| 10/15/2004 12:00:00 AM

Lo bueno y lo malo 2005

El mundo crece en medio del desequilibrio de las cuentas externas de Estados Unidos y el alza de los precios del petróleo. China es el gran soporte.

Algo muy especial está ocurriendo con la economía mundial y es el tipo de evento que se recibe con celebración. Entre mediados de 2003 y 2004, la economía global creció 5%, superando la tendencia histórica de 4%. Todos están creciendo, tanto países pobres como ricos, y pocos podrían decir que no les está tocando algo bueno en esta fiesta.

Los motores de este crecimiento son las economías de Estados Unidos y China, ya que entre las dos explican la mitad del crecimiento global. Estados Unidos creció 3,6%, jalonado por el consumo, mientras China lo hizo en 10%, impulsada por el auge en la producción. El resto del mundo sale ganando con el crecimiento de estos dos gigantes, pues ellos sostienen una voraz demanda de importaciones. Para los países emergentes productores de materias primas, los ingresos de exportación se han multiplicado gracias a los mayores precios y a la demanda de sus productos en el mercado mundial. Colombia, para no ir más lejos, se está beneficiando de los precios de los bienes básicos, desde el petróleo hasta el carbón y el ferroníquel. Los países asiáticos se han beneficiado directamente de la demanda china, país que aumentó sus importaciones en 40% este año. Japón incrementó sus ventas a China en más de 35%, lo que le permitió un crecimiento de 4,4%, frente a 2,3% en 2003 y -0,3% en 2002. Todo sube. El comercio mundial crecerá 8,8% este año, frente a 5,1% y 3,3% en los dos anteriores.

Tanta felicidad tiene inevitablemente su cara oculta. Si todo depende del crecimiento en China y Estados Unidos, entonces el bienestar del mundo depende de las bajas tasas de interés en Estados Unidos, la capacidad de China para evitar un recalentamiento económico y el margen que tengan ambos para soportar un precio del petróleo que ya supera los US$50 por barril. Hay fuertes dudas respecto a la viabilidad de estos factores. Todo apunta a que 2005 será también un buen año, pero las sombras que se ciernen sobre la economía mundial serán cada vez más densas y podrían descarrilar esta bonanza.



Dilemas

Por ahora, se mantiene una tensión entre fuerzas encontradas, donde la economía sigue creciendo y los problemas también. Los mercados están a la espera de que las cosas se definan.

El alto precio del petróleo y la inflación son amenazas presentes. El aumento en los precios del petróleo a partir del segundo semestre del año se ha reflejado en una ligera desaceleración del crecimiento mundial. El mayor efecto se ha sentido en la zona euro y Estados Unidos. Por su parte, la inflación, por tantos años olvidada, está repuntando en varias economías. Ha quedado despejado el temor que había hace pocos años, respecto a que la economía mundial podría entrar en un proceso de deflación.

Por el contrario, la posibilidad de que la inflación crezca rápidamente por cuenta de los precios del petróleo y la expansión de la economía estadounidense llevaron a la Reserva Federal de ese país a iniciar el aumento gradual de su tasa de interés de corto plazo, que estaba en 1%, el nivel más bajo de los últimos 40 años. El primer aumento, de 25 puntos básicos, se llevó a cabo en junio, con un fuerte impacto en los mercados de capitales. La tasa de interés de los bonos del Tesoro estadounidense quedó en 1,75% en septiembre, a la vez que se ampliaron los spreads de los bonos de los países emergentes.

Lo ocurrido desde entonces ha ido contra las expectativas. Cuando la Fed actuó en junio, se pensó que había llegado el fin del dinero barato y que los países emergentes empezarían a sufrir por ausencia de capital. Después de la primera alza, la tasa de la Fed aumentó en la misma proporción en agosto y septiembre, pero en esta oportunidad prácticamente no tuvo ningún impacto en los mercados de capital. Incluso se produjo una reversión de los efectos anteriores. ¿Qué ocurrió? Los malos resultados del empleo en Estados Unidos se convirtieron en una señal de alerta sobre posibles tendencias negativas que siguen latentes. Los analistas revisaron su posición y ahora piensan que la Fed podría contener los incrementos futuros. Esto produjo la caída de las tasas de largo plazo, indujo un debilitamiento del mercado accionario y aumentó el apetito de los inversionistas por más riesgo. El sorpresivo resultado: los spreads de los bonos emergentes regresaron a sus mínimos históricos.

Por ahora, en Estados Unidos el aumento de los intereses no ha causado traumas en los hogares, que lograron refinanciar sus deudas a tasas fijas de largo plazo, ni en las empresas, que reconvirtieron su deuda mediante mayor emisión de bonos. Solamente, las empresas calificadas como grado especulativo (a las que les resulta más difícil financiarse en el mercado de bonos) mantuvieron sus créditos con el sector financiero, aunque en general recurrieron a coberturas de riesgo de tasas de interés. Así, la confianza de los consumidores y los empresarios se mantiene firme, frente a lo cual lo más probable es que la Reserva Federal continúe con su política de aumento de los intereses y eleve su tasa de corto plazo en las reuniones de noviembre y diciembre, así como en las del año entrante. De ser así, esta tasa terminaría el año 2004 en 2,25%.

Todo esto llevará a que el crecimiento mundial comience a ceder. China crecerá 9% este año, con un aumento de la inversión de 35% (con alta financiación a crédito) y con una inflación que ya está en 5%. Para 2005, la historia tendrá que ser diferente. Las políticas adoptadas por las autoridades para contener el crédito y evitar que siga creciendo la burbuja de activos han sido exitosas. Como resultado, se espera un menor crecimiento de ese país en el año 2005, cercano al 7,5%, lo que redundará en un crecimiento de 30% en las importaciones de este país, 10 puntos por debajo del de 2004. La desacelaración de China, así sea leve, tendrá impacto en las economías del resto del mundo. En consecuencia, las perspectivas para 2005 son de un crecimiento inferior, cercano a 4,3% según el FMI, con un aumento continuado de las tasas de interés. El Fondo prevé un crecimiento en Estados Unidos de 2,9%, de 2,3% Japón y de 2,2% en la zona euro, similar al de este año. En Asia, por su parte, el crecimiento se reducirá de 5,5% a 4,0.



Cargas de profundidad

El precio del petróleo y el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos pueden convertirse en el talón de Aquiles de la economía global.

La posible escasez de petróleo y el aumento continuado de su precio se están convirtiendo en uno de los mayores riesgos para el crecimiento mundial. La poca capacidad ociosa existente, concentrada en Arabia Saudita, los atentados terroristas y los problemas políticos en los países productores hacen que hoy el mercado petrolero sea muy vulnerable a perturbaciones de cualquier tipo. Basta mencionar los daños causados por el huracán Iván a la infraestructura petrolera de Estados Unidos, que motivaron un aumento de la cotización del petróleo por encima de US$53 por barril.

Este aumento de precio debe ser considerado desde una perspectiva de largo plazo, pues no se debe perder de vista que, aunque el precio ha aumentado más de 100% en el último año, en términos reales aún es mucho más bajo que el alcanzado a finales de los años 70, cuando se produjo el gran shock petrolero. Sin embargo, si sigue creciendo, la inflación se verá afectada y los intereses tendrán que aumentar mucho más rápido de lo previsto, con el consiguiente frenazo a la economía mundial.

El segundo gran riesgo que enfrenta el mundo está relacionado con el creciente desequilibrio de las cuentas externas de Estados Unidos. En el primer trimestre de 2004, el déficit de cuenta corriente de este país llegó a 5,4% del PIB, muy superior al récord histórico de 3,5% de 1987, cuando el dólar perdió una tercera parte de su valor y el mercado accionario se desplomó en lo que se conoció como el "lunes negro".

La razón del déficit externo creciente es la caída del ahorro de largo plazo en Estados Unidos, producto del déficit fiscal del gobierno federal. Con el tiempo, el endeudamiento crónico se ha traducido en enormes deudas con otros países. Cada año, Estados Unidos presta US$540.000 millones del resto del mundo para financiar el consumo de bienes y servicios de los estadounidenses y las inversiones en el exterior. Este déficit se financia con emisión de papeles de deuda pública y venta de activos de Estados Unidos a extranjeros.

La pregunta es hasta cuándo va a estar el mundo dispuesto a seguirle el juego a Estados Unidos. Si no hay un cambio de política por parte de las autoridades estadounidenses para generar un mayor ahorro, el modelo solo se puede sostener mientras haya acceso a financiamiento del exterior y el resto del mundo esté dispuesto a seguir comprando activos estadounidenses. ¿Hasta cuándo seguirá cumpliéndose esta condición? De hecho, el dólar no ha caído más y las tasas de interés son aún bajas porque los países asiáticos, particularmente China y Japón, le han hecho el juego a Estados Unidos. Le han seguido comprando sus bonos del Tesoro, a pesar de los bajos rendimientos. Para ellos, la lógica de su estrategia está en evitar la revaluación de sus monedas y favorecer de esta manera a sus sectores exportadores.

Cuando esta situación termine, Estados Unidos tendrá que acelerar la subida de las tasas de interés, con un impacto importante sobre la inversión, a la vez que el valor del dólar caería, afectando las importaciones y estimulando las exportaciones. Esto ajustaría la cuenta corriente, aunque no del todo, pero sí lo suficiente para estabilizar las inversiones extranjeras como proporción de la economía estadounidense.

Para muchos es imposible que Estados Unidos llegue a una situación de este tipo, un colapso del dólar. Pero el mundo está cambiando y las fuerzas de poder son hoy diferentes a las de hace 20 ó 25 años. Asia y Europa se han fortalecido y la posibilidad de una corrida del dólar por cuenta de una pérdida de confianza de los inversionistas de esas regiones del mundo en la divisa estadounidense no es descabellada. El mundo de hoy opera en grandes bloques y en el momento en que cambie la percepción en los mercados financieros, Estados Unidos podría perder de un solo golpe la confianza de Asia y también la de Europa. Si esto pasara, los intereses y la inflación se dispararían y los mercados financieros caerían. En los últimos 30 años, ha habido cuatro corridas del dólar: en 1971-73, 1978-79, 1985-87 y 1994-95, después de que esta moneda venía cayendo por un tiempo. Todas tuvieron impacto, pero nunca como el que podría darse si se presenta una corrida del dólar en este momento.
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