| 7/31/1998 12:00:00 AM

Las obsesiones de Juan Camilo

El nuevo Minhacienda es una rara combinación de intelectual y gestor, y además le cae bien a la gente. Ahora tendrá que pisar callos y hacer valer su autoridad.

Los colombianos se han sorprendido con la mesura del nuevo Ministro de Hacienda. Ante una economía caótica y una población ansiosa por recibir promesas de futuro, la tentación de despotricar del gobierno saliente y alimentar ilusiones sería grande para cualquiera. Pero Juan Camilo Restrepo se ha limitado a prometer austeridad y responsabilidad, negando de plano que haya fórmulas para salir del lío en pocos días.



Con el silencio y la mesura, su prestigio crece, pero también aumenta cierta aura de misterio que le rodea. ¿Quién es realmente este hombre que tendrá desde el 7 de agosto las riendas de la economía? ¿Tiene la capacidad y el carácter para dirigir la economía en medio de una crisis tan decisiva como la actual? ¿Cuál es su potencial como administrador? ¿Tiene ataduras políticas? Y ante todo: ¿qué piensa realmente?



El hombre de las crisis




Juan Camilo Restrepo es ciertamente un intelectual, un hombre que deja escrito todo lo que piensa. Pero está lejos de ser simplemente un teórico. Ha pasado por los cargos más exigentes en el sector público colombiano. Además, con una frecuencia poco usual, le ha tocado manejarlos en tiempos de crisis aguda.



Ha ocupado algunos de los cargos más importantes del sector público colombiano, con frecuencia capoteando crisis de mayor calibre.



Fue presidente de la Comisión Nacional de Valores a mediados de la década pasada, cuando contribuyó a diseñar el esquema que permitió el rescate de las entidades financieras. Como gerente comercial de la Federación de Cafeteros, le tocó enfrentar la crisis de precios y el fin del pacto cafetero. Fue presidente de Paz del Río en un momento muy difícil, cuando comenzaba a vislumbrarse la difícil situación financiera de la empresa, y tuvo que encargarse de renegociar la deuda y diseñar estrategias de salida. Fue Ministro de Minas en el gobierno Gaviria y estaba en el puesto cuando ocurrió el apagón. Y en el Congreso, durante el gobierno Samper, a pesar de ser un novato se convirtió en la figura capaz de articular la oposición al manejo económico del presidente Samper.



Hay, entonces, bastante evidencia de su capacidad para obrar bajo presión. ¿Qué revela esta historia? En principio, virtudes. En conversaciones con sus colegas, superiores y subalternos del pasado, Dinero pudo confirmar que Restrepo es uno de esos personajes exóticos en Colombia: una persona de quien la gente habla bien y a quien además aplauden cuando le va bien.



Es universalmente reconocido por su honestidad vertical. A pesar de haber tenido responsabilidades tan delicadas, Restrepo nunca ha tenido problemas legales relacionados con sus acciones en el trabajo. Es uno de los pocos empleados públicos del sector eléctrico que no quedó empapelado con el apagón. Para eso, aparte de ser honesto, se necesita no ser descuidado ni confiado. Y Restrepo tiene esas cualidades.



Como conductor en tiempos de crisis, su principal cualidad es que se compromete a fondo para conocer todas las dimensiones de los problemas y da orientaciones claras al equipo para salir adelante en la situación. En la Federación de Cafeteros, su principal aporte fue despertar a la organización respecto a las posibilidades del mercado del Asia, en el cual nadie creía hasta ese momento. En Paz del Río, donde se encontró con una crisis que no esperaba, sus subalternos lo recuerdan como un hombre metódico y organizado, que no sólo se metía en la parte comercial, su fuerte, sino también en el tema técnico y en los intríngulis de la contabilidad. Logró una renegociación de la deuda y comenzó a enfocar la empresa hacia el potencial del mercado internacional.



Ha demostrado un talento innato para surgir a la sombra de hombres de gran influencia. Fue el consentido de Francisco Ortega, cuando era el hombre más poderoso de la economía colombiana. En la Federación de Cafeteros era el hombre de confianza de Jorge Cárdenas y se le consideraba su seguro sucesor. Y aunque no formó parte de la campaña de Andrés Pastrana, llegó a ella justo cuando se necesitaba una persona con sus características para ocupar el principal cargo en el área económica.



En su estilo de liderazgo es más importante la pedagogía que la imposición. Rara vez se apoya en la autoridad que le da un cargo para sacar adelante sus argumentos, sino que prefiere escuchar y convencer. Sus subalternos confirman que se deja asesorar y no le cuesta trabajo permitir que otros ensayen ideas y tomen iniciativas. Tímido y reservado, sonríe poco. Inspira respeto.



Juan Camilo Restrepo se alista para enfrentar el reto más importante de su carrera..*



Parecen demasiadas virtudes para un solo ser. Pero quienes le conocen también han visto en él algunos rasgos de su personalidad que podrían restarle efectividad en el reto que enfrenta ahora. Por un lado, paralela a la timidez, en su personalidad corre una veta de soledad. Le gusta manejar los grandes temas solo, sin equipo. Es un hombre prudente y, como dicen en Antioquia, algo cusumbo solo.



Y, por otro lado, es un hombre ordenado y metódico, pero poco innovador. Es conservador en el sentido espiritual de la palabra, un hombre poco amigo de tomar grandes riesgos o de sacudir las instituciones creadas. Estos dos elementos de su carácter pueden necesitar ajustes para adaptarse a lo que se requiere de él en este momento, cuando la audacia y la conformación de un equipo que tenga dinámica propia podrían ser esenciales para lograr los objetivos que se ha propuesto.



Mayo de 1977, Superintendente Bancario.Ministro de Minas, en 1992, con César Gaviria.



¿Y qué piensa?




Juan Camilo Restrepo no corresponde a la imagen de los economistas de hoy, gente cargada de modelos matemáticos y teorías de última generación. Es, más bien, un hacendista que, obsesionado desde joven por la cosa pública, se ha movido conceptualmente en los contornos entre el derecho y la economía, las ciencias políticas y la administración. Es la nueva versión de los hacendistas clásicos que encarnaron hombres tan admirados por él como Esteban Jaramillo y Hernán Jaramillo Ocampo.



Ministro de Minas, en 1992, con César Gaviria.



Muchos se sorprenderían de saber que su autor favorito no es ninguno de los grandes economistas ­Smith, Keynes, Friedman, Becker o North­, sino el filósofo español José Ortega y Gasset. Sus amigos más íntimos y sus estudiantes del Externado lo definen como un humanista integral, que ha redefinido la economía como "la ciencia de los recursos escasos y los valores abundantes".



Ha sido uno de los más prolíficos escritores de asuntos públicos en las últimas dos décadas. Durante muchos años ha sido columnista regular de los periódicos El Siglo y La República. Y hemos identificado casi 10 libros de su autoría: un texto sobre hacienda pública y otro sobre derecho económico, dos libros sobre asuntos financieros, dos libros de ensayos sobre economía y política, un libro con varias ediciones sobre temas cafeteros, otro sobre el porvenir de la descentralización y su plataforma programática "Respuestas a Colombia".



Sus escritos lo revelan como un hombre de claras convicciones, enorme consistencia en sus preferencias y gran honestidad intelectual. Combina a un hacendista ortodoxo con los valores del conservatismo social y una visión pragmática del manejo de la economía. Es un defensor de la moneda sana, el equilibrio fiscal, el crecimiento económico y el combate a la pobreza y la desigualdad. Analiza la sociedad con cuatro valores éticos fundamentales: la solidaridad, el honor, la patria y la educación, todos ellos conducentes a la igualdad de oportunidades.



Declara no ser neoliberal, porque no cree que el mercado resuelva todos los problemas y pueda funcionar eficazmente sin la inteligente intervención del Estado, el cual, además, debe realizar alianzas estratégicas con los particulares y las comunidades. Su prioridad es la paz económica, con el empleo como soporte fundamental.



1994, Senador de la Comisión Tercera.



Los escritos de Juan Camilo revelan cuatro obsesiones en su pensamiento: el café y el campo, la tasa de cambio fuerte, la descentralización y la seguridad jurídica.



La primera obsesión es el café, con el trasfondo de la agricultura y el campo en general, a lo que ha dedicado una tercera parte de sus escritos periodísticos y uno de sus libros. Cree en un gobierno centrado en los temas rurales que construya a partir de allí la prosperidad. Defiende las instituciones cafeteras (la Federación, el Fondo y las cooperativas) y cree que el Estado tiene el deber de protegerlas. Cree que la clave es hacer al campo otra vez negocio, con más eficiencia y productividad, para lo cual debe enfrentar la violencia y la revaluación.



Su segunda obsesión es la tasa de cambio. Ha escrito que el precio del dólar es el más delicado e importante de toda la economía. Para sorpresa de muchos economistas, se declara contento de tener la tasa de cambio real como objetivo de política económica. Cree que con una moneda más acorde con las circunstancias nacionales, se crearían más empleos. En una de sus intervenciones del Congreso dijo: "De la capacidad y lucidez que tengamos de enrumbar la economía colombiana hacia una tasa de cambio de equilibrio depende mucho no solamente la suerte del café, sino la de los productos de exportación, la sobrevivencia misma de la industria y la agricultura en su conjunto". Esta apreciación, que recurrentemente encontramos con pequeñas variaciones en más de diez de sus artículos, revela a las claras un punto de vista nuevo sobre el futuro de la economía.



Es conservador en el sentido espiritual de la palabra. No le gusta tomar grandes riesgos o sacudir instituciones creadas.



Su tercera obsesión es la descentralización, el tema con el cual fustigó al gobierno Samper. Dice ser "de los que creemos que Colombia sólo encontrará un desarrollo equilibrado y una auténtica democracia participativa el día en que se reconozca la trascendencia de la descentralización". Cree que hay que aumentar las transferencias a las entidades territoriales y que el gran recorte del gasto tiene que hacerse en el gobierno central. Es un defensor de la búsqueda del esfuerzo fiscal local y cree que el gobierno debe hacer las transferencias a las regiones con base en logros efectivos en las coberturas de educación, seguridad social y salud.



Su cuarta obsesión es la seguridad jurídica: la estabilidad y la simplicidad de las reglas de juego. A los problemas, afirma, "no hay que dispararles con un decreto, una ley ni una reforma constitucional: más que de normatividad, la crisis es de gestión pública". Ha propuesto simplificar el conjunto de leyes más relevante para la actividad empresarial y limitar (reglamentando el artículo 333 de la Constitución) la discrecionalidad reglamentaria del gobierno.



Dos temas son recurrentes en sus escritos: la estabilidad financiera y la democracia. En materia financiera, respalda la intervención del Estado para defender a toda costa la confianza del público en las instituciones financieras, pero obligando a éstas a asumir el costo de sus riesgos financieros y a afrontar la lucha de la competencia.



Senador, en 1996, con Belisario Betancur.



Y también insiste en que la democracia sirve. Cree que con pedagogía y abriendo espacio para la discusión, el Congreso puede asumir la responsabilidad por las decisiones más difíciles. Ha defendido la tesis de realizar por la vía de la legislación ordinaria todos los ajustes institucionales. Cree, además, que el Plan de Desarrollo debe ser la tarea primordial del Congreso, por encima de hacer leyes o definir el presupuesto.



Los economistas formados en años recientes se encontrarán con algunos temas que son sorprendentes para las discusiones convencionales. Juan Camilo no es un aperturista a ultranza. Cree que la velocidad de la apertura en el campo, al combinarse con la persistente revaluación, generó demasiados costos sociales. Y ha pedido medidas de salvaguardia para la industria, ante casos de dumping, y devaluaciones competitivas.



A pesar de los problemas que este sector ha atravesado recientemente, Restrepo es un gran propulsor de la economía solidaria. Cree que los fondos mutuos de trabajadores son una vía eficaz para lograr la democratización de las acciones y que las cooperativas de producción y servicios, más que las financieras o los contratistas del Estado, son claves para el fortalecimiento de la política social. En materia de energía buscaría más la competitividad por la vía de la tributación que por cambios en los contratos de asociación y daría menos garantías del Estado a los generadores privados.



No es un economista de modelos estadísticos, sino un hacendista de corte clásico, como su admirado Esteban Jaramillo.



Por último, no hay otro analista colombiano que crea más que Juan Camilo Restrepo en la bondad de fortalecer la competencia y atacar los abusos de posición dominante para el logro de la eficiencia y la equidad. Ha dicho recurrentemente que "aplicará todo el instrumental jurídico disponible para combatir los monopolios".



¿Qué esperar de Juan Camilo?



El nuevo Minhacienda tiene, entonces, dos ventajas grandes. Ante todo, no llega al gobierno a pensar, sino a realizar lo que ha reflexionado. Y segundo, tiene una amplia experiencia ganada en posiciones de primer nivel, en las cuales ha demostrado ser capaz de salir adelante en situaciones adversas.



En su ideología económica, Restrepo tiene dos grandes cualidades que hoy necesitamos con urgencia: cree en la austeridad fiscal y también en la importancia de mantener reglas de juego claras, creíbles y eficaces, superando la permanente generación de normas a la que estamos tan acostumbrados en nuestro trópico. Es irrelevante que el tecnicismo económico no sea su afición: si logra organizar una gestión alrededor de estos dos principios, será un excelente ministro de Hacienda y dejará una huella difícil de superar.



Pero no sobra hacer el ejercicio de preguntarse cómo podrían salir mal las cosas. El gran interrogante que queda en este análisis es su vinculación con la política y, en particular, con Fabio Valencia Cossio. En su trayectoria en el Senado y en su reciente aspiración presidencial, Valencia Cossio fue el pilar de Restrepo, como lo sería de nuevo si decide volver a aspirar en el futuro. Valencia Cossio es un político curtido y exitoso, lo que en Colombia significa que conoce el valor de administrar el poder manejando dádivas. Si Restrepo no logra marcar temprana y claramente una distancia frente a esas prácticas, su credibilidad, ganada a lo largo de tantos años, podría venirse al suelo en poco tiempo.



El veredicto sobre este punto sólo se conocerá después y Restrepo se merece sobradamente un compás de espera. Es obvio, además, que a quien más le conviene que Juan Camilo Restrepo haga una gestión histórica como Ministro de Hacienda es a Fabio Valencia, porque eso le abriría las puertas de la presidencia de la República. Y Valencia ha llegado a donde está porque conoce el valor de trabajar para el largo plazo.



Creemos que Restrepo será un buen ministro. En Dinero nos atrevemos a pronosticar que será un jefe de las finanzas que, a diferencia de los del gobierno saliente, no buscará casar peleas inocuas, pero tampoco eludirá las confrontaciones importantes. Probablemente con menos imaginación para acciones discrecionales y prepotentes, pero también mejor criterio para lograr reglas de juego creíbles, respetadas y eficaces. Y ha dado señales claras de autoridad. Con frecuencia cita a Thiers, quien dijo que la calidad fundamental de un ministro de finanzas era su ferocidad. Pero sólo logrará su éxito definitivo si aplica para sí mismo la crítica que repitió para Perry y Ocampo en el Congreso: "gobernar efectivamente implica pisar callos, contrariar grupos de opinión y apretarse el propio cinturón".



Ha escrito diez libros sobre economía y cientos de artículos periodísticos.
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