Los dilemas del 2001

| 12/7/2000 12:00:00 AM

Los dilemas del 2001

El panorama del 2001 podría ser más oscuro de lo que cree el consenso de los analistas, si el gobierno se enreda en la financiación internacional de su déficit.

El año 2000 pasó raspando en materia económica. ¡Pero pasó!!! Las mayores exportaciones a Estados Unidos y Venezuela, una política expansiva de gasto público (jalonada desde el Distrito Capital) y una política monetaria laxa le dieron un respiro a la actividad económica. El gobierno gastó y el Banco de la República emitió para apoyar la recuperación de las ventas. La mayor liquidez y la bonanza de precios del petróleo permitieron el financiamiento del desequilibrio, que prolongó la necesidad de las decisiones difíciles. El consenso de las proyecciones de los analistas, que no prevé un desempeño brillante para el 2001, pero tampoco espera una debacle, muestra además que este modelo de "pasar raspando" tendría una segunda edición el próximo año.

Este escenario, sin embargo, podría dejar de cumplirse y la economía colombiana podría enfrentar problemas serios en el 2001. Las grandes inquietudes se refieren a si el gobierno logrará seguir financiando un proceso de ajuste tan lento, y si la prolongación del desajuste fiscal puede ser compatible con la expansión de la inversión, la producción y el empleo empresarial. O si, por el contrario, tendría que acelerar el ajuste para evitar un descalabro al final del gobierno.



El programa fiscal para el 2001 es financieramente muy vulnerable. El gobierno está confiado en que, si bien los precios internacionales del petróleo bajarán (quizás hasta US$25), el año entrante recibirá abundantes dividendos de Ecopetrol, generados sobre la operación del año 2000. Esto neutralizará el impacto de la caída de los ingresos por exportaciones petroleras, causado tanto por el menor precio como por la menor cantidad producida en el 2001. Por otro lado, el gobierno espera que la reforma tributaria genere entre $2,5 y $3,0 billones.



Sin embargo el programa de expansión del gasto, en el que la inversión crece más del 15%, requiere un financiamiento de US$9.700 millones. Se estima que será necesario ir al mercado internacional por US$1.800 millones. El gobierno tiene previsto obtener US$1.200 millones de la emisión de bonos garantizada por la banca multilateral. El resto de estos US$1.800 millones, es decir, US$600 millones, sería financiado con crédito interno.



Esta estructura de financiamiento público es muy vulnerable. El acceso a los mercados internacionales de capitales es cada vez más difícil, incluso para los mejores sujetos de crédito. Hay gran preocupación por el aumento de los niveles de deuda corporativa, tanto en Estados Unidos como en Europa, especialmente en sectores que habían sido consentidos de los bancos hasta hace poco, como las telecomunicaciones. Esto significa que el acceso de los países en desarrollo a la colocación de bonos será más difícil que en el año anterior. Y esto, a su vez, implica que muchos países se volcarán sobre las entidades multilaterales con sus solicitudes de crédito. Para Colombia, que depende en foma crítica de las multilaterales, esto implica más competencia en el peor momento.



Si los mercados financieros se cierran el año entrante, al gobierno se le puede enredar la mitad de sus colocaciones externas. Pero, sobre todo, esto puede ser una bomba para el sector privado, que el año entrante enfrentará dos enormes presiones. De una parte, el vencimiento del pago de deudas externas por casi US$3.000 millones, que serán más duras de financiar en el difícil ambiente internacional. De otra, la necesidad de allegar recursos nuevos para el saneamiento financiero y la inversión, que apenas comenzaron este año.



Los spreads revelan el escepticismo de los mercados externos sobre Colombia. Las calificadoras aún no apoyan: S&P mantiene un outlook negativo a la calificación BB y Fitch (calificadora propietaria de BankWatch que recientemente absorbió a Duff & Phelps) también a la que se considera un optimista BB+. El cambio del contexto internacional, con la aceleración del aterrizaje de la economía estadounidense y el posible contagio de la crisis argentina, podría dificultar la consecución de recursos para el gobierno y las empresas. Si, ante la escasez, el gobierno se recuesta en el mercado interno para su financiamiento, como lo hizo en el 2000, el crowding-out del sector privado sería enorme, con lo cual las tasas de interés podrían dispararse.



Aparte de las dificultades de orden público y el comienzo del Plan Colombia, el país tendrá entonces tres retos enormes para el año entrante.



En primer lugar, pasar del financiamiento del prolongado desequilibrio fiscal al ajuste efectivo. Y para hacerlo, el Ministro de Hacienda deberá concentrar toda su atención en el control de las tendencias explosivas del gasto. Una seria reestructuración del Estado así como una reforma de responsabilidad fiscal, tienen que estar otra vez en el orden del día.



En segundo lugar, acelerar el apoyo al proceso exportador. Las exportaciones petroleras comenzarán un proceso de caída en picada, que reducirá en casi US$1.000 millones anuales los ingresos externos antes de dos años, y en US$1.700 millones los ingresos fiscales anuales antes de cuatro años. Y las exportaciones de café estarán en serias dificultades. Por tanto, la sostenibilidad de la balanza de pagos depende de un ritmo de crecimiento de las exportaciones no tradicionales de por lo menos el doble de las del año 2000, que podría ser más complejo si se desaceleran las economías de nuestros principales socios comerciales.



En tercer lugar, y en forma crítica, el mayor reto será habilitar las condiciones para la expansión de la inversión privada. Si el país quiere crecer, los colombianos y sus empresas tendrán que invertir. Está bien que se ponga mucho esfuerzo en recuperar el mercado financiero hipotecario. Pero la atención debería centrarse en generar los estímulos y el financiamiento para la inversión empresarial. Con mayores impuestos y con la amenaza de otro año sin crédito para el sector privado, los empresarios tienen razones de sobra para estar nerviosos.
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