| 9/14/2007 12:00:00 AM

Lo verde paga

La conciencia ambiental está permeando al sector empresarial colombiano, que ve las ventajas de tender hacia producciones limpias y quiere aprovechar los negocios asociados al medio ambiente. Los retos son grandes y falta mucho camino por recorrer.

La invitación tomó por sorpresa a los funcionarios de la Superintendencia Financiera. Incluso llamaron al viceministerio del Medio Ambiente para confirmar que no se había cometido un error cuando los convocaron a participar en las sesiones del Comité Asesor del Medio Ambiente. Los técnicos de la Superintendencia, acostumbrados a calcular patrimonios técnicos y evaluar exposiciones a riesgos crediticios, no veían cuál podría ser su papel en ese escenario. Sin embargo, pronto entendieron la nueva tarea que se les venía encima.
 
Como regulador del sistema financiero, la Superintendencia tendrá la responsabilidad de velar porque bancos, corporaciones y otras entidades financieras garanticen que los depositarios de sus créditos observen un mínimo cumplimiento de las normas ambientales.

"El ecobanking es una tendencia internacional que busca hacer conciente a la banca de las contingencias que se pueden presentar por demandas ambientales contra sus clientes", explica Claudia Mora, viceministra del Medio Ambiente. "Por eso invitamos a la Superfinanciera al comité asesor, porque el sector financiero debe incorporar a sus políticas el componente ambiental".

Este es tan solo un ejemplo de los impactos imprevistos que la nueva conciencia ambiental tiene sobre la gestión empresarial. Los presidentes de las empresas hoy están obligados a aprender sobre medio ambiente y a considerar los riesgos y las oportunidades que se generan en este frente. Ningún sector de la economía está al margen de esta tendencia.
 
Estábamos acostumbrados a pensar que este tema sería importante para las empresas agrícolas o mineras, pero ahora es claro que el asunto afecta a empresas en todos los sectores, desde manufactura hasta servicios e incluye, para sorpresa de muchos, la banca.

Las presiones para que las empresas se comporten a la altura de sus responsabilidades con el medio ambiente son una expresión más de la globalización. Los compromisos internacionales traen consigo estas obligaciones.
 
Desde el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que está frenado esperando nuevos acuerdos sobre temas ambientales; hasta los Principios de Ecuador que comprometen a los gobiernos a trabajar porque el respeto al medio ambiente sea una variable importante en la entrega de créditos; pasando por el compromiso de cumplir las Metas del Milenio, que tienen amplias implicaciones ambientales, se está construyendo un espeso andamiaje de normas y compromisos internacionales que afectan la gestión gerencial en forma directa.

No son simples requisitos legales. El factor ambiental es hoy un elemento crítico en las preferencias de los consumidores en los países desarrollados que compran nuestros productos. El acceso a los mercados de Europa, por ejemplo, depende del cumplimiento estricto de criterios ambientales en temas como trazabilidad y uso de plaguicidas y fertilizantes.
 
Por su parte, los consumidores están dispuestos a premiar con un sobreprecio productos ambientalmente amigables, como los orgánicos que se cultivan bajo parámetros naturales y sin la intervención de insumos químicos (ver artículo página 136). "Cada vez más, los mercados internacionales premian a las empresas o les exigen comportamientos ambientales adecuados", afirma Carlos Costa, director general del Instituto de Estudios Ambientales, Ideam.

En este número especial de Dinero hacemos un examen de la forma como las empresas colombianas están respondiendo al reto de la sostenibilidad ambiental. Encontramos que hay una creciente conciencia de la necesidad de que las empresas lleven a cabo una producción que contribuya a la sostenibilidad ambiental. Sin embargo, también se hizo evidente que falta mucho camino por recorrer para involucrar a la gran masa de las empresas colombianas en este propósito.
 
En particular, es indispensable trabajar más por involucrar a la pequeña y mediana empresa en este esfuerzo. Es indispensable desarrollar campañas informativas ambiciosas para que los pequeños empresarios se vinculen. Al mismo tiempo, es indispensable alinear los incentivos para que las empresas se lancen por este camino, a través de una combinación de estímulos a quienes lo hagan y sanciones efectivas a quienes contaminen.

El problema
La sostenibilidad ambiental es un tema económico que tiene un impacto medible. De hecho, el costo del daño ambiental, derivado de sus efectos sobre la salud pública y la productividad, ha sido estimado en cerca de 3,7% del PIB, de acuerdo con el libro Prioridades ambientales para la reducción de la pobreza en Colombia, presentado recientemente por el Banco Mundial. De acuerdo con Ernesto Sánchez-Triana, uno de los autores del libro, el 85% del costo de la degradación ambiental se produce por enfermedades de origen hídrico, contaminación atmosférica urbana y de origen intradomiciliario, desastres naturales y erosión del suelo.

En Colombia no hay un sistema de evaluación único y sistemático que permita mantener una visión completa sobre lo que está ocurriendo en el tema del medio ambiente. Cuando Dinero solicitó un diagnóstico ambiental del país y de las ciudades, el ministro de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, Juan Lozano, fue enfático en su respuesta: No existe un diagnóstico ni una medición de impacto en Colombia. Sin embargo, se comprometió a que para 2008 lo habrá, ya que se está trabajando en un sistema que permite armonizar las metas e indicadores que manejan cada una de las 32 Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) que operan en el país.

El tema del medio ambiente se extiende a lo largo de muchas áreas. Su complejidad abarca desde lo rural hasta lo urbano y desde temas asociados a la biodiversidad hasta otros donde la atención se concentra en los impactos sobre la especie humana. Los expertos suelen demarcar tres grandes campos: el aire, el agua y el suelo. En la investigación que Dinero realizó para este número, estos tres elementos son el foco de la atención. Aparte de dialogar con expertos e investigadores, nos dirigimos a las empresas para conocer de primera mano lo que están haciendo en estas materias.

En el tema del agua (ver página 176), aunque se ha avanzado en cobertura, los costos ambientales son altos. De acuerdo con Ernesto Sánchez-Triana, el 7,3% de la mortalidad infantil se genera por enfermedades diarreicas y cerca del 90% de los casos de diarrea y sus hospitalizaciones tienen su origen en problemas de agua, saneamiento e higiene. "La medida más efectiva contra esto es la higiene personal. Si se mejoran las prácticas, la reducción de la incidencia de la diarrea sería de 40%", afirma Sánchez-Triana.
 
Cerca de 13 millones de personas carecen de agua potable en el país. Las explotaciones agrícolas son los mayores consumidores de agua en Colombia, aunque las manufactureras también son responsables de un porcentaje sustancial. Existe un amplio número de iniciativas empresariales orientadas a lograr un uso racional de agua, las cuales se han reflejado, entre otras cosas, en importantes innovaciones tecnológicas que han aportado crecimientos en productividad para las empresas que las han aplicado.

Con respecto a los suelos (página 198), entre el 4 y el 23% presenta un estado grave de erosión. Los factores asociados a la gestión humana que más contribuyen a la degradación de los suelos son las actividades agrícolas y ganaderas, la expansión urbana, la minería, la construcción de vías y la tala de árboles para la producción de madera. El reto para las empresas no es solamente tecnológico, sino también organizacional.
 
Buena parte de los esfuerzos se concentran en cambiar la forma como se explotan las tierras por parte de largas cadenas productivas que involucran empresas de muy distintos tamaños. En estos casos, las empresas grandes están obligadas a promover la conciencia ambiental entre las firmas pequeñas, que son sus proveedoras.

La contaminación del aire (página 186) aparece como uno de los problemas ambientales más graves en el país, pues la magnitud del problema está creciendo y se refleja en un aumento de las enfermedades respiratorias. Su mayor impacto se da en las grandes ciudades, principalmente en corredores industriales como Bogotá-Soacha; Cali-Yumbo; Medellín-Valle de Aburrá; Sogamoso y Barranquilla. Sin embargo, la contaminación del aire se da en múltiples formas, desde las emisiones de las fábricas y los automóviles, hasta la contaminación intradomiciliaria, causada por el uso de combustibles como leña y carbón para cocinar.

Un frente final que es causa de preocupación en materia ambiental es el de los desastres naturales. Las estadísticas en Colombia son alarmantes. Cada año se producen en promedio 2,97 desastres naturales, principalmente debido a inundaciones y derrumbes. A pesar de que esta cifra es la más alta de la región, la acción del Estado es débil en materia de prevención y no logra evitar que se establezcan asentamientos urbanos en zonas de alta vulnerabilidad. Entre 1993 y 2000, cuatro millones de personas se vieron afectadas por desastres naturales, lo que representó un costo anual de cerca de US$453 millones.

Barreras
Sin duda, el país enfrenta grandes deficiencias a la hora de poner en práctica las políticas de medio ambiente. Aparte de la falta de información sobre impacto ambiental, el régimen sancionatorio es débil y las autoridades ambientales están desarticuladas. Ninguno de estos problemas se resuelve fácilmente. Incluso si se avanza en el tema de disponibilidad de información, como lo plantea el ministro Lozano en sus planes, es difícil aplicar sanciones, porque los montos que se fijan para ellas no son efectivos.
 
Los montos se establecen en valores absolutos, que terminan por ser irrisorios para las grandes compañías, pero al mismo tiempo podrían llevar a una pyme a la quiebra. El ministro Lozano está empeñado en darle más dientes a su cartera en este tema, por lo cual está promoviendo un cambio en el régimen sancionatorio (ver entrevista en la página 96).

En lo que respecta al sistema ambiental, las juntas directivas de las CAR tienen una amplia participación política que incluye a alcaldes y gobernadores y también vinculan a empresarios de las regiones. Esta estructura lleva a que resulte muy difícil para el Gobierno Central lograr la gobernabilidad ambiental en las regiones.

El manejo del medio ambiente es uno de los mayores desafíos que enfrenta Colombia en este siglo. Es un reto que nos corresponde asumir a todos, y en el cual las empresas tendrán un papel protagónico. Los gerentes deberán abrir un espacio importante en sus agendas para estos asuntos, con tareas que van desde educarse para entender las oportunidades y amenazas que vienen desde la perspectiva ambiental, hasta realizar inversiones importantes que les permitan salir adelante frente a estos retos.
 
Este número especial de Dinero tiene el propósito de ayudar a las empresas a entender la tarea. Las oportunidades de innovación y crecimiento que esperan en el frente ambiental son numerosas, para empresas de todos los tamaños. Al mismo tiempo, los riesgos de entrar en problemas de obsolescencia y cierre de mercados serán altos para quienes escojan mantenerse indiferentes a esta gran tendencia de cambio.
 
Los gerentes serán quienes decidan la forma como sus empresas vivirán esta realidad.
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