Revista Dinero

| 11/7/2008 12:00:00 AM

Los mejores colegios

La calidad de los colegios se refleja en los resultados de sus estudiantes en la universidad. El éxito depende de los profesores. RANKING DE 9.500 COLEGIOS DEL PAÍS.

De los más de 400.000 bachilleres colombianos que se graduaron en 2002, cerca del 25% obtuvo un título universitario y 10,5% culminó su formación técnica o tecnológica en 2007. Estas cifras muestran que el país está haciendo un enorme esfuerzo por ampliar la cobertura de la educación superior. Cabe preguntarse: ¿cómo lograr que ese mayor volumen de bachilleres que entran a la educación superior tengan también mayores niveles de calidad? ¿Qué lecciones pueden dejarnos los mejores colegios respecto a cómo alcanzar mayor calidad en la mayoría de los planteles?

La evidencia indica que son los profesores quienes juegan un papel preponderante en la formación de los mejores bachilleres. Su calidad, y la posibilidad que brinda el ambiente escolar de hacer un estrecho seguimiento a los alumnos, son las claves del éxito.

Si consideramos el sistema educativo como una cadena de valor, donde cada etapa entrega sus graduados a la siguiente para generar los individuos que el sistema productivo requiere, entonces resulta evidente que la calidad de la educación básica tiene una importancia fundamental. Los avances en cobertura servirán de poco, si luego son debilitados por altas tasas de deserción en la universidad y bajos niveles de desempeño.

El éxito del esfuerzo que está haciendo Colombia por abrir las puertas de la educación superior a más colombianos dependerá de la capacidad que demuestren los colegios para formar mejores bachilleres. El país está avanzando en este frente, pero el camino es largo y partimos desde un nivel bajo.

En 2006, Colombia participó por primera vez en el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), un análisis del rendimiento de estudiantes a partir de exámenes mundiales que se realizan cada tres años y que tienen como fin la valoración internacional de los alumnos, llevado a cabo por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). En las pruebas, realizadas a estudiantes de 15 años de edad y en las que participaron 62 países, la mejor ubicación de Colombia fue en el área de comprensión de lectura, donde alcanzó el puesto 57.

Este es un resultado pobre, que plantea grandes interrogantes hacia el futuro. El examen de la gestión y las prácticas de los mejores colegios pueden ayudar a comprender cómo mejorar estos resultados para que Colombia pueda aspirar a incrementar su competitividad a partir del talento de sus ciudadanos.

Por ello, en la presente edición de Los Mejores Colegios, además de resaltar la labor de las 300 instituciones de enseñanza básica con mejor desempeño promedio en las ocho áreas evaluadas en las pruebas de estado, se da una mirada a las estrategias emprendidas por colegios y universidades para graduar alumnos de excelencia académica.

¿Qué hacen los mejores?

"Si nuestro colegio participara como un país independiente en PISA, habríamos ocupado la segunda posición mundial en 2006 con los resultados que obtuvimos", afirma Julián de Zubiría, rector del Instituto Alberto Merani de Bogotá. Él explica que esto se debe a tres elementos: sincronía entre lo que piensan el rector y los profesores, estrecha participación de los padres, estímulos a los mejores profesores y evaluación constante.

La importancia que tiene la gestión de los profesores en los colegios se resalta en un reciente estudio de la consultora McKinsey & Company. El estudio, titulado How the world's best performing schools systems come out on top, resalta la poca relación existente entre los resultados obtenidos por los estudiantes y los recursos monetarios invertidos en educación, las horas gastadas en el aula o las características socioeconómicas de los hogares. La clave de los buenos resultados, según el estudio, está en la calidad de los profesores y las prácticas que los colegios siguen para reclutar, motivar y evaluar a estos docentes.

El estudio muestra cómo Australia, que ha triplicado el gasto por alumno desde 1970, no consigue alcanzar a Singapur, que gasta menos que la mayoría de los países. Estados Unidos está en el tercio inferior de la clasificación de resultados, pese a que desde 1980 ha casi doblado el gasto por alumno y ha bajado el número de estudiantes por profesor a un mínimo histórico. Entre tanto, Corea del Sur está entre los cuatro primeros países en todas las pruebas a pesar de evidenciar uno de los índices más altos de número de estudiantes por salón de clase. Los resultados tampoco obedecen al número de horas estudiadas, pues los finlandeses son los primeros en lectura y en ciencias, y los segundos en matemáticas, a pesar de tener el menor número de horas de clase entre todos los países.

El estudio concluye que los profesores son la clave del problema. Hay tres rasgos comunes en los países que encabezan la clasificación: contratan a los mejores profesores, los aprovechan al máximo e intervienen cuando los resultados de los alumnos empiezan a bajar.

Este principio parece confirmarse en los casos de los colegios colombianos que logran los mejores resultados en el examen del Icfes desde 1999, cuando este examen dio un giro hacia la evaluación de competencias, dejando atrás las pruebas basadas en acumulación de información.

Al indagar con algunos rectores de las instituciones que han liderado el posicionamiento de los mejores colegios en los últimos siete años, sobre los factores que consideran determinantes para la calidad de sus bachilleres, se corrobora la importancia que tienen los profesores en el proceso. El Padre Manuel Latorre, rector del colegio Calasanz de Cúcuta, resalta la importancia de tener "profesores muy unidos y departamentos estructurados coherentemente, desde jardín hasta grado 11". Silvana Granzotto de Pia, rectora del colegio Leonardo Da Vinci de Envigado, afirma que "buscamos profesores que se adapten a nuestra metodología de investigación, dispuestos a solucionar problemas; que razonen, no que repitan como loros; y que hagan exámenes que incluyen todo el saber anterior". Bruno Leroueille, rector adjunto del Liceo Francés de Pereira, señala que "son los profesores y los mismos estudiantes los que se forman". Por su parte, Luisa Pizano, rectora del colegio Los Nogales de Bogotá, hace énfasis en que "tener muy buenos profesores es uno de los pilares del nivel académico de nuestros estudiantes".

Los colegios son concientes de la importancia que tiene la calidad de sus docentes y por ello buscan vincular profesores que hayan alcanzado niveles de posgrado, llegando incluso a profesores que ostentan títulos de doctorado, motivan la realización de estudios adicionales en su planta docente y trabajan en la aplicación de técnicas pedagógicas que han mostrado efectividad. La hermana Johana Cunniffe, rectora del colegio Marymount de Barranquilla, afirma categóricamente que su éxito se debe a los sistemas que los docentes utilizan en su gestión: "tenemos profesores muy organizados y dedicados que emplean la metodología elaborada por Harvard University, llamada Harvard teaching for understanding". Para Raquel Rojas, rectora del Gimnasio Vermont de Bogotá, "es muy importante ser cuidadoso en la selección de profesores, porque ellos son los pilares para los niños. Por ello, los capacitamos con maestrías, especializaciones y talleres" y agrega que "el recurso humano es fundamental, por eso miramos su pasión por el conocimiento". Los profesores son, en definitiva, uno de los principales aspectos que lleva a que un colegio resalte. Así, en el colegio San Carlos destacan que "el trabajo diario, la entrega y el sudor de nuestros profesores son elementos clave del posicionamiento del colegio", según el padre Francis Wehri, su rector, y Jorge Celis, su vicerrector.

Además del énfasis en los docentes, algunos colegios desarrollan estrategias pedagógicas poco convencionales con resultados significativos. Matilde González, rectora del colegio La Quinta del Puente, de Floridablanca (Santander), afirma que "el trabajo comienza desde preescolar, donde descubrimos fortalezas innatas a partir del juego. Aprender jugando es nuestra metodología, además, el juego permite descubrir deficiencias y desarrollar capacidades. Nos enfocamos en aspectos socioemocionales, intelectuales, de lenguaje, motricidad y sensorial con juego, música y arte, así el niño está feliz y el profesor está evaluando sus pros y sus contras".

Otro de los factores identificados como determinantes por estos rectores es el interés de los padres. "Al inicio, lo que más nos importa es el apoyo de la familia. Buscamos una familia en la que lo más importante sea aprender y que se muestre comprometida con el estudio de sus hijos", afirma Ane Marie Leroy, rectora del Liceo Benalcázar de Cali. En este mismo sentido apunta el Gimnasio La Montaña de Bogotá; su rectora, María Mercedes de Brigard, afirma que "antes que niños, seleccionamos familias que compartan el proyecto psicológico del colegio".

¿Qué pasa al llegar a la Universidad?

La importancia de la formación que reciben los bachilleres en el colegio se verifica al analizar su grado de éxito en la universidad. Las pruebas del Icfes son consideradas por las universidades como un buen indicador de desempeño, en palabras de Margarita Peña, directora del Icfes, "son muy bien recibidas por las universidades que juzgan por la calidad de los estudiantes admitidos".

Pero subsisten fallas en la educación que imparten los colegios, que no solamente se manifiestan en bajos puntajes en el examen de estado, que impiden el acceso a la universidad, sino en debilidades en la formación que llevan a altas tasas de deserción en bachilleres que logran entrar a la universidad.

De acuerdo con el Ministerio de Educación Nacional, actualmente en Colombia las tasas de deserción en educación superior son cercanas al 48%. El Ministerio tiene la meta de reducir este porcentaje a 40% en el año 2010 y a 25% en 2019. Es evidente que los aumentos en cobertura de la educación superior tendrán efectos limitados si no se logra reducir la deserción. Los principales determinantes de la deserción estudiantil en pregrado están relacionados con el rendimiento académico previo al ingreso al programa de educación superior, el ingreso familiar y el acceso al financiamiento y la orientación profesional y vocacional de los estudiantes.

El buen o mal trabajo que hacen los colegios se refleja, en gran medida, en los índices de deserción en la universidad, tanto por la calidad de la formación impartida en el bachillerato, como por la orientación vocacional que sus estudiantes logran obtener antes de inscribirse en un programa de educación superior. De acuerdo con el padre Joaquín Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Javeriana, "los estudiantes llegan a la universidad con una deficiente formación en español, matemáticas e inglés, y la institución debe reforzarles los conocimientos en esas áreas"; con ello ayudan a disminuir la deserción por motivos académicos. La educación "es una cadena de formación que hay que cuidar desde el preescolar. Hay que garantizar que una formación de 11 años les permita a los estudiantes desempeñarse en la vida", agrega Sánchez.

La retención estudiantil en educación superior se ha convertido en una prioridad para la planeación de políticas públicas, como asegura la ministra de Educación, Cecilia María Vélez, y también para las propias instituciones. Francisco Piedrahita, rector de la Universidad Icesi, resalta que "se debe partir por reconocer el problema, esto es parte de la responsabilidad social universitaria. En la tradición colombiana se considera que los estudiantes deben defenderse o abandonar y así no debe ser".

En cuanto a la deserción por causas académicas, Carlos Angulo, rector de la Universidad de los Andes, comenta que "se tienen programas de consejería académica y personal para detectar los problemas que puedan tener los estudiantes y prestarles asesoría oportunamente. Además, "hemos realizado estudios para identificar a los estudiantes más vulnerables a la deserción y hacerles un seguimiento más intenso". Por su parte, Jesús Ferro, rector de la Universidad del Norte, señala que "a los estudiantes que no cumplen con nuestros estándares les damos la oportunidad de que mejoren, cursando un periodo de prueba en el que fortalecen las áreas en las que presentan problemas, para que puedan seguir adelante".

La deserción por causas académicas es la que más le preocupa a las universidades de alto nivel y representa la primera causa de deserción, según un estudio de la Universidad de los Andes, seguida de las razones económicas. En este sentido, Jaime Alberto Camacho, rector de la Universidad Industrial de Santander, afirma que "el nivel académico del bachillerato es sustancialmente diferente al de la universidad, por eso hemos generado programas de acompañamiento académico y psicosocial durante los primeros cuatro semestres". La Universidad de Caldas viene tomando medidas en este mismo sentido. Germán Gómez, su vicerrector académico, señala que "nuestro esquema de bienestar universitario se ha consolidado para brindar apoyo psicológico, médico y acceso a actividades deportivas".

Con respecto a la deserción por causas económicas, el Gobierno es consciente de su poder de acción y viene impulsando estrategias para prevenirla con más y mejores programas de apoyo financiero, principalmente a través del Icetex. Martha Lucía Villegas, presidente de esta institución, resalta la importancia de brindar fuentes de financiamiento a estudiantes de educación superior, por el impacto que esto conlleva en términos de movilidad social y afirma que "entre 2003 y septiembre de 2008 se han aprobado 230.712 nuevos créditos, 64% de los cuales corresponden al programa Acces, con lo que tenemos beneficiarios en 1.051 municipios del país".

Las universidades también tienen implementados planes de apoyo en este sentido. Obdulio Velásquez, rector de la Universidad de la Sabana, plantea que "para mitigar la deserción, la universidad invierte $4.000 millones en ayudas a estudiantes tanto con recursos propios como con ayudas del sector privado". En este sentido se articulan los programas de la Universidad del Rosario. Su rector, Hans Peter Knudsen, afirma que "hemos estructurado programas específicos para dar becas a estudiantes de buen desempeño académico, más no excelente, que abandonarían la institución por falta de dinero. Brindamos algún apoyo económico al 16% de los 6.500 estudiantes de pregrado". Así mismo, Juan Luis Mejía, rector de Eafit, afirma que "el 10% de nuestros estudiantes estudia con algún tipo de beca".

Evitar la deserción se ha convertido en una prioridad para las universidades y la mejor forma de prevenirla es actuar a tiempo. Mauricio Rodríguez, rector del Cesa, cree que "es fundamental la detección temprana de dificultades, a mitad de semestre o en los primeros parciales, para prestar mayor atención a los alumnos con dificultades. Nosotros hacemos seguimiento individual y la directora de programa habla con cada uno de los estudiantes que necesitan orientación".

En suma, la evidencia indica que para lograr progresos hacia una mayor calidad en la educación es necesario considerar el problema desde un punto de vista integral, donde los procesos que se inician en los colegios deben ser coherentes con los que se realizan en las universidades y otras instituciones de educación superior. Un mejor entendimiento de los factores críticos de éxito en cada nivel es indispensable para que la cadena opere bien en su totalidad. Las lecciones que dan los mejores colegios sobre estos factores de éxito tienen un valor extraordinario en todo el proceso. Los protagonistas de este trabajo, los profesores, deben adquirir la prioridad y el estatus que merecen en nuestra sociedad, si Colombia quiere elevar sus resultados en las comparaciones internacionales sobre calidad de la educación.  
Vea aquí el ranking de los mejores colegios

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