| 11/1/1995 12:00:00 AM

Libertad de precios

Asociación de Fabricantes de Productos Farmacéuticos

A nivel mundial la industria farmacéutica enfrenta en la década del noventa dos circunstancias nuevas: la apertura comercial, con la consecuente formación de bloques económicos y de mercados cada vez más amplios, y la investigación de alta tecnología para el desarrollo de nuevos medicamentos. Estas circunstancias representan retos de competitividad e inversión nunca antes vistos para la industria.

En el caso latinoamericano, por ejemplo, cuyos mercados cada empresa cubría con ocho o doce plantas, deben atenderse ahora con tres o máximo cuatro plantas, para poder competir.

La investigación que abarca campos de la mayor novedad científica, como la ingeniería genética y la biotecnología, requiere ingentes cantidades de dinero para poder ofrecer a la gente mejor calidad de vida -que ya alcanza en promedio los 70 años- y debe enfrentar una variedad de enfermedades tradicionales y tropicales, con las propias del desarrollo industrial. Es así como la industria farmacéutica de investigación invierte el 18% de sus ventas en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, comparado con 3% o 4% que invierten en promedio las demás industrias.

Además de la investigación, la educación -a través de congresos, seminarios y prácticas, a los cuales se invita a profesores, médicos y científicos de más prestigio en el mundo- hace de la profesión médica en Colombia una de las más avanzadas en Latinoamérica y la ubica en niveles similares a los de los países desarrollados en el aspecto científico.

En el ámbito colombiano, la industria farmacéutica, cuyas ventas anuales alcanzan los US$1.000 millones, enfrenta un entorno completamente nuevo, producido por la reciente Ley de Seguridad Social, las exigencias de control al medio ambiente y la apertura económica, entre otras afectaciones.

La Ley 100 o de Seguridad Social limita los medicamentos a disposición del colombiano común y corriente, y representa -si no se combinan los medicamentos llamados esenciales, con los de reciente descubrimiento y nuevas tecnologías- un atraso para la medicina colombiana, y por lo tanto un deterioro en la salud de las gentes.

Que la producción de medicamentos continúe en nuestro país y se desarrolle normalmente; que se generen exportaciones en aproximadamente un 25% de la producción nacional (US$250 millones) y se supere el nivel actual de cerca del 5% de exportación depende de las condiciones económicas y políticas que ofrezcan los países vecinos y nuestro país frente a ellos.

De no darse un balance favorable, por el contrario, Colombia se convertirá en importador neto de medicamentos para abastecer el mercado nacional, y perderá adicionalmente los US$250 millones que podría exportar.





En los últimos años, y hasta el momento, Colombia ha ofrecido condiciones de estabilidad y solidez -a pesar de los problemas sociales y de orden público- y seriedad en su manejo económico y político. Es así como la decisión de la mayoría de los laboratorios farmacéuticos de investigación ha sido no solamente permanecer en Colombia, sino modernizar sus plantas, haciendo inversiones que en promedio llegan a US$4 millones por empresa.

Existen dos decisiones que el país debe tomar con urgencia y sin temores para lograr que los laboratorios de investigación permanezcan y la industria se fortalezca en Colombia: protección a la propiedad industrial y una política de precios racional y justa.

Las cuantiosas inversiones en investigación exigen ser protegidas para que en Colombia la medicina siga teniendo acceso a los medicamentos de reciente descubrimiento y mantenga su nivel de avanzada. La Decisión 344 del Acuerdo de Cartagena levantó la excepción a las patentes de los medicamentos. Para que éstas sean efectivas es necesario que el gobierno apruebe el "Pipeline", que consiste en dar protección de patente a los medicamentos que están en el proceso de investigaciones preclínicas y clínicas. Lo contrario haría retomar a Colombia a la época en que solamente aquéllos que tenían suficiente dinero para sufragar sus tratamientos médicos y quirúrgicos en el exterior podían salvar sus vidas en caso de ciertas enfermedades.

Una política de precios de medicamentos como la que se ha generado a raíz de la Ley 100, con la creación de la "Comisión Nacional de Política de Medicamentos", puede aniquilar en muy pocos años a la industria farmacéutica en Colombia, incluyendo a las medianas y pequeñas empresas. Como única política de precios se ha entendido, desde 1993 año en que se creó la Comisión, controlar por completo los precios de la industria farmacéutica, haciéndonos recordar las épocas bárbaras de las oficinas de control de precios, sus zares y sus omnipotentes. Esperamos que se recapacite y se dé al sector farmacéutico un tratamiento de industria como de hecho lo es.
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