| 10/26/2007 12:00:00 AM

Los dueños del capital

Los fondos de capital privado pusieron su mirada en América Latina y también en Colombia. La llegada de estos capitales puede transformar la manera de gerenciar las empresas colombianas y alterar el balance de la competencia en muchos sectores.

En el año 2005, la empresa antioqueña de servicios médicos EMI facturaba US$15 millones anuales y tenía 120.000 usuarios en Colombia. Este año facturará US$56 millones, cerrará diciembre con 800.000 usuarios en Venezuela, Panamá, Ecuador, Brasil y Uruguay y se consolidará como la segunda más grande del mundo en su actividad. Otra empresa de Medellín, Onda de Mar, especializada en vestidos de baño y ropa interior femenina, facturaba en 2005 cerca de US$3,5 millones con cuatro tiendas en el país. Hoy factura US$8 millones en 14 almacenes, entre los que se cuentan uno en Atenas y otro en Nueva York, y exporta a 30 países. El factor que disparó el crecimiento de estas dos empresas tiene un nombre: Tribeca Partners, el mayor fondo de capital privado de Colombia.

El espíritu empresarial de Luc Gerard, presidente de la compañía, tiene mucho que ver en el asunto. Este ingeniero, nacido en el Congo y educado en Bélgica, estableció en su país natal su primer negocio, una cadena de restaurantes de café al estilo de Starbucks que quebró en poco tiempo. Esa experiencia le dejó una lección: no endeudarse demasiado.

También le produjo lo que él llama "el cáncer empresarial", una enfermedad incurable de hacer empresa. Después de esta primera experiencia como empresario, Gerard trabajó en multinacionales -Caterpillar, Merril Lynch, ING y Philip Morris- en diez países y tres continentes. En las multinacionales aprendió la importancia de administrar el riesgo, no ahorrar ni un peso en conseguir la mejor gente para cada proyecto y poner a trabajar a los más capaces en las mejores oportunidades y no en los problemas más graves.

En 2006 encontró la oportunidad de volver al emprendimiento con un fondo de capital privado. "Pensaba que un fondo era para cuando tuviera cuarenta años y decidiera retirarme", dice el ejecutivo, de 37 años, con cordialidad. Sin embargo, anticipando su plan de vida, junto con el argentino Gerardo León -que fue presidente de Lehman Brothers, vicepresidente de Citicorp y director de un fondo de capital privado en su país-, y la firma comisionista Interbolsa, conformaron Tribeca, el fondo especializado en Colombia. Compran empresas líderes en las ciudades para expandir su operación geográficamente y aumentar rápidamente su valor (ver recuadro). Decidieron no ser un fondo distress (especialistas en comprar empresas al borde de la quiebra, para reestructurarlas y venderlas), pues casi siempre reestructuración significa recorte de empleados, algo que sociedades como la colombiana no toleran bien, al contrario de lo que puede ocurrir en Estados Unidos. Solo utilizan porcentajes bajos de deuda en las compras y se fondean captando recursos de inversionistas, de los cuales Tribeca aporta al menos un 20% del capital en cada adquisición.

Con la llegada de Tribeca, EMI y Onda de Mar entraron en el mundo de los fondos de capital privado (private equity), donde inversionistas profesionales compran porciones sustanciales en empresas con el fin de llevarlas a alcanzar su verdadero potencial de desempeño y luego venderlas. Si hacen bien su tarea, estos inversionistas obtienen utilidades que superan ampliamente cualquier alternativa en el mercado.

El presidente de Tribeca, Luc Gerard, ve un potencial extraordinario para estos fondos en Colombia. Tribeca está a punto de convertirse en uno de los más grandes de América Latina, con US$180 millones de recursos de inversionistas, detrás de fondos como GP Investimentos de Brasil, que según Gerard tiene US$1.000 millones, y de Southern Cross de Chile, con US$600 millones. Sin embargo, es difícil establecer un ranking definitivo de los fondos por tamaño, pues cada mes aparecen nuevos nombres de fondos y nuevos capitales orientados hacia inversiones en la región.



Los fondos en el mundo

Durante la última década, la influencia de los fondos de capital privado ha sido creciente en los mercados financieros mundiales. Hace apenas dos años el fondo más grande tenía un valor de US$6.000 millones, pero hoy se estima que Blackstone, el gigante de la industria, llega a los US$20.000 millones. En Estados Unidos, donde las compras de empresas a través de apalancamiento financiero alcanzaron la cifra record de US$440.000 millones en el año 2006 (ver gráfico), los fondos adquirieron una dimensión gigantesca y parecerían no tener límites en cuanto al tamaño de las empresas que pueden comprar. De hecho, el fondo Cerberus compró a Chrysler, una de las "Tres Grandes" en la industria automotriz de Estados Unidos, en marzo de este año, en una transacción de más de US$6.000 millones. Se habla de que los fondos private equity podrían llegar a comprar empresas del tamaño de IBM o Dell. De hecho ya están en empresas tan diversas como la cadena Hilton, Deutsche Telekom, los supermercados Safeway, Burger King, Polaroid, el grupo Savoy, y Universal Studios en la Florida.

La actividad en mercados emergentes también ha sido sustancial, particularmente en Asia, donde las adquisiciones en el año 2006 se acercaron a US$20.000 millones. América Latina ha sido considerada un destino menos atractivo, pero esa actitud ha venido cambiando en los dos últimos años. La Emerging Markets Private Equity Association (Empea) estima que la compra de empresas por parte de estos fondos en América Latina llegaron a US$2.700 millones en 2006, una suma pequeña en comparación con las tendencias globales, pero que de todas formas duplica la de 2005. Entre enero y septiembre de 2007, de acuerdo con Dealogic, las compras apalancadas de empresas en América Latina superaban los US$3.700 millones y se anticipa que el valor al cierre del año podría ser US$5.000 millones. Dealogic estima que la rentabilidad promedio de los fondos en la región fue de 31% en 2006 (el promedio de los cinco años anteriores había registrado una pérdida de 6% anual).

La llegada de los fondos de capital privado a Colombia señala un nuevo momento en la actividad financiera. No solamente Tribeca es activo en este campo, sino también varios fondos internacionales que han invertido o han manifestado su interés por invertir en el país e igualmente se han creado fondos locales. Con ellos llega un nuevo tipo de inversionista, profesional, con visión global. La aparición de este nuevo tipo de jugadores seguramente acelerará los procesos de compra de empresas y consolidación sectorial que se han verificado en los años recientes y posiblemente mejorará la calidad de la gestión empresarial.



Capitalismo con todo

Los fondos de private equity compran empresas y se convierten en inversionistas activos que recortan costos, reorientan la gestión y llevan a las firmas a nuevos niveles de desempeño, para finalmente venderlas. En este modelo hay un periodo de inversión que puede ir de tres a seis años, seguido por un periodo de cosecha que puede prolongarse hasta diez años después de realizada la inversión inicial. El ciclo de flujo acumulado de fondos que va desde la inversión inicial hasta la cosecha es conocido como la "curva J" (ver gráfico).

Con esta actividad, los fondos generan en las empresas un nuevo espíritu emprendedor, una nueva actitud hacia la toma de riesgos y un nuevo acceso a recursos, desde una perspectiva globalizada, y su entrada puede forzar una transformación empresarial importante, no solamente en las compañías que quieran aceptarlos como socios, sino entre las que deban defenderse de las que reciban su inversión.

Con la llegada de los fondos, la primera transformación podría ocurrir en gobierno corporativo. "Debería traer mayor calidad en gobierno corporativo, en derechos de accionistas minoritarios, composición de las juntas directivas con directores independientes, buena contabilidad, transparencia... lo básico", dice Cate Ambrose. El director de la IFC en Colombia, Roberto Albisetti, considera que la empresa que no tenga una estricta transparencia en sus cuentas, difícilmente podrá negociar con fondos.

Pero los fondos más organizados no solo llevan una billetera llena, sino que aportan otros elementos a sus empresas. "Cuando compramos Dunkin' Donuts, ellos querían expandirse a Asia. Nosotros teníamos un socio dispuesto a abrir 100 de sus locales en Taiwán. Ahora les estamos ayudando a entender el mercado de finca raíz en China", explica Ullman sobre su red de contactos. Además, solo compran empresas en sectores que conocen. "Llevamos conocimiento sectorial. Nuestros asesores han hecho docenas de negocios en cada sector y tienen una gran experiencia en ellos", añade. Pero adicionalmente enseñan administración. "Nuestros asesores senior sirven como mentores a nuestros gerentes. Para empezar, el presidente de Carlyle es Lou Gerstner, quien fue presidente de IBM y es un gran asesor", concluye. También inducen cambios en recursos humanos. Los private equity tratan de conseguir resultados corporativos excepcionales contratando a sus gerentes con esquemas fuertes de compensación por desempeño.

Para las empresas familiares, tan comunes en el país, los fondos de capital privado son buenos socios porque en muchos casos les permiten a los dueños actuales mantener el control accionario sin llevar la carga de requisitos de quienes están en bolsa. En la India, donde hay una cultura muy arraigada de negocios familiares, en el primer semestre de este año 23 empresas familiares consiguieron US$975 millones en dineros de fondos de capital privado. Por eso gana fuerza la idea de que los fondos pueden encajar fácilmente entre los accionistas de Postobón o de cualquier otra de las firmas familiares nacionales.



Se agita Colombia

Además de Tribeca, de Gerard, hay más fondos activos en Colombia. Altra Investments y Seaf Colombia tienen sede en nuestro país y desde aquí despliegan su actividad internacional. Altra tiene participaciones en una empresa de tercerización con sede en España y sucursales en Colombia, Perú y Guatemala; otra de logística en Colombia y una más de producción de etanol en Perú. Compró hace unas semanas a Infarmasa, la segunda productora más grande de medicamentos genéricos de marca del Perú y tiene en la mira otras firmas para convertirse en la mayor compañía del sector farmacéutico peruano. Este es su cuarto proyecto y con él completan inversiones por más de US$80 millones. Seaf Colombia, por su parte, invirtió a principios del año US$2 millones en Refinancia, una empresa especializada en compra y administración de cartera vencida, y hace unas semanas adquirió una parte de la cadena de gimnasios Bodytech.

Hay otros fondos establecidos, como Promotora de Proyectos de Medellín, Laefm que invierte en hidrocarburos y prepara un fondo forestal, y Top Sales Capital que ofrecerá proyectos en consumo masivo y manufactura liviana. Los que están en formación enfocarán sus inversiones hacia salud, consumo masivo, servicios, manufacturas y producción de energía. También hay actividades nuevas, Jorge Arturo Saza, gerente del Fondo Biocomercio, afirma que los productos de la biodiversidad están comenzando a tener un fuerte atractivo.

Se espera también la llegada de fondos internacionales. Nombres como Stanford International Fund, Caoba Capital (que invirtió en 2006 en Cartones América, con plantas en Colombia y Venezuela); Áureos Capital, que está en el proceso de conseguir US$300 millones para invertir en los países andinos y está conformando su equipo en Colombia; Advent International, que por ahora solo está en Argentina, México y Brasil y acaba de completar un fondo de US$1.300 millones para invertir en la región; Environmental Investment Partners, la empresa de Europa del Este que patrocina proyectos verdes; y Capital Evolution, de Sur África, que invierte en empresas con tecnologías limpias.

El atractivo de Colombia está aumentando para este tipo de entidades. "Hemos notado el interés. Seguimos el proceso de consecución de dinero de los fondos más interesados en América Latina y en los últimos meses se escucha mucho hablar de Colombia y Perú. Varios han venido buscando información sobre Colombia", dijo a Dinero desde Washington, Cate Ambrose, directora de la Asociación Latinoamericana de Capital de Riesgo (Lavca).

La actividad ya se siente. El fondo Pampa Agribusiness, que tiene como inversionista a la International Finance Corporation, está interesado en Falcon Farms, la productora de flores antioqueña. En noviembre, la firma Caema debutará con un fondo de inversión en proyectos de comercio justo, el cual, de acuerdo con su promotor, Thomas Black, podría atraer US$1.000 millones de inversión estadounidense para proyectos en países en desarrollo.

Global Emerging Markets, GEM, el fondo administrado por Fidubogotá, traerá a Colombia US$200 millones para invertir en 10 hasta 15 empresas. GEM tiene una amplia trayectoria en economías problemáticas como Libia, Congo y Liberia, dice Julio Márquez, director de mercados emergentes de esa firma en Nueva York. El fondo toma al menos el 10% del capital de empresas que vendan entre US$10 millones y US$100 millones, que tengan un buen historial, perspectivas de crecimiento y un equipo de gerencia. "De esas empresas puede haber 3.000 en Colombia. Y de ellas, las que son rentables, que dan más de US$1 millón de margen operacional, pueden ser 1.000", añade. GEM promete a sus inversionistas un retorno que oscila entre 10% y 70% -30% en promedio, dice Márquez-, y ofrece a los dueños de las empresas quedarse con al menos el 20% del negocio. A diferencia de Tribeca, GEM acude al endeudamiento y hace sus compras con un 50% en apalancamiento financiero.

El balance este año será bueno. El socio de la firma de abogados Brigard & Urrutia, Carlos Fradique, estima que en 2007 los fondos internacionales harán alrededor de 30 inversiones de diferentes tamaños en el país.

Sin embargo, hay nombres sobresalientes en la industria del private equity que no se sienten atraídos por el país. Aunque se habla de la llegada del gigante Carlyle Group, el tercero más grande del mundo, a proyectos inmobiliarios en Colombia, esta firma no vendrá próximamente. "Somos la primera firma grande de capital privado que va a América Latina. Nuestra estrategia es la de hacer la primera jugada, pero por ahora no hay proyectos concretos en Colombia", dijo a Dinero Christopher Ullman, director de comunicaciones globales de la sociedad en Nueva York.

Por su parte, el fondo Blackstone, el mayor del mundo, no tiene interés en América Latina pues está concentrado en Asia, le dijo a Dinero Garrett Moran, vocero de la compañía. También se ha hablado de la entrada del fondo brasilero Río Bravo, pero sus voceros afirman que, si bien seguirán siendo socios de ISA en Brasil, no hay interés por entrar al país en el corto plazo.

Cambió la perspectiva

En esta década, los fondos han concentrado su atención en Asia, donde los negocios tienen tamaños mayores, se percibe que los gobiernos son más estables y han realizado reformas sustanciales que favorecen la entrada de inversionistas internacionales en las empresas. Para muchos fondos de inversión, además, América Latina trae recuerdos desagradables. En la primera mitad de los años 90 muchos fondos -como New Bridge, que compró una posición en Carulla, Laefm que invirtió en Diaco y Cine Colombia, y Darby que entró en Tebsa en Barranquilla- hicieron apuestas importantes en la región, pero luego llegó la crisis, en la que no solamente registraron grandes pérdidas, sino que muchos encontraron dificultades para salir de las inversiones improductivas y sacar de los países el remanente del capital invertido.

Sin embargo, la situación está cambiando rápidamente. Por una parte, el negocio del private equity en Estados Unidos y Europa ha alcanzado una fase de madurez, en la cual se requieren gigantescas escalas de operación y donde la creciente competencia hace que sea cada vez más difícil encontrar negocios que puedan brindar los retornos que los inversionistas en los fondos se han acostumbrado a esperar. La compra de empresas baratas es más difícil y la venta mucho más lenta. Blackstone anunció que en promedio espera mantener sus inversiones en empresas por tres años y medio, un año y medio más de lo que anunciaba en 2005.

Por otra parte, la situación de América Latina ha cambiado en muchos frentes. La región vive una fase de crecimiento generalizado y nueva estabilidad (de hecho, se habla de que Brasil logrará calificación de grado de inversión en el año 2008). Esto abre oportunidades para la consolidación de empresas en diversos sectores, el desarrollo de jugadores modernos más competitivos y la creación de nuevos negocios.

Todo esto ha llevado a los fondos a recalibrar sus expectativas frente a la región y a dar una mirada más positiva a las posibilidades de negocio en América Latina. Las empresas ven hoy con mayor claridad la importancia de adoptar estándares internacionales de gobierno corporativo para atraer inversionistas externos. Así mismo, cuentan con más instrumentos financieros que van desde instrumentos de deuda hasta derivados sobre divisas, e igualmente se ha incrementado el profesionalismo de los actores del mercado. Incluso, en países como Brasil y México, la salida de nuevas empresas a bolsa se está convirtiendo en un fenómeno común, que ofrece a los fondos privados un importante y ansiado mecanismo para la salida de sus inversiones en el momento de la cosecha.

Para los países de América Latina, y para Colombia en particular, esta nueva tendencia representa una oportunidad sustancial, pero también implica la necesidad de introducir cambios rápidos en los factores que determinan el atractivo de un país para los fondos de inversión. Colombia no figura como un jugador particularmente competitivo en América Latina para atraer los fondos private equity. De acuerdo con un estudio de Lavca, Colombia se ubica en el séptimo lugar de Latinoamérica en atractivo para los fondos, después de países como Chile, Brasil, Costa Rica, Perú y Trinidad Tobago.

Lavca emplea 12 criterios para medir el atractivo de los países (ver tabla), de los cuales hay cinco que son críticos: el tratamiento tributario de los fondos, la protección de los accionistas minoritarios, las restricciones a la participación de inversionistas institucionales, como fondos de pensiones en negocios de capital privado, el desarrollo del mercado de capitales para facilitar la salida por medio de la venta de empresas en bolsa y los requisitos de gobierno corporativo. Colombia recibe calificaciones mediocres en temas como protección a los derechos de los minoritarios, gobierno corporativo, tratamiento tributario para los fondos inversionistas y calidad de los estándares contables y sale particularmente mal librada en factores como la fortaleza del sistema legal y la corrupción.



El lado oscuro

Por otra parte, ahora que se prevé la llegada en escalas importantes de los fondos private equity, es importante tener en cuenta que estas entidades han sido objeto de serias críticas en Estados Unidos. La diversidad de fondos es grande y en ese país se han registrado casos de comportamientos poco deseables, que van desde la compra de empresas con el único objetivo de despedazarlas y venderlas por partes (con pérdidas sustanciales de empleos), hasta problemas relacionados con abusos de posición dominante y conflictos de interés de algunos administradores, que deciden vender las empresas en condiciones que pueden ir en contra de los intereses de los dueños originales.

Si Colombia cree que el surgimiento de los fondos private equity plantea una oportunidad que vale la pena aprovechar, es importante avanzar para actualizarse en los factores que hacen atractivo a un país para estos fondos, pero también avanzar hacia un marco que permita prevenir los abusos. Como dice Cate Ambrose, de Lavca, la llegada de los fondos "debería traer mayor calidad en gobierno corporativo en asuntos como los derechos de accionistas minoritarios, la composición de las juntas directivas con directores independientes, buena contabilidad y transparencia. En suma, lo básico". Pero al mismo tiempo, continúa, "el país debería pensar en desarrollar rápidamente buenas prácticas de supervisión de fondos, para no abrirle las puertas a todo tipo de inversionistas".

La llegada de los fondos private equity será un factor de gran importancia en el medio empresarial en nuestro país. En la medida en que se consoliden las tendencias actuales, el atractivo de Colombia en esta parte de Latinoamérica seguirá aumentando. Solo se necesita una fracción mínima de los recursos que maneja el private equity en el mundo para causar grandes desequilibrios entre los jugadores en la competencia en la mayoría de los sectores en Colombia. Desde el punto de vista de los empresarios, esta es una tendencia crítica para los próximos años, no solamente porque sus empresas pueden ser vendidas, sino porque esto les podría ocurrir a sus competidores. Más les vale estar preparados para la arremetida de inversiones que se está gestando.
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