| 10/1/1995 12:00:00 AM

Los caballeros las prefieren rubias

Cuando Giselle Jaller Jabbour, una despampanante rubia, se presentó

al Banco de Crédito y Comercio de Colombia para solicitar empleo, sus entrevistadores, entre ellos el paquistaní Mohd Sttadid Murtaza, vicepresidente comercial del BCC, se quedaron sorprendidos con sus excelentes referencias personales: una del entonces comandante general cíe la Policía, José Guillermo Medina Sánchez, y otra del subcomandante, el brigadier general Octavío Vargas Silva.

Para completar era la esposa del capitán Hernando Cano Castaño, ayudante del Comando General de la Policía. Pero por si faltaran referencias, hubo una del Banco de Caldas en donde certificaba que corno gerente (le la sucursal Pepe Sierra, había desempeñado un brillante papel. Lo cierto es que ese certificado confirmaba unas aptitudes comerciales, que en verdad sobraban ante su escultural presencia, coronada por unas impresionantes piernas que aún hoy muchos recuerdan.

El primero de septiembre de 1988 inició labores como gerente de la sucursal Chicó y se convirtió en la vedette del banco. Los clientes pedían alborozados, y personalmente, los sobregiros, mientras sus saldos eran reclamados directamente en Gerencia. El número de cuentas y depósitos creció como pan.

Pero como de eso tan bueno no dan tanto, durante la segunckr serrana de diciembre ocurrieron cosas que llamaron la atención de sus superiores. Luis Alejandro Pacheco Rojas, alto directivo del BCC, llegó a la oficina de la señora Jaller para consultarle ante el preocupante aumento de sobregiros en la sucursal. Como no la encontró en ese momento, se dio a la tarea de buscar las carpetas en donde reposaba la infor

mación de cada cliente con saldo en rojo, pero no estaban por ningún lado. Cuando se presentó la gerente, explicó que los documentos estaban en ese momento donde los clientes, quienes estaban poniendo su huella dactilar.

Una horas después, todos los sobregiros fueron cubiertos, con lo cual se redujó el nerviosismo que se había originado, en lo que pasó a ser un "simple malentendido". Sin embargo, unos días más tarde comenzaron a acercarse al banco algunos clientes a reclamar sobre sus saldos.

Incelt, Manufacturas Ajover, Pronaltex e Inaltex, y algunos particulares, demostraron al BCC que en sus cuentas corrientes faltaba plata. Giselle Jaller les explicó entonces que todo se debía a un problema originado en el sistema ele computación, y que en cosa de horas subsanaría los inconvenientes.

Pasaron las festividades de fin (le año y con el Año Nuevo llegó la noticia (le la desaparición de la gerente de la sucursal Chicó del BCC. Una rápida investigación aclaró todo lo sucedido. Recién llegó al BCC, la señora Jaller abrió diez cuentas corrientes con nombres ficticios. A ellas cargó sobregiros por rnás de $60 trillones. Un seguimiento permitió descubrir que los cheques cargados a esas cuentas ficticias fueron consignados en la sucursal Pepe Sierra del Banco de Caldas.

Por coincidencia, los presuntos titulares de las cuentas a conde llegaron los dineros, eran exactamente los mismos que aparecían en la oficina Chicó del BCC. Los dineros cubrieron sobregiros que la señora Jaller había dejado durante su paso por el Banco de Caldas, en donde había trabajado hasta el 31 de agosto de 1988. Un día después pasó al BCC del Chicó.

La hermosa rubia había dejado un "roto" de máis (le $60 millones en el Banco de Caldas para cubrir su acelerado nivel de gastos. Cuando la situación se le salió de las manos, decidió cambiar de empleo. Sin ernhargo, en el Banco (le Caldas detectaron en octubre sus irregrilaridades. En lugar de denunciarla ante las autoridades, los directivos decidieron darle la oportunidad de que cubriera el "roto".

Ante su embarazosa situación, la Jaller decidió entonces hacer un hueco en el BCC para quedarr a paz

y salvo con sus antiguos patronos. Sin embargo al verse descubierta a lado y lado, decidió huir. En junio de 1990 el juzgado cuarto penal del circuito decidió condenarla a 51 meses de prisión y multa de $200.000 corno responsable de los delitos de hurto agravado, falsedad y estafa.

También fueron condenadas sus secretarias Lina Mercedes Jaramillo de Gómez y Yaneth Jaimes Ulloa de Jaramillo como cómplices. El Banco de Caldas recibió la orden cíe reintegrar al BCC $61.2 millones por Haber omitido la denuncia.

Giselle Jaller Jabbour de Cano, nacida en Beirut, Líbano, el 19 de marzo de 1959, nunca fue detenida y hoy vive en su país, Libano. "Lamentablemente no la conocí. Si lo hubiera hecho, por mi experiencia hubiera incurrido en alguna sospecha con otros directivos", dijo Rodrigo Llorente Martínez, entonces presidente de la Junta Directiva del BCC.
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