Los mejores colegios

| 4/9/2001 12:00:00 AM

Los mejores colegios

La calidad de la educación se puede medir en beneficio de estudiantes, educadores, padres y empresarios. ¿Qué revelan las mediciones recientes y cuáles son los mejores colegios?

Dentro de las recetas y diagnósticos que James Heckman, el actual premio Nobel de Economía, hizo sobre Colombia en su reciente visita, le dijo a Dinero que el principal problema del país era la calidad de su educación básica. Ese mismo problema lo han percibido crecientemente los empresarios. La Organización Carvajal, tras evaluar el conocimiento de sus empleados en matemáticas, lenguaje y resolución de problemas, decidió duplicar su inversión en capacitación laboral interna y triplicó los recursos de la Fundación Carvajal para el mejoramiento de calidad en los colegios del país.

Los empresarios bogotanos del Foro de Presidentes de la Cámara de Comercio, ante el problema, organizaron una fuerza de trabajo para ayudar a la modernización de los colegios en las zonas pobres de la ciudad. Pedro Gómez Barrero, al encontrar que tras la pobre calidad predominaban una débil motivación, entrenamiento y reconocimiento de los maestros, creó el Premio Compartir al Maestro, que este año va para su tercera edición. Y más de 20 grandes empresarios colombianos, encabezados por Nicanor Restrepo, acudieron a la Cumbre Empresarial Latinoamericana sobre educación básica que se realizó a comienzos de marzo en Miami. ¿Qué está pasando? Que repentinamente el país empresarial comienza a identificar la calidad de la educación como uno de sus principales problemas y, más interesante, a tomar acciones efectivas para enfrentarlo.



Pero, ¿qué se sabe realmente sobre la calidad de la educación? ¿Se puede medir? ¿Para qué sirven estas evaluaciones? ¿Saben los padres o los empresarios qué clase de educación están recibiendo nuestros niños y jóvenes?



En los últimos años se ha ido gestando una revolución en la medición de la calidad de la educación. Colombia había dependido de las pruebas de Estado del ICFES para medir los conocimientos adquiridos por los bachilleres. Pero predominaba la medición de la memoria, dejaba a un lado la medición de la educación básica y se difundía muy poco a los hogares y los colegios.



El Ministerio de Educación, con el apoyo del ICFES, desde comienzos de los 90 viene aplicando varias veces la prueba SABER, que permite profundizar en la capacidad de resolución de problemas en los estudiantes del ciclo básico en una muestra de establecimientos de todo el país que resulta representativa por departamentos.



La experiencia que dejó SABER condujo a dos importantes replanteamientos de la medición de calidad, que se enfocaron en la capacidad de resolución de problemas. Por un lado, el ICFES modificó en el año 2000 su examen tradicional de los bachilleres, para reorientarlo desde la medición del conocimiento hacia la medición de la capacidad de resolución de problemas.



Pero el cambio más importante provino de la Secretaría de Educación de Bogotá, con el apoyo multidisciplinario de la Universidad Nacional, al implementar desde 1998 la Evaluación de Competencias Básicas, las cuales, como dice Cecilia María Vélez, cabeza de ese despacho, no son más que "saber hacer con lo que se sabe". Esta evaluación permite establecer si las escuelas y colegios están proporcionando las herramientas básicas para la formación integral de un alumno, es decir, si sabe leer, escribir y expresarse oralmente; formular y resolver problemas simples o complejos, comunicarse con otras personas y aplicar tales conocimientos en cualquier situación de la vida diaria.



Es decir, permite saber si todos los estudiantes, independientemente de sus características individuales y su procedencia socioeconómica, desarrollan las competencias y valores necesarios para su posterior desempeño social, profesional y productivo. La Secretaría ha medido las competencias básicas de los estudiantes de los cursos 3, 5, 7 y 9 en todos los colegios públicos y privados de la ciudad en los últimos tres años. Es decir, ha hecho exámenes a 447.231 estudiantes en 3.472 escuelas y colegios.



Los hallazgos



Los resultados de las antiguas pruebas del ICFES hasta 1999, conocidas por primera vez en el país muchos años después de que esa institución había decidido no publicarlas, pueden ahora contrastarse con las recientes pruebas de medición. Primero, con la calidad de la educación en los diferentes departamentos que permite la prueba SABER. Segundo, con la medición más sofisticada de la calidad de los colegios de Bogotá por parte de la Secretaría de Educación.



Según las pruebas de Estado de 1999, de los 50 colegios que sacaron los mayores puntajes, 22 estaban en Bogotá, 5 en Atlántico, 4 en Valle, Antioquia y Santander, 2 en Risaralda, Norte de Santander y Casanare. Entre los mejores colegios, ninguno de los cinco primeros estaba en Bogotá (ver la lista). Estos resultados se van a ver modificados en forma fundamental por las nuevas metodologías que están aplicando las pruebas Saber y de Competencias Básicas.



Las regiones



De los múltiples puntajes para lenguaje y matemáticas en los diversos grados en los que la prueba SABER hizo medición, Dinero calculó un promedio simple para cada una de las regiones.



De acuerdo con los resultados, la mejor calidad promedio de la educación se encuentra en Bogotá y la peor en Chocó. El indicador de calidad de los estudiantes del ciclo básico presenta una relación positiva con el grado de desarrollo de las regiones y con el alfabetismo de las familias, pero una relación negativa con el grado de expansión de las coberturas. Estos factores explican un 54% de la varianza de la calidad en el país, lo cual es muy importante (ver cuadro).



Para aproximarse mejor a la medición de la contribución de los colegios, entonces, es preciso descontar la contribución de estos factores estructurales. La gráfica presenta estos residuos que pueden asociarse mejor a la calidad propiamente de los colegios. Se destaca nuevamente que Bogotá, Santander, Tolima, Boyacá y Nariño tienen una calidad mejor que la esperada, y que Antioquia, Valle y la mayoría de los departamentos de la Costa Atlántica tienen una menor calidad.



Los colegios en Bogotá



Las pruebas SABER sugieren que, en las nuevas evaluaciones, Bogotá tiene un lugar primordial, pues supera en puntaje al resto del país, aun descontando el efecto de su mayor nivel de ingreso y escolaridad. Por ello, es relevante indagar sobre la evaluación de competencias hecha por la Secretaría de Educación del Distrito, de la cual padres, educadores, colegios, funcionarios y empresarios bogotanos pueden obtener los resultados más completos.



El mejor colegio de Bogotá es el San Carlos, de padres benedictinos. Este fue seguido por el Liceo Francés Louis Pasteur, que en días pasados fue considerado el mejor colegio francés fuera de ese país, mientras que el tercer lugar lo ocupó el colegio Fundación Colegio de Inglaterra. El cuarto puesto fue para Los Nogales, y el quinto para el Leonardo da Vinci (ver ranking).



En general, los 12 primeros lugares los ocupan centros educativos de calendario B, que educan al 8% de los bogotanos. En su mayoría bilingües, en ellos estudian personas de clase media alta y alta, que pagan altas pensiones, y hay un activo proceso de selección de estudiantes. Entre los colegios privados del calendario A, quedaron el Gimnasio Moderno, el Liceo Cervantes, Gimnasio Los Cerros y el Gimnasio Santa Ana. No obstante, un resultado muy destacado es que el mejor colegio del calendario A no es privado ni del Norte de Bogotá. Es el Centro Educativo Distrital Simón Bolívar, una institución pública ubicada en una de las zonas más pobres y deprimidas de la ciudad, que superó incluso al Gimnasio Moderno, uno de los más tradicionales y reconocidos colegios de la capital, donde se educaron muchos ex presidentes. El Simón Bolívar, que ha volcado sus escasos recursos en beneficio de los niños, también superó a colegios como Nueva Granada y Gimnasio Anglo Colombiano.



Factores asociados



Además de un ranking, ¿qué otros hallazgos importantes hicieron las recientes evaluaciones de calidad? La evaluación de competencias básicas también permite detectar las áreas donde los estudiantes muestran distintos resultados. En una escala de cero a 5 puntos, el promedio de toda la ciudad en lenguaje fue de 2,6, el de matemáticas de 2,1 y de ciencias de 1,6. Esto indicaría que no muchos sobrepasan el aprendizaje de memoria. Aunque los expertos creen que la Universidad Nacional fue muy exigente a la hora de calificar y que no hay que hacer tanto énfasis en el nivel de las calificaciones, sí resulta obvio que las mayores deficiencias están en las ciencias y las matemáticas.



Las evaluaciones también recogieron mucha información sobre las características de los colegios, de las familias y de los estudiantes, que permite rastrear el origen de las diferencias de resultados.



En este sentido, una investigación de Alejandro Gaviria, de Fedesarrollo, revela que la incidencia del plantel explica el 40% de la varianza de los rendimientos, un resultado mucho mayor que en Estados Unidos, donde no alcanza más del 20%. Gaviria descompuso el rendimiento académico medido por el ICFES según características de los colegios y de los estudiantes y sus familias. Al bachillerato académico le va mejor, al calendario A y a la jornada nocturna menos bien. Las características familiares tienen una capacidad explicativa mucho mayor en Colombia. Por cada año de educación de los padres, el rendimiento es mayor en 2,4 puntos. Si el padre es bien remunerado, el rendimiento es mayor en 8,4 puntos. Si la madre trabaja, el rendimiento es menor en 3,9 puntos. Por cada hermano adicional, el rendimiento baja 1,5 puntos.



La evaluación del Distrito confirma estadísticamente que la mayoría de las diferencias en rendimiento proviene de las características familiares y de la comunidad donde se vive, pues las condiciones socioeconómicas tienen la mayor correlación positiva con el logro. El desempeño escolar es mejor para familias pequeñas, poco hacinadas y con mayor educación de los padres o acudientes. Los resultados son mejores para quienes cuentan con lo necesario para realizar sus tareas en casa, como computador, libros, textos... La frecuencia de tareas y su revisión por parte de padres o profesores tiene una correlación positiva. Pero también permite profundizar las características del establecimiento asociadas al logro académico. Más que por diferencias en educación formal y experiencia de sus docentes, los colegios de mayor y menor logro se diferencian por el tipo de organización escolar, apoyo administrativo al docente y a los alumnos, jornadas únicas, no mixtos (especialmente masculinos), ayudas al estudiante y organización de actividades extracurriculares.



En los colegios de alto rendimiento tiende a existir la oferta completa de niveles educativos, la jornada única, mayor cumplimiento del calendario escolar, mayor duración de la jornada, mejores condiciones de infraestructura, como buenas aulas, laboratorios, salones para actividades complementarias, canchas, bibliotecas, y mayor presencia de actividades lúdicas dirigidas por docentes. También se identificó que el rector dedica más tiempo al colegio.



Un aspecto polémico encontrado es que una diferencia entre los colegios de mayor y menor logro tiene qué ver con los criterios para la admisión de los alumnos: los de mayor logro seleccionan a sus alumnos fundamentalmente a partir de los resultados de pruebas de admisión y por los antecedentes académicos. Esto les facilita la labor docente y, a su vez, les asegura mantener un nivel alto de rendimiento. Esto tiene la misma relevancia en centros públicos y privados. El 21% de los colegios de los estratos más altos realizan pruebas de admisión y el 52% de este nivel público las hacen.



En la vía mundial



Con la evaluación de Competencias Básicas, que está siendo replicada este año y que pronto se realizarán en otras ciudades como Manizales y Pasto, la Secretaría de Educación de Bogotá se está poniendo a la cabeza de Latinoamérica, como pudo apreciarse en el Simposio sobre Educación Secundaria que se llevó a cabo en Santiago de Chile durante la Asamblea del BID. Esta evaluación ha recogido lo mejor de las mediciones de calidad escolar que se aplican en los países más avanzados en educación, y hoy el BID las presenta como un ejemplo. En el ámbito internacional existe un amplio consenso en que una educación básica de calidad es aquella que les permite a todas las personas, independientemente de sus características individuales y su procedencia socioeconómica, desarrollar las competencias y los valores necesarios para su posterior desempeño social y productivo. Por tanto, las escuelas y colegios, públicos o privados, que no estén educando a sus alumnos con estos principios, están perdiendo el año.



En cuanto a cuáles competencias deben desarrollarse, la Declaración Mundial sobre Educación para Todos y la Comisión Ministerial sobre Logro de las Destrezas Necesarias, del Departamento de Estado de Estados Unidos, coinciden en referirse a ellas como necesidades primordiales del aprendizaje: la lectura, la escritura, la expresión oral, el cálculo, la solución de problemas, la capacidad para razonar, la responsabilidad, la autoestima, la toma de decisiones y la capacidad para trabajar o decidir en grupo, entre otras. Estas competencias básicas son las mínimas para cualquier puesto de trabajo, es decir, aumentan la posibilidad de las personas para emplearse y determinan, en buena medida, las probabilidades de creación de nuevas empresas.



Estos nuevos paradigmas han hecho que la educación básica entre en un proceso de cambio radical, en el cual el énfasis de los contenidos le está dando paso al énfasis en las competencias, para permitirle al estudiante aplicar sus conocimientos, destrezas y habilidades en contextos distintos a su vida escolar.



Medir la calidad de la educación nunca ha sido una tarea fácil y hasta el momento ninguna prueba ha sido totalmente perfecta. La iniciativa de la Secretaría de Educación y la Universidad Nacional tiene que ir consolidándose. Christian Hederich, profesor del Centro de Investigaciones de la Universidad Pedagógica, cree que la evaluación de competencias de los colegios de Bogotá tiene cosas muy positivas y novedosas pero que se puede mejorar para darle mayor validez y confiabilidad, al mejorar la especificidad de dominio de cada una de las competencias en matemáticas, sociales y lenguaje. Y lo que resulta definitivo es que la evaluación sea un proceso de interacción permanente, en el que no solo los colegios y las familias tengan retroalimentación, sino también los propios evaluadores.



¿Y entonces?



La Evaluación de Competencias Básicas de la Secretaría de Educación de Bogotá establece un estándar de comparación de los colegios bogotanos entre sí y con el resto del país, que puede servir mucho a las familias y a las mismas instituciones.



Para los colegios oficiales, la evaluación es una llamada de alerta. Entre los 22 colegios de más alto puntaje, solo uno es oficial. Todos los demás son privados que atienden a estudiantes de estratos socioeconómicos medio y alto. Con base en esta información, la Secretaría de Educación ha puesto en marcha un plan de apoyo especial para los 100 colegios de más pobre rendimiento y la evaluación preliminar sugiere que el plan aumentó en 40 puntos el rendimiento en un solo año.



Por lo demás, en el último año, los colegios oficiales aumentaron su rendimiento al doble de velocidad que los colegios privados de la ciudad, que en general no hicieron ningún programa de mejoramiento. Es decir, ha comprobado que la buena atención a la calidad sí paga, y que, además, los esfuerzos por mejorar la infraestructura, administración de los colegios y las bibliotecas tienen alto rendimiento. Creemos que la amplia difusión de la información sobre los resultados entre los padres puede generar una dinámica de retroalimentación que aceleraría sin duda el proceso de mejora.



Para los colegios privados, también es una alarma. En las indagaciones que hemos hecho entre los rectores de los colegios, la gran mayoría ha menospreciado estas pruebas y sus resultados, que desconocen a pesar de los informes enviados por la Secretaría de Educación. Las archivaron y las ocultaron a los padres de familia. También en los colegios del norte, el prestigio no solamente hay que heredarlo, sino construirlo día a día. No hay que tener miedo a compararse, a evaluar y a generar, como en muchas otras industrias, organizaciones que aprenden de su continua interacción con el ambiente.



Las familias, tanto del norte como del sur, tienen que aprender a exigir calidad de sus colegios. Como en otros productos, no pueden contentarse con que el alto precio de la matrícula sea una señal completa de calidad. Como lo muestra la gráfica, existe una relación positiva entre el monto de las matrículas y los resultados de calidad. Pero la relación dista de ser perfecta. Colegios como el San Carlos son buenos y baratos, otros son menos buenos y mucho más caros, y otros simplemente tienen matrículas sin asociación alguna con sus resultados.



Para las autoridades públicas, ahora con mayor poder de los alcaldes que nunca, el reto es cómo replicar y mejorar las innovaciones de Bogotá en la medición y mejora de la calidad. Tienen por delante un gran modelo. El Ministerio de Educación ha puesto afortunadamente esta prioridad para lo que resta del gobierno. Y esta es una buena decisión.



La Secretaría de Educación, que hizo un home run en su primer bateo, tiene ahora el reto de difundir esta información entre toda la población y reforzar sus acciones, no solamente entre los colegios públicos, para que la estratificación socioeconómica no sea una barrera insuperable. En otras palabras, los pobres no están condenados a tener una educación de mala calidad. Los establecimientos educativos pueden contribuir a compensar en parte las desventajas, y así lo ha demostrado en el país la experiencia de Escuela Nueva en zonas rurales o el alto rendimiento de colegios oficiales de bajo nivel socioeconómico.



Por último, de la atención que las autoridades, las familias y los empresarios presten a sus colegios y a sus estudiantes depende el futuro del país, porque, de lo contrario, en este mundo competitivo y globalizado, seguirán educando hombres para el siglo pasado. ¡Es hora de que todos hagan la tarea!
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.