| 11/1/1995 12:00:00 AM

Menos "formalidad

Corporación Nacional de Industriales del Calzado

La industria de calzado tendrá unos resultados no satisfactorios al finalizar 1995, los cuales no serán inferiores a los de 1994, pero sí menores a los de 1993, considerado un año bueno para el sector. La caída de producción del primer semestre está siendo compensada por un repunte importante en el segundo semestre.

El contrabando, lejos de haberse reducido, viene en crecimiento, fortalecido por la impunidad y la impotencia del Estado para contrarrestarlo. En este tema sí que ha habido "mucho tilín tilín pero nada de paletas". Debe esperarse incluso un aumento del mismo ante el casi seguro aumento del IVA.

Las importaciones constituyen una segunda fuente de problemas para el sector. Las tasas de crecimiento de las mismas dentro del consumo indican que éstas son responsables de por lo menos dos de los cuatro puntos porcentuales que cayó la industria el año pasado, y serán responsables por lo menos de dos puntos que dejará de crecer la industria este año.

Pero, por otra parte, el precio promedio de importaciones apenas llega a US$5 por par, cifra que esconde prácticas desleales de comercio o refleja la clase de productos que están siendo importados. Los productos chinos son una gran fuente de problemas, de los cuales están defendiéndose todos los países del mundo, en particular los de Latinoamérica, pero el gobierno colombiano actúa con timidez y lentitud.

La dificultad para mantener los niveles de exportaciones representa otra causa del regular comportamiento de la industria de calzado. La revaluación del peso ha surtido sus efectos sobre la variable precio, y el retroceso en el mercado más importante del mundo, el de los Estados Uidos, es notable.

El mercado venezolano, que en 1993 se convirtió en el primer comprador de zapatos colombianos, presagia grandes dificultades en 1996. La crisis cambiaría de ese país significará devaluación y escasez de divisas para el pago de sus compromisos. En contraste, las exportaciones colombianas de calzado a Centroamérica, el Caribe, Ecuador, Perú, Chile y la UE presentan favorables perspectivas.

Podría pensarse que el inusitado comportamiento de la tasa de cambio en los últimos dos meses constituye suficiente estímulo para despejar el panorama de las exportaciones. Sin embargo, consideramos que no es así. De hecho pensamos que la reevaluación se ha frenado en Colombia, pero que la devaluación de cerca de 10% en un mes no responde a causas económicas, por lo cual podrá seguir subiendo, para luego caer fuertemente cuando desaparezcan las causas que condujeron a su inesperada alza. Este comportamiento entonces, lejos de constituirse en un estímulo para las exportaciones, también es fuente de incertidumbre, aunque haya contribuido temporalmente a mejorar los indicadores.

Otros tres importantes factores han impedido un mejor desempeño de la industria de calzado. Son ellos el cambio en el comportamiento de los consumidores, la creciente informalidad de la economía y la restricción al crédito que ha soportado el sector de calzado.

El proceso de apertura trae consigo un cambio en el comportamiento del consumidor, que ahora tiene la posibilidad de adquirir productos novedosos a precios cómodos, que han desplazado el consumo de calzado. Resulta paradójico que, siendo el calzado un producto altamente elástico al ingreso, el aumento del ingreso real de los colombianos en los últimos años no se haya traducido en aumentos importantes del consumo per capita de calzado.

Creemos que este fenómeno de desplazamiento es transitorio. Por una parte, porque la "novelería" de la apertura va en descenso; por otra, porque las restricciones al crédito de consumo conllevarán a un ajuste en los patrones de consumo y, finalmente, porque los líderes de la industria de calzado están aprendiendo a desarrollar eficaces campañas de mercadeo que les ayudarán a competir eficientemente. Por otra parte, la informalidad de la economía constituye la más espuria fuente de competencia desleal. La existencia de miles de unidades productoras que no pagan impuestos erosionan la capacidad de competir de las empresas del sector formal. La informalidad va ganando terreno, tendiendo un cerco difícil de pasar para la industria organizada.

La situación anteriormente descrita ha causado deterioro en los resultados de las compañías del sector de calzado, tales como disminución de los márgenes, alargamiento en los tiempos de recuperación de cartera y mayores costos financieros, ante lo cual no se hizo esperar la reacción del sector financiero, que ha sometido al sector a una dura restricción de recursos.

La situación tecnológica merece un comentario final. Diversos estudios han mostrado retraso tecnológico en la industria de calzado, lo cual se traduce en rezagos de productividad en el promedio. En la industria de calzado subsiste una producción artesanal al lado de la producción industrial, y en esta última, satisfactoriamente hay empresas colombianas que han sido calificadas como de "calidad mundial". El proceso de internacionalización ha inducido un aumento en la productividad, y aunque aún hay un camino por recorrer, los avances logrados son positivos.

Debe anotarse que mundialmente al aumento de productividad en la industria de calzado es lento, a causa fundamentalmente de ser un sector intensivo en mano de obra y sus productos están sujetos a los cambios de la moda. Si la industria colombiana logra tasas de aumento de productividad alrededor del 3%, superando el 1.4% de aumento de productividad promedio mundial, en un lapso de 4 o 5 años el país estará a la par de Brasil, el más grande productor latinoamericano.

Así las cosas, el sector de calzado deberá buscar soluciones en medidas oficiales, pero también en el mejoramiento de la gestión empresarial. La experiencia de los últimos años nos dice que se avanza mucho más rápido en las segundas que en las primeras.

Se requiere eficiencia en la acción anticontrabando. Debe buscarse la eficiencia de la supervisión de las importaciones, utilizando adecuadamente las amplias posibilidades de información que ofrece la tecnología con la que, presumo, hoy cuentan la DIAN y el Incomex.

En cuanto a exportaciones se refiere, el sector de calzado requiere el mantenimiento de los niveles de CERT, el mantenimiento del esquema del Plan Vallejo para los países del Pacto Andino y el mantenimiento de la dinámica estrategia de creación de unidades exportadoras, dando por descontado, obviamente, que habrá una tasa de cambio real competitiva. Y en cuanto a la informalidad se refiere, se espera que se tracen lineamientos para contenerla, quizás ofreciendo estímulos fiscales por un tiempo determinado para aquellas que han venido desarrollando sus actividades al margen de la economía formal. El proyecto de reforma tributaria que cursa en el Congreso es una buena oportunidad para legislar en esta materia.

Desde luego que las empresas del sector deberían ejecutar acciones para mejorar su competitividad, así como para buscar un mayor espacio en el bolsillo de los consumidores. Desde este punto de vista, las acciones de mercadeo tendrán la mayor prioridad.

Competitividad no significa máquinas, grandes inversiones y sofisticados conocimientos. "Competitividad es la combinación estratégica de calidad, precio, oportunidad de entrega y productos siempre frescos" es la descripción más acertada.

La industria de calzado tiene el reto de transformarse de una industria intensiva en mano de obra en una industria intensiva en conocimientos, no sofisticados, repito, pero conocimientos de los competidores, de los precios, de las tendencias, de los cambios tecnológicos, de las modernas estrategias de gestión empresarial.

Cornical ha construido una infraestructura con la idea de montar un centro de información tecnológica para la prestación de servicios a nivel nacional, propósito que ha estimulado el gobierno nacional a través de Colciencias. Este proyecto estará en pleno funcionamiento en 1996.

Los retos del sector de calzado entonces tienen que ver con la necesidad de ganar puntos de productividad, aumentar las exportaciones en un margen no inferior al 10% para 1996, y mantener el 90% del mercado nacional para la industria colombiana.
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