| 5/14/2004 12:00:00 AM

Las oportunidades que otros ven

El tratado de libre comercio proyecta a Colombia como una plataforma de inversión para que empresas de otros países penetren el mercado de Estados Unidos. Hay que aprovechar al máximo la oportunidad.

Fernando Argüelles es un cubanoestadounidense que lleva toda su vida en la industria textil. El año pasado, cuando era director de ventas para América Latina de Parkdale, se convirtió en el abanderado de un proyecto de enorme potencial: lograr que esa empresa, una de las principales hilanderías de Estados Unidos, se asociara con el Grupo Crystal para montar en Colombia una de las hilanderías más grandes de Suramérica. Hoy, el proyecto está en una fase avanzada, mientras que Argüelles dedica la mayor parte de su tiempo a visitar textileras y productoras de hilos para tejeduría en Estados Unidos, para proponerles que sigan los pasos de Parkdale. "Muchas empresas estadounidenses no van a poder subsistir como están por mucho tiempo más. Tienen que moverse para competir en el mercado global", afirma.

Argüelles visitó a mediados de mayo 4 empresas en Carolina del Norte y tiene una apretada agenda para convencer a las compañías del sector de que, en vez de cerrar sus puertas, se trasladen a Colombia. "Aunque los países centroamericanos tienen beneficios, su mercado interno no es interesante. En cambio, Colombia es uno de los países más grandes de Suramérica, por lo que les permite no solo exportar, sino abastecer el consumo doméstico", explica.

Estas palabras ilustran el nuevo potencial que tiene Colombia para convertirse en un foco de inversión extranjera, al concretarse un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, cuya negociación formal se inicia este martes 18 de mayo. Históricamente, la inversión extranjera que ha llegado a nuestro país ha buscado dos objetivos fundamentales: aprovechar la existencia de materias primas (en casos como el petróleo, el carbón y el níquel), y lograr acceso a un mercado interno que ha estado protegido por numerosas barreras arancelarias y regulatorias (en los casos de automóviles, alimentos y telecomunicaciones). Ahora aparece una nueva posibilidad: invertir en Colombia con miras a aprovechar sus ventajas para ingresar al mercado de Estados Unidos.

La oportunidad es clara. En el caso de las prendas de vestir, el arancel promedio efectivo es de 17% en Estados Unidos. Hoy la producción colombiana entra sin arancel a ese país, con el beneficio de las preferencias ATPDEA, y ese acceso podría volverse permanente con un TLC. En calzado y manufacturas de cuero, el arancel promedio es de 10,9%. Estos tres sectores son los que más impuestos de ingreso al mercado de Estados Unidos pagan, de acuerdo con la firma Araújo Ibarra & Asociados, y en todos ellos Colombia tiene potencial como proveedor.

Para hacer realidad este potencial, sin embargo, Colombia tendría que desarrollar rápidamente una estrategia coherente de atracción de la inversión. Esto implica que deberíamos tener una visión de la economía que deseamos en el futuro, y luego deberíamos buscar que se haga realidad. El TLC podría ser el motor para sacar adelante esa decisión como país; o el verdugo que castigará la ineficiencia y la pérdida de tiempo de las empresas colombianas.



Ventana de oportunidad

El TLC entre Colombia y Estados Unidos aparece en una coyuntura muy favorable para atraer inversión extranjera al país. La recesión mundial de comienzos de esta década, que se agravó tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, tuvo graves efectos sobre los flujos de inversión extranjera (IED) global. Sin embargo, las perspectivas a partir de 2004 son alentadoras. De acuerdo con una encuesta global realizada por Naciones Unidas en diversos países entre expertos en decisiones de ubicación de empresas, los planes de reubicación de actividades corporativas llevan a pensar que en los próximos 3 años se producirá un auge de la IED en el mundo. Si bien se espera que los países asiáticos sean los principales beneficiarios, también se presentará un renovado flujo de inversiones hacia América Latina.

Aunque Colombia no es vista como uno de los países más atractivos de la región para la inversión extranjera, esta valoración podría cambiar a partir de las negociaciones del TLC. De hecho, Chile y México, considerados los países más atractivos en la región, han firmado tratados de libre comercio con Estados Unidos (si bien Brasil, que está lejos de un acuerdo semejante, es también altamente atractivo, debido al tamaño de su mercado interno).

Si Colombia se posiciona en el mundo como plataforma exportadora hacia Estados Unidos, lograría sacar el máximo provecho del cambio de tendencia. Lo que está ocurriendo en la cadena textil-confección muestra un avance en la dirección correcta. A la inversión de Parkdale en Crystal, que generará más de 2.000 empleos y producirá un millón de kilos mensuales de tela, se suma el interés de la brasileña Vicunha, la mayor textilera de América Latina, propiedad de las familias Steinbruch y Rabinovich. Esta firma está interesada en hacer una inversión por US$40 millones en Colombia. La condición es que haya suministro suficiente de algodón, lo que a juicio del gobierno se podría resolver pues la productividad de este cultivo viene en aumento. El interés de Vicunha está estrechamente ligado a la firma del TLC. La empresa, que tiene 15 plantas en Brasil, considera la inversión en Colombia como una pieza clave en su estrategia de entrada al mercado de Estados Unidos.

Por su parte, Proexport contrató un estudio con Carmer Robinson, ex presidente de la Asociación Textil de Estados Unidos, entre 20 textileras e hilanderas de ese país para determinar cuáles tenían planes de reubicación. La búsqueda arrojó 8 compañías, de las cuales 4 mostraron algún interés en venir a Colombia.

La carta de éxito para Colombia en esta cadena es la que identificó Parkdale. La industria estadounidense está abocada a un replanteamiento del sector debido al alto costo de la mano de obra. En este momento se debate entre cerrar definitivamente empresas, trasladar su producción a Centroamérica aprovechando el Cafta (TLC centroamericano) que permite que las prendas de vestir entren a Estados Unidos con cero arancel, o trasladarla a China (que tiene costos de producción y economías de escala muy competitivos) o a Colombia, Ecuador y Perú, que están en proceso de negociación del TLC. Colombia puede ser muy atractivo cuando se suman factores como la alta calidad de la mano de obra, la proximidad al mercado de Estados Unidos y, además, el diferenciador clave, la existencia de un mercado interno fuerte que permite diversificar el riesgo de la operación y favorece las perspectivas de desarrollo posterior de las empresas.

Si bien textiles es el sector en el que se esperan las mayores inversiones, empresarios de otras industrias ya han empezado a prepararse para aprovechar el dinamismo del TLC. Uno de los primeros grupos en llegar ha sido Nobis, el mayor conglomerado de Ecuador, con inversiones en agroindustria, el sector inmobiliario y franquicias de Coca-Cola, entre otros. "Colombia está haciendo bien las cosas. Es muy competitiva en sus productos", dice Isabel Noboa, la líder del grupo. Además, señala que el país no tiene los inconvenientes de la dolarización, en particular en el costo de la mano de obra. "Pensamos que hay fortalezas en ambos países y que va a llegar el momento de explotar ese frente común. Por ahora, queremos captar la oferta exportable para distribuirla en Estados Unidos, maquilar y exportar directamente", afirma William Vasco, gerente general de Global Exportac, empresa por medio de la cual entraron a Colombia.

La idea de Global Exportac es promover las exportaciones colombianas en Estados Unidos, aprovechando su red en Florida y otros estados. "No había conexión entre el fabricante y el distribuidor en Estados Unidos. Nosotros vamos a juntar esas dos partes", explica Vasco. Pero también quieren ver qué pueden producir en el país y ya han hecho contacto con unas 30 empresas de diferentes áreas para identificar cuáles son las oportunidades de inversión.

Por otra parte, asesores de WalMart estuvieron reunidos a principios de mayo con funcionarios del gobierno para estudiar la posibilidad de entrar al mercado, ya que consideran que las garantías de inversión que daría un TLC y la homologación de procedimientos aduaneros mejoran las condiciones para entrar a Colombia.



La pelea por los inversionistas

De acuerdo con los estimativos de McKinsey & Company, por cada dólar que se quiera aumentar las exportaciones, se requiere un dólar de inversión. Si el objetivo es exportar US$5.000 millones adicionales en cinco años, se necesita una suma igual en inversiones. Será indispensable atraer capital extranjero para poder cumplir la meta.

El efecto que tuvo en México el TLC con Estados Unidos y Canadá ha sido extraordinario. El flujo anual de inversión en ese país pasó de US$3.400 millones a US$14.000 millones después del TLC. Sin embargo, es muy difícil que otro país registre un impacto semejante. México no solamente es vecino de Estados Unidos, lo cual crea una ventaja única para el transporte, y cuenta con una economía de107 millones de consumidores, sino que además fue el primer país en asegurar un TLC con Estados Unidos y permaneció solitario durante una década en esa condición. Solo ahora nuevos países latinoamericanos logran acceso privilegiado al mercado de Estados Unidos.

Colombia tiene que pelearse a los inversionistas con Centroamérica, que ha desarrollado una agresiva política de atracción de inversión, la cual incluye incentivos fiscales y una gran flexibilidad frente a los requerimientos del capital extranjero. La competencia es intensa y difícil. "A principios de mayo, varios empresarios estadounidenses estuvieron viendo la posibilidad de montar una empresa en Colombia, pero también tenían cita con Honduras y otros países centroamericanos para ver qué les ofrecían", afirma Carlos Eduardo Botero, director de la Cámara Textil Confección de la Andi.

Colombia ofrece ventajas nada despreciables en esta comparación. Un estudio de Araújo Ibarra & Asociados sobre Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Panamá muestra cómo Colombia tiene el costo más bajo en tarifas de energía, y uno de los más bajos en acueducto (solo superado por Honduras), en costos de arrendamiento de bodegas y en tarifas de transporte marítimo (ver gráficos). "Colombia es el mejor país para invertir", afirma Martín Gustavo Ibarra, socio de esta firma de abogados.

El servicio menos competitivo es el de telefonía fija, pues en promedio la tarifa del minuto a Miami es US$0,50, mientras que los demás países, con excepción de Nicaragua, tienen tarifas más económicas. Esto es particularmente grave, pues el atraso en telecomunicaciones se convierte en una barrera al ingreso de nuevas inversiones en la economía actual.

En materia laboral, con la flexibilización del régimen, Colombia tiene ahora el día laboral más largo (16 horas), dos horas más que México, Costa Rica, Honduras y República Dominicana, una hora más que Chile y tres horas más que Ecuador. Esto se traduce en un menor recargo de costos para los empleadores.

En horas semanales trabajadas está en el promedio (48), mientras que Ecuador está por debajo, con 40. Los costos por despido siguen siendo altos, sobre todo para los trabajadores con menos de cinco años de antigüedad (ver tabla).

Por su parte, uno de los mayores atractivos de Colombia es la dimensión de su mercado doméstico, que con 44,6 millones de habitantes tiene mayor tamaño que Costa Rica, República Dominicana, Honduras, Salvador, Guatemala y Nicaragua juntos. Y, por el lado andino, también es mayor que Ecuador y Perú juntos. Esto es importante para el inversionista en la medida en que puede montar su plan de negocios contemplando tanto el mercado externo como el interno.

Colombia no es competitivo en el tema tributario. Tiene la tarifa de renta más alta (38,5%), mientras que Honduras y México cobran el 35%, Costa Rica el 30% y Chile (que firmó recientemente un TLC con Estados Unidos), el 17%. Su IVA también es uno de los más altos, después de Chile, que tiene una tarifa del 19%.

Otros temas tienen más peso a la hora de la inversión. Para Armando Garza, del grupo Alfa de México, a pesar de que Colombia es un país muy atractivo, debido a la estabilidad de su economía y a la capacidad intelectual de su recurso humano, el problema de imagen derivado de la inseguridad es un importante punto en contra. El grupo, que tiene negocios de petroquímica, acero, alimentos refrigerados y autopartes, entre otros, no se ha decidido a entrar con fuerza a Colombia por este factor.

Las concesiones que Estados Unidos ya le otorgó a Centroamérica en las exportaciones de confecciones son un punto decisivo en la competencia por inversionistas entre Colombia y esa región, y deben ser tenidas en cuenta a la hora de negociar el TLC colombiano. La principal ventaja radica en que a Nicaragua le permitió importar 100 millones de m2 de tela por 10 años de cualquier parte del mundo para incorporarla en las confecciones que entran con arancel cero a Estados Unidos. En año y medio, esto le ha permitido a Nicaragua construir 250.000 m2 de plantas de confección, y generar 60.000 puestos de trabajo, de acuerdo con Proexport. Por otra parte, a los centroamericanos les permitió traer hasta 6.000 m2 de telas y contabilizarlas en los requisitos de origen de sus confecciones.



Estrategia

Como dijo un empresario a Dinero, "nadie va a venir a Colombia por iniciativa propia. Hay que salir a buscar inversionistas, venderles el país y mostrarles las ventajas que tenemos frente a los centroamericanos". Colombia no es conocida como un destino atractivo para la inversión extranjera y la capacidad que el país ha demostrado para atraerla está por debajo del potencial de su economía. De acuerdo con las cifras del Banco Mundial, con base en la balanza de pagos, la inversión extranjera neta por habitante en Colombia (US$46) está sustancialmente por debajo de la de Chile (US$109) y Costa Rica (US$167). De acuerdo con Coinvertir (a partir de una metodología diferente), del total de inversión extranjera directa que llegó a Colombia en 2003, solamente el 17% corresponde a manufactura, mientras que el 46% está relacionado con petróleo y gas.

Definitivamente, Colombia necesita una estrategia para atraer la inversión extranjera, en la cual deben trabajar juntos los sectores público y privado. El objetivo es acelerar el giro que debe dar el país hacia una nueva concepción de su inserción en la economía internacional. Más allá de ser un sitio donde la motivación para invertir se limita a la explotación del mercado interno, el mundo tiene que considerar a Colombia como un excelente lugar para localizar producciones y componentes destinados hacia los países desarrollados.

De otra forma, el país no hará parte de la reconfiguración de las cadenas productivas internacionales que está teniendo lugar en este momento. Lograr este objetivo debería ser un criterio central en las negociaciones del TLC con Estados Unidos, antes que la defensa de privilegios en el mercado local.

Por iniciativa de Coinvertir, se contrató a la consultora McKinsey para hacer un análisis de la estrategia que debe adoptar Colombia frente al TLC, y definir los sectores líderes, qué factores se deben fortalecer y cómo se debe preparar el país ante este tratado. El estudio, que está bajo la dirección del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, debe estar listo en cuatro meses.

Colombia deberá estudiar atentamente los ejemplos de Irlanda, Chile y Costa Rica, donde los sectores público y privado le han apostado a una transformación completa de la economía a partir de una visión de futuro. Estos países se han convertido en polo de atracción de la inversión extranjera y han dinamizado sus economías después de escoger un rumbo colectivo. Irlanda, que tuvo una salida de capital humano de 100.000 personas al año, por la falta de oportunidades de trabajo, hoy es el quinto país del mundo en exportaciones como porcentaje del PIB. Esto lo logró creando un consenso nacional sobre dónde quería llegar, con base en el cual impulsó el establecimiento de empresas de tecnología orientadas a la exportación. Hoy el 65% del empleo y el 48% del PIB de Irlanda se generan en los servicios.

En Colombia se nos acabó el tiempo y seguimos en un debate sin término respecto a cuál debe ser el modelo de desarrollo que nos gustaría. Sin embargo, al entrar en la negociación de un TLC deberíamos tener más claridad sobre lo que queremos, pues de allí dependerá el mensaje que enviemos al exterior.

El resto del mundo puede vernos como un país dividido que entra al TLC a regañadientes, o como una comunidad animada por un propósito claro, que se apoya en un TLC como instrumento para proyectar una visión colectiva. La decisión está en nuestras manos.
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