Los mejores colegios

| 3/7/2003 12:00:00 AM

Los mejores colegios

Las mediciones de calidad les han dado las herramientas a los colegios y a la sociedad para impulsar un cambio de fondo en la educación en Colombia.

En 1996, cuando la Secretaría de Educación hizo la primera evaluación de competencias básicas en los colegios de Bogotá, los resultados fueron devastadores para la localidad de Ciudad Bolívar, uno de los sectores más deprimidos de la capital. Ocupó el puesto 19 entre 20 participantes. Seis años más tarde, sin embargo, Ciudad Bolívar se ha convertido en la zona con el mayor progreso en las pruebas distritales y lidera los puntajes por localidad. Entre tanto, Guaviare, uno de los departamentos de menor PIB per cápita en el país, tuvo en las pruebas del Icfes un desempeño que supera a Antioquia y Valle. Por su parte, Santander se consolida en los últimos tres años como un caso especial por los resultados de su sistema educativo, cuyo desempeño supera el promedio nacional y mantiene 9 colegios entre los primeros 100 en la lista de los mejores resultados del Icfes.

Lo que se mide, mejora. Estos ejemplos muestran que en Colombia se están viendo ya los frutos del esfuerzo que se inició en 1996, cuando la Secretaría de Educación de Bogotá comenzó a practicar las pruebas Saber en los colegios que ofrecen educación primaria. Las pruebas se convirtieron en el mejor instrumento para promover el cambio en la educación, pues pasaron de medir conocimientos y memoria a medir las capacidades básicas, es decir, las habilidades para resolver problemas. El resultado de la evaluación se entrega a cada institución, para que pueda ver cómo le va en cada una de las preguntas frente a su localidad y al total. Así, la revelación de información desató un movimiento en busca de mayor calidad, fundamentado en el desarrollo de las competencias de los estudiantes. En el año 2000, el examen del Icfes, realizado cuando los estudiantes terminan el grado 11 y se preparan para entrar a la universidad, también empezó a medir competencias básicas y a retroalimentar a las instituciones.

El sistema de mediciones no fue fácil de asimilar por parte de los docentes. En la primera oportunidad en que se realizó la prueba en Bogotá, algunos maestros intentaron sabotear el examen impidiendo que sus alumnos la contestaran. Fue una reacción comprensible, si se tiene en cuenta que los maestros estaban acostumbrados a considerar su oficio como algo que no se puede medir ni comparar. Poco a poco, sin embargo, las pruebas han ganado terreno entre las rutinas de las entidades educativas, pues se demostró que su propósito no es estigmatizar a los colegios o a los maestros, sino generar herramientas para que puedan mejorar sus resultados. Cada vez es más claro que este instrumento ayuda a cerrar la brecha educativa en materia de calidad, al darles a las instituciones elementos para que sepan en qué están fallando y puedan resolver los problemas.

La evaluación por competencias está demostrando ahora su verdadero valor. En un principio, la revelación de los resultados de las pruebas de la Secretaría de Educación causó conmoción en los colegios más reconocidos de Bogotá, pues muchos padres de familia fueron a los planteles -documento en mano- para saber por qué las costosas matrículas que pagaban no se traducían en que el respectivo colegio se ubicara en los 10 primeros lugares. Sin embargo, ese es el uso de menor trascendencia.

Ahora, el plan del gobierno es crear una estructura de evaluación que permita medir el desarrollo de las capacidades básicas en grados 5, 9 y 11, y universidad. Estos cursos marcan cuatro etapas muy importantes en la educación: el fin de la educación básica primaria, la mitad de la media secundaria, el fin de la educación secundaria y la salida de la universidad.

"La idea es mirar el desarrollo de las competencias básicas a lo largo de todo el ciclo del estudiante, desde que está en primaria hasta su salida de la universidad", explica Cecilia María Vélez, ministra de Educación. El ejercicio con los profesionales ya se inició con las facultades de Derecho y Medicina, pero a partir de este año se va a extender a todas las ingenierías, a arquitectura y a ciencias de la salud. La meta es que pronto cobije todas las carreras universitarias.

La estructura de las pruebas se basa en unos estándares de calidad que les permitan a las instituciones conocer de antemano cómo se las va a evaluar. Estos estándares, que se han discutido en un comité interinstitucional en el que tiene asiento la academia, serán promulgados en marzo.

"Lo novedoso del sistema es que vamos a tener acceso a información de cómo vamos, para poder ajustarnos. Ahora podremos tomar decisiones sobre datos completos", explica Miriam Ochoa, decana de Educación de la Universidad Externado de Colombia. "Medir y señalar problemas debe servir para que los profesores se enfoquen en solucionar esos problemas", afirma Margarita Peña, secretaria de Educación de Bogotá.

"El sistema de pruebas permitirá seguirle el rastro a cada estudiante, ver sus altibajos y hacerle el seguimiento", explica Daniel Bogoya, director del Icfes, entidad que manejará toda la estructura de evaluación, y quien en el pasado dirigió desde la Universidad Nacional la investigación que dio base a la metodología de las pruebas de la Secretaría de Educación. "Los cambios que pueda haber en los primeros 100 colegios no son lo más importante. Lo trascendental es que mejoren los colegios que están abajo en la distribución".

Ese es el propósito real de las evaluaciones. Si la medición sirve para que los colegios enfoquen sus energías y mejoren su calidad, y si ese aprendizaje se puede distribuir en la sociedad, las deficiencias en educación que condenan a tantos colombianos a la pobreza deberían comenzar a superarse.



Ciudad Bolívar, el ejemplo

La mejor muestra del poderoso efecto que puede tener la combinación entre la información aportada por las pruebas y una comunidad con el propósito de mejorar la calidad de la educación es Ciudad Bolívar, una de las zonas más pobres de Bogotá. Allí, en tan solo seis años los colegios mejoraron drásticamente su desempeño.

Lo lograron gracias a algo que en teoría suena muy sencillo, pero que es difícil de llevar a la práctica: el trabajo colectivo. Gobierno distrital, rectores, maestros, coordinadores y padres de familia empezaron a participar en la búsqueda de soluciones para mejorar la calidad de la educación, con un modelo de liderazgo participativo.

"Había que cambiar la historia de la localidad como violenta y negada al mejoramiento humano. Mirar el potencial del equipo humano, y su fortaleza en el compromiso social y la información académica", recuerda Alba Inés García, quien dirigió el Centro Administrativo de Educación Local (Cadel), de Ciudad Bolívar, hasta el 2002 y hoy es subdirectora de integración y gestión institucional de la Secretaría de Educación.

"Alba Inés no nos obligaba a hacer antesala en el Cadel, pues podíamos llevar nuestras propuestas y le dio participación al docente", explica Ernesto Morales, rector del Colegio Sierra Morena, que tiene tres sedes en Ciudad Bolívar. Este empoderamiento que el Cadel les dio a todos los actores que participan en el proceso educativo originó una revolución de liderazgo, al potenciar el sentido de pertenencia en la zona y demostrarles que el hecho de trabajar en una localidad deprimida y agobiada por carencias de todo tipo no implicaba que ellos tuvieran que renunciar a sus sueños. "El acercamiento y la comunicación hicieron que los maestros se motivaran, y que comprendieran que la inteligencia no tiene estrato ni etnia", afirma Marta Jeanethe Aldana, coordinadora del Colegio Ciudad Bolívar 1.

"Los colegios éramos ruedas sueltas y ni siquiera nos conocíamos", recuerda Carlos Arturo Varela, rector del Colegio San Francisco. Sin embargo, cuando se dieron cuenta de que podían tener voz y autonomía, los rectores empezaron a reunirse, para compartir experiencias y ver cómo podían impulsar una mejoría conjunta en la localidad. "Conocernos nos llevó a superarnos", puntualiza Varela.

Las reuniones se extendieron a todos los actores. Se crearon seminarios permanentes de rectores, de docentes, de coordinadores. El receso escolar del año 2002 fue objeto de una planeación común, y fue aprovechado para que los distintos planteles de Ciudad Bolívar mostraran su portafolio de ofertas. Se adelantó una iniciativa para formar docentes aprovechando el talento humano de la localidad. "Empezamos a hablar en los mismos términos y a mirarnos en los mismos propósitos", recuerda Cecilia Ramos, coordinadora del Colegio Rodrigo Lara Bonilla.

Los proyectos educativos institucionales (PEI) de los distintos planteles se socializaron, y las instituciones y los actores aprendieron unos de otros. Por su parte, los padres de familia pasaron de pedir, a comprometerse.

La comunidad formó equipos de trabajo para elaborar el PEI, desde lo local a lo institucional, lo cual permitió tener una meta común. Para Sofía Ramírez, rectora (e) del Rafael Uribe, lo importante fue entender que lo pedagógico también se debe administrar. "La propuesta es exitosa, si hay articulación entre lo pedagógico y lo administrativo", señala. Rina Toro, coordinadora del Colegio Unión Europea, cree que el secreto es algo mucho más simple: "La mejoría se debe a que los colegios y los maestros dejaron de trabajar solos".

La comunidad realizó un trabajo detallado sobre los resultados de las pruebas Saber para mejorarlos y descubrir dónde estaban las deficiencias. Con esta información se realizó una nivelación para la excelencia, para la cual las universidades apoyaron a los planteles de más bajo logro para ayudarlos a mejorar.

Los resultados de esta dinámica de participación no tardaron en verse. Los colegios mejoraron su desempeño en las pruebas del Distrito. La alta deserción escolar en grados sexto y noveno, y la alta repitencia en sexto se redujeron. De 1999 al 2000, la tasa de deserción pasó de 5,1 a 4,9% y entre el 2001 y 2002, la tasa de repitencia pasó de 8,8 a 8,5%. Además, el promedio de edad de los alumnos de sexto grado se redujo de 14 a 10-11 años en la mayoría de los casos.

La mejoría en las evaluaciones de la Secretaría de Educación tuvo un segundo efecto. Los alumnos comprendieron que el rendimiento escolar podía mejorar sus oportunidades de vida al permitirles el acceso a la universidad. "Los referentes culturales cambiaron. Los chicos ven que pueden ir a la universidad, tener una profesión, ir más allá", explica Víctor Andrés Galindo, coordinador del Rodrigo Lara.

Esta nueva mentalidad ha hecho que cambien su actitud frente a los exámenes del Icfes y ha aumentado el número de graduados por institución. Antes, de un curso de 45 alumnos, terminaban 15. Hoy se gradúan 38. "Ahora, estudiantes, padres y docentes piensan que educarse es un punto de apoyo para el bienestar social y para el progreso de todos", señala Germán Edison Viracachá, rector del Colegio Distrital Estrella del Sur.

Actualmente, hay 18 estudiantes de Ciudad Bolívar becados en la Universidad de los Andes, 12 en la Escuela Colombiana de Ingeniería, 1 en la Piloto, 2 en la Universidad Gran Colombia y 8 en la Universidad Nacional. El colegio San Francisco firmó un convenio con la Embajada de Francia, que patrocina a los estudiantes que son aceptados en la Universidad Nacional. "Este año se inscribieron 120 alumnos del colegio a la Nacional. Pasó uno", cuenta su rector. Pero lo importante es que ahora los muchachos ven la universidad como una posibilidad cercana de desarrollo profesional. El proceso se vio reforzado por la iniciativa de la Universidad Distrital de montar una sede tecnológica en Ciudad Bolívar, que les da prioridad a estudiantes de esa zona.



Guaviare, el compromiso

Para transformar los logros educativos son indispensables tres factores: tomar una decisión política y de comunidad para mejorar la calidad de la educación; involucrar a los maestros en el proceso; y tener herramientas para medir la evolución. Si estos tres ingredientes están presentes, las limitaciones de presupuesto dejan de ser el principal obstáculo para el progreso.

La experiencia de Guaviare lo demuestra. El departamento quedó de sexto en los resultados departamentales del Icfes en el año 2002, cuando ocupaba el puesto 18 en 2001. En las pruebas de lenguaje, por ejemplo, el Guaviare solo fue superado por Bogotá.

Los resultados son fruto de un trabajo permanente en los últimos cinco años entre los maestros del departamento y el grupo de Educación en Territorios de Frontera, de la Universidad Nacional. El proyecto arrancó con seis departamentos; sin embargo, Guaviare es el único que lo ha mantenido. La primera fase del trabajo terminó en 1999, pero el interés de los maestros llevó a firmar un convenio entre la Facultad de Ciencias Humanas y la Gobernación, para apoyar la actualización docente y la sistematización de experiencias innovadoras que habían comenzado con la fase anterior.

"Vemos el deseo de los maestros para transformar su práctica, comprender el fenómeno educativo y reflejarlo en proyectos de aula, sin desconocer el conocimiento local", explica Fabio Jurado, quien ha liderado el proyecto desde la Universidad Nacional.

El trabajo con los docentes se hace en dos niveles. Los mejores alumnos de la facultad de Ciencias Humanas de la Nacional, interesados en problemas educativos, hacen sus prácticas en la zona, y tienen una interacción permanente con los maestros. Adicionalmente, el grupo de evaluación censal de competencias de la Universidad se reúne periódicamente con ellos en jornadas pedagógicas, durante las cuales retoman los puntos prioritarios en política educativa y estudian enfoques pedagógicos. Esto ha estimulado el compromiso de los maestros con el trabajo en el aula, y se ha reflejado en la mejoría en las competencias básicas adquiridas por los estudiantes.

El principal factor de cambio en el modelo educativo es el maestro, quien tiene el contacto directo con el alumno. De ahí la importancia de la capacitación de los docentes, y de incorporarlos a los procesos de mejoramiento, porque son ellos los que llevan el liderazgo en las aulas.



Santander, esfuerzo parejo

Otro caso interesante es el de Santander, un departamento que le apostó a la educación mediante un proceso participativo entre la Secretaría de Educación y los rectores y maestros. El departamento está muy por encima del promedio nacional en las pruebas del Icfes y solo es superado por Bogotá, aunque es el cuarto departamento del país por tamaño. Tiene 10 colegios ubicados en el top 100, incluyendo la Quinta del Puente, que ocupó el primer lugar, un récord que solo tienen Bogotá y Antioquia.

En este caso, se puede ver un gran esfuerzo de la Secretaría de Educación de Santander por mejorar el desempeño de los colegios públicos, y un trabajo consistente de los colegios privados por alcanzar la excelencia académica en sus instituciones.

La Secretaría de Educación viene trabajando en varios frentes. Se ha hecho un esfuerzo importante en la formación y capacitación de docentes dentro del marco de convenios con universidades de la región. Así mismo, hace más de 5 años viene haciendo seguimiento a la calidad de la educación. "Utilizamos sistemas de valoración para determinar la calidad de la educación que reciben nuestros estudiantes. Estos resultados nos permiten posteriormente orientar la planeación y definir los planes de acción", afirma Pablo Eduardo Ramírez, secretario de Educación de Santander. El departamento, además, ha creado espacios de discusión y concertación en donde se encuentran rectores, académicos y autoridades para analizar la situación de la educación en Santander y definir lineamientos que potencien la formación de sus estudiantes.

Los colegios privados tampoco se han quedado atrás. La Quinta del Puente viene trabajando en un modelo de pedagogía que no escatima al invertir en sus estudiantes. Hoy ofrece una amplia infraestructura donde se han creado espacios totalmente independientes para los estudiantes de los diferentes niveles, permitiéndoles acceder a recursos ideados para ellos. El colegio ofrece recursos tecnológicos de punta, desde software educativo y multimedia, hasta aulas virtuales en donde los estudiantes complementan su proceso de formación. "Este trabajo se ha hecho con responsabilidad y con amor. Nuestros resultados reflejan el compromiso con los estudiantes", afirma Matilde González de Salazar, rectora y fundadora de la institución.

Otros colegios, como la Fundación Colegio UIS, también atribuyen su buen desempeño a un compromiso serio para ofrecer una educación integral a sus alumnos. "El profesionalismo de los docentes es un factor fundamental para nosotros. También nos preocupamos por ofrecer a nuestros estudiantes todos los recursos que necesitan para recibir una educación integral", afirma Oscar Gómez, presidente de la junta directiva de la Fundación. Adicionalmente, este colegio tiene como una política poco común, pero novedosa: acompañar al estudiante durante todo su proceso, por lo cual exige que, como mínimo, haya completado el 50% de sus estudios en esa institución para poderse graduar.



El poder para cambiar

Mejorar la calidad de la educación es posible. Las cifras de la Secretaría de Educación de Bogotá y del Icfes en el año 2002 muestran resultados esperanzadores en este campo, sobre todo para el caso de las pruebas Saber en Bogotá.

En las pruebas del Distrito, el porcentaje de colegios ubicados en categoría Baja se redujo en poco menos de la tercera parte en el año 2002 frente al 2000. Además, el porcentaje de colegios en el nivel alto aumentó de 11,7 a 31,7%; y aquellos ubicados en el nivel superior aumentaron de 3,3 a 14,2%.

Este comportamiento fue jalonado principalmente por el desempeño de los colegios oficiales, que redujeron más el porcentaje de colegios ubicados en las categorías Inferior y Baja, y obtener el mayor progreso en los ubicados en los niveles Alto, Superior y Muy superior. Mientras en el año 2000 solo el 10,9% obtuvo un desempeño alto, el año pasado lo hizo el 35%. Y los colegios en el nivel superior pasaron de 2,4 a 19,4%.

En el caso de las pruebas del Icfes, los cambios no son tan fuertes. Los colegios en la franja de Inferior - Muy inferior bajaron de 19,1 a 14,9% frente al 2001, mientras que los ubicados en rango Medio aumentaron de 25,1 a 27,7%, y los de Alto de 8,9 a 10,5%.

De todas formas, estos resultados son halagüeños y permiten ver un progreso generalizado en la educación, el cual no puede ser atribuido enteramente al efecto de las nuevas evaluaciones, pero es indudable que la dinámica generada alrededor de ellas ha influido sustancialmente en los resultados. Así mismo, la autonomía que recibieron los colegios para fijar sus programas educativos institucionales ha contribuido en este cambio, al darles mayor libertad de acción y mayor responsabilidad sobre los logros. Sobra decir que aún hay mucho camino por recorrer antes de alcanzar los estándares internacionales de calidad, pero al menos estamos viendo una luz que confirma por dónde es el camino.

El objetivo del Ministerio de Educación de fijar unos estándares de calidad dándole participación a la academia en su diseño, y la creación de un sistema de pruebas que permita recoger información sobre el desempeño de los alumnos en las principales fases de su desarrollo educativo, ayudarán a profundizar la transformación que se ha dado en los últimos años en el sistema. El Icfes, al igual que las pruebas Saber, son una herramienta de información muy valiosa que permite hacerle el seguimiento a la educación impartida por los colegios.

Colombia está logrando que las comunidades, los padres de familia, el gobierno y, sobre todo, los alumnos tomen conciencia de sus responsabilidades respecto a la calidad de la educación y a la importancia de que los jóvenes se apropien de un conocimiento no memorístico, que les sirva para pensar y resolver problemas. Esto tiene que llevar a futuro a un país más competitivo, más creativo y más equitativo, donde la brecha de calidad entre instituciones con diferentes niveles de ingresos sea cada vez menor y donde se garantice el acceso a una educación mejor. Esta es la base de la esperanza en la Colombia del futuro.

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