Los mejores colegios

| 2/22/2002 12:00:00 AM

Los mejores colegios

La evaluación está abriendo paso a una cultura de la calidad en los colegios. Hay que acelerar los resultados, pues el déficit educacional de Colombia es gigantesco.

Lo primero que uno necesita para avanzar es entender en qué punto está y hacia dónde quiere ir. Hoy, Colombia sabe en dónde se encuentra su educación de primaria y bachillerato, y cuenta con un derrotero para avanzar, gracias a los resultados de las evaluaciones que realizan el Icfes en el nivel nacional y la Secretaría de Educación de Bogotá (SED) en la capital del país. Los resultados más recientes de estas pruebas confirman que la calidad de la educación primaria y secundaria en Colombia está por debajo de lo que habría que esperar, incluso en los colegios que se encuentran a la cabeza de la distribución. Al mismo tiempo, y lo más importante, estas pruebas muestran los puntos fuertes y débiles en la formación de los estudiantes e identifican con precisión dónde debe concentrarse el trabajo para mejorar.



La primera tentación en la que caen los padres de familia cuando aparecen los resultados de estas evaluaciones es correr al plantel donde estudian los hijos a preguntar por qué no aparece en los primeros lugares, o por qué bajó en la clasificación. Y, al contrario, también suelen dejarse llevar por la complacencia cuando el colegio ha quedado ubicado en una posición destacada, pues piensan que si la educación de sus hijos marcha tan bien, no hace falta preocuparse por ella. Estas reacciones hacen que se pierda la riqueza de información que brindan las pruebas e impide que revelen su verdadera utilidad, es decir, conocer en qué situación se encuentra la calidad académica del colegio, identificar sus fortalezas y debilidades y establecer un camino de acciones para mejorar. Por definición, lo importante es el comportamiento de las instituciones a lo largo del tiempo y la medición en las áreas que la entidad decide considerar como prioritarias. Más allá de la comparación con los demás, la medida de un buen colegio es su capacidad para superar día a día sus propios estándares de desempeño.



El cuadro general de los resultados de las pruebas del Icfes y la SED muestra que el desempeño de los estudiantes colombianos se ubica incuestionablemente por debajo de las expectativas. Los puntajes son mejores en lenguaje que en matemáticas y ciencias, pero son preocupantes en todos los casos. Por otro lado, sus destrezas están orientadas a acumular conocimientos básicos antes que a utilizarlos en un contexto práctico, o a analizar los contenidos desde una perspectiva crítica. Mejorar este desempeño será una ardua tarea que debe ser asumida, colegio por colegio, por maestros, padres y alumnos. Es vital que todos entiendan en qué consisten las evaluaciones, cuál es la información que encierran y dónde se debe trabajar en cada plantel para mejorarlos. Si hay un área de la competitividad del país que amerite un esfuerzo colectivo para mejorar el bienestar de todos en el largo plazo, trabajando desde el nivel más básico de la comunidad, es esta.



Los resultados del Icfes



A partir del año 2000, el Icfes cambió radicalmente el espíritu de las pruebas de estado que venía realizando desde 1968. Las nuevas pruebas apuntan a evaluar las competencias básicas de los estudiantes en lugar de los conocimientos acumulados, que era lo que se medía en la prueba tradicional. Evalúan competencias en 9 materias de un núcleo común (biología, física, química, geografía, historia, filosofía, matemáticas, lenguaje e idiomas) y 2 de un componente flexible. Las pruebas tienen un alto nivel de complejidad y su propósito es evaluar las capacidades del estudiante una vez terminados los 11 años de formación en el colegio.



Al contrario de lo que ocurría en el pasado, el nuevo examen del Icfes no establece puntuaciones mínimas para decidir si un examinado pasó o no pasó. El objetivo del examen es identificar fortalezas y debilidades en cada una de las áreas. Los resultados se expresan en puntajes que permiten ubicar al estudiante en los rangos Medio, Bajo y Alto, de acuerdo con su nivel de competencia.



El nivel de competencia de un estudiante en un campo determinado no está dado simplemente por lo que sabe, sino por lo que sabe hacer con ese conocimiento y por su capacidad de evaluarlo críticamente. Mediante preguntas de selección múltiple, las pruebas del Icfes evalúan las competencias de los estudiantes en tres niveles. El primero (competencia interpretativa) evalúa la capacidad del estudiante para entender y/o reconstruir el sentido de un texto o gráfico. El segundo (competencia argumentativa) evalúa su capacidad para justificar y explicar el porqué de una afirmación, acción o fenómeno. El tercero (competencia propositiva) evalúa su capacidad de generar hipótesis y alternativas creativas para la resolución de problemas. Los colegios se categorizan en 7 grupos que van de Muy inferior a Muy superior.



Los resultados de los dos primeros años de aplicación del nuevo examen muestran una caída en los niveles de competencias alcanzados entre los años 2000 y 2001. El porcentaje de colegios que llegan a los niveles entre Alto y Muy superior cae de 18% a 14%, mientras el que se encuentra entre Muy inferior y Bajo aumenta de 51% a 60%. La tendencia se cumple tanto en los colegios públicos como en los privados, si bien es más marcada en los primeros. Por su parte, los datos comprueban que los peores desempeños están en matemáticas y los mejores en lenguaje, aunque se destaca que los porcentajes de estudiantes que logran los mejores desempeños son bastante más bajos que aquellos que se acumulan en la parte baja de la distribución. Es posible que este deterioro generalizado en la calidad esté relacionado con el hecho de que el instrumento de medición es novedoso, la prueba tiene una elevada complejidad y solo se han realizado dos observaciones. Esto también explicaría las grandes fluctuaciones que se presentaron entre 2000 y 2001 en la clasificación de muchos colegios. No obstante, este es un resultado al cual los colegios deben dar la mayor importancia. Si los resultados de los años que vienen indican que se trata de una tendencia de deterioro en camino de consolidarse, sería indispensable adelantar una iniciativa en el nivel nacional por la calidad de la educación para atacar la raíz del problema antes de que sea demasiado tarde.



Otra tendencia preocupante es la concentración de la calidad en unas pocas ciudades, y particularmente en Bogotá. La capital alberga el 15% de los colegios del país, pero tiene el 35% del total de los planteles que se clasifican en categorías altas y el 48% del grupo de los 100 mejores. De hecho, solo 15 departamentos contribuyen a este último y selecto grupo.



Los resultados de los departamentos son muy preocupantes. El bajísimo desempeño se comprueba al constatar que 31 de los 33 departamentos del país tienen más del 50% de sus colegios en niveles entre Muy inferior y Bajo. Este indicador de calidad de educación sería un excelente predictor de pobreza. Amazonas y Vaupés tienen el 100% de sus colegios en niveles Muy inferior a Bajo en calidad. Chocó está por encima de 90%. Un grupo de departamentos de la Costa Atlántica (Atlántico, Guajira, Córdoba, Cesar, Magdalena y Bolívar) están por encima de 80%. Pero incluso las regiones más pujantes, que contribuyen en forma importante al grupo de los 100 mejores, están en serios problemas. Antioquia tiene 68% de sus colegios en niveles Muy inferior a Bajo, Valle tiene 60% y Santander tiene 51%. La solución de este problema debería ser prioridad absoluta de los gobiernos regionales.



Finalmente, los resultados de la prueba del Icfes muestran una altísima volatilidad en el ordenamiento entre los dos años, la cual aumenta a medida que la calidad se reduce. En otras palabras, el lugar que un colegio ocupa en la lista puede variar sustancialmente entre la primera y la segunda prueba. Las variaciones son menores en el grupo de los 100 primeros que en el de los 500 primeros, y estas dos son muy inferiores a las que se aprecian en el total. Esto implica que la verdadera calidad académica no es solo un problema del puntaje alcanzado en un año cualquiera, sino de la consistencia en los resultados que se logran a lo largo del tiempo.



Los resultados de la Secretaría



Los habitantes de Bogotá cuentan con una evaluación adicional de la calidad de sus colegios. Se trata de la evaluación censal de competencias en educación básica que se realiza en la ciudad desde 1998, a cargo de la Secretaría de Educación del Distrito. Los resultados del año 2001 son particularmente importantes, porque con ellos se completa un ciclo en el cual cada colegio ha sido evaluado en dos oportunidades en los grados 3º, 5º, 7º y 9º. Esto permite hacer una evaluación de progreso. Se evalúan las áreas de lenguaje, matemáticas y ciencias naturales con una batería de pruebas que toman un día y medio. Las pruebas están diseñadas para establecer, de la manera más aproximada posible, en qué medida los colegios forman "personas que saben y qué saben hacer con lo que saben". Cuando los colegios usan los resultados correctamente, ellas les permiten determinar las áreas en las que deben mejorar, definir las acciones necesarias para lograrlo y evaluar el cumplimiento de los objetivos con el paso del tiempo. Con las mediciones hechas en los diferentes cursos, cada plantel puede detectar problemas en etapas tempranas y tomar medidas correctivas a medida que avanza el proceso educativo, a diferencia del Icfes, que evalúa el producto final.



La prueba de la Secretaría de Educación del Distrito establece tres niveles de competencia en las áreas y cursos evaluados. En el primer nivel, se espera que el estudiante conozca los códigos (letras, números y símbolos) y sus reglas de combinación. En el segundo nivel se espera que los use comprensivamente, es decir, que los aplique en un contexto o una situación, preferiblemente nueva. En el tercer nivel se espera que explique por qué los usó así, argumentando sus razones.



Esta evaluación confirma el gran mensaje esencial de las pruebas del Icfes: los colegios están lejos de los niveles que deberían tener, en particular en las competencias avanzadas. Los estudiantes bogotanos están relativamente bien en conocimiento básico, pero fallan cuando se les pide utilizar su conocimiento dentro de un contexto, o explicar por qué la respuesta que dieron es correcta y hacer una discusión crítica. La Secretaría de Educación considera que, de un puntaje máximo de 306, un desempeño aceptable en la prueba debería tener un 60% de respuestas correctas, es decir, 184 puntos. Solo 25 de los 1.460 colegios evaluados en la segunda prueba tienen un puntaje superior a ese nivel.



La prueba de la Secretaría de Educación de Bogotá muestra un incremento en la calidad. El promedio general de los colegios se elevó de 175 puntos a 194 en primaria y de 112 a 126 en bachillerato. Los puntajes y los progresos son más altos en primaria que en bachillerato, y mayores también en lenguaje que en matemáticas y ciencias. Sin embargo, el promedio general de primaria (193,5) apenas equivale al 63% de la calificación máxima (306) puntos. Por materias, los alumnos de primaria escasamente pasan raspando: 68% de la calificación máxima en lenguaje y 58% en matemáticas. El caso de bachillerato es peor, pues el promedio general apenas alcanza el 41% de la nota máxima. Por materias, el porcentaje de la máxima calificación de estos alumnos es 53% para lenguaje, 34% para matemáticas y 36% para ciencias naturales. La SED define el caso de ciencias naturales como "preocupante". Esto es muy grave, pues una buena formación en ciencias es fundamental para alcanzar los niveles superiores de competencia. La Universidad de los Andes ha encontrado que los resultados obtenidos en ciencias por los estudiantes durante su paso por el colegio son un excelente indicador del desempeño posterior en la universidad. "Nuestros estudios nos dicen que los estudiantes que llegan con buenos puntajes en ciencias van a tener muy buenos resultados en la universidad", afirma Carlos Angulo, rector de los Andes.



Sin embargo, el ejercicio encierra también una buena noticia. Es posible mejorar. Nadie tiene el monopolio de la calidad. Si en algún momento se temió que la evaluación de competencias ayudaría a perpetuar una división entre colegios buenos y malos, o ricos y pobres, los resultados muestran que ese temor es infundado. Por el contrario, la prueba ha traído reconocimiento ante toda la ciudad a colegios que, con un trabajo profesional y constante, llegan a los primeros lugares de la clasificación sin pertenecer a ninguna de las tradicionales listas de élite. De hecho, en la más reciente evaluación solo hay tres colegios de calendario B. El primer lugar lo ocupa el Liceo Max Planck, un colegio modelo en sus prácticas administrativas y académicas, ubicado en el barrio Yomasa, en el sur de Bogotá. El segundo lugar lo ocupa el Centro Educativo Distrital Ciudad de México, también en el sur, que incrementó sustancialmente su desempeño en la más reciente observación. De no haber sido por la prueba, la experiencia de estos colegios solo sería conocida por los especialistas. Es de esperar que en los años que vienen, la prueba dé un merecido reconocimiento a otras entidades que afinarán sus procesos para elevar su rendimiento académico.



La diferencia entre los resultados de primaria y bachillerato evidencia un gran problema. En teoría, las competencias básicas se deben reforzar durante el tránsito por el sistema educativo. Sin embargo, los resultados de secundaria, al ser mucho más bajos que los de primaria, sugieren que la institución no está aportando mucho a su desarrollo.



La volatilidad en los puntajes para cada colegio entre la primera y la segunda prueba, por su parte, tiene un patrón más consistente que el de los resultados del Icfes. La mayoría de los cambios muestran aumentos en el puntaje. Los mayores cambios (que, además, van en sentido positivo) se observan en el grupo que está a la cabeza de la clasificación.



¿Para qué sirven las mediciones?



Las evaluaciones de competencias tienen una utilidad enorme para los padres de familia, pero es necesario ponerlas en perspectiva. Este es solo un elemento dentro de un amplio número de variables que determinan el desempeño de un colegio. Las pruebas no evalúan, por ejemplo, la creatividad, ni la capacidad de los estudiantes para hilar una argumentación oral, ni permiten ver los valores sobre los cuales está fundamentado el PEI (Plan Educativo Institucional) del colegio. La evaluación de un colegio, además de las competencias de sus estudiantes, debe contemplar variables adicionales como currículos, clima escolar, recursos físicos, y desempeño de egresados, directivos y docentes.



Las pruebas sirven, fundamentalmente, para que los colegios diseñen planes de mejoramiento académico con metas específicas, medibles en el tiempo. "El enfoque no es crear una clasificación de colegios", dice Daniel Bogoya, director del proyecto de evaluación de competencias básicas de la Universidad Nacional, que ha sido responsable de ejecutar las mediciones. "Este proyecto debe servir para que cada colegio reconozca lo que sabe hacer y también para que identifique sus deficiencias y trabaje para mejorar".



La experiencia muestra que los colegios que se comprometen con el mejoramiento, logran resultados. Un buen ejemplo es el programa Nivelación para la Excelencia, con el cual la Secretaría, junto con universidades y centros de desarrollo pedagógico, ha conformado equipos concentrados en el fortalecimiento de colegios cuyos alumnos presentan bajos niveles de competencia. El programa ya arroja resultados tangibles. Mientras el promedio de primaria en las áreas de matemáticas y lenguaje del total de la ciudad en la Evaluación de Competencias aumentó en 12% y 10% respectivamente, el de las jornadas de primaria asesoradas aumentó en 54% y 30%. Por su parte, el promedio general de los colegios de bachillerato asesorados aumentó 22% frente a 13% del total de la ciudad. En este programa han participado las universidades Javeriana, Andes, Distrital, Minuto de Dios y Central, y los centros Compensar, Corpoeducación, Fundación Tercer Milenio, Fundación Alberto Mora, Fundación Alberto Merani y Cinde, que han asesorado a las 90 jornadas de primaria y 66 de secundaria de más bajo desempeño en las pruebas. Luego de un análisis de los resultados de las pruebas, colegios y entidades asesoras diseñan un plan de mejoramiento pedagógico, administrativo y directivo cuya implementación se lleva a cabo durante los siguientes 2 años con un estrecho seguimiento de estas últimas. La evaluación permite medir con una regla precisa el progreso frente a los objetivos planteados.



El Icfes también ha estrechado su relación con los colegios. Desde el 2001, la entrega de los resultados de las pruebas a los rectores, que antes se limitaba a un reporte escrito con los promedios de sus estudiantes, se realiza en el marco de un taller de análisis de sus resultados, en el que se les explica detalladamente la manera correcta de interpretarlos y de determinar las fortalezas y debilidades de sus alumnos. Mediante este programa, el Icfes pretende que las pruebas de estado actúen como guía para la definición y monitoreo de la efectividad del PEI en los colegios. Hasta la fecha se han realizado más de 200 talleres en 64 ciudades, a los que han asistido cerca de 7.500 rectores y coordinadores académicos.



Lo primordial para los padres de familia es que las evaluaciones ofrecen una información valiosa para que ellos puedan llegar a su propio juicio respecto al compromiso del colegio con la calidad académica. No se trata solo de los resultados numéricos, sino de la posibilidad de establecer un diálogo constructivo entre colegio y padres de familia sobre la educación de los alumnos y su desarrollo de competencias superiores. Si ese diálogo es posible y los padres ven que el colegio moviliza sus energías hacia el progreso, con metas definidas, lo más probable es que los padres hayan encontrado un buen lugar para educar a sus hijos.



¿Dónde está, entonces, la clave de un buen colegio? Si bien son muchos los factores que inciden sobre la calidad de la educación, aquellos relacionados con la institución educativa son los que más inciden en el rendimiento de los estudiantes. Así lo demuestra el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación de 1997, realizado en 1.507 establecimientos educativos de 13 países sobre los resultados de tercer y cuarto grado. Según este estudio, los factores vinculados a la escuela son responsables de casi dos tercios de la variación de los resultados en el rendimiento de los estudiantes. Estudios realizados en Colombia corroboran este hallazgo. De acuerdo con un estudio de factores asociados a los resultados de las pruebas en Bogotá, realizado en 1998 y 1999 simultáneamente con la evaluación de competencias de la SED, el plantel explica más de la cuarta parte de la variabilidad del logro.



Todo apunta a que, dentro de la institución, el factor esencial que los padres deben identificar es la calidad del rector. Los colegios que se destacan son aquellos donde el rector tiene una visión clara de la excelencia académica y logra imprimir este ideal en las rutinas del plantel. Este compromiso del rector es visible tanto en Los Nogales, que logró el primer puesto en las pruebas del Icfes, como en el Max Planck, primer puesto en las pruebas de la Secretaría. El estudio de factores asociados realizado en Bogotá pudo establecer que los planteles de mayor logro se caracterizan por tener rectores de mayor experiencia, con posgrado en administración escolar y que dedican más tiempo a padres y alumnos. Entre las mayores deficiencias de los colegios públicos está la elevada proporción del tiempo que los rectores deben dedicar a tareas administrativas y reuniones por fuera del plantel.



Los colegios que Dinero contactó para la realización de este artículo, y que están ubicados en el primer lugar en sus respectivas regiones, tienen una característica en común: la presencia de un rector carismático, cuya visión de la calidad es conocida por alumnos, maestros y padres. Donde hay un buen rector, hay prácticas organizacionales que buscan el mejoramiento permanente.



Es difícil pensar en dos colegios más alejados físicamente que Los Nogales y el Max Planck. O enfoques aparentemente más distantes que los de La Enseñanza de Medellín (un colegio de religiosas con 103 años de historia), el Liceo Francés de Pereira y el Idphu de Barranquilla (donde no hay puertas ni ventanas y las clases tienen lugar en cabañas tipo tayrona a pocos metros del mar). Sin embargo, basta entrar para que las similitudes comiencen a aparecer. La limpieza y el orden que reinan en las instalaciones, la convicción y la fluidez con que los maestros explican los valores y las prácticas del colegio, la apertura mental que da la bienvenida al visitante y el entusiasmo de los niños en los salones de clase son todos elementos comunes que saltan a los ojos como diferenciadores de calidad. Lo mismo ocurre con el énfasis en la llave entre planeación y ejecución, la búsqueda de acreditación de calidad por parte de organizaciones externas, los intercambios de profesores con otras entidades y el mantenimiento de una comunicación abierta y permanente con los padres de familia.



El resultado más importante de las evaluaciones de calidad debería ser el surgimiento de un diálogo en nuestra sociedad sobre cuáles son las mejores prácticas académicas y administrativas en los colegios, y cómo adaptarlas en todo tipo de instituciones. Todos los padres tienen derecho a buscar para sus hijos un colegio donde se formen dentro de los valores que ellos consideran fundamentales, con excelente calidad académica y a un precio razonable. La diversidad de colegios que se ubican en niveles de alta calidad indica que esa es una meta posible. La realidad, sin embargo, muestra que la meta solo se logra cuando la calidad de la educación se convierte en un compromiso de alumnos, padres y maestros en cada entidad.
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