| 10/1/1994 12:00:00 AM

Los trabajos del futuro

La demanda estará asegurada para profesionales que dominen las disciplinas de integración, comunicación, aprendizaje continuo, modelaje y adaptación tecnológica.

No hay un tema que cautive tanto como el de las transformaciones que está sufriendo el trabajo humano en esta nueva era económica. Al estudiar este tema siempre se llega a la pregunta de ¿cuáles son las profesiones del futuro? La respuesta es que son

las mismas del presente, y que el interrogante debería ser ¿cuáles son los requerimientos sociales, intelectuales y tecnológicos de los profesionales del futuro?

El problema, visto desde este punto de vista, muestra que hacia el futuro no se podrá hablar de profesiones anticuadas o innovadoras. Lo que habrá serán formas anticuadas o innovadoras de concebir y desempeñar cualquier, profesión. Para anticipar las necesidades de las profesiones del futuro, hay que preguntarse cómo serán las economías competitivas a largo y mediano plazo.

Lo que se observa es que varias se destacan por la profundidad de los cambios que sufrirán en las necesidades profesionales. Tres de ellas son vitales para entender mejor los cambios en las profesiones. La transición hacia una economía de servicios, la irrupción de los trabajadores simbólicos y la comunidad global. Es decir, en los próximos años los trabajos tendrán mayores componentes de servicio que de transformación, implicaran el uso creciente de símbolos y serán realizados por grupos donde la nacionalidad será cada vez menos relevante.

Si analizamos objetivamente los trabajos que se llevan a cabo hoy en día en organizaciones tan disímiles como firmas de abogados, bancos de inversión y universidades, vemos que aunque los contenidos de los trabajos allí desempeñados difieren, su naturaleza es muy similar.

En todos y cada uno de ellos el trabajo lo realiza un equipo, la mayoría de las veces multinacional, de gente altamente educada que interactúa a través de grandes masas de información haciendo uso de tecnologías como las bases de datos, el correo de voz y las redes.

Son organizaciones poco jerárquicas, descentralizadas y altamente efectivas en generación de valor. Cualquiera que sea el contenido de su trabajo, los requisitos para ser un miembro efectivo son siempre los mismos: comunicación, capacidad de aprender dinámicamente, de modelar la realidad y de utilizar y adaptar las tecnologías y, lo más importante, poder de integración.

Los ejemplos anteriores corresponden a organizaciones cuyo fin es prestar servicios. Sin embargo, la verdadera característica común no es esa, sino que todas trabajan con símbolos en una actividad inherentemente mental.

Pero la revolución no para allí. Las organizaciones modernas de manufactura tienen cada vez menos personas caminando en la planta o supervisando, y muchas menos todavía, operando maquinaria. Lo que sí tienen son más personas trabajando en equipos de mejoramiento continuo, simulando procesos por computador, creando sistemas de apoyo a las decisiones, etc.

Hoy es claro para administradores, sindicatos y académicos que la adopción de tecnologías como Robótica, CIM (Computer Integrated Manufacturing), TQM (Total Quality Management) o FMT (Flexible Manufacturing Technologies), más que disminuir el empleo, buscan un recurso humano más parecido al descrito arriba.

Por último, en las organizaciones que producen servicios pero no lo hacen sólo con símbolos como el sistema financiero o los entes gubernamentales de servicios, la revolución hacia trabajos con las características mencionadas también va a ocurrir.

Es apenas razonable pensar que las presiones competitivas se van a continuar agudizando. Cada vez más viviremos en un mundo de nichos, donde se requieran más atributos para caracterizar cada nicho. Incluso la gran presión por modernizar las entidades del estado ha tenido que ver más con la incapacidad de muchos organismos públicos para segmentar sus clientes, que con razones ideológicas del discurso neoliberal.

También cada vez más viviremos en un mundo donde el tiempo y la oportunidad dominan más los ciclos de vida de los productos y de depreciación de los activos. Incluso, los ciclos de vida de las ideas se continuarán reduciendo. La competitividad de una compañía o un país será igualmente frágil temporalmente y sólo va a ser sostenible con una constante innovación.

Para esto se requerirán profesionales que dominen las disciplinas de integración (pensamiento sistémico), aprendizaje continuo, comunicación, modelaje y adaptación tecnológica. Cómo preparar una fuerza de trabajo en estas cinco disciplinas debe ser la prioridad más urgente en Colombia. Es necesario para el crecimiento y enriquecimiento del país tener una fuerza de trabajo con esas cualidades, que son los requisitos para desplegar productivamente los recursos en cualquier industria.

En cuanto a las profesiones del futuro, es claro que las tradicionales no desaparecerán sino que se reinventarán, y que habrá una creciente demanda por profesionales que hoy en día son escasos.

Algunas de estas profesiones en alta demanda serán: integradores de sistemas (a juicio de expertos de la industria del software en USA el segmento más promisorio en la industria), diseñadores de sistemas de soporte a la decisión (no sólo programadores sino expertos en lingüística, comunicaciones, sicología), modeladores estadísticos (para investigación de mercados, análisis de sistemas), profesionales del área de imagen desde diseñadores de software hasta artistas y administradores de bases de datos de imágenes (hospitales, editorial, entretenimiento) e investigadores de operaciones (optimización de toda clase de operaciones militares, seguros, finanzas, exploración de petróleo, logística, diseño y control de sistemas productivos).

También habrá demanda por expertos en redes de comunicaciones, pedagogos de la multimedia (personas que reinventen las formas de enseñar apalancados en las nuevas tecnologías de la multimedia), y diseñadores de software de entrenamiento muy relacionado con la multimedia. Pero lo más importante es que se necesitarán más y mejores educadores y más y mejores líderes.

En cuanto a las posibilidades de Colombia, es claro que el mayor cuello de botella que tiene el país es el capital humano. Si bien es cierto que tiene tanto potencial como el de cualquier nación, no ha sido desarrollado adecuadamente. Hacer de Colombia un país equipado con recursos humanos que dominen las disciplinas expuestas arriba es todo lo que se necesita para empezar un desarrollo acelerado, pues en esta era de una economía transnacional el capital sigue al talento y no al contrario.

¿Cómo se hará un plan realista pero audaz para desarrollar nuestras competencias en la economía del siglo XXI? El primer paso debería ser tomar en serio la alineación academia-industria, así como el rol del sector público y privado en estas áreas.

Habrá que pensar libremente en un sistema educativo nacional que vuelva a los colombianos de todo nivel aprendedores agresivos en sistemas para la excelencia basados en desempeño -no en reglas-, con clientes -no con afiliados- que no distingan entre teoría y práctica y que no dividan la vida entre la época de aprender y la de trabajar.

Hoy en día el trabajo y la educación continuada van de la mano. Esto debería tener un lugar prioritario dentro del pacto social propuesto, pues es de la mayor importancia y urgencia para el futuro del país. Por último, se debería hacer a cualquier costo y sin ninguna mezquindad, pues el que piense que la educación es cara, que pruebe con la ignorancia.
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