lo reportan publicaciones locales, no paran de sonar y su línea de producción no da abasto para atender las demandas de sus compradores.

Este tipo de historia no solamente es inspiradora para los 3,3 millones de colombianos que viven fuera del país, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), o para otras personas que quisieran seguir su ejemplo, sino también para los técnicos que diseñan las políticas migratorias en los países desarrollados. A pesar de la resistencia política que con frecuencia producen los inmigrantes, los estudios muestran, una y otra vez, que los efectos económicos de su presencia son fundamentalmente positivos para los países que los reciben. Lo práctico para esos países no es ponerles barreras, sino diseñar programas para atraer inmigrantes que estén capacitados en oficios y profesiones donde hay escasez de oferta y que ojalá, como Diana Parada, creen empresas generadoras de riqueza.

Cada día son más los países avanzados que ponen en práctica políticas que estimulan la migración ordenada. Estas políticas tienen ya unos efectos importantes en Colombia. Sin gran alboroto, nuestro país participa activamente en estos esquemas migratorios, como lo demuestran tan solo en este año las 200 enfermeras que viajaron a España a atender personas de la tercera edad (se estima que se requerirán 25.000 en los próximos cinco años), los cerca de 1.400 recolectores de fruta que se fueron a trabajar a Cataluña y los 1.700 trabajadores que se preparan en varios oficios para ser contratados por una petrolera en Estados Unidos. Todos ellos viajaron a través de programas de migración ordenada, donde sus habilidades y conocimientos fueron calibrados para lograr el mejor empalme posible con los mercados laborales de los países de destino.

El fenómeno de la migración toma una nueva cara en este siglo. La migración deja de ser vista como un problema, para convertirse en una de las soluciones a la falta de mano de obra en los países ricos, y al desempleo y al atraso en los pobres. Esto abre grandes posibilidades para las personas, pero también plantea enormes desafíos relacionados con la equidad en las relaciones entre países.

Las cifras mandan

La importancia que tienen hoy los migrantes en la economía de los países desarrollados es extraordinaria. En la década pasada, los migrantes aportaron cerca del 90% del crecimiento de la población de Europa. En ocho países de ese continente, ellos constituyen más del 5% de la fuerza laboral. Las remesas de los inmigrantes se convirtieron en la segunda fuente de ingresos para los países en desarrollo, después de la inversión extranjera directa.

Sin embargo, la importancia actual del fenómeno es pequeña frente a la que tendrá en el futuro. Tres tendencias demográficas harán que la aceleración de las migraciones sea prácticamente inexorable. De un lado, más del 97% del aumento en la población del mundo de aquí al año 2030 ocurrirá en los países en desarrollo. Mientras tanto, el crecimiento de la población en Europa y Japón será negativo y habrá más viejos. Los cálculos de la OECD (organización que agrupa a los países desarrollados) muestran que entre sus miembros la proporción de mayores de 65 años a personas de 20 a 64 años de edad se duplicaría entre 2006 y 2050. En otras palabras, en materia de población, las cartas están jugadas. Los países desarrollados no serían viables a mediados del Siglo XXI sin un incremento acelerado de la inmigración.

Los estudios que se han hecho al respecto arrojan resultados dramáticos. La entidad financiera española La Caixa estableció que sin la migración, el crecimiento del PIB por habitante en la Unión Europea no hubiera sido de 1,79% entre 1995 y 2005, sino de -0,23%. El Club Diálogos para la Democracia de España calculó que para mantener los estándares de vida actuales, en Madrid se necesitarán 800.000 inmigrantes nuevos hasta el año 2015. A su vez, la Oficina Económica del Presidente del Gobierno de España encontró que los inmigrantes no son una amenaza para el empleo local porque van a sectores donde la oferta de trabajo de los nativos es escasa, y además redujeron el desempleo estructural en 2 puntos entre 1996 y 2005, porque tienen mayor movilidad geográfica que los nativos y presionan a la baja el crecimiento de los salarios reales.

Por lo demás, su efecto sobre las cuentas de seguridad social es decisivo. En España, los inmigrantes cotizan a pensiones cerca de US$10.800 millones al año y reciben apenas US$540 millones. Aunque el superávit se debe guardar para atender los derechos de los cotizantes en el futuro, también sirve para cubrir las necesidades de los jubilados actuales.

En Canadá, los datos de la oficina estatal del trabajo muestran que ese país necesita llenar dos millones de puestos vacantes hasta el año 2015, cosa que no será posible si solo se cuenta con la fuerza de trabajo local. En Estados Unidos se ha demostrado que las ciudades con alta población de inmigrantes tienen menores costos en servicios provistos por trabajadores de baja capacitación (lavandería, jardinería, cuidado de niños y otros), lo que tiene un efecto positivo medible sobre el ingreso real de sus habitantes. Por otra parte, en lo que se refiere al efecto de los migrantes de alta capacitación, se ha demostrado que el 25% de las empresas en Sillicon Valley tienen al menos un inmigrante como socio fundador. Más del 24% de las solicitudes de patentes registradas en Estados Unidos en 2006 tenían un inmigrante entre sus inventores.

Esto explica por qué las políticas de inmigración están cambiando para atraer personas capaces de trabajar en ocupaciones donde la demanda supera la oferta local o donde se requieren altos niveles de capacitación. Países como Australia y Canadá tienen desde hace tiempo sistemas de inmigración donde los candidatos reciben puntos dependiendo de sus conocimientos y habilidades. En Estados Unidos un último proyecto de ley le da más importancia a las capacidades laborales que a los vínculos de parentesco como criterio para la aprobación de la inmigración. Aunque el proyecto se hundió, sin duda el tema seguirá figurando entre las prioridades en la agenda pública de ese país.

Lo que es claro es que las migraciones no solo benefician a los países de origen, sino también a los receptores. "Los migrantes ya no son el peligro", explica Jorge Baca, oficial de Programa de la OIM. Se espera que los volúmenes migratorios crezcan en los próximos años a través de programas regulares, bien establecidos y promovidos por los gobiernos y particulares.

Pero como ocurre con cualquier megatendencia económica, esta solo beneficiará a los que estén preparados para aprovecharla. Si los colombianos no encuentran una forma de beneficiarse de las migraciones, otros sin duda lo harán, porque en el mundo en desarrollo hay una enorme disposición a cambiar de lugar de residencia. Una encuesta entre personas de 15 a 24 años del Banco Mundial el año pasado encontró que el 91% de los albanos, el 88% de los rumanos, el 80% de los etíopes el 78% de los bengalíes y el 76% de los iraquíes emigrarían si tuvieran una oportunidad legal. ?

La planeación es esencial

¿Qué han hecho los colombianos que han migrado con éxito? Algunos pulieron sus habilidades gerenciales. Ejecutivos con una buena carrera profesional han terminado con puestos importantes en empresas como Coca-Cola o Pepsi, HSBC o Citibank, Oracle o Microsoft. Los cazatalentos aseguran que para sobresalir en el entorno corporativo mundial hay que tener pensamiento global, capacidad de liderazgo, inteligencia emocional, adaptabilidad a la empresa y a la cultura, capacidad de cambio (de anticiparlo y crearlo), disponibilidad para viajar y aceptar altas cargas de trabajo, fluidez en varios idiomas, una preparación académica que incluye estudios de postgrado y, por supuesto, experiencia laboral sustancial y singular en el sector en el que se desempeñen (ver Dinero No. 272 marzo 2 de 2007).

Un grupo que ofrece importantes lecciones es el de los colombianos migrantes emprendedores. En Estados Unidos hay muchos casos conocidos, como los paisas de Pollos Mario o el del dueño de la franquicia de Servientrega, ambos en Nueva York. Al estudiar en detalle esos casos, se encuentran los factores que explican el éxito. La mayoría de los empresarios tiene una visión clara, un mapa exacto de a dónde quiere llegar y una intención de insertarse en la comunidad que los recibe.

Uno de los casos más notables es el de Zoilo Nieto, un girardoteño de 43 años que llegó a Nueva York hace 23 años con un puñado de dólares en el bolsillo. Hoy su empresa, Zoni Language Centers, especializada en la enseñanza del inglés a estudiantes internacionales, tiene cinco sedes en el área de Nueva York y funciona también en Nueva Jersey, La Florida y en Vancouver, Canadá. Es el sueño americano hecho realidad.

Su secreto, una visión sobre su proyecto de vida en el largo plazo. "Hay que tener una visión y una misión bien claras y sobre todo creérselas", dice. "El dueño de una tienda pequeña se queda con una tienda pequeña. No tiene visión para crecer", añade. "Hay que creer en la visión con pasión, con amor. Lo demás es trabajar para conseguirla. No me dejo distraer de mi objetivo. Es así de simple", dice.

Jorge Castro, un empresario de finca raíz y construcción que llegó a Miami en 1986 con su familia, sin dinero y con la convicción firme de hacer empresa y fortuna, ratifica la necesidad de pensar en el largo plazo. "Una de las cosas más importantes es tener un sueño", dice. "Hay que visualizarlo, planear todo hacia ese sueño y después trabajar el plan. Hay que ser disciplinado y muy organizado", agrega.

En 1989, Castro comenzó a trabajar en finca raíz con su padre y en 1992 abrió su propia oficina. En 1995 entró a la red de Century 21 y consiguió llegar y mantenerse entre las 60 oficinas con más ventas de las 6.000 oficinas de esa franquicia en Estados Unidos. Rápidamente ingresó en el negocio de la construcción, que coronó en 1994 con la compra del teatro Ritz de Elizabeth, Nueva Jersey, un escenario de vaudeville para 3.000 espectadores. Su receta empresarial tiene otros dos puntos. "Hay que adorar este país como si fuera aquel en el que naciste, sin olvidar el tuyo. Hay que tener un conocimiento académico del idioma inglés: leerlo, hablarlo, escribirlo y ser capaz de articular mensajes inteligentes, no balbucearlo", dice. En otras palabras, estar dispuesto a insertarse en la sociedad a la que llega. No quedarse en el gueto de los inmigrantes que nunca se arraigan.

Para Orlando Tobón, empresario y líder cívico y político del condado de Queens, que ha visto miles de nacionales llegar a Estados Unidos, quienes tienen más probabilidad de regresar a Colombia sin haber conseguido sus metas son personas que tienen problemas para insertarse en la sociedad que los recibe. En general, se trata de profesionales mayores de 40 años, que llegan sin sus familias, muchas veces huyéndole a dificultades financieras. Allí encuentran barreras grandes en el idioma. "La familia y los problemas que dejan en Colombia no les permiten avanzar. Fracasan muy fácilmente y regresan con más problemas de los que tenían al salir, porque tienen que pagar las deudas de su viaje", afirma.

Otro punto crítico en el éxito de la migración es la preparación previa a la salida del país de origen. Así lo señala Patrick Abikzer, presidente de Sedav, una empresa que identifica y ayuda a migrar a las personas que se requieren en Canadá. Ese país tiene la tasa de retención de inmigrantes más alta del mundo, gracias a que la migración se hace con un proceso planeado y ordenado y no es una aventura apasionada. Así, antes de migrar, Sedav promueve la conformación de redes de apoyo de colombianos. Establece conexiones entre el migrante y compatriotas en Canadá con los que pueda contar en el momento que inician su nueva vida en el país.

La preparación para salir es larga. Esta etapa tomó dos años para el primero de los 100 latoneros colombianos que consiguieron puestos en Canadá y que se fue hace pocos días, dice Ricardo Ramírez, director de Avia Export, una filial de Aviatur. Ese tiempo fue necesario para alcanzar el nivel básico en el idioma para pasar los exámenes de inmigración y para prepararse en el oficio hasta conseguir los estándares que requerían sus empleadores.

Los empresarios deben estar dispuestos a seguir su preparación en los meses posteriores a la llegada al país de destino. Es el caso de un empresario colombiano que Patrick Abikzer califica como uno de los casos de migración más exitosos al Canadá. A su llegada hace cuatro años, trabajó un año en una firma comercializadora local para conocer el mercado. Luego armó su propio negocio de exportación e importación de frutas y flores, pero antes de comenzar hizo un estudio cuidadoso para identificar las necesidades de sus compradores potenciales. Con esa información viajó a Colombia para contactar proveedores y a su regreso en Canadá, avanzó negociaciones con sus clientes casi hasta el punto de firmar contratos. Solo en ese momento y con una inversión no muy cuantiosa, comenzó la importación de estos productos.

Más sesos que intuición, es la lección que dejan ese caso y el de otro colombiano que se estableció en Montreal hace ocho años con la idea de vender su propia marca de café. Antes de empezar, contrató un estudio de mercado y el diseño de la marca y el empaque. Con esos resultados, el empresario comenzó una fase de pruebas de su café 100% colombiano, con los distribuidores grandes de la ciudad y con los consumidores. Todos estos pasos significaron ahorros en la promoción, el proceso más importante para posicionar una marca en los gustos de las personas. El esfuerzo no estuvo en la conformación de la empresa —constituir una firma en Canadá se toma 24 horas—, sino en perfilar la idea, pulir los productos y entender la forma de distribuir y vender.

En cualquier caso, entrar legalmente al país receptor es una condición esencial. "La gente que hace el trámite legal para insertarse en una sociedad hace que las cosas le resulten bien", sostiene Catalina Lobo-Guerrero, periodista de Conexión Colombia, un sitio de información para colombianos en el exterior afiliado a Publicaciones Semana. "La probabilidad de que a la gente que arranca mal le vaya mal, es alta".

¿Usted qué sabe hacer?

En la nueva fase de migraciones ordenadas hay otros modelos interesantes. La OIM promueve el modelo de migración laboral temporal y circular. Con apoyo de esta entidad, la Unió de Pagesos de Catalunya lleva a esa región española grupos de cerca de 1.400 trabajadores colombianos anualmente, que permanecen allí de seis a ocho meses, trabajando en recolección y procesamiento de frutas. Esta iniciativa tiene ya cerca de siete años. En esas labores hay rumanos y magrebíes, pero muchos agricultores prefieren a los colombianos por la afinidad cultural. Los nacionales reciben sueldos muy superiores a los que tienen en nuestro país, lo que les da la posibilidad de ahorrar. El programa no afecta el empleo de los catalanes. "Cataluña tiene una tasa de desocupación de 6% ó 7% y hay una lista de 7.000 puestos vacantes", explica Josué Gastelbondo, funcionario de la OIM. El trabajo temporal en el exterior trae otras ventajas. Por ejemplo, 140 campesinos del Cesar se han asociado para vender mangos a sus empleadores en Cataluña.

También hay una demanda creciente de emigrantes permanentes en carreras tecnológicas. En este caso el Sena ha jugado un papel importante ofreciendo una capacitación que cumpla con estándares internacionales. Hoy hay 6.337 exalumnos del Sena con contratos a término indefinido en el exterior. "El año entrante quiero ubicar 10.000 personas", afirma Darío Montoya, director del Sena.

¿Dónde está la demanda? En una gran variedad de oficios. Maple Leaf Foods, una empresa canadiense productora de alimentos con 23.000 empleados y más de US$5.000 millones en ventas anuales solicitó 160 carniceros nuevos en sus plantas de producción, que el Sena ubicó entre candidatos de su base de datos y en la población de Suba, vecina de Bogotá. El grupo francés Bertrand, que tiene 2.500 restaurantes y hoteles en ese país espera llevarse en los próximos meses un grupo inicial de 60 cocineros.

"Tenemos convocatorias prácticamente todos los días. Hay áreas que tienen una demanda impresionante, como la hostelería, la cocina y el bar, y la salud. Nos reciben lo que tengamos en auxiliares de enfermería y enfermeros, y empiezan a ser importantes la convocatorias a médicos", concluye Montoya.

Esta situación ha desatado una nueva dinámica, para que los egresados obtengan acreditaciones internacionales. La entidad avanza en un proceso con Estados Unidos, que los ha llevado a buscar convenios con community colleges (entidades educativas especializadas en la formación técnica) para homologar programas, comenzando por el de tecnologías de mantenimiento automotriz y asistencia en salud. Lo mismo ocurre para los técnicos en informática que reciben certificaciones de compañías como Cisco, Microsoft, Oracle y Sun. El año entrante se llegará a la cifra de 33.000 graduados bajo estos certificados.

Sin embargo, ¿no es problemático el uso de dineros públicos y recursos aportados por empresas colombianas para la formación de los trabajadores de Francia, Alemania y Canadá? Montoya responde que los beneficios van mucho más allá de la capacitación que reciben los migrantes. Por una parte, el Sena eleva sus estándares académicos, lo cual genera beneficios de largo plazo para los empresarios colombianos que contratan sus egresados. Además, puede aumentar la escala de sus cursos. Ya multiplicaron por 10 los cupos en el cocina, mesa y bar y seguirán creciendo. Solo en Bogotá abrirán 164 puestos más para entrenamiento. Los trabajadores capacitados que opten por quedarse tendrán una preparación de primer mundo. Adicionalmente, aunque la mayoría de los que viajan tienen contratos a término indefinido, reinvierten sus ahorros en Colombia, explica Montoya.



Un nuevo mundo

La migración será una de las fuerzas más importantes en la transformación de la economía y la sociedad globales en el presente siglo. Su crecimiento obligará a las sociedades a buscar respuestas para numerosas preguntas. ¿Los países ricos deberían compensar a los países pobres por el capital humano migrante? ¿Los individuos emigrantes deberían pagar un impuesto a sus países de origen, para compensar por el soporte que recibieron durante los años de formación? ¿Cómo sería posible balancear entre países los aportes y los beneficios de la seguridad social para los migrantes? ¿Cómo fortalecer el regreso de los migrantes en el largo plazo, a través de mecanismos que les permitan construir patrimonios en sus países de origen? ¿Cómo aprovechar mejor las redes financieras y de conocimiento que conforman los migrantes?

Estas, y muchas otras más, son preguntas urgentes que están sobre la mesa. Los expertos las formulan cada vez que se reúnen, pero los políticos en los países desarrollados temen asumirlas de frente, debido a la resistencia que se observa en algunos grupos importantes de votantes. Sin embargo, con políticas acertadas o sin ellas, la humanidad vivirá en las próximas décadas una nueva fase de migraciones en gran escala. Es indispensable prepararse.
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