Martín Varsavsky

| 2/16/2001 12:00:00 AM

Martín Varsavsky

El mayor de los emprendedores latinoamericanos jóvenes es el mejor exponente del espíritu visionario de la reunión de Davos. Entrevista exclusiva para Dinero.

En una de las sesiones del foro de Davos sobre la generación de valor, y después de una docta presentación del profesor de Harvard Michael Porter sobre el EVA y otras formas de medición del valor, surgió una figura informal con acento latino. Dijo, con alguna sorna en medio de los 100 empresarios más ricos del mundo, que él no entendía la discusión sobre la racionalidad de las valoraciones, que él solo sabía que antes del 2000 había tenido inversiones por pocos millones de dólares, y que ahora contaba en sus bolsillos con US$2.000 millones. Y que eso, que no podía racionalizarse muy fácilmente, se sentía muy bien: era el nuevo espíritu emprendedor que había creado la nueva economía. La risotada fue general, y el sonrojo de Porter monumental.

Dinero, que había oído de este hombre en Forbes, donde aparece como una de las estrellas crecientes en el mundo de emprendedores en Europa, y en Harvard Business Review, donde figura como el más moderno filántropo latinoamericano, pudo dialogar informalmente con él por más de una hora.



¿Cómo es su origen?



Vengo de una familia de intelectuales judíos. Mi padre emigró de Rusia a Argentina a comienzos del siglo XX. En 1977, la junta militar con Videla a la cabeza desapareció a mi primo de 17 años. Mi padre era científico, un astrónomo que estudió en la universidad de Harvard, y dirigía el Instituto Astronómico de Argentina. Los militares dijeron que eso era un centro de espías y casi nos matan, a mi padre y a mí. Entonces, el senador estadounidense Mohynian nos ayudó a tramitar visas y nos fuimos de refugiados a Estados Unidos. Mi padre era profesor y, como la vida era muy cara y no era muy bien pago, me tocó empezar a trabajar muy joven mientras estudiaba: de mensajero en bicicleta, de cajero.



¿Y cuándo comienza a crear empresas?



A los 20 años, se me ocurrió hacer la primera empresa, la Urban Capital Corporation, dedicada al negocio inmobiliario. Entre los 20 y los 25, hice una carrera paralela de estudiante y de empresario. Al morir mi padre, a mis 22 años, vino la verdadera necesidad de ganar dinero para mi madre, mi hermana y el resto de la familia. Y desde entonces hice 6 empresas.



¿De dónde surgieron las ideas para crear cada una de estas 6 empresas?



Cada empresa ha empezado con un enojo frente a una situación existente. Para mí, cada enojo es una oportunidad. En propiedad raíz, me impresionaba la fealdad de los sitios de trabajo en Nueva York: eran una basura. Y me propuse hacer lugares bonitos donde la gente quisiera venir a trabajar.



La segunda empresa fue en el campo de la biotecnología, Medicorp Services, dedicada a comercializar investigación realizada en las universidades. El primer paso fue la investigación contra el sida. Me molestaba que la gente no supiera qué pasaba ni qué enfermedad tenía.



Luego conozco a mi Patricia, me caso, ella queda embarazada. Con tres hijos que nacen rápido, ¿cómo no pensar en hacer algo? Se me ocurrió desarrollar Viatel, una compañía en Estados Unidos para retar los monopolios de las telecomunicaciones con el mecanismo del call-back, con operación en Italia, España, Argentina. ¡Ah!!!, y también Colombia, donde fui socio del grupo Santo Domingo. Lo hicimos en franquicia y empezamos a vender millones de dólares. Pero llegó el momento de legitimar la necesidad de la liberación de telecomunicaciones. Entonces, hice lobby en el congreso estadounidense, con el apoyo de George Soros, que fue mi primer inversionista en Viatel. Luego, hicimos las primeras redes de fibra óptica en toda Europa, conseguimos las primeras licencias. Peleamos por la liberalización en Europa, donde pasamos de ser piratas a ser el establecimiento. En la empresa Viatel estuve entre el 91 y el 97.



La siguiente empresa fue Jazztel, como proveedora alternativa de acceso local, que comencé a mediados del 98 con US$5 millones. La idea era romper el monopolio de Telefónica de España en las llamadas locales. Llegamos a ser la otra empresa que cotiza en la bolsa española con Telefónica. Ahora, el capital vale unas cinco veces más.



¿Y cómo fue su ingreso a internet?



Creé Ya.com, porque se necesitaba contenido en español para internet. La empresa fue un éxito increíble entre los usuarios. Pero el dinero no venía. Eramos famosos pero no éramos ricos. Y lo que queríamos era ser ricos. Afortunadamente, apareció T-Online, una filial de Deutsche Telekom. Le vendo un portal en que había invertido unos US$38 millones por más de US$500 millones.



Luego, hago Einstenet, que es una ASP, el primer proveedor de banda ancha en Alemania. Esa es una nueva locura mía, el ataque a los PC, que espero que salga bien. Einstenet es una red de fibra óptica con unos centros de datos y unos acuerdos con Microsoft, SAP y todos los grandes del software. Nosotros entregamos el software por medio de las pantallas y teclados sin la caja del PC, pues este lo tenemos en Einstenet. La comunicación no va mezclada con el resto de internet, sino por nuestra fibra óptica. Aunque la empresa perdió US$24 millones el año anterior, la facturación ya alcanzó los US$62 millones. Pero espero que el proyecto termine valiendo US$2.000 o US$3.000 millones.



¿Cómo ha cambiado su concepto de negocios?



El modelo de negocio de las .com no está inventado. Ya.com podría ser un buen negocio, pero la publicidad no alcanza. Quizá el modelo sea el de las empresas de cable, en el que los usuarios pagan por el contenido. En las nuevas empresas, la generación de caja es mucho más rápida. Las ventas en Viatel fueron US$20 millones en su primer año, más de US$100 millones en el 2000 y más de US$200 millones para el año que apenas comienza. Jazztel tiene una fórmula más rentable. Se ofrece el cableado de fibra óptica y la conexión a las empresas, cobrando US$2.000 por mes para empresas de 100 empleados y menos para empresas menores. Y parte esencial del nuevo negocio es saber comprar y vender cuando el mercado lo pide.



¿Qué tiene hacia adelante?



Ahora estoy concentrado en Jazztel y Einstenet. Creo que he encontrado una forma de enfrentar el llamado Internet Divide con las redes de computadores. Siempre he creído que la solución a esto no provendría de una persona de computadores, sino de una persona de telecomunicaciones, porque es un problema de telecomunicaciones.



¿Cómo puede un latinoamericano joven competir en estas grandes ligas?



En todas partes del mundo hay prejuicios. En Estados Unidos ha habido un prejuicio contra los latinos, pero ahora mucho menos. En Europa, hay prejuicios mayores. Si tienes menos de 35 ó 40 años no te dan ni la hora; y si tu abuelo no fue nadie, tampoco. En Estados Unidos es al revés: la juventud es un activo. Contra todos estos prejuicios he podido luchar con éxito. Pero ninguno como el prejuicio de ser judío en Argentina durante la dictadura militar.



¿Cómo compara su experiencia de empresario internacional?



Tengo un modelo diferente al de Europa: yo ficho a los mejores empleados de otras compañías y les doy acciones. Mi gente trabaja por objetivos y por resultados, no por horarios. En América Latina, soy amigo de Wenceslao Casares y lo admiro muchísimo. El no es alguien que crea que porque a él le fue bien, a todo el mundo le tiene que ir bien, él es del campo, es un tipo hecho por sí solo y admirable. Carlos Slim ya se pasa de monopolista. Explota al mexicano medio. No ha dejado entrar a las compañías extranjeras. El estilo de él es el estilo brutal de no dejar a nadie. El tiene una edad en la que por fin se está dando cuenta de que ¿de qué sirve ser el más rico del cementerio? Pero tal vez está comenzando a cambiar, a hacer cosas buenas. Por otra parte, está el estilo simpático de Cisneros que todo el mundo lo conoce: es el de las relaciones, al que todo el mundo conoce. No conozco muy bien Colombia, pero los empresarios de la vieja época cultivan aún un estilo elitista e inaccesible. Ahora la dificultad de ser empresario en Colombia es la inseguridad, es un clima que enfría muchas iniciativas. Pero, como ve, no me identifico con ninguno de estos modelos latinoamericanos.



¿Cómo es su relación con la sociedad argentina?




El año pasado conocí aquí en Davos al presidente de Argentina y me pidió que le hiciera un plan para multiplicar el número de internautas en Argentina. Pensé que si el gobierno se iba a meter en algo debía ser en la educación, porque en Argentina 11 millones de muchachos son educados por el gobierno. Le dije al Presidente: 'vamos a poner internet en la educación'.



El plan tiene 3 pilares: conectividad, capacitación de los maestros y contenidos. En Argentina se gastan como US$300 millones anuales en material didáctico. Y cuando uno estudia los contenidos de textos hispanos el 80% son iguales. Me dije, vamos a meter todos los libros en la red. Ya no son más libros de texto, porque te hablan, te corrigen. Estos contenidos cuestan más o menos US$100.000 por año.



Yo le ofrecí a Argentina US$1 por cada muchacho en la educación, es decir, US$11 millones. Y con ello comenzamos un sitio que se llama Educ.ar. También tenemos un acuerdo con Chile y un preacuerdo con Costa Rica. Podríamos hacerlo también con Colombia.



Finalmente, después de esta reunión de Davos, ¿qué ve usted hacia adelante?



Con la caída del Nasdaq no se acabó internet. Yo viví 10 años a veces de internet y a veces de la liberalización de las telecomunicaciones. En los próximos 10, viviré de la unión de la informática y las telecomunicaciones, que es lo que es Einsteinet: la entrega de software desde la red, la desaparición de los PC. Las transformaciones de las que estoy hablando son una tendencia muy fuerte. Y son tendencias que también crearán muchas oportunidades de negocio para Colombia. Será un buen negocio que la gente arme centros de datos, redes, entregas por internet y redes de fibra óptica, en fin, empresas no de pocos sino de miles de millones de dólares.



Nos cuenta para terminar, ¿usted cuánta plata tiene?



Un monnntóónnn...

El Financial Times afirma que este joven argentino ha construido compañías que hoy tienen un valor combinado de US$5.000 millones (que es 5 veces el valor que Forbes le asigna al patrimonio actual de Julio Mario Santo Domingo). Informal y genial, este joven empresario global latinoamericano, exitoso después de migrar forzadamente de su país, nos dijo finalmente que las motivaciones de un emprendedor y un filántropo son las mismas: los dos puntualizan problemas e intentan resolverlos en forma innovadora.



Si tiene buenas ideas y quiere escribirle, hágalo al e-mail martin@jazztel.com.
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